DE POBRES, POBREZA, JÓVENES, DIGNIDAD, DEMOCRACIA  Y TLC

Por Alvaro Arnoldo Araya Alpízar

 

En “tiempos de votación”  a los más pobres se les ofrece de todo,  y para
todo, se multiplican las entregas de ayudas sociales y obras de interés
comunitario, y hasta se hace soñar en paraísos de progreso, donde es
factible cambiar bicicletas por automóviles último modelo. Sin duda alguna,
se comprueba una y otra vez que la pobreza y los pobres, principales
productores de riqueza para los más ricos, son a su vez la  vergüenza que se
oculta, cuando de mostrar  el valor de la “democracia en tiranía” se trata. 

 

Por eso, no es de extrañar que en el “esfuerzo propagandístico” de los
neoliberales se dé prioridad a las cifras macroeconómicas, concentrando la
atención de la gente en lo mucho que exportamos, la gran cantidad de
reservas internacionales que poseemos, nuestra alta capacidad de consumo y
todo aquello que nos haga lucirnos, como un país privilegiado. Eso si, sin
decir a la gente que, “se  produce riqueza”, gracias al “proteccionismo para
las grandes empresas de producción, exportación e importación de bienes y
servicios”, tipo Intel que tan solo pagan un 5% del valor real del costo
energético utilizado (p.e.). Los pobres, por el contrario, deben de pagar
los servicios al “costo real”, pero al igual que los otros costarricenses
discriminados, parecen ser un bien necesario, para producir capital, riqueza
y mejorar los “índices de competitividad”, es decir “personas dispuestas a
trabajar más, por menos paga, pero sin “subsidios y tarifas solidarias”.

 

Un país donde se multiplican “los pobres dispuestos a trabajar por poca
paga”,   donde más del 70% de los niños-adolescentes en “edad colegial”
renuncia o abandona el proceso educativo, para buscar opciones de trabajo en
el umbral del salario mínimo o menos,  no puede, ni debe rasgarse las
vestiduras hablando de empleo de calidad hoy. Y menos para mañana, a partir
del ofrecimiento engañoso  de un TLC  que condena a los más pobres a ser más
pobres, por cuanto los somete a la “ley de trabajar para comer o morir…”.

 

Sí,  comer aunque sea mal, vestir peor y habitar en condiciones precarias,
sin tener derecho a servicios de calidad, parece ser el drama de los más
pobres en “tiempos de votación”. En estas condiciones, la pobreza material,
cultural y política convierte a grandes segmentos de población joven en
potenciales sujetos de “comercialización electoral”, en razón de su
“abandono social” y la “desesperanza por una vida mejor”. ¡Cualquier cosa
puede ser mejor que su experiencia actual!

 

Por supuesto que las ayudas sociales son necesarias y que las obras de
interés comunal son importantísimas para que los pobres puedan aspirar a una
vida mejor, pero de nada o poco sirven estos “esfuerzos electoreros”, cuando
las condiciones de vida siguen siendo las mismas en esencia … El efecto,
entonces, “es el esperado por los demagogos de la pobreza”, utilizan los
“pescados” para saciar el hambre durante un tiempo conveniente, mientras
logran obtener los votos necesarios, pero no se atreven a “enseñarlos a
pescar”, con servicios de calidad y oportunidades de desarrollo individual,
familiar y social.¡Al fin y al cabo, cuál es el problema, si la pobreza es
su mejor negocio!

 

La pobreza cultural y política se hereda igual, o más que la pobreza
material. Y eso lo saben los políticos tradicionales de la estirpe de los
neoliberales aristas que hoy nos gobiernan. Así las cosas, ¿cómo pedirle a
los jóvenes condenados a vivir de “salarios de miseria”, “cuyo destino”  es
reproducir su pobreza en las presentes y nuevas generaciones  que asuman el
riesgo de rebelarse contra el “trato nacional privilegiado” que reciben las
grandes corporaciones, y que recibirán si se aprueba el TLC, todos los
ciudadanos de los Estados Unidos, incluidas sus empresas? ¿Cómo pedirle a
los jóvenes rebelarse, si han sido enseñados de por vida a ser por siempre
pobres, cuyo único derecho real es conformarse con “aspirar a un trabajo de
segunda o tercera categoría”? 

 

Por eso el esfuerzo, en este mes previo al Referéndum,  tiene que ser
superior. Sabemos que resulta difícil, sin recursos económicos, ni ayuda del
Estado y sin medios de comunicación independientes, mostrar a estas
generaciones un modelo de dignidad, como el de Figueres, mediante el cual se
atrevan a requerir un trato igual al que reciben, y se propone otorgar a
otros extranjeros en el país, cuando en sus países de origen –como
costarricenses- recibimos un trato discriminatorio. ¿Por qué condenar a los
más pobres y a los jóvenes a considerarse afortunados con poder medio comer,
medio vestir y medio abrigarse …? 

 

Entonces, amigos y amigas, me vuelvo a preguntar,  ¿es esta la  democracia
del engaño y la mentira cortoplacista la que debe “idolatrarse”? ¿Es esta la
democracia de las desigualdades, donde las instituciones están al servicio
de los grupos de poder económico, la que debemos poner, como ejemplo? ¿Es
justo que en nombre de los negocios y las ganancias de unos pocos se intente
convencer día a día a los más pobres y jóvenes que vivir en democracia es
callar, otorgar y bajar la cabeza ante los otros, “como siervos menguados”? 

 



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