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Enviado el: Jueves, 29 de Noviembre de 2007 11:20 p.m.
Asunto: [nuestramerica] La manipulación de los términos

 

La manipulación de los términos
Por: Manuel E. Yepe
Fecha publicación: 27/11/2007 

La manipulación de los términos es uno de los métodos del modelo informativo
estadounidense a que más sistemáticamente y con mayor efectividad recurre la
propaganda corporativa para promover su hegemonía y dominación. 

Se conoce que no más de diez megacorporaciones poseen y controlan los
grandes medios de información de Estados Unidos, además del negocio del
entretenimiento y la cultura de masas, que abarca el mundo editorial, el de
la música, el cine, la producción y distribución de programas de televisión,
salas de teatro, Internet y complejos recreativos tipo Disneyworld, no sólo
en su país sino similarmente en buena parte de América Latina y el resto del
mundo. 

Este vasto emporio está bajo el control y es parte de la élite del poder que
constituye el verdadero gobierno de los Estados Unidos. 
Con tal volumen de medios propagandísticos al imperio le resulta factible
imponer modas y maneras a la información y la publicidad, a escala global. 

Vocablos como libertad, democracia, derechos humanos, y tantos otros son
aplicados con deliberada reiteración hasta identificarlos con su
ordenamiento político, económico y social, con fuerte carga de connotaciones
laudatorias. 

Sobre algunos de estos términos asumen la posición de árbitros y custodios,
reservándose la facultad de calificar, respecto a ellos, a cualquier
ordenamiento ajeno y así reprobar a los que difieran del modelo que conviene
a su política exterior. 

Mediante la insistencia mediática en el uso de los calificativos, acuñan
términos peyorativos como tiranos, dictadores, terroristas y extremistas
para aplicarlos contra dirigentes políticos inconvenientes, hostiles a la
hegemonía estadounidense. 

Tan alto es el grado de penetración que han llegado a lograr con su
abrumadora propaganda mediante la imposición de términos acuñados al efecto,
que no es extraño encontrar en cualquier país de América Latina a personas
sencillas que digan con mucha convicción: Fidel Castro será un dictador,
pero yo estoy de acuerdo con todo lo que él dice y hace. (Una tonada
colombiana que se popularizó por todo el continente en los años 60 del
pasado siglo dice: 'si las cosas de Fidel son cosas de comunista, que me
pongan en la lista, que estoy de acuerdo con él'). 

Recuerdo que, antes de triunfar la revolución cubana en enero de 1959, era
tanta la propaganda anticomunista inyectada en este país caribeño que en una
publicación clandestina algún revolucionario escribió en cierta ocasión algo
así como: '…Nos acusan de ser comunistas y no es verdad… comunistas son
ellos, los batistianos y los yanquis'. Los medios habían dotado al término
'comunismo' de tal connotación de los peores epítetos que era innecesario
reiterarlos. 

El término democracia ha sido probablemente el más injuriado por su apócrifo
uso a lo largo de la historia. En la Grecia antigua surgió como calificativo
de un sistema de gobierno ejercido por el pueblo, pese a que el ordenamiento
político que calificaba estaba diseñado para satisfacer los intereses de la
clase dominante y era excluyente de una buena parte de los integrantes de
aquella sociedad. 

Pero jamás en la historia otro imperio había abusado de manera tan pertinaz
de su uso para la inyección de valores aparentes a su autoestima nacional y
para proyectarse desdeñosamente sobre las demás naciones, como el gobierno
estadounidense actual. 

Hay términos prácticamente excluidos del lenguaje mediático que manipula la
gran prensa al referirse a las motivaciones de los movimientos populares.
Sobresalen por su ausencia los que se identifican con aspiraciones
nacionales como independencia, autodeterminación, patriotismo y soberanía,
así como otros que reflejan aspiraciones sociales populares como lucha de
clases, igualdad, revolución, rebeldía y muchas más.

En cambio, han retomado el término populismo, que se identificó en las
ciencias sociales a mediados del pasado siglo como calificativo de las
políticas 'inflacionarias', 'irresponsables' y 'aventureras' de los
presidentes Getulio Vargas, de Brasil, y Juan Domingo Perón, de Argentina,
argumentando que para lograr el apoyo popular de que disfrutaban incurrían
en concesiones sociales incompatibles con las sutilezas de la economía y las
finanzas. 

Lo refieren ahora a gobernantes populares como el venezolano Hugo Chávez, el
boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa. Y lo insinúan
puntualmente para calificar a los demás líderes independentistas, como para
llamarles al orden cuando actúan en forma que amenaza intereses de los
explotadores. 

Cuando se habla de derechos humanos, limitan el término a los derechos
civiles e ignoran los derechos sociales, tan humanos como aquellos:
laborales, económicos, alimentarios, educativos, a la salud… 

Desafían la lógica y la semántica cuando manipulan en sus lemas palabras de
significado contradictorio con la orientación política de sus objetivos,
como transición, cambio, y hasta revolución.

En Cuba, han pretendido desplegar una campaña usando el término cambio con
un sentido contrarrevolucionario, obviando el hecho de que la revolución
cubana ha sido y sigue siendo la fuente de inspiración de los cambios
actuales en Latinoamérica. 

También contra Cuba, definen como 'disidentes', 'dirigentes de la
oposición', 'periodistas o bibliotecarios independientes', 'activistas por
los derechos humanos' y otros similares a quienes reclutan y pagan en la
isla para servir sus fines subversivos. 

Un caso extremo de manipulación es el uso del término popular para designar
al partido de la derecha española que tiene como dirigente 'popular' nada
menos que al bochornoso instrumento de la superpotencia que es José María
Aznar. 

Se hace el juego al imperio cuando se le concede derecho de propiedad sobre
ciertos términos de los que se ha apropiado o pretende apropiar para
describir, identificar o nombrar eventos que no son exclusivos de su orden
social como son sociedad civil, desarrollo humano y otros que los pueblos
deben utilizar en beneficio propio. 

La manipulación de los términos por la propaganda corporativa con el
propósito de predisponer a los pueblos para el consumo de sus mensajes
deformadores, no debe subestimarse.

http://www.argenpre <http://www.argenpress.info/nota.asp?num=049705&Parte=0>
ss.info/nota.asp?num=049705&Parte=0



 

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