Participación de los medios de comunicación colectiva, antes, durante y
después del Referéndum 

 

El Referéndum mostró una vez más que la libertad de expresión tiene precio y
muy alto, si de exponer ideas contrarias a las de los propietarios de los
medios se trata. La libertad de prensa, contradictoriamente, se confirmó
como un derecho muy exclusivo de los dueños de los medios o para quienes
tienen poder económico para comprar espacios.

 

En este contexto, los medios de comunicación colectiva marcaron la
diferencia, haciendo que mucha gente se abstuviera de votar y otros dijeran
Sí al aceptar los miedos promovidos durante la tregua electoral.
Confundieron a gran parte de los electores con las mentiras de la Embajada y
el Departamento de Estado Norteamericano, además de los clichés
anti-comunistas de la campaña de la cizaña que presentaban la aprobación del
TLC, como una forma de defender la democracia y sus instituciones. Parte de
esa estrategia fue y es la táctica de ablandamiento de la expresión social.
No se titubeó en cerrar medios y espacios de comunicación que se oponían a
la aprobación del Tratado.

 

La coalición del Sí, que como se dijo, aglutinó al PLUSCLI neoliberal,
quitándole toda máscara socialdemócrata o socialcristiana, utilizó los
medios de comunicación masivamente para moldear a la opinión pública, con
una campaña alarmista de mentiras, calumnias, miedo y cizaña contra todo
actor o persona opuesta al modelo neoliberal. El efecto, tal y como se
documentó en el memorando Casas-Sánchez se dio en los sectores pobres con
aspiraciones a fuentes de trabajo y en sectores de clase media con
ambiciones de más prosperidad. En los primeros hubo dos tipos de reacciones,
una de compromiso con el voto por el Sí, y otra mayoritaria de falta de
confianza y desinterés en el proceso. 

 

La presión de los medios de comunicación sobre todos los actores sociales
opuestos al tratado fue decisiva. Se descalificó a todos y cada uno de
ellos, fuesen personas físicas, asociaciones, sindicatos o partidos
políticos. Un parte del clero de la Iglesia Católica no se escapó de esta
campaña. Fue evidente, en el marco de la no beligerancia del Evangelio la
posición pasiva de la mayoría de las iglesias cristianas

 

Los medios presentaron ante la audiencia, el proceso electoral del
Referéndum del TLC, como un tema de “emociones comerciales”, donde el toma o
lo deja por el que está dispuesto a pagar los salarios y los empleos se
constituyó en la idea fuerte en toda la matriz publicitaria. Resultó
relevante, desde una perspectiva democrática, como la discusión del TLC fue
utilizada para desinformar, en el tanto en lo argumentativo y la misma
propuesta de éxito, tan solo se le dio cabida a la posición del Sí, con
pocas excepciones. 

 

Naturalmente, a falta de medios alternativos de comunicación y de algunos
errores en el esfuerzo mediático desarrollado por el No, como lo fue la
explicación y defensa de la utilización de unos medios pagados, con los
escasos recursos disponibles, no hizo más justificar la ofensiva
intoxicadora de Repretel y Central de Radios, quienes se quitaron la venda
de “medios formadores de opinión”, para ponerse la camiseta del Sí, siendo
mucho más agresivos y excluyentes de las voces del No. Esto fue evidente
durante la tregua electoral. Establecieron múltiples relaciones entre las
propuestas contrarias a los TLCs y Chávez, Castro y Ortega. El “combate al
comunismo” volvió a surgir como tema electoral, cuando en verdad el interés
principal era y es evitar la “perdida de negocios”.  

 

La discriminación y la descalificación de los actores del No, el menosprecio
generalizado de los que pensamos, decimos y hacemos cosas diferentes al
neoliberalismo bajo la sombra del “comunismo”.  La dictadura encontró en los
medios su máxima expresión al combatir todos las ideas distintas al modelo
neoliberal. Se repitió una y otra vez lo malévolo que significa alejarse de
los dominios de Bush; lo siniestro, perjudicial, sombrío y peligroso para la
democracia y el bienestar de la gente el cuestionar los intereses económicos
de los grupos de poder nacionales e internacionales. Todo grupo o persona
contestataria fue y es calificada de antisistema, en el mejor de los casos.
Los atropellos constantes de las normas de convivencia y justicia
democrático-electoral se justificaron, sin juicio o valoración de equidad,
por lo escrito en blanco y negro en las resoluciones, sin importar lo dicho
y expresado en la Constitución y las leyes.


Lo actuado por los defensores de la aprobación del TLC, aunque fuera a
partir de una incitación o agresión directa, a pesar de las pruebas, fue
presentado con juegos de imágenes y palabras, como actos de patriotas
dispuestos a defender la democracia, aunque se tratara de ataques de
policías a fuerza de patadas y empujones contra diputados o jóvenes, cuyo
pecado era pensar diferente. Por el contrario, la “agresividad de la gente
del No” se tradujo en mensajes, donde se hacia evidente la “maldad
comunista”, lo contradictorio e incoherente de los actores, lo horroroso de
las ideas y las fuentes, lo desagradable de la discusión y lo siniestro de
la confrontación sobre el tipo de país que queremos para familia y la
sociedad. Pedir justicia e imparcialidad se igualó en “juegos de
noticias-mensaje “con lo perverso del delincuente que pide y exige
protección en sus derechos. Hitler pensaba lo mismo, e hizo de esta
estrategia su principal arma de alineación mental, para justificar la muerte
y persecución de las minorías. Sobre este particular, aún hoy dos meses
después del Referéndum, por su validez actual en los medios, es importante
cuestionarse: 

 

-          ¿Están los propietarios de los medios conscientes de lo que
promueven al hacer opinión pública sobre la base de la discriminación y la
descalificación social de determinados actores y personas? ¿Son conscientes
de las reacciones desencadenadas con el vapuleo de la desinformación, la
estigmatización de las personas y la discriminación de las ideas por ser
diferentes? ¿Son conscientes de los sentimientos de inferioridad legal e
institucional que despiertan con sus alardes de “superioridad democrática”?
¿Promovieron antes, durante y después del referéndum una campaña de respeto
y tolerancia a las ideas divergentes? ¿Está La Nación hoy verdaderamente
preocupada por los alcances del TLC-plus? ¿Son conscientes de que el
irrespeto de la voluntad popular comienza con la desinformación?

-          ¿Son los actores legislativos, políticos y sociales de la
coalición del no los que están justificando, por todo lo argumentado, la
necesidad de parar el trámite de las leyes de implementación del TLC? ¿Son
estos actores los que están permitiendo que se penalice el derecho al
conocimiento de nuestro “ejército escolar” mediante y con fotocopias? ¿Son
estos actores los que están dejando a los campesinos y agricultores sin
protección legal para el uso de semillas y productos naturales en los
procesos de cultivo y agro-industria? ¿Son estos actores los que están
dejando sin posibilidad legal al ICE de trasladar ganancias de un servicio a
otro y así subsidiar servicios no rentables? ¿Son estos actores los
responsables de que en el futuro las tarifas eléctricas se eleven hasta en
un 400% y que un alto porcentaje de las y los costarricenses sean excluidos
de los beneficios de este derecho, por falta de capacidad de pago del
servicio? ¿Son estos actores los que hoy amenazan a los estudiantes de
escuelas y colegios con no contar con servicios de transporte por falta de
recursos presupuestarios? ¿Son estos actores los responsables de haber
desinformado a la gente?

 

No obstante, todo lo dicho sobre lo actuado por los medios de comunicación y
como éstos han servido a la causa del neoliberalismo y sus intereses, no nos
debe eximir de nuestras responsabilidades, y menos ha de servir como excusa
para repartir culpas, que las hay, pero debemos considerar que el aparato
mediático encabezado por La Nación, Repretel y Central de Radios es el mismo
que actuó durante la campaña electoral de febrero 2006.

 

Entonces, algunas de las causas, habrá que buscarlas en nuestro propios
partidos políticos y organizaciones sociales, incluidos los Comités
Patrióticos, y dejar de lado, por un momento, “las matrafulas” de las
transnacionales y sus asociados costarricenses, para ver la realidad que nos
circunda, y como construimos la unidad necesaria, asumiendo las
responsabilidades que nos corresponden. Fuimos incapaces de elaborar un plan
b de campaña rápida ante eventualidades durante la tregua; no se respondió
en el debido tiempo las mentiras de los Arias, la Embajada y la Casa Blanca.


 

De ahí que es importante volver la mirada hacia nosotros y preguntarnos
acerca de las responsabilidades asumidas, y no asumidas. Esto, sin dejar de
tener presente que, los medios de comunicación “son libres de violentar
treguas electorales, presentar como noticias mentiras y calumnias y no pasa
nada”. ¿Por qué será? ¿Quién o quiénes son los o las responsables?

 

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