Responsabilidad, prensa y libertad de expresión 
   Pablo
Barahona Krüger  

No debe la libertad de empresa, en ningún caso,
prevalecer sobre el derecho ciudadano a una información rigurosa, sea:
adecuada y veraz. Esto, siguiendo el sentido constituyente del artículo
46. Tampoco la libertad de prensa, sometida por lo general a la
voluntad o interés de la empresa mediática, debe servir de pretexto a
la difusión conciente de informaciones falsas e incluso difamantes. La
libertad de los medios de comunicación es sólo la extensión de la
libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia. Como tal,
esta última no puede ser confiscada por un grupo de poderosos. Su
ejercicio implica, por añadidura, un dato de “responsabilidad social”
ineludible y, en consecuencia, su práctica debe estar, en última
instancia, bajo el control responsable de la sociedad (el quinto poder
le llamó Ramonet). Ningún poder puede estar más allá de otro poder.
“Que el poder controle al poder”, tal era la solución que prefería
Montesquieu. Ningún 
  poder, salvo el ciudadano, si es que el
sistema se precia de democrático, ha de quedar descontrolado, mucho
menos uno privado. Todos estamos sujetos a algún control, algunos
previos, otros posteriores, pero controlados, todos, quedamos al fin.
Informan lo que quieren, subinforman cuando lo prefieren y malinforman
si le conviene a sus socios o al paraprograma de gobierno que pretenden
imponer. No en broma, algunos sectores acusaron “fraude mediático” en
el pasado proceso de referéndum. Tampoco mentía don Pepe, al menos no
en esto, cuando sostenía que en Costa Rica, quien buscara poder, debía
fundar un periódico y no un partido político. Al abrigo de la libertad
de expresión, las empresas mediáticas no se encuentran habilitadas para
difundir informaciones falsas ni realizar campañas de propaganda
ideológica tendentes a la manipulación masiva de electores. La
responsabilidad democrática o social de las empresas colectivas les
significa la obligación evidente de someterse a 
  controles que,
si bien mínimos y siempre posteriores, no impliquen, per se, censura
previa. Dichos controles, eso sí, han de aspirar a prevenir los
evidentes desequilibrios que se presentan cuando el poder renuncia al
deber de controlar al poder. Tocqueville solía repetir, haciendo eco de
los antiguos, que el hombre (persona para nuestros efectos) llegaría
con su poder hasta donde encontrara límites. El periodista es persona
y, como tal, usará su poder hasta donde su liberalidad le permita y la
sociedad le consienta. Es por ello que, pese a que los políticos de
turno no se atrevan a responsabilizar a los dueños de los medios de
comunicación y sus ad lateres (Directores y Editores), por los términos
en que ejercitan la libertad de prensa, las latitudes de primer mundo
también nos adelantan en esta materia. Por ejemplo los Ombudsman que,
siendo parte de las planillas de los mismos medios de comunicación,
evidencian las malas prácticas informativas que atestiguan, o las 

 figuras penales que exigen responsabilidad posterior al periodista
descuidado o malintencionado así como, solidariamente, a los jerarcas y
dueños de la empresa mediática. Estas figuras constituyen serios
contrapesos que se blanden contra la irresponsabilidad (impunidad) por
la que algunas empresas comunicacionales tanto abogan. “Todo error
proviene de una exclusión” defendía Pascal. Tenemos, entonces, que es
un error excluir a los periodistas y muy particularmente a las empresas
patronas de estos, de todo control posible y defendible. Posible:
porque son seres humanos de carne y hueso como usted que lee esto o
como yo que lo escribo.   No son semidioses libres de error ni ángeles
exentos de vicios. Por lo tanto, es posible que se equivoquen, se
vendan o malogren. Defendible: si comprendemos que no todo control a
los medios de comunicación es absurdo y arbitrario intervencionismo
estatal. Tampoco equivale, ineludiblemente, todo control, a censura
previa. Todos somos 
  responsables de nuestros actos. ¿Por qué no han de serlo entonces los 
periodistas y sus patronos también? 
 Profesor de Derecho, UCR.  
Alexander Rodriguez Ch

"La ambición suele llevar a los hombres a ejecutar los menesteres más viles:
por eso para trepar se adopta la misma postura que para arrastrarse".

Jonathan Swift





      
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