PARTIDOS POLÍTICOS Y OPOSICIÓN AL NEOLIBERALISMO DESPUÉS DEL REFERÉNDUM.

UNA COALICIÓN DE PARTIDOS Y ORGANIZACIONES SOCIALES UNIDAS EN TORNO A QUÉ,
QUIÉNES Y  PARA QUÉ

 

 

En la dirección descrita, el asunto del reconocimiento de la legalidad e
institucionalidad se ha convertido en un tema de discusión ineludible. 

 

Mientras el PAC, así como el Frente Amplio, reconocen el resultado del
Referéndum, tal y como lo hizo la extinta Coordinadora Nacional de Lucha
contra el TLC, Vargas Carbonell y sectores de la izquierda y la
ultraizquierda, como los  "trotskistas", integrados o no a los Comités
Patrióticos, promueven el desconocimiento no solo del resultado, sino de la
legalidad e institucionalidad del país, por las irregularidades denunciadas
ante el Tribunal Supremo de Elecciones y organismos internacionales. 

 

El PAC defiende la vía legal e institucional, como única ruta sensata para
promover mejoras de las instituciones democráticas, y en consecuencia hace
suyo este compromiso, como parte del ideario de lucha del Partido. Por el
contrario, el desconocimiento de esa legalidad e institucionalidad ha
provocado la perdida de convocatoria de los Comités, por el temor existente
entre los ciudadanos y ciudadanas a que la resistencia civil, en el marco de
manifestaciones y actos similares se utilice para desarrollar métodos,
técnicas y procedimientos que riñan contra el concepto de beligerancia
pacífica.  La “gente del No” está a la espera de señales de integración
política y esperanza en un futuro mejor. 

 

De lo dicho, resulta claro que por ahora la situación no está propensa para
ir a las elecciones del 2010 en forma separada, como oposición al
neoliberalismo. ¿Por qué no? Porque cualquier intento del PAC u otro
partido, o coalición que no sume a todos los actores políticos puede
utilizarse, como herramienta propagandística para subrayar el divisionismo y
la falta de consensos en quienes no apoyamos el modelo telecino y sus
propuestas neoliberales.  No  obstante, tal y como sucedió en el referéndum,
la unión de las fuerzas de oposición, también puede ser tomada por el
PLUSCLI para llamar a las masas susceptibles de ser influencias por el
chantaje, el miedo y la cizaña a luchar y morir si es necesario para
defender “la democracia”, es decir su democracia, “la de los negocios”.

 

El hecho de que todos los partidos políticos y movimientos en la antigua
Coordinadora Nacional de Lucha contra el TLC, en unión con los otras
organizaciones sociales, hayan podido coordinar esfuerzos y voluntades de
cara al referéndum del 7 de octubre, y aceptado el resultado, a pesar de
todas las irregularidades denunciadas durante el proceso, en la tregua
electoral y el mismo día del evento cívico, hace suponer –por los
antecedentes de lucha contra el TLC- que existe una plataforma de discusión
propicia para tomar acuerdos de cara a las elecciones del 2010. 

 

Sin embargo, más que la coalición, se debe determinar en torno a qué (los
contenidos), quién o quiénes (personas, partidos) y el para qué de su
constitución (objetivos). Hay que responder ante las necesidades, intereses
y aspiraciones de desarrollo de la gente, para desarrollar propuestas y a la
vez cuestionar por los hechos que lo fundamental no ha cambiado: la
distribución de la riqueza, la pobreza, el acceso a los bienes y servicios
de la canasta básica. “¿De qué sirve ir a una y a mil manifestaciones, me
decía un amigo de Carrera Buena, si no tenemos el poder para promover los
cambios necesarios? ¿De qué sirve ir votar cada cuatro años, si desde la
Asamblea Legislativa no se pueden promover las leyes requeridas para que
haya justicia? ¡Al fin y al cabo la vida ha seguido y sigue, y vivimos igual
que antes, con la esperanza de que llegue ese día!” Esta percepción, aunque
no se exprese, es muy generalizada y debe constituirse en la voz de alarma
para llamar a la unidad nacional contra el neoliberalismo. 

 

La coalición nacional, como expresión de voluntades por la Costa Rica del No
al neoliberalismo y al TLC, es ahora más necesaria que nunca. Ya los
neoliberales del PLUSCLI y sus asesores de COMEX-Transnacionales han pasado
a la ofensiva, y a sabiendas de la frustración existente en algunos sectores
del No, promueven  con el Reglamento Legislativo y los instrumentos del 41
bis y el 208 bis un TLC-plus toda clase de iniciativas contrarias a los
intereses de la gente, y a la misma voluntad expresada en las urnas con
motivo del Referéndum. Hicieron su trabajo de cizaña, para promover la
desintegración del movimiento nacional y ahora saben bien que la marea
organizativa de los Comités Patrióticos ha declinado en su capacidad de
convocatoria.

 

Hoy los líderes de los partidos y movimientos políticos, así como los
correspondientes a organizaciones sociales del No, se encuentran divorciados
de los Comités Patrióticos, mientras los del Sí mantienen intactas sus
“redes clientelares”, con el apoyo de los medios de comunicación. De hecho,
ni los trabajadores del sector público, ni “las masas” han podido
organizarse para responder multitudinariamente ante los llamados de protesta
y movilización social requeridos. Mientras tanto, los Arias siguen golpeando
con el miedo, el chantaje, la cizaña y la mentira mediática, todo para
asegurarse su hegemonía social y preparar el camino para perpetuarse en el
poder.


En esta perspectiva, aquellos que desde los partidos y movimientos políticos
de izquierda y utraizquierda, así como de algunos Comités Patrióticos,
promueven la integración de una coalición nacional, sin la presencia del
Partido Acción Ciudadana y Ottón Solís no han entendido, ni quieren entender
la realidad nacional, y las percepciones de los electores que son los que
eligen entre los candidatos. Unos han ido demasiado lejos, y con sus
desplantes han dado la razón a los voceros de la campaña del miedo y la
cizaña acerca de la “amenaza terrorista”. “No debemos apresurar el ritmo ni
quemar etapas. Sin embargo, más de un frustrado incorporado a nuestro
proceso presiona para acelerar el paso y exige que se haga ya lo que fue
incapaz de hacer en muchos años. Los ultra, los que no saben esperar,
contribuyen a crear una visión incorrecta de la realidad que es
imprescindible conocer para actuar en consecuencia” (Actuwa, Cacerolas,
4-12-07)

 

Es necesario detener el divisionismo, primero respetando el funcionamiento
de los Partidos y organizaciones sociales constituidas, según estatus en el
marco de la legalidad e institucionalidad reconocida, y segundo dejar de
buscar culpables entre los actores del No, por todo lo que se hizo o se dejó
de hacer para ganar el Referéndum, o impedir la aprobación de las leyes de
implementación. Si pretendemos derrotar al neoliberalismo, hoy más que
nunca, requerimos prudencia y sensatez para reconocernos, como amigos y
socios en la lucha por recuperar al país de las manos de los neoliberales.
Están totalmente equivocados quines piensan  integrar una coalición sin el
PAC, o constituir un nuevo partido político nacional, es la opción correcta
para vencer al neoliberalismo. El abstencionismo se mantiene porque la
mayoría de los electores no ven esperanza de victoria, sino hay unidad en la
oposición.

 

La creciente campaña de descalificación del Partido Acción Ciudadana (PAC) y
el mismo Frente Amplio, así como del Partido Accesibilidad para el Cambio,
pero principalmente contra el PAC afectan a toda la oposición, y no
solamente las aspiraciones de Ottón Solís, como algunos han querido
explicar, para argumentar a favor de crear un nuevo Partido, o de excluir al
PAC de cualquier coalición de cara a las elecciones del 2010. Este egoísmo
es el que socava en principio la suma de esfuerzos y voluntades para
reconstituir la gran coalición del no al neoliberalismo. No se puede aspirar
a ganar elecciones presidenciales, con coaliciones excluyentes.


La Costa Rica del No al neoliberalismo exige acciones decisivas de
integración politica y no de discursos separatistas. La derrota en el
Referéndum, contrario a lo que algunos piensan, bien orientada puede elevar
los niveles organizativos y la misma lucha por el país solidario, justo e
inclusivo a que aspiramos. “Estamos, como dice Don Alberto Cañas, debatiendo
sobre cómo derrotar en las urnas los intereses del modelo neoliberal que son
antagónicos e irreconciliables con la Costa Rica que queremos”. Son
necesarias acciones y sacrificios decisivos para lograr una gran coalición
nacional.

 

Para amplios sectores sociales activos y pasivos la cuestión de la
democracia, la integridad de las instituciones y la historia patria con sus
Juanito Mora y Juan Santamaría han dejado de ser temas de interés cívicos
que les sirva de referente para comprometerse políticamente y a votar. Les
interesa, tan solo encontrar garantías en unos u otros acerca de la
satisfacción de sus necesidades básicas, comenzando con la seguridad del
empleo. Estas no son asuntos de abstracciones éticas sino de realidades
concretas que afectan el día a día de todos y cada uno de las y los
costarricenses. He aquí los primeros qué y para qué a considerar. 

 

Resulta del todo punto descabellado pretender que la oposición al
neoliberalismo, aunque coaligada, se pueda construir por la vía de su mera
utilidad para derrotar a los Arias en un texto electoral, cuando la realidad
político-social exige respuestas ante las necesidades, aspiraciones e
intereses de la gente. Ante este error  de concepción estratégica es lógico
que las bases sociales opten, en el mejor de los casos por una participación
electoral mínima (votar), o por el abstencionismo; tanto más cuanto la
participación ciudadana, en una democracia declarada constitucionalmente
participativa, es muy reducida. La democracia se ha limitado al derecho de
votar, para elegir a los representantes populares en las elecciones
nacionales o cantonales, con la excepción del Referéndum en análisis.

 

Entonces, pretender imponer una coalición contra el neoliberalismo desde
arriba -al tiempo en que se desestiman o utilizan los Comités Patrióticos
con otros propósitos- crea situación de rechazo entre quienes durante los
últimos años han luchado hasta la saciedad por promover la participación
ciudadana en todos los niveles y ámbitos de interés político. Considerar
este argumento constituye un requisito imprescindible para entender y
transformar la apatía política y el abstencionismo en una fuerza vencedora.


De modo que es comprensible la actitud de quienes no fueron a votar, durante
el Referéndum, aún rechazando el TLC. La coalición para que sea exitosa debe
darse mediante la activación de la voluntad popular a través de procesos
participativos. Sólo  entonces esta opción será la adecuada y la conveniente
en lo estratégico. Sólo entonces gozará de la legitimidad y fuerza necesaria
para  convertirse en una realidad con capacidad para vencer en las urnas al
neoliberalismo. 

 

Mientras tanto, es urgente establecer acuerdos, para construir un entramado
normativo electoral que facilite y profundice los cambios hacia un sistema
electoral justo, equitativo e inclusivo, viable constitucionalmente.  Por
ello, la derrota en el Referéndum, no debe ser un freno en el proceso de
transformación social deseado sino, tan sólo, la postergación de una
decisión hasta un momento en el que los y las costarricenses hayan
experimentado los primeros embates del TLC, y en consecuencia se  encuentren
más identificados con la idea de la necesidad de una sociedad justa,
equitativa y solidaria.

 
Por estas y otras consideraciones prácticas es imposible vencer al
neoliberalismo excluyendo a uno u otro partido, o pensando en empoderar
liderazgos reconocidos, como “contrarios del sistema”.  En realidad las
condiciones objetivas para el triunfo de la oposición están dadas, pero el
secreto de la victoria está en la unión y en consecuencia en la integración
de todos los actores políticos y sociales en un gran frente nacional de
lucha electoral. ¡El tiempo no está del lado del neoliberalismo, pero el
reto de la unión está en nosotros!

 

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