La comedia del diálogo de los Arias Por Alvaro Arnoldo Araya Alpízar
El llamado al diálogo de los Arias a Ottón Solís, como presidente de la Comisión Política del Partido Acción Ciudadana (PAC), constituyó un eslabón mediático de los pocos que han hecho, como gobernantes, para demostrar ante su público sus dizque deseos de dialogar y negociar, obviando siempre proponerlo en un ambiente de transparencia y respeto mutuo, de cara a los ciudadanos. Una y otra vez, cuando Ottón o el Partido, como institución le han tomado la palabra, pero a primer encuentro optan por renunciar al debate por el fondo. La estrategia ha sido la misma, tratar todos y cada uno de los temas por el camino de la descalificación a priori de los argumentos con la ayuda del poder mediático- sin asumir compromisos, y como si no fuera poco, asumiendo la discusión en términos de asuntos personales, a ser tratados sin testigos políticos. La última parte de la comedia del diálogo propuesto por los Arias se celebra con la respuesta a la carta de Ottón Solís, como Presidente de la Comisión Política del PAC. El escrito, en su contenido, raya en el insulto a la inteligencia, cuando se abordan los quebrantos de la institucionalidad, el respeto de la democracia y el sometimiento a los alcances del TLC, la división de poderes y otros. Se intenta por la vía de la EBASIVA crear la sensación de que todo es bueno para Costa Rica, que todo en la Asamblea está bien, que son malentendidos ¡Que todo es obra de subjetividades creadas para impedir el funcionamiento legislativo! Y en este esfuerzo, como toda estrategia de descalificación, se argumentan los cuestionamientos del Partido Acción Ciudadana, por la vía de criterios contradictorios, por ejemplo cuando se asume la discusión de los abusos legislativos en el marco del TLC o la misma aplicación del 208 bis en el tramite de las leyes de implementación en materia de telecomunicaciones, por aquello del monopolio y las limitantes constitucionales. Contrariamente a lo que planteaba Ottón, en su carta, el Señor Arias en su respuesta, elude el asumir compromiso alguno. En un mar de negaciones de lo denunciado, trata de hacer entender a la ciudadanía que él no tiene influencia alguna en la Asamblea Legislativa, que existe una plena independencia de poderes, que la orientación de la agenda y debate legislativo es un asunto propio del G-38, y nada más ¡Cómo insulta la inteligencia, el Señor Arias! Y como si fuera poco, contrario al espíritu democrático de Ottón, el PAC y su Fracción Legislativa, justifica todas y cada una de las violaciones a la institucionalidad, con más insultos, incluido el carretillo de las mociones, como escena principal para destrabar la aprobación de las leyes de implementación, por la vía de la chota. El ataque del Partido Único Neoliberal de los Arias y su G-38 a los procedimientos e instrumentos de la oposición no ha sido ni jurídico, ni ideológico, ha sido grotesco y vulgar. Es parte de la cruzada moralizante contra toda la oposición social y no solo contra los partidos políticos. Tratan de justificarse en sus limitaciones, ante los partidarios telecinos, por la vía del pleito de los corazones, para que el pueblo y en especial los más humildes, como decía Memorando casas-Sánchez, formen criterio por lo emotivo y simpático de la escena de Papá Pitufo y sus 38 Carretillos. La negativa de los Arias y del G-38, para discutir por el fondo los asuntos planteados por Ottón Solís, ratifica el esquema de poder que domina en las filas del Partido Único Neoliberal (G-38) desde su misma creación como Bloque Neoliberal hasta nuestros días, pasando por todas sus fases: consensos, concertaciones, compromisos de gobernabilidad y otros muchos, como el recordado Pacto Calderón- Figueres. Ahora, fieles a sus compromisos personales, los términos de referencia para el diálogo y la negociación son: obediencia al poder presidencial, aceptación del verticalismo en la toma de decisiones, discusión entre y con personas a título individual, lealtad ante los compromisos legislativos, renuncia del derecho de expresión, sometimiento a la autoridad, respeto a las jerarquías .Entonces, que los Arias hayan respondido y que los diputados del G-38 hayan metido carretillo de su campaña de arrogancia no puede sorprender en absoluto a nadie. Esperar lo contrario hubiera sido pecar de ingenuidad política. En eso muchos y muchas estábamos y estamos claros. Por eso, la carta de los Arias, en la práctica, constituye una respuesta determinada de antemano, como plan estratégico ante el llamado al diálogo. Pero los compromisos electorales, como se sabe en el PAC, no se discuten: se cumplen. Y eso se hizo ante la atención prestada al llamado al diálogo. Naturalmente, el Partido Acción Ciudadana y su fracción legislativa, están ante un enorme reto. Todos sabemos cuales son los premios y castigos que tienen reservados el Partido Único Neoliberal, su G-38 y La Nación. Se tratará de confundir y descalificar, aún más, como arma para disuadir a la opinión pública acerca de las insignificancias de los excesos legislativos, lo bueno de los procedimientos aplicados y la importancia de demostrarle a los comunistas que se oponen al TLC, quien manda en el país. Naturalmente, así convencerán a los más humildes, y otros no tan humildes, sobre la importancia de arrodillarse ante los Arias, por encima de cualquier posibilidad de hacer una oposición digna, en el marco de la legalidad e institucionalidad legislativa. En esta coyuntura, se requiere de posiciones firmes ante el irrespeto de los Arias y sus incondicionales. Es fundamental el monolítico embanderamiento del PAC en sus filas, estableciendo posiciones fuertes, con una reticencia total a convertirse en una tropa dócilmente subordinada al poder dictatorial de los Arias y sus términos de referencia para el diálogo y la negociación. Ante la soberbia y la arrogancia de los Arias y su Partido Único Neoliberal, la unidad del Partido Acción Ciudadana. La unidad en las posiciones y estrategias, como rasgo, será sin dudas, motivo de integración y compromiso en la lucha legislativa y partidaria.
