"…CUBA, CUBA, MI PATRIA QUERIDA,
 
 
Freddy Pacheco
Biólogo
 
 
 
VERGEL bello de aromas y flores, cuyo cielo de puros colores, densa bruma jamás 
ocultó; yo en tu suelo nací venturoso, tú abrigaste mi cándida infancia, y por 
eso mi eterna constancia adorarte por siempre juró...”  
 
 
   ¿Verdad que suena conocido?  ¡Claro!, sí, son parte de los versos escritos 
en 1852 por el escritor y patriota cubano Pedro Santacilia (poema "A un 
ruiseñor") que unos 14 años después, con música de ese gran costarricense, 
Manuel María Gutiérrez, pasaron en parte a formar parte de "La Patriótica 
Costarricense".  
 
 
Gracias a su acuciosidad y a una cuidadosa  investigación del periodista 
Armando Vargas Araya (La Nación del 27 de junio de 1999) hoy tenemos certeza de 
quién es el autor de nuestra "Patriótica"; un cubano hijo de español, 
periodista, maestro, poeta e historiador, quien al ser expulsado de la isla de 
Cuba, vivió en Estados Unidos y en México, donde fue diputado nacional siete 
veces. Como parte de su interesante vida, se casó con la hija del Prócer Benito 
Juárez, de quien fue su secretario particular.  "Mi querido hijo Santa" decía 
de él.  
 
 
"A la sombra nací de tu palma…", "Tu sabana corrí siendo niño…", "Yo no envidio 
los goces de Europa", dice parte del poema de Santacilia, inmortalizado gracias 
a la música del autor del Himno Nacional quien, hemos de aclarar, jamás reclamó 
su autoría. Párrafos que, al ser analizados, poco o nada tienen que ver con la 
realidad costarricense, pero sí con la Cuba de las palmas, las sabanas y el 
rencor contra los colonialistas europeos de entonces.
 
 
¡Qué forma más bella de unir a dos pueblos hermanos!  ¿Podría pensarse en una 
mayor muestra de fusión cultural?  Cuba y Costa Rica unidas por la labor 
creativa de dos hombres inmensos, Gutiérrez y Santacilia, que sin vaticinar el 
destino, pusieron a cantar emotivamente a un pueblo.  A un pueblo que sin 
preguntarse innecesariamente de dónde proviene la música y letra de "su himno 
más querido", hizo suyo un poema grande en su sencillez, como los que nos 
dejaran también Jorge Debravo e Isaac Felipe Azofeifa.
 
 
Así fue también la profunda amistad entre José Martí y Joaquín García Monge, 
Magón y Maceo.  ¡Cuán grandes esos hombres! enlazados por las ansias de 
libertad que florecían en sus espíritus superiores, cual si también fueren 
parte de otra "Patriótica" abonada por el poder creativo de dos pueblos 
hermanos que, por poses egoístas producto de eso que llaman "geopolítica", han 
visto cómo se les pretende alejar cual si fuere ello posible.  
 
 
Ahora tenemos algo más de qué emocionarnos cuando cantamos "La Patriótica", 
símbolo del amor a dos tierras unidas por la historia y una herencia cultural 
compartida.
 
 
 
 
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Freddy Pacheco, Ph.D.
Universidad Nacional



      

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