DIARIO EXTRA    MARTES 8 DE JUNIO DEL 2010
 
 
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PÁGINA ABIERTA
 
                         SAN JOSÉ Y LAS RESERVAS DE LA BIOSFERA
 
Freddy Pacheco*
Hace 28 años se creó la primer Reserva de la Biosfera en nuestro país, La 
Amistad. Seis años después la UNESCO acordó crear la correspondiente a la 
Cordillera Volcánica Central, quintuplicada en su extensión hace pocos días. La 
conocida como Agua y Paz, en la región de Caño Negro, fue la tercera. Costa 
Rica tiene solo tres reservas del total de 564 en el planeta, pero la 
importancia no está en su número, sino en su pertinencia. 
 
No forman parte del Sistema de Áreas de Conservación Nacional ni están 
sometidas a regulación internacional alguna. Incluyen dentro de sus límites 
riqueza natural de la más diversa, tanto biológica como mineral, protegida en 
parques nacionales y fuera de ellos, constituyéndose en polos de conservación 
y, quizá lo más trascendente, de desarrollo sostenible. Son, o deberían ser, el 
fundamento del sustento del progreso de un país, donde el ser humano ha de ser 
la principal especie. 
 
Ciudades como San José y el área metropolitana, con unos tres millones de 
habitantes, son ahora parte de la Reserva de la Biosfera de la Cordillera 
Volcánica Central. Quizá no se percataron, pero los josefinos son parte 
fundamental de dicha reserva. También los habitantes de las ciudades de 
Heredia, Alajuela, Cartago, Grecia, Sarchí, Atenas, San Ramón, Naranjo, 
Palmares, Paraíso, Turrialba, Juan Viñas… donde no tienen nada que temer y sí 
mucho de privilegiados. 
 
GESTIÓN SOSTENIBLE.
Para sus creadores, esta declaratoria “permitirá mejorar la gestión sostenible 
de una de las regiones más ricas del país por sus recursos naturales y su 
patrimonio cultural”, algo de lo cual urgimos los habitantes de esas regiones. 
Al ejecutarse la idea de las Reservas de la Biosfera hace 40 años, se buscó 
superar la aparente contradicción entre crecimiento económico y la conservación 
de la naturaleza, como medio de superar la visión sesgada promovida por 
aquellos que solo ven enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza. Y es 
precisamente el dominio del desarrollo sostenible el que ha de caracterizar a 
las reservas, dándole paso al trato inteligente que considera integralmente la 
conservación de la riqueza natural y el uso racional de esa misma riqueza. La 
producción es consustancial a ellas, y por ello, se ha de cumplir con el 
requisito primero del ordenamiento territorial en que se pueda sustentar. 
 
ADECUADO PROYECTO
 
Una ciudad capital, degradada e inhabitable en grandes sectores, donde los 
lotes sucios han sustituido las viviendas, como sucede en la parte sur y 
central de San José, podría salir muy beneficiada de esta declaratoria. La 
recuperación de sus hábitats deteriorados, la atención a las necesidades 
apremiantes de los habitantes de los tugurios y barrios humildes, el manejo del 
agua potable y las aguas servidas, los residuos sólidos desaprovechados, el 
caos del transporte, la contaminación sónica, la inseguridad ciudadana, 
etcétera, son solo algunos de los focos de atención que no se han de desdeñar, 
para un adecuado provecho de una de las regiones nacionales más rica cultural y 
ambientalmente. 
 
Los parques nacionales, las reservas biológicas y forestales, el Monumento 
Nacional Guayabo, tienen debidamente asegurada su protección. Por ahí la tarea 
no es preocupante. Es más bien fuera de esas áreas donde se han de adoptar, 
recomienda la UNESCO, “las medidas más sanas para cuidar de su entorno”. La 
gran riqueza natural que contiene la Reserva de la Cordillera Volcánica Central 
no ha de ser obstáculo para el aprovechamiento económico inteligente de esa 
riqueza, sino más bien el motor físico y mental que podría sacar de su 
indolencia a las autoridades locales y nacionales, que no se han percatado de 
las bondades de su casa, su gran casa. 
 

*Catedrático UNA
[email protected]
 
 
 
 

 
 


      

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