Dear Cdes. and friends

This is an important document. It is a resume, in Spanish, or the
recent ruling by a judge that demonstrates, without shade of doubt,
that the Argentinian foreign debt is illegitimate and thus it should
not be paid. There is a clear description of the mechanisms by which
this debt was enforced on the country, the names of the main culprits
are exposed, opinions from the most important experts are commented,
and the concrete consequences of the debt are exposed. Please
distribute, translate and share this document the world over.


�Qu� es la deuda externa?

Juan Gabriel Labak�


Por encargo del FORO de los ARGENTINOS y del FORO ARG. de la DEUDA
EXTERNA

Distribuci�n gratuita������ -������ Reproducci�n libre


Setiembre de 2000




I.- INTRODUCCI�N

Los argentinos debemos hoy a los bancos extranjeros, al FMI, al Banco
 Mundial y a otros organismos internacionales, unos
- 200.000 millones de d�lares.
150.000 millones son de deuda p�blica, que deber� pagar el Estado (o
sea, todos los argentinos) en forma directa.
Los otros 50.000 millones los deben pagar, te�ricamente, las empresas
 privadas.� Pero para eso necesitan d�lares, que el Estado (el Banco
Central) est� obligado por ley a prove�rselos a raz�n de un peso por
cada d�lar. En definitiva, todos nosotros deberemos cargar tambi�n
con las consecuencias de esos pagos.
La cuenta es sencilla:
- Somos 37 millones de habitantes.
- Cada uno de nosotros� (a�n los chicos al nacer) debe 5.405
 d�lares a los bancos extranjeros, al FMI y al Banco Mundial.
De ellos,� 4.054 d�lares los debe por la deuda p�blica, y 1.351
d�lares por la deuda de� las empresas privadas.
- Cada jefe de familia tipo (cuatro personas: esposos y dos
hijos) deber� trabajar, pues, para pagar 21.620 d�lares.
�Una fortuna!

Pero hay algo m�s: a las tasas de hoy, cada a�o debemos pagar unos
- 9.500 millones de d�lares de intereses por la deuda
p�blica,
- y otros 3.000 millones por la deuda de las empresas
privadas.
Es decir, un total de 12.500 millones al a�o: unos 1.042 millones
por mes.
- Eso significa que a cada uno de los 37 millones de
habitantes le corresponde pagar 28 d�lares mensuales (o m�s, si
aumentan las tasas) durante toda la vida por los intereses de esta
deuda monstruosa.
De esa forma,
- el jefe de familia tipo est� pagando ya 112 d�lares por
mes de intereses de la deuda externa.
Y esto no es un juego de n�meros y de palabras, sino la m�s cruda
realidad.
- El aumento de impuestos que produjo el gobierno en
diciembre de 1999, y la rebaja de los sueldos estatales de mayo de
este a�o, fueron medidas tomadas exclusivamente para pagar los 9.500
millones de intereses de la deuda externa.
Obs�rvese que el d�ficit fiscal del Estado nacional es de unos 5.500
 millones anuales hoy en d�a. Es decir,
- si no tuvi�ramos que pagar aquellos 9.500 millones de
intereses, nos sobrar�a dinero (4.000 millones) en las arcas
oficiales y no habr�amos necesitado ni el impuestazo de diciembre, ni
 el salariazo al rev�s de mayo. Al contrario, con ese dinero
podr�amos  haber construido escuelas y hospitales, aumentado las
jubilaciones,  ayudado a los desocupados (alcanzar�a para pagar un
subsidio por  desempleo de un poco m�s de 1.800 pesos o d�lares al
a�o a todos los  desocupados, es decir, 2.200.000 planes Trabajar, en
lugar de los  actuales 70.000), etc.
- Para pagar esos 9.500 millones, a�n deberemos soportar
otros impuestazos y salariazos al rev�s, no s�lo este a�o, sino por 
bastantes a�os m�s.
- Por otro lado, los economistas nacionales han calculado que el
salario real ha disminuido un 25% en los �ltimos 10 � 12 a�os. O sea
que
� un trabajador que hoy gana $400 mensuales, deber�a estar
ganando $530 por mes para estar igual que en 1988.�
� Es decir, hoy gana $130 menos, y el peso de los intereses
de la deuda son unos $112. Qu� coincidencia!
Pero no es una coincidencia casual.
Los gobernantes, con la deuda y con el resto de la pol�tica econ�mica
 de estos a�os, provocaron voluntariamente la disminuci�n del
salario,  y con ello lograron concentrar la riqueza del pa�s en muy
pocas  manos:
� unos diez grupos econ�micos locales,
� los bancos acreedores extranjeros
� y las grandes corporaciones multinacionales que se quedaron
con casi todas las empresas p�blicas y privadas (las grandes y varias
 medianas) argentinas.
Esos grupos, a medida que acaparaban nuestras riquezas, exig�an
d�lares al banco Central para girar (fugar) la mayor parte de sus
ganancias al exterior. M�s adelante veremos que el estudio de
distintos rubros de la econom�a argentina demuestra que la gran parte
 de la deuda se debi� a esa fuga de capitales al exterior.� Otra
parte  se fug� gracias a la llamada �bicicleta financiera�.
Lo dicho sirve para demostrar la relaci�n que hay entre la baja de
los salarios, la concentraci�n de la riqueza y los efectos de la
deuda externa.
- De los $130 que pierde mensualmente� cada trabajador,�
$112 se destinan a pagar los intereses de la deuda (creada
fundamentalmente por la fuga de capitales),
- y los otros $18 representan la parte de riqueza
concentrada y que no fugaron... a�n.
Y �se es el aspecto m�s alevoso de esta historia: la deuda la
estamos pagando todos, pero benefici� solamente a un pu�ado de
grandes empresas nacionales y extranjeras que fugaron su ganancia al
exterior. Nos quedamos sin nada, mejor dicho, s�lo con la deuda.
II.- �DEBEMOS PAGAR LA DEUDA?
Para responder esa pregunta adecuadamente, debemos considerar
previamente cuatro cuestiones:
1.-� La deuda, �fue contra�da leg�timamente?
2.- �Podemos pagarla sin provocar un da�o enorme a nuestra econom�a
y a nuestro pueblo?
3.- �Realmente debemos algo todav�a?
4.- Los acreedores, �son inocentes o tambi�n ellos tienen su culpa
en este drama nuestro?
Veamos cada uno de esos aspectos.
1.- La deuda, �fue contra�da leg�timamente?
1.1.- La denuncia del Dr. Alejandro Olmos
En� agosto de 1982, hace justamente 18 a�os, el Dr. Alejandro Olmos
present� una denuncia criminal ante el Juzgado Federal N� 2, para que
 se investigara el origen de la deuda que, en ese entonces, era de
unos 37.000 millones, mientras que al comenzar el gobierno militar,
en marzo de 1976, era s�lo de 7.500 millones. El Dr. Olmos era un
hombre de bien, que jam�s quiso afiliarse a un partido pol�tico, y
nunca ocup� un cargo p�blico, aunque trabaj� siempre en cuestiones
que nos beneficiaban a todos los argentinos. Muri� en abril de este
a�o, cuando faltaban muy pocos meses para que su denuncia diera
frutos. El juez, Dr. Jorge Ballestero, dict� sentencia en ese juicio
el 15 de julio de este a�o.
A dicha denuncia de Olmos, se sumaron luego otras presentaciones
judiciales similares efectuadas por Jorge Eduardo Sol�, Jos� Alberto
Deheza,� Jos� Manuel Marino, Carlos Alberto Hours, Walter Beveraggi
Allende, Carlos Sa�l Menem (en 1984, mientras era gobernador de La
Rioja) y Osvaldo Dest�fani.
En los 18 a�os que dur� ese juicio iniciado por Olmos, se reunieron
m�s de 6.000 hojas con pericias, declaraciones de testigos y otras
pruebas y tr�mites judiciales, y se investigaron detalladamente 457
cr�ditos aprobados por el Banco Central, m�s 20 avales mal otorgados
por el Banco de la Naci�n y por el ex Banco Nacional de Desarrollo-
BANADE.
Los principales bancos extranjeros involucrados en esos cr�ditos
fueron el Bank of America, Republik Bank of Dallas, Citibank, Banco
de Boston, Chase Manhatann Bank, Lloyds Bank, Wells Fargo Bank,
Citicorp, Marine Midland Bank, Banco Mundial, Uni�n de Bancos �rabes
y Franceses, Banco de la Sociedad Financiera Europea, D.G. Bank,
Banco Europeo de Cr�dito, Uni�n de Bancos Suizos, Banco di Roma y
Banco de la Naci�n Argentina. El asunto era muy �pesado� porque
involucraba a los poderosos y reales due�os de nuestro pa�s: grandes
bancos extranjeros, FMI, Banco Mundial, grandes empresas
multinacionales, unos 10 grupos econ�micos argentinos enormes, y un
equipo numeroso de altos funcionarios del Proceso Militar.
Por ese motivo, dicho� juicio tard� tanto tiempo. Ning�n juez se
animaba a dictar sentencia sin estar muy seguro de lo que iba a
hacer. Por la misma causa, los jueces no se conformaron con las
pericias de los contadores y economistas estables de Tribunales, que
son muchos y capaces, sino que pidieron a las m�s prestigiosas
instituciones nacionales de ciencias econ�micas que sugirieran
nombres de profesionales de primer nivel como peritos especiales.
De esa manera, intervinieron en total 30 peritos de alta capacidad y
 solvencia moral, entre los cuales se destacan el Dr. Sabatino
Fiorino, de la Facultad de Ciencias Econ�micas de la Universidad de
Buenos Aires; el Dr. Alberto Tandurella, del Consejo Profesional de
Ciencias Econ�micas de la Ciudad de Buenos Aires; el Dr. William
Leslie Chapman, de la Academia Nacional de Ciencias Econ�micas (que
presid�a el Dr. Guillermo Walter Klein, padre del economista del
mismo nombre que estaba investigado en ese juicio); los Dres. H�ctor
Valle y Osvaldo Trocca,de la Fundaci�n de Investigaciones para el
Desarrollo Econ�mico; el Dr. Jos� Alberto Deheza, ex Fiscal de Estado
 y ex ministro de Defensa; el Dr. Nicol�s Argentato, que en ese
tiempo  era rector de la Universidad Cat�lica de La Plata; y el Dr.
Enrique  Garc�a V�zquez, que luego fue presidente del Banco Central.
El alto nivel profesional y humano de los peritos es lo que le da
tanta importancia a sus dict�menes. Nadie puede poner en duda sus
conclusiones. 
Los doctores Valle, Trocca, Deheza, Argentato y Garc�a V�zquez
investigaron la pol�tica econ�mica que se aplic� entre el 24 de marzo
 de 1976 (fecha del golpe militar que derroc� al gobierno
constitucional) y el 10 diciembre de 1983, d�a en que termin� el
llamado Proceso Militar. Ahora debe investigarse desde 1983 en
adelante.
El resto de los peritos investig� el procedimiento t�cnico y
bancario que usaron los gobernantes de ese per�odo para contraer la
deuda.
Adem�s, se tom� declaraci�n a 29 testigos, y se pidieron 20 informes
 por escrito a otros tantos funcionarios.
1.2.- La pol�tica econ�mica
El gobierno militar que asumi� el 24 de marzo de 1976 nombr� como
ministro de Econom�a a Jos� Alfredo Mart�nez de Hoz, el cual form� su
 equipo con economistas surgidos, casi todos, de la Universidad anglo-
 norteamericana de Chicago. Todos ellos se desempa�aban, hasta ese
momento, como asesores y ejecutivos de bancos y empresas extranjeras.
 El propio Mart�nez de Hoz era, y lo sigui� siendo siempre (hasta
hoy), miembro del Consejo Asesor Internacional� del Chase Manhatann
Bank, de propiedad de David Rockefeller y su familia.
Al asumir el gobierno militar, Mart�nez de Hoz proclam� dos
objetivos centrales de su pol�tica econ�mica:
� eliminar la inflaci�n
� y modernizar (�deconstruir�) la industria nacional.�
Obs�rvese que son los mismos dos objetivos que proclamaron en 1989 y
 1991 los doctores Carlos Menem y Domingo Cavallo.
�Deconstruir� la industria, seg�n Mart�nez y su equipo,
significaba�destruir el aparato industrial que ya exist�a, por ser� 
ineficiente, para construir luego uno moderno y eficiente que pudiera
 competir internacionalmente�.
Para alcanzar esos dos objetivos centrales (vencer la inflaci�n y
�modernizar� la industria), desde 1976 se dispuso:
� Reducir dr�sticamente la emisi�n de dinero desde el Banco 
Central.
� No autorizar aumentos� de tarifas de los servicios p�blicos
(cuyas empresas eran estatales).
� �Abrir� la econom�a a las corrientes comerciales
(exportaci�n e importaci�n de mercader�as), para lo cual se bajaron 
los impuestos a las importaciones (para obligar a bajar los precios
de los productos nacionales).
� Decretar la libertad de movimientos para los capitales
financieros internacionales (se pod�a entrar y sacar del pa�s
cualquier moneda extranjera).
No hace falta ser economista para darse cuenta que:
� Al reducir la emisi�n de dinero nuestro, cada vez que el
Estado tuviera d�ficit fiscal, deb�a pedir un pr�stamo al exterior. 
No hab�a otro remedio, pues los argentinos no dispon�an de
suficientes ahorros en pesos como para prest�rselos al Estado.
� Al no permitir aumentos en las tarifas de los servicios
p�blicos para cubrir los mayores costos producidos por la inflaci�n
que segu�a existiendo, las empresas del Estado tendr�an
obligatoriamente que pedir pr�stamos en el extranjero para cubrir el
bache.
� Al bajar los impuestos aduaneros, los productos importados
desde pa�ses con menores salarios, o con tecnolog�as m�s avanzadas, 
arrasar�an a los nuestros y har�an tambalear a las empresas
nacionales, forz�ndolas a pedir pr�stamos en el extranjero en su af�n
 de salvarse de la quiebra.
� Al decretar la libre entrada y salida de capitales
financieros, vendr�an sobre todo los especulativos de corto plazo
(los �golondrinas�), que vienen, especulan� con rapidez y se van
(fugando �libremente� sus ganancias).
En definitiva, se adopt� intencionadamente una pol�tica econ�mica
que impuls� al pa�s a endeudarse en el extranjero, con o sin
necesidad, y a cubrir los� subsiguientes requerimientos nuestros de
cr�ditos externos (insistamos, artificialmente creados) con capitales
 especulativos (�golondrinas�).
Por otro lado, con el mismo argumento de bajar la inflaci�n,
Mart�nez de Hoz adopt� la llamada �tablita cambiaria�, por la cual
uno pod�a saber con varios meses de anticipaci�n el precio al cual el
 Banco Central se obligaba a venderle esa moneda extranjera cada
semana.
Finalmente, y como era de prever, los intereses que cobraban los
bancos radicados en la Argentina eran bastante m�s altos que los que
se cobraban en los pa�ses desarrollados. Ese fen�meno era y es
conocido por todos los economistas, pues la inflaci�n (la existente
en forma abierta, o la reprimida o disimulada) y la debilidad de
nuestra econom�a �asustan� a los inversores (sobre todo a los
especulativos), los cuales exigen mayores intereses para prestarnos
sus d�lares.
Todo ello dio nacimiento a una gigantesca �bicicleta financiera�
como ya veremos.
Sigamos observando la similitud entre esa situaci�n y la actual. La
�nica diferencia �t�cnica� es que antes se les aseguraba a los
especuladores un cambio fijo a trav�s de la �tablita�, y hoy se lo
hace con la convertibilidad �uno a uno� entre el peso y el d�lar.
De esa manera, quien deseara o necesitara obtener un pr�stamo, estaba
 tentado, sino obligado, a recurrir al extranjero. El asunto se
agrav�  para las empresas del Estado, pues Mart�nez de Hoz y su
equipo, no  s�lo les negaron los aumentos de tarifas para cubrirse de
la  inflaci�n reinante, sino que les exigieron pedir cr�ditos en el
extranjero, a�n cuando no lo necesitaran. Cuando llegaron los d�lares
 al Banco Central (por ah� deb�an entrar siempre), el Ministerio de
Econom�a le dio orden de 
� no entregarlos a la empresa estatal que los pidi�, sino
darle a �sta s�lo los pesos correspondientes y al cambio oficial (que
 era artificialmente menor que el cambio �libre�,� el �del
mercado�);
� el Banco pod�a, luego,� retener esos d�lares en sus arcas (o
 depositarlos en un banco extranjero), que pasaban as� a engrosar las
 �reservas internacionales�;
� tambi�n pod�a venderlos �en el mercado� (a los particulares
y a las empresas privadas que los solicitaran para emplearlos casi
siempre en� la �bicicleta financiera�); con ello lograban mantener la
 �tablita cambiaria� sin modificaciones (en esto se emple� la gran
mayor�a de los d�lares). 
Cada empresa del Estado fue obligada a meterse en esa trampa: YPF,
YCF, SEGBA, OSN, Aerol�neas Argentinas, etc. Todas. 
De modo que nuestras empresas p�blicas se endeudaron sin necesidad,
pero no vieron los d�lares. El Banco Central les entreg� pesos.
Cuando hubo que pagar esos cr�ditos, las empresas p�blicas pidieron
al Banco Central que, al menos, les vendiera d�lares al precio
oficial (que era, insistamos, mucho m�s barato que el d�lar �libre�,
el que se� compraba �en el mercado�). El Banco se los neg�, a pesar
de que las empresas privadas, como ya veremos, s� compraban sus
d�lares al precio oficial, pues se les hab�a otorgado (Cavallo, en
1981) lo que se llama �un seguro de cambio� garantizado por el
Estado. Las empresas p�blicas, pues, debieron comprar d�lares caros,
car�simos, en el �mercado�, para pagar� cr�ditos externos que no
necesitaban y cuyos d�lares no recibieron nunca. Los peritos han
determinado que YPF, por ejemplo, fue obligada a endeudarse de esa
forma en 6.000 millones de d�lares. Entre febrero de 1979 y marzo de
1980, YPF fue obligada a tomar 153 pr�stamos en el extranjero, la
mayor�a con plazos menores a los seis meses.
La prohibici�n de aumentar las tarifas de los servicios, decretada
por Mart�nez de Hoz a pesar de la inflaci�n vigente, junto con esta
maniobra incre�ble, fueron las principales responsables del d�ficit
que soportaron las empresas p�blicas. Por eso,
� el juez Dr. Jorge Ballestero, al dictar sentencia en el juicio
iniciado por Alejandro Olmos, afirma que esa deuda artificial
(realmente �inventada�)� de las empresas del Estado influy� para que,
 luego, cuando Menem y Cavallo las privatizaron, su precio fuera muy
inferior al valor real de ellas.
A su vez, los d�lares que llegaban por los pr�stamos tomados
forzadamente por las empresas p�blicas, y volcados �al mercado� por 
el Banco Central, eran� aprovechados por las grandes empresas
nacionales y extranjeras y por simples especuladores para
beneficiarse impunemente con la citada �bicicleta financiera�,
fomentada por la pol�tica econ�mica. Un �inversor� (extranjero o
argentino) compraba esos d�lares baratos, los cambiaba por pesos y
los colocaba en un plazo fijo a un inter�s del 9% y hasta del 25%,
seg�n la �poca, cuando en el exterior s�lo le habr�an pagado entre el
 3% y el 7%.
Muchos, incluso, ped�an un pr�stamo en el extranjero, por el cual
pagaban bajos intereses, tra�an los d�lares ac�; los cambiaban por
pesos, y colocaban �stos a plazo fijo con elevados intereses. Al cabo
 de seis meses o un a�o, retiraban el plazo fijo, lo volv�an a
transformar en d�lares, reintegraban el cr�dito pedido en el
extranjero y se quedaban con una suculenta ganancia que fugaban al
exterior. Todo ello, recordemos, era facilitado por la �tablita�, que
 aseguraba un d�lar barato y conocido de antemano, y por la libertad
de movimientos de los capitales (pod�an entrar y salir libremente).
Sin duda existieron peque�os inversores (tambi�n especuladores) que
hicieron su �bicicleta� por algunos miles de d�lares. Pero los miles
de millones que perdimos fueron producto de las gigantescas
�bicicletas� de grupos con mucho, much�simo, poder econ�mico, que en
m�s de un caso estaban �ntimamente ligados con los m�s altos
funcionarios econ�micos del gobierno.
En este punto, el Dr. Enrique Garc�a V�zquez aport� al Juzgado un
dato de suma importancia:
- Entre 1978 y 1981, las remesas (giros) de d�lares al
exterior que no tuvieron justificativo alguno (o sea, la fuga de
capitales) sumaron en total 38.528 millones de d�lares.
- Al finalizar 1981, nuestra deuda externa era de 31.794
millones.
- Eso significa que, si las grandes empresas nacionales y
extranjeras y los especuladores no hubieran fugado sus ganancias
(obtenidas por la concentraci�n de la riqueza y por la �bicicleta
financiera�), en diciembre de 1981, dice el Dr. Garc�a V�zquez,
nosotros ya no habr�amos tenido deuda externa, sino un sobrante de
6.734 millones de d�lares.
A una conclusi�n semejante llega el Dr. Jos� Alberto Deheza, para un
 per�odo cercano al estudiado por el Dr. V�zquez.
- Entre 1976 y 1981, la deuda creci� en 27.586 millones;
- pero nuestro d�ficit de cuenta corriente (exportaciones
contra importaciones, m�s d�ficit en el rubro intereses, servicios,
seguros, �royalt�es�, etc.), que es el �nico que crea necesidad real
de pedir pr�stamos extranjeros, fue de s�lo 5.586 millones.
- Es decir, sobran 22.000 millones de deuda que s�lo pueden
explicarse por la inmensa fuga de capitales que foment� el gobierno.
A grandes rasgos, �sa fue la pol�tica econ�mica que produjo el
endeudamiento hasta 1983, y que a�n contin�a en nuestros d�as. Por
ese mismo motivo nos seguimos endeudando a pasos agigantados.
Al respecto, el licenciado Eduardo Basualdo, del Instituto de
Estudio sobre Estado y Participaci�n-IDEP, ha efectuado un c�lculo
que no figura en el fallo del juez Ballestero:
- Entre 1991 y 1998, los empresarios recibieron 70.400
millones m�s de ganancias que el promedio recibido entre 1970 y 1975,
 debido a la concentraci�n de la riqueza a que hemos aludido.
- En el mismo per�odo fugaron del pa�s una cifra muy
cercana: 63.400 millones.
La similitud es por dem�s sugestiva.
La fuga tiene adem�s, actualmente, otras vertientes. Los economistas
 de la Fundaci�n de Investigaciones para el Desarrollo Econ�mico-
FIDE,  han calculado que, entre 1992 y 1997, las empresas extranjeras
 fugaron disimuladamente unos 12.000 millones a trav�s de las
siguientes maniobras (tampoco figuran en el fallo del juez):
- Cada vez que invierten una suma de d�lares ac�, la hacen
figurar como �pr�stamos de la Casa Matriz� a su sucursal argentina, 
con los intereses del caso. De ese modo fugan una buena suma���
disfrazada de �pago de intereses�. De paso, esos intereses figuran
como �gastos� en sus balances, ahorr�ndose el correspondiente
impuesto a las ganancias.
- Cuando la sucursal argentina le compra alg�n insumo a su
Casa Matriz, �sta se los factura con un sobreprecio inmenso (hubo
casos en que se �pag� 1.850 d�lares por el kilo de un producto cuyo
precio internacional real era de s�lo 40 d�lares); con ello logran
igual resultado que en el punto anterior: fugan d�lares y pagan menos
 impuesto a las ganancias.
- La sucursal argentina figura pag�ndole patentes
(�royalties�) a su propia Casa Matriz por las marcas y la tecnolog�a
que usa.
La conclusi�n es bien clara: los d�lares vinieron y se fugaron por
distintos vericuetos, para beneficio exclusivo de unos pocos �amigos�
 (de ac� y de afuera). As� creci� nuestra deuda externa, sin dejarnos
 nada.
1.3.- Los procedimientos bancarios con los cuales nos endeudaron
El juez Ballestero, en su sentencia, menciona numerosas
irregularidades (en realidad, son maniobras casi siempre delictivas)
que cometieron los responsables del Banco Central y del Ministerio de
 Econom�a para contraer la deuda fuera de toda norma de control y a
espaldas de la gente. En el tema de los avales, tambi�n son
responsables las autoridades del Banco de la Naci�n y del ex Banco
Nacional de Desarrollo-BANADE. En resumen, dichas maniobras fueron
las siguientes:
1.-� Muchos pr�stamos fueron aprobados por el Banco Central por
actas secretas (fueron once actas en total). Cuando el juez solicit�
que se las enviaran, los responsables del Banco se negaron, y a�n se
niegan.
2.- �El Banco Central no tiene registros contables de la deuda
externa, y s�lo maneja los datos de ella en forma estad�stica�, dijo
al juez su entonces presidente, Dr. Adolfo Diz. Con el debido
respeto, s�lo llevaban una libreta de almacenero donde anotaban cada
cr�dito que se ped�a...
3.- El Ministerio de Econom�a no llevaba registro alguno de la
deuda, ni siquiera con fines estad�sticos.
4.- Cuando el juez pregunt� al mismo Dr. Diz d�nde anotaban algunos
pr�stamos sobre los cuales no hab�a ninguna documentaci�n, ni
siquiera �estad�stica�, �ste contest�, aunque parezca una broma, �en
una libreta negra�.
5.- Los peritos se quejaron que, tanto el Banco Central, como el
Ministerio de Econom�a, el Banco de la Naci�n y el ex BANADE,�
retacearon informaci�n y pusieron obst�culos a su labor
investigadora. Esos obst�culos permanecen a�n en la actualidad.
6.- El presidente del Banco Central, Dr. Adolfo Diz, autoriz� muchos
cr�ditos sin el consentimiento del Directorio y sin rendir cuenta a
�ste despu�s, a pesar de que� la Carta Org�nica del Banco as� lo
exige.
7.- Igual conducta tuvo el vicepresidente, Cristian Zimmermann, con
el agravante de que no inform� siquiera al presidente Diz.
8.- Adem�s de todas las maniobras descriptas, el Dr. Domingo
Cavallo, cuando fue presidente del Banco Central (1981), estatiz� la
deuda de la empresas privadas y les otorg� un generoso seguro de
cambio. Esa medida aument� la deuda externa p�blica artificialmente
en 13.000 millones de d�lares.
9.- Ni el Directorio del Banco Central, ni el Ministerio de
Econom�a, realizaron un estudio sobre las condiciones econ�mica y
financieras internacionales que aconsejaban no endeudar al pa�s
(sobre todo a partir de 1979, que� fue justamente el per�odo� en que
m�s deuda externa se contrajo).
10.- Las autoridades de ambos organismos oficiales desoyeron los
informes y las cr�ticas que le elevaban sus propios cuerpos t�cnicos
(Gerencia de Investigaciones y Estad�sticas Econ�micas, y Gerencia
del Sector Externo), y actuaron con �negligencia, impericia e
indiferencia� ante el peligroso crecimiento de la deuda.
11.- El acrecentamiento de la deuda externa privada y p�blica entre
1976 y 1982 fue �excesivo, perjudicial y carente de justificaci�n
econ�mica, financiera y administrativa�.
12.- La deuda se contrajo durante un gobierno militar, sin el
control del Parlamento que exige la Constituci�n Nacional.
13.- Las negociaciones con el FMI, que condicionaban el
endeudamiento, no fueron dadas a publicidad por el gobierno militar.
14.- Al 22 de enero de 1985, las empresas privadas hab�an obtenidos
cr�ditos externos, aprobados por el Banco Central, por 23.000
millones de d�lares; de entre las 70 deudoras m�s grandes, 26 eran
bancos y financieras, es decir, empresas que pidieron dinero para
represtarlo ac� (en pesos y a tasas mucho mayores; en buena medida
fueron fondos que ingresaron a la �bicicleta financiera�).
15.- Agentes privados (como Narciso Ocampo y Juan Peralta Ramos)
gestionaron cr�ditos en nombre del Banco Central, sin que puedan
conocerse los motivos que hubo para esa conducta irregular y si se
les pag� comisi�n por ello.
16.- El Banco Central pag� gastos,� comisiones y honorarios mayores
a los usuales en cada caso, sin dar explicaciones.
17.- Se redactaron en idioma ingl�s contratos de pr�stamos externos
pactados y firmados en Buenos Aires.
18.- La Uni�n de Bancos Suizos, al otorgar algunos cr�ditos, influy�
 para que el Estado comprara la �Compa��a �talo Argentina de
Electricidad�, que era del propio ministro de Econom�a, Dr. Mart�nez
de Hoz, en sociedad con dicho banco. Con el agravante (no figura en
el fallo del juez) de que se pag� por esa empresa un precio siete
veces superior al real (en 1975 fue tasada en 49 millones de d�lares
por el gobierno constitucional, y en 1976, siendo ya ministro
Mart�nez de Hoz, el Estado la compr� en 340 millones de d�lares).
[Agregado personal de N�stor Gorojovsky: directamente vinculados con
la Uni�n de Bancos Suizos est�n, adem�s, los hermanos Juan y Roberto
Alemann, figuras fundamentales en todo este proceso]
19.- El Banco Central exceptu� al BANADE y al Banco de la Ciudad de
Buenos Aires de exigir los requisitos legales para otorgar avales a
grandes empresas que luego no pagaron sus cr�ditos, debiendo hacerlo
el Estado.
1.4.- Los avales tramposos
Cualquier persona o empresa que desee obtener un aval bancario, para
 usarlo como garant�a en la obtenci�n de un cr�dito en otro banco,
debe cumplir muy estrictas normas t�cnicas: demostrar que tiene
solvencia, patrimonio, balances con super�vit,� utilidades
suficientes como para pagar el cr�dito, que invertir� el cr�dito en 
un proyecto rentable, etc. Adem�s, debe ofrecer una contragarant�a al
 banco que le da el aval (casi siempre, exigen una hipoteca).
Sin embargo, en la �poca investigada (1976 � 1983), el Banco de la
Naci�n, el de la Ciudad de Buenos Aires y el BANADE, con expresa
aprobaci�n del Ministerio de Econom�a y del Banco Central, otorgaron
240 avales sin ninguna de esas exigencias. Muchos de esos��� avales 
fueron incumplidos por los avalados, y el Estado debi� cargar con el
pago del cr�dito correspondiente. Adem�s, el Ministerio de Econom�a 
no persigui� a los� deudores tramposos para recuperar lo ya pagado
por el Estado (ni siquiera les inici� juicio, despu�s de tantos
a�os). Tampoco hizo uso del llamado �derecho de excusi�n�, por el 
cual un avalista puede pedir al juez que primero le rematen los
bienes al deudor, y si con ellos no se alcanza a pagar la deuda,
reci�n se remata (o ejecuta) al avalista.
La situaci�n de Mart�nez de Hoz y su equipo se agrava al considerar
los nombres de las empresas tramposas. No son humildes PyMes, sino
todas de gran envergadura: Acindar S.A., Autopistas Urbanas S.A.-
AUSA, Covimet S.A., Parques Interama S.A., Aluar S.A., Papel Prensa
S.A. (de propiedad de los diarios Clar�n y La Naci�n),� Induclor
S.A., etc.
En total se otorgaron avales por 6.500 millones de d�lares, de los
cuales los incumplidos tramposamente sumaron 1.405 millones. De
aquellos 6.500 millones, unos 1.500 millones se otorgaron a un s�lo
grupo de intereses: Celulosa Alto Paran�, Celulosa Puerto Piray y
Papel del Tucum�n.
1.5.- Los mayores responsables
El fallo del juez menciona a ocho responsables principales de esta
verdadera estafa cometida contra la Argentina.
En primer�simo lugar, responsabiliza al Dr. Jos� Alfredo Mart�nez de
 Hoz. Inmediatamente despu�s, sindica como responsables a los otros
tres ministros de Econom�a del Proceso Militar, Dres. Lorenzo Sigaut,
 Roberto T. Alemann y Jorge Wehbe.
En el mismo nivel de responsabilidad, el juez Ballestero se�ala a
los cuatro presidentes del Banco Central de ese per�odo, Dres. Adolfo
 Diz,� Egidio Iannella, Domingo Felipe Cavallo y Julio Gonz�lez del
Solar.
Una menci�n especial merece la conducta del Dr. Jos� Luis Machinea,
que fue Gerente de Finanzas P�blicas del Banco Central durante todo
el gobierno militar. El fallo del juez lo inculpa de �incumplimiento
de sus obligaciones de funcionario p�blico�. Los dict�menes de los
peritos son m�s duros a�n. El Dr. Sabatino Fiorino (de la Facultad de
 Derecho), en concordancia con otros peritos,� llega a decir:
- ... en la tramitaci�n de la deuda externa hubo connivencia
 (de los funcionarios oficiales) con los supuestos acreedores...
- Tengo la convicci�n que el Dr. Machinea ha sido factor
relevante de estos acontecimientos. Sin su activo concurso, o su
pasividad, seg�n los casos, no hubiera sido posible formalizar los
contratos...
- ... Machinea se encarg� de fundamentar t�cnicamente... el
endeudamiento de YPF...
- ... No es posible disimular la falta en que ha incurrido
Machinea al no revelar la arbitrariedad de la relaci�n entre el
deudor y el acreedor.
- ... Ello hace recaer sobre Machinea la consiguiente
responsabilidad y necesidad de no permitirle participar, en nombre
del pa�s, en negociaciones que signifiquen la aceptaci�n de la
legitimidad de la deuda...
Otros se�alados, en forma particular,� como responsables importantes
 son:
Cristian Zimmermann (ex vicepresidente del Banco Central), Enrique
Folcini y Francisco Soldati (ex Directores del Banco Central), y
Guillermo Walter Klein (ex viceministro de Econom�a de Mart�nez de
Hoz). El Dr. Klein es hijo del economista del mismo nombre que
design� al perito Dr. Tandurella. Tambi�n es, o era, socio del hijo
de Mariano Grondona en el Estudio Jur�dico �Klein-Mayral�, que fue
allanado por orden de la C�mara de Diputados de la Naci�n, en 1984,
en b�squeda de documentaci�n que probara la connivencia con los
bancos extranjeros acreedores. Un juez, posteriormente, orden�
devolver la documentaci�n a Klein, y la investigaci�n de Diputados
qued� en la nada.
En forma gen�rica, el fallo hace responsables tambi�n a todos los
funcionarios jer�rquicos del Ministerio de Econom�a y del Banco
Central de esa �poca.
1.6.- Agravantes
El Dr. Ballestero se�ala en su fallo que hubo circunstancias de suma
gravedad que comprometen a�n m�s a los autores de este desastre
nacional:
Primer agravante
El gobierno (Ministerio de Econom�a y Banco Central) solicitaba, o
hac�a solicitar cr�ditos que no necesit�bamos. Cuando llegaban los
d�lares, el Banco Central los depositaba en bancos extranjeros que le
 pagaban un inter�s sensiblemente menor que el que nosotros deb�amos
pagar por los mismos d�lares.
As�, entre julio� y noviembre de 1976 (en s�lo cinco meses), el
Banco Central obtuvo cr�ditos por 22 millones de d�lares, pagando un
inter�s del 8,75%, y los deposit� inmediatamente en el Chase
Manhatann Bank de Nueva York, cobrando un inter�s del 5,60%.
Esos d�lares nuestros, puestos a un inter�s tan bajo, eran
aprovechados luego por el gobierno de EEUU para financiar en forma
muy barata su propio d�ficit fiscal. M�s adelante veremos que el
gobierno anglo-norteamericano, y todos los bancos extranjeros
acreedores nuestros, m�s el FMI y el Banco Mundial, fueron quienes
nos �aconsejaron� (en realidad, nos forzaron a) endeudarnos entre
1976 y 1983, cuando no lo necesit�bamos.
Incluso, se dio el caso (varias veces) de recibir un cr�dito de un
banco determinado, para recolocarlo de inmediato en el mismo banco,
el cual ganaba la diferencia de intereses imp�dicamente.
Todo ese manejo ruinoso de cr�ditos y dep�sito adquiere ribetes
tenebrosos cuando se recuerda que el Dr. Mart�nez de Hoz era,
simult�neamente, ministro de Econom�a y miembro del Consejo Asesor
Internacional del Chase Manhatann Bank de Nueva York.
Segundo agravante
En todos los pa�ses civilizados del mundo, cuando se firma un
contrato entre el Estado y una empresa privada extranjera, y para
colmo se lo firma en el territorio de ese Estado, son los jueces de
dicho pa�s (los locales) quienes deben intervenir si hay alguna
diferencia o duda posterior sobre lo pactado. As� estaba expresamente
 establecido en nuestras leyes.
Apenas se inici� el gobierno militar, y a instancias del Dr.
Mart�nez de Hoz, se reform� esa norma y se permiti� al gobierno
contratar con grupos privados extranjeros, dejando en manos de �stos
la elecci�n del juez que intervendr�a luego en caso de pleitos. Eso
se llama �pr�rroga de jurisdicci�n�.
Es com�n que un particular renuncie a ser juzgado por los Tribunales
 que le corresponden por ley, pero se conocen muy pocos casos en la
historia internacional en que lo haya hecho un Estado, y esos casos
son los de los pa�ses vencidos en una guerra. Para el Estado, la
facultad de que lo juzguen sus propios jueces es irrenunciable,
porque forma parte de su poder soberano, de la soberan�a nacional.
Por supuesto, cada uno de los bancos acreedores eligi� a los
Tribunales de su propio pa�s. De ese modo, cualquier reclamo que
deseemos hacer por nuestra deuda externa debemos elevarlo a los
jueces de Nueva York, en unos casos, o de Londres, Tokio o Francfort,
 en otros.
Es, quiz�s, uno de los m�s graves da�os que nos han hecho, no s�lo
por la p�rdida de soberan�a que eso significa, sino por las
consecuencias econ�micas que analizaremos m�s abajo.
Tercer agravante
Ya dijimos que el Ministerio de Econom�a obligaba a las empresas
p�blicas a endeudarse en d�lares. Muchas de ellas no poseen bienes en
 el extranjero, ya sea en forma estable o transitoria. Otras s�.
A los bancos prestamistas les conven�a, para tenernos m�s a su
disposici�n a�n, que todas las empresas estatales se hicieran
solidariamente avalistas entre s�, por los cr�ditos que tomara cada
una de ellas (se denomina �entrecruzamiento de avales�). Y as�� lo
acept� el ministro de Econom�a del gobierno militar. Todas las
empresas p�blicas avalaron en conjunto las deudas de cualquiera de
ellas. De ese modo, Aerol�neas Argentinas, por ejemplo (cuyos aviones
 vuelan, o volaban, hacia muchos pa�ses del mundo), aval� las deudas
de Obras Sanitarias de la Naci�n, de SEGBA, o de alguna otra cuyos
bienes estaban s�lo ac�. Si el deudor (OSN o SEGBA) no pagaba alg�n 
cr�dito, el banco acreedor pod�a embargar los aviones de Aerol�neas 
en cualquier aeropuerto del mundo en que aterrizaran. Nada menos.
Con toda raz�n, el juez Jorge Ballestero concluye su sentencia con
palabras condenatorias y muy severas:
.. el pa�s fue puesto desde 1976 bajo la voluntad de acreedores
externos..., bajo la supervisi�n del FMI y del Banco Mundial...
mediante una pol�tica econ�mica vulgar y agraviante que puso de
rodillas al pa�s... para beneficiar a empresas privadas nacionales y
extranjeras, en desmedro de las empresas del Estado.
A pesar de todo, el juez no conden� a nadie, por considerar que la
causa ha prescripto (es decir, ha quedado sin efecto por el paso del
tiempo: 18 a�os). Desde nuestro punto de vista, eso es discutible, y
trataremos que sea apelado.
Vale la pena consignar que se nos dice permanentemente, desde los
sectores interesados, que debemos �honrar la deuda externa�. Pero,
objetivamente hablando y de acuerdo a las pruebas irrefutables
acumulados en este fallo,� la que no es �honrada� es la deuda misma,
y mucho menos honrados fueron los acreedores y los funcionarios
argentinos que la contrajeron. Mal nos pueden pedir que nosotros la
honremos.
La verdad es que, mientras no nos demuestren lo contrario, los
�nicos honrados en esta verdadera tragedia nacional somos los
argentinos que tenemos que pagarla.
2.- �Podemos pagar la deuda externa sin provocar un da�o enorme a
nuestra econom�a y a nuestro pueblo?
Tanto los principios morales, como el Derecho universalmente
aceptado, impiden a un� acreedor exigir el pago de sus cr�ditos
cuando ello provocar�a un da�o muy grande al deudor. La sensibilidad
humana ha dictado esa regla respetada en todo el mundo. El mayor
poeta y dramaturgo de lengua inglesa (la lengua que hablan nuestros
m�s poderosos y exigentes acreedores) escribi� hace 400 a�os una obra
 teatral (El mercader de Venecia) sobre la frialdad con que un
acreedor insensible e inhumano exige, como pago, �una libra de carne�
 del deudor, cuando �ste ya no tiene dinero para �honrar su deuda�.
Sin ning�n tipo de exageraci�n, hoy podemos decir que los bancos
acreedores se est�n cobrando la deuda con una libra (o varias) de�
carne de nuestra gente. Es sabido que mueren 55 ni�os argentinos por
d�a, debido a la desnutrici�n. No hace falta relatar los sufrimientos
 que soportan nuestros abuelos jubilados, los desocupados, los
subempleados, los que salen a hacer changas para no dejar morir de
hambre a su familia, etc. Y hemos dicho ya que esas lacras sociales
son productos directos e ineludibles de los 11.700 millones de
d�lares que debemos pagar de intereses anuales por la deuda externa.
Adem�s, esa tremenda factura de intereses se lleva casi todo el
dinero que deber�amos destinar a inversiones productivas para
desarrollar nuestra econom�a y� crear nuevos puestos� de trabajo.
Por otro lado, en Derecho se estudia que, cuando un deudor es m�s
d�bil� que su acreedor, y �ste le exige sacrificios muy grandes para
cumplir con lo pactado, dicho deudor est� liberado de cumplir con lo
que prometi�. A ese caso se lo denomina �lesi�n grav�sima�.
Nosotros estamos sufriendo una aut�ntica situaci�n de �lesi�n
grav�sima�. Moral y jur�dicamente estamos eximidos de pagar.
El problema es que, si quisi�ramos hacer valer ese derecho,
deber�amos pleitear ante los Tribunales de Nueva York, Londres,
Francfort, etc., debido a aquella irresponsable �pr�rroga de
jurisdicci�n� que aceptaron los gobernantes del Proceso Militar. No
hay ning�n argentino tan tonto como para creer que esos Tribunales
nos dar�n la raz�n, aunque la tengamos. De ah� la gravedad de la
�pr�rroga de jurisdicci�n� pactada por Mart�nez de Hoz y su equipo.
Es de las peores cosas que hicieron: nos ataron de pies y manos.
3.- Realmente, � debemos algo todav�a?
La deuda comenz� a crecer abrupta y aceleradamente a partir del 24 de
 marzo de 1976 (d�a del golpe militar). Ya veremos porqu�.
En ese tiempo se respetaba una regla no escrita, pero universalmente
 aceptada, sobre el monto de los intereses: deb�an ser uno o dos
puntos m�s que la inflaci�n que sufr�a la moneda en la que se daba el
 pr�stamo. En ese entonces, un economista argentino que� era nada
menos que Director General de la CEPAL (Comisi�n Econ�mica Para
Am�rica Latina, perteneciente a las Naciones Unidas), el Dr. Ra�l
Prebisch, dijo p�blicamente:
"El pa�s que acepte pagar intereses del tres ciento sobre la
inflaci�n, se fundir�."
En 1979, y cuando ya nos hab�amos endeudado en varios miles de
millones de d�lares, EEUU decidi� aumentar sustancialmente las tasas
de inter�s del d�lar, para frenar la inflaci�n que sufr�a. Hasta ese
momento, pag�bamos entre el 6% y el 8% de inter�s. Debido a esa
decisi�n unilateral del gobierno anglo-norteamericano, llegamos a
pagar, en la d�cada de� 1980, hasta el 22% de inter�s anual. Una
deuda con esa elevad�sima� tasa de inter�s se duplica por s� sola en
menos de cuatro a�os. �se fue nuestro caso.
Los Dres. Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno han calculado que,
si hubi�ramos pagado siempre un inter�s de uno o dos puntos sobre la
inflaci�n de EEUU, habr�amos saldado totalmente nuestra deuda en
1988.
El ex presidente peruano, Alan Garc�a, por su lado, calcula que
debido a esa suba injustificada y unilateral de los intereses
estadounidenses, Latinoam�rica deb�a en 1979 u$s191.000 millones.
Desde ese a�o ha pagado intereses por1.165.000 millones. A pesar de
lo cual, en 1999 deb�a a�n  750.000 millones! Esas cifras hablan por
s� solas.
Los argentinos hemos pagado nuestra deuda entre dos y tres veces, y
todav�a debemos 200.000 millones. Pero el drama se repite: �cu�l
Tribunal de Nueva York, Londres, Tokio o Francfort, reconocer�
nuestros derechos?
4.- Los acreedores, �son inocentes o tambi�n ellos tienen su culpa
en este drama nuestro?
Dejemos hablar al juez Dr. Ballestero:

* Llama poderosamente la atenci�n la permisividad de los organismos
financieros internacionales, y la actitud concordante de la misma
banca extranjera que hoy reclama a la Rep�blica Argentinas el pago de
 sus cr�ditos.
* El FMI es en la actualidad el principal control del funcionamiento
del sistema financiero internacional.
*Por ello, se debe determinar la corresponsabilidad y eventual culpa
 de los organismos financieros internacionales (FMI y Banco Mundial,
especialmente) y de la banca acreedora, porque durante el per�odo
examinado (1976 a 1982) concurrieron a nuestro pa�s muchas misiones
t�cnicas del FMI para analizar la marcha de la econom�a argentina.
* Adem�s, concurrieron a nuestro pa�s misiones t�cnicas del Banco
Mundial con el mismo fin y para tratar el financiamiento de
proyectos.
*�Qu� recomendaciones realizaron el FMI y el Banco Mundial sobre la
econom�a argentina y su grado de endeudamiento externo?
* Los bancos ten�an en aquel entonces gran inter�s en colocar sus
fondos en los pa�ses en desarrollo, sin interesarles ni el destino
que se les dar�a ni la capacidad de pago de los deudores.
* Se concluye que los bancos acreedores, el FMI y el Banco Mundial
tambi�n actuaron con imprudencia, y dieron cr�ditos� movidos por el 
af�n desmedido de colocar los fondos provenientes del auge de la
explotaci�n petrolera.
Tal como dice el Dr. Ballestero en su fallo, en 1976, los bancos
extranjeros deseaban a toda costa colocar de alguna manera los
gigantescos fondos que le depositaban los pa�ses petroleros. En esas
circunstancias, �convencieron� a Mart�nez de Hoz y su equipo (y a los
 militares gobernantes) de que era un gran negocio pedir un pr�stamo
al 8,75% de inter�s, y colocar esos mismos d�lares� nuevamente en el
banco prestador al 5,60%...
Luego, cuando en 1979 EEUU necesit� subir la tasa de inter�s del
d�lar por problemas internos suyos, el pato de la boda fuimos
nosotros.
El resto es historia reciente.
Ahora habr� que actuar con decisi�n y con habilidad� a la vez.� El
tema no es sencillo, pero tampoco insoluble.
Lo primero que debemos comprender es que la soluci�n es de tipo
pol�tico, no econ�mico. Sin� el suficiente poder nacional, es in�til
pretender una salida airosa.
Soluciones hay, pero para alcanzarlas los argentinos debemos comenzar
 por unirnos organizadamente.

N�stor Miguel Gorojovsky
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