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Fidel Castro y el show de la "bendici�n": �salvando su alma o su nefasto r�gimen?

En un momento de peligroso desprestigio, Castro recurre a una osada jugada que podr� servirle para desmobilizar al p�blico de las Am�ricas que desconf�a de �l, en particular, a norteamericanos y brasile�os

Por Armando F. Valladares

Lo ocurrido en un edificio frente a la Plaza de la Revoluci�n, en La Habana, en la noche del 31 de julio pp., constituy� uno de los lances m�s osados y m�s c�nicos de la "pol�tica religiosa" del dictador Castro. Junto a �l estaban el alcalde de Tampa (FL), Dick Greco; su esposa, Linda McClintock-Greco; adinerados empresarios de Tampa; y monse�or Laurence Higgins, prominente figura cat�lica de la Florida. Acababa de terminar una cordial cena de m�s de 4 horas, durante la cual el alcalde Greco tuvo palabras de elogio a los supuestos "logros" del r�gimen comunista, al tiempo que hizo silencio sobre la violaci�n de los derechos fundamentales de los cubanos.

En el momento de la despedida, la Sra. Greco se dirige a monse�or Higgins y le dice: "Bendiga al presidente all� antes de salir". El monse�or y el dictador se miran. �ste asiente con la cabeza y dice: "S�". Acto seguido, el prelado avanza hacia Castro y, colocando ambas manos sobre la cabeza de �ste, pronuncia las siguientes palabras, en espa�ol: "Que Dios el Padre, el Hijo y el Esp�ritu Santo desciendan sobre Vd. y lo bendigan. Am�n".

El tirano -perseguidor y destructor de la Iglesia cubana, responsable entre tantos cr�menes por el fusilamiento de j�venes m�rtires que murieron en el "pared�n" de la prisi�n de La Caba�a, gritando "�Viva Cristo Rey! �Abajo el comunismo", gritos de fe, de coraje y de martirio que mis propios o�dos oyeron desde la mazmorra en que me encontraba- tom� un aire sumiso, alz� la mirada, estrech� ambas manos del prelado y lo abraz�.

Estos detalles fueron proporcionados por dos art�culos del peri�dico St. Petersburg Times, el segundo de los cuales publicado hace pocos d�as y reproducido por el DIARIO LAS AM�RICAS el 22 de agosto pp. Pero diversas versiones ya hab�an ido filtrando poco a poco en los medios cat�licos y en el destierro cubano de la Florida, que fueron creando en torno de dicha escena un halo de misterio y expectativa. No faltaron especulaciones, sopladas al o�do, que levantavan la tierna hip�tesis de que Fidel Castro, con el paso de los a�os, estar�a sintiendo nostalgias de la Religi�n profesada en su ni�ez. Ni siquiera fue descartada la posibilidad de una suerte de Pentecost�s sobre el sanguinario dictador. Especulaciones similares hab�an circulado cuando en 1998, al despedir a S.S. Juan Pablo II, testimonios alegaron haber visto l�grimas en los ojos del dictador.

En realidad, de parte de Fidel Castro, lo ocurrido no ha pasado de una teatral escenificaci�n, un "show" con fines cosm�tico-publicitarios que le fue ofrecido en bandeja por los visitantes. Es inevitable la analog�a con las escenas de Castro y sus secuaces bajando en 1959 de la Sierra Maestra, con rosarios y medallas de la Virgen al cuello, que tantos dividendos le proporcion�, especialmente, entre los cat�licos. Hoy, 43 a�os despu�s, en un momento de peligroso desprestigio, Castro recurre a similar jugada, que podr� servirle para desmobilizar al p�blico de las Am�ricas que desconf�a de �l. En la actual coyuntura pol�tica continental, los dos objetivos principales de dicha jugada bien podr�an ser los norteamericanos y los brasile�os.

En efecto, la tambaleante revoluci�n cubana -con su rotundo fracaso, consecuencia directa del socialismo de Estado- precisa urgentemente, para evitar una incontrolable explosi�n social, de alimentos b�sicos provenientes de los Estados Unidos; y le hace falta el dinero que oleadas de turistas norteamericanos podr�n llevarle en caso que el Congreso confirme el levantamiento de las restricciones de viaje a Cuba. Castro sabe que es del gigante del Norte, vilipendiado durante 40 a�os, que puede venirle una tabla de salvaci�n.

Tambi�n en este momento necesita de la victoria pol�tica de su amigo, admirador y aliado del subversivo Foro de S�o Paulo, Ignacio Lula da Silva, que lidera las encuestas electorales en Brasil. Castro sabe que es desde el gigante del Sur que puede recibir una segunda tabla de salvaci�n.

Por fin, le hace falta, de manera apremiante, aplacar la frustraci�n de los cat�licos de las Am�ricas y del mundo entero, ante el fracaso de las expectativas abiertas hace casi 5 a�os por el viaje de S.S. Juan Pablo II a la isla-c�rcel. Y Castro requete-sabe cu�ntas tablas de salvaci�n ya ha recibido a lo largo de su nefasta trayectoria desde alt�simos sectores eclesi�sticos, de Cuba y del exterior, sin cuya ayuda dif�cilmente estar�a con vida y en el poder. En numerosos art�culos he abordado este delicado tema, y no creo del caso retomarlo aqu� (cfr., por ejemplo, "El pedido de perd�n que no hubo: la colaboraci�n eclesi�stica con el comunismo", DIARIO LAS AM�RICAS, Miami, 22 de marzo de 2000).

El p�blico de las Am�ricas y de Europa est� horrorizado con la realidad en torno de Cuba comunista. En los Estados Unidos, ha causando indignaci�n la noticia de las torturas de que viene siendo objeto el abogado ciego y militante cristiano Dr. Juan Carlos Gonz�lez Leiva en la prisi�n de Pedernales, provincia de Holgu�n, Cuba. En Brasil, est� impresionando a la opini�n p�blica -incluyendo a muchos seguidores del Sr. Lula- el caso del f�sico cubano Dr. Juan L�pez Linares, p�s-doctorando en una importante universidad de S�o Paulo, impedido de conocer y visitar en la isla-c�rcel de Cuba a su hijo Juan Paolo, de 3 a�os. En las Am�ricas, acaba de resonar una denuncia de la asociaci�n "Ayuda a la Iglesia Necesitada", trasmitida por la agencia cat�lica Zenit, en despacho desde La Habana, donde se constata que "nuevos vientos de represi�n" soplan contra los cat�licos cubanos; y que, despu�s de la visita del Papa, "la situaci�n ha empeorado notablemente en la isla". En Italia, ha despertado solidaridad el caso de un joven camionero y militante de derechos humanos, Oriel de Armas, que debi� huir de Cuba con su esposa Raiza y su hijita Brenda, de 4 a�os, y que ahora corre riesgo de ser deportado por insensibles autoridades migratorias italianas.

Para Fidel Castro y su camarilla, el desprestigiado r�gimen bien vale una "bendici�n" de un sol�cito monse�or, tras la cual contin�a con toda su dramaticidad la situaci�n del ciego, del f�sico, del camionero y de los fieles cat�licos cubanos, que son s�mbolos del drama de 12 millones de cubanos esclavizados por el r�gimen comunista as� como del sufrimiento de m�s de un mill�n de desterrados.

Todas esas violaciones de los derechos de Dios y de los hombres, torn�ndose p�blicas, han contribuido para desmistificar los supuestos "logros" sociales del sistema comunista. Por ello, me inclino a pensar que, con este reciente show, Castro busca la salvaci�n, no de su alma, pero s� de su nefasto y anticristiano sistema. Quiero pedir a los norteamericanos, a los brasile�os y al p�blico de las Am�ricas, que no se dejen impresionar por ese maquiav�lico y teatral gesto.

Postdata importante: A eventuales objetantes les digo anticipadamente que no descarto inclusive una futura conversi�n de Castro, porque para Dios no hay imposibles. Hasta Judas el traidor tuvo la posibilidad de arrepentirse y salvarse, seg�n explican los te�logos; tambi�n es cierto que en Cuba abundan los �rboles con ramas fuertes y resistentes. De cualquier modo, como explicaron en 1997 el cardenal Rosalio Castillo Lara -entonces presidente de la Pontificia Comisi�n para el Estado de la Ciudad del Vaticano- y monse�or Tulio Chirivella -entonces presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela- Castro se ensa�� de tal manera con la Iglesia cubana que debe arrepentirse y pedir perd�n p�blicamente. Sin ese requisito, Castro no podr� ser perdonado.

Armando Valladares, ex preso pol�tico cubano, fue embajador de Estados Unidos ante la Comisi�n de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, durante las administraciones Reagan y Bush.

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