Carta a la excelentísima Presidenta Dilma Roussef
 
Esta carta es una manifestación de personas y  organizaciones de la sociedad 
civil para expresar  nuestra extrema disconformidad  con los cambios ocurridos 
en el campo de las políticas públicas culturales anulando ocho años de 
acrecentamiento de discusiones que dieron visibilidad e interlocución a un 
Ministerio hasta entonces  subalterno. Frustrando a aquellos que vieron en el 
simbolismo del nombramiento de la primera mujer Ministra de Cultura de Brasil 
la confirmación de una victoria , esa gestión se encargó rápidamente de 
des-construir, no solo las conquistas de la gestión anterior, sino principal e 
inéditamente, el amplio  y productivo ambiente de debate que se había producido.
 
Los firmantes de esta carta creemos en la continuidad y la profundización de 
las políticas de buen resultado del gobierno Lula. Esas políticas están 
sintetizadas en el Plan Nacional de Cultura, fruto de un extenso proceso de 
consultas públicas que fue transformado en ley sancionada por el presidente, y 
que ahora está siendo ignorada por la ministra. Afirmamos que, si la gestión 
anterior tuvo aciertos,  fue por intentar aproximar el ministerio de las 
fuerzas vivas de la cultura, comprendiendo que hay un nuevo protagonismo por 
parte de los individuos, grupos y poblaciones hasta entonces contempladas como 
“periféricos” y entendiendo las extraordinarias posibilidades de la Cultura 
Digital. Esta no es apenas una discusión sobre instrumental tecnológico y 
jurídico, sino sobre todo un nuevo contexto creativo y cultural, pues esas 
tecnologías han sido apropiadas y re-inventadas en alguna medida por esos 
nuevos actores. Es, en ése territorio fundamental, de la inserción de la 
Cultura Digital en el centro de las discusiones de políticas culturales del 
ministerio, de la búsqueda de capilaridad en programas como Cultura Viva y con 
los Puntos de Cultura, que la ministra marcó firmemente un retroceso.
 
 
Al bloquear el proceso de reforma de la Ley de los Derechos Autorales, 
ignorando las manifestaciones recibidas durante 6 años de debate,  150 
reuniones realizadas en todo el país, 9 seminarios nacionales e 
internacionales, 75 días de consulta pública que recibieron 7863 contribuciones 
a través de Internet, la Ministra afrenta todo un enorme esfuerzo democrático 
de comprensión y elaboración. Si hay una explicación constrictiva en esa 
urgencia por impedir una dinámica política tan saludable, es porque llega en 
auxilio a instituciones amenazadas en sus privilegios, como el ECAD (Oficina 
Central de Recaudación y Distribución) y las asociaciones que lo componen, que 
apoyaron de forma explícita y decidida las políticas culturales y al candidato 
derrotado en el pleito electoral presidencial.
 
Pero ése, “auxilio”, como dijimos, se da al estremecimiento de la Ley 12.343 
del 2 de Diciembre de 2010, que aprobó el PNC, estableciendo claramente la 
obligación de la reforma de la Ley de Derechos de Autor (conforme a los ítems 
1.9.1. y 1.9.2. que determinan  “crear una institución específicamente avocada 
a la promoción y la regulación de derechos autorales y sus actividades de 
recaudación y distribución” y “revisar la legislación brasileña sobre derechos 
de autor, con vistas a equilibrar los intereses de los creadores, inversores y 
usuarios,  estableciendo relaciones contractuales  más justas y criterios más 
transparentes de recaudación y distribución”). Al afirmar que el texto de la 
ley es “dictatorial” y que la propuesta construida durante el gobierno de Lula 
es controversial y no atiende los “intereses de los autores” la ministra mezcla 
deliberadamente los intereses de los creadores con los de los intermediarios y 
contrabandea para el ceno del gobierno Dilma las posiciones derrotadas con la 
elección de la presidenta.
 
 
La cuestión de la retirada de las licencias de Creative Commons en el portal 
del MinC también merece ser mencionada por su simbolismo.  El ministerio de 
Cultura del Gobierno de Lula fue pionero en reconocer que las leyes autorales 
están a destiempo con las prácticas de esta época, y que sería una necesidad 
imperiosa perfeccionarlas a favor de los creadores y del amplio acceso a la 
cultura. Este avance se expresó en el PNC en ítem 1.9.13., que prevé 
“incentivar y fomentar el desenvolvimiento de productos y contenidos culturales 
intensivos en conocimiento y tecnología, en especial sobre regímenes flexibles 
de propiedad intelectual”. Al contrario de lo que dijo la ministra,  las 
licencias de CC validan  regular la forma de remuneración del artista, y no 
impedirla. Ellas buscan el poder del autor en relación a su obra y adaptarse a 
las nuevas formas de producción, distribución y remuneración como a los nuevos 
modelos de negocios que esas tecnologías posibilitan.
 
Así que, entendemos que las iniciativas de la actual gestión del Ministerio de 
Cultura no son fieles, ni a su campaña presidencial, ni al Plan Nacional de 
Cultura, ni a la discusión acumulada, representando, en la mejor de las 
hipótesis,  un voluntarismo desinformado y desastroso y, en el peor de los 
casos, un retroceso deliberado. Apoyamos a la presidenta Dilma Roussef en su 
intensión manifiesta de continuar valorizando y promoviendo la cultura 
brasilera, fortaleciendo un liderazgo global en las discusiones donde nuestra 
postura innovadora se venga destacando sobre los modelos conservadores 
predicados por la industria cultural hegemónica de Estados Unidos y Europa.
Para esto es necesario que el Ministerio de Cultura se co-alineé con la 
perspectiva del gobierno de Dilma,  de comprender, profundizar y ampliar las 
conquistas de las políticas culturales del gobierno de Lula.

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