via platohedro:

¿Y cuándo eliminan la libreta militar?
Por Juan Diego Restrepo E.*


Si hay en el país un trámite que esté rodeado de corrupción y de pérdida de
tiempo es la expedición de este documento. Su eliminación podría ser el
paso previo a la supresión definitiva del servicio militar obligatorio.

Miércoles 11 Enero 2012

“La tarea de gobernar exige consideración y respeto por el tiempo de los
colombianos y uno de nuestros deberes como Estado es hacerles la vida más
fácil a los ciudadanos, entendiendo que su tiempo vale oro”, dijo el
presidente Juan Manuel Santos tras la firma de un decreto-ley que elimina o
simplifica decenas de trámites engorrosos ante instancias públicas y
privadas.
Dentro de los trámites que fueron incluidos en las nuevas normas están
aquellos que deben seguir los jóvenes bachilleres, considerados no aptos
para la prestación del servicio militar obligatorio, para obtener su
tarjeta de reservista de segunda clase, un documento del cual depende su
inserción a la vida laboral. Lo que se ha comunicado al respecto es que se
habilitarán herramientas electrónicas para hacer consultas, inscripción,
pago y expedir certificados, las cuales deberán quedar listas a finales del
año 2013.

Sin embargo, esa simplificación, que se presume eficiente y respetuosa con
el ciudadano, no es suficiente para evitar el cúmulo de documentos que se
requieren para su expedición ni para reparar la corrupción castrense que,
históricamente, ha beneficiado, económica y políticamente, a decenas de
oficiales y suboficiales de las unidades de reclutamiento y a varios
tramitadores civiles, a través de los cuales se ha constituido el mayor
fenómeno de corrupción socialmente aceptado en el país: “comprar la libreta
militar”, es decir, obtener la tarjeta de reservista de segunda clase a
través de diversos mecanismos fraudulentos, no sólo para aligerar el
trámite de quienes no son aptos, sino para favorecer a aquellos que, siendo
aptos, “pagan” para no serlo.

La expedición de la libreta militar para aquellos que quedan exentos por
ley es de tal complejidad que en esa relación costo-beneficio resulta menos
oneroso “pagar” varios miles de pesos (o un par de millones) u ofrecerle un
favor político o un costoso regalo a algún oficial que hacer todos los
trámites exigidos por las normas y, además, por los ánimos y caprichos de
oficiales y suboficiales de turno. Seamos claros: ese proceso está hecho
para beneficiar a los corruptos.

Padres de familia e hijos saben que con plata ese trámite se agiliza. Para
los más pudientes, el asunto es fácil, pues tienen conexiones de alto nivel
que les facilitan el asunto; para otros, que carecen de contactos, esa
penosa época de cumplir 18 años de edad, terminar los estudios de
secundaria y no tener posibilidades de acceder a educación superior, los
obliga a un duro peregrinar para conseguir la plata que les abra la puerta
de un tramitador, civil o militar, y les ayude a resolver la situación; o a
buscar a alguien que conozca a un político para ver si le hace una llamada
a un militar conocido de alto o mediano rango y, con esa risa empalagosa de
“viejos amigos”, le resuelvan la situación, eso sí, previa cancelación de
algún dinero para el hombre de armas, “mire que se ahorró tiempo”.

¿Y saben también que evita? Que a su hijo lo atropellen y lo insulten en
las jornadas de reclutamiento, comunes por esta época del año en el país.
Un joven cronista, que participó de una de ellas, describió así el
ambiente: “¡Nos tratan como ratas! Hoy, aquí, soy nadie, absolutamente
nadie. Soy otro caredormido que no sabe para dónde caminar ni a dónde
mirar. En todos lados hay caras muertas, expresiones aterrorizadas, rostros
perdidos, sin ninguna dicha. ‘¡Gonorrea, hablá como un hombre!’, le gritó
un soldado a un pobre muchacho que no sabia qué estaba diciendo, ni a quién
se lo estaba diciendo”.

¿Cuánto les ha constado a las familias colombianas, sobre todo de la
sufrida clase media, salvar a sus hijos del servicio militar obligatorio en
los últimos años a través de redes de corrupción constituidas por civiles y
militares? No creo que exista una metodología que logre precisar con algún
grado de certeza ese valor, pero si uno comienza a sumar a partir de
historias de familias y amigos, el monto se va haciendo considerable.

La propuesta entonces es que elimine, de una vez por todas, la tarjeta de
reservista de segunda clase para aquellos que queden exentos del servicio
militar obligatorio y las empresas no la exijan como requisito
indispensable para emplear a los jóvenes en esta situación. Bastaría
demostrar la condición de exento y ya. Se trata, como dice el presidente
Santos, de “confiar en la gente, en su buena fe”.

¿Y qué hacer con aquellos que, siendo aptos, no deseen prestar el servicio
militar obligatorio? De un lado, fortalecer los mecanismos de objeción de
conciencia reconocidos a través de la sentencia C-728/09 de la Corte
Constitucional; y, de otro, reclamarle al Congreso una actitud más
proactiva para ampliar los alcances de la decisión y ofrecer alternativas
sociales, educativas y comunitarias, blindadas a la corrupción.

El propósito es quitarle esa renta ilegal a algunos militares y civiles,
quienes han esquilmado a través de redes ilegales a miles de ciudadanos
ayudándolos a sortear los vericuetos de esa compleja trama burocrática;
además, se lograría que cientos de jóvenes ingresen más rápido al sector
productivo de manera legal y sin explotaciones laborales por carecer de ese
documento; y se darían los pasos pertinentes para eliminar el servicio
militar obligatorio.

*Periodista y docente universitario
________________________________________________
gente haciendo cosas raras con o sin electricidad

[bogota] http://www.dorkbot.org/dorkbotbta/
[medellin] http://www.dorkbot.org/dorkbotmde/
http://dorkbot.org/mailman/listinfo/dorkbot-kolab

Répondre à