On 10/20/06, Amatiño <[EMAIL PROTECTED]> wrote:
> Politta... Gordetzeko modukua. Holako meterixala ondo etorri izaten dok
> gero.
>
> Amatiño
>

Atzo onartu zan beste preambulo politt bat, Andaluziakoa.

El Pais-en oiñ egun batzuk, esan zeban hango presidente (eta PSOEko
presidente) Chavesek: No me hubiesen perdonado en Andalucía que yo
hubiera eliminado el término 'realidad nacional'. Refuerza nuestra
identidad".

Nik galdetuko nuke: el término realidad nacional refuerza nuestra
identidad, y el término identidad nacional refuerza nuestra realidad.

--- preambulo honetatik ---

Preámbulo

Andalucía, a lo largo de su historia, ha forjado una
robusta y sólida identidad que le confiere un carácter
singular como pueblo, asentado desde épocas milenarias
en un ámbito geográfico diferenciado, espacio de
encuentro y de diálogo entre civilizaciones diversas.
Nuestro valioso patrimonio social y cultural es parte
esencial de España, en la que andaluces y andaluzas
nos reconocemos, compartiendo un mismo proyecto
basado en los valores de justicia, libertad y seguridad,
consagrados en la Constitución de 1978, baluarte de los
derechos y libertades de todos los pueblos de España.
Andalucía ha compilado un rico acervo cultural por
la confluencia de una multiplicidad de pueblos y de
civilizaciones, dando sobrado ejemplo de mestizaje
humano a través de los siglos.

La interculturalidad de prácticas, hábitos y modos
de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una
unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y
se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e
intangible, dinámico y cambiante, popular y culto,
único entre las culturas del mundo.

Esta síntesis perfila una personalidad andaluza
construida sobre valores universales, nunca excluyentes.
Y es que Andalucía, asentada en el sur de la
península ibérica, es un territorio de gran diversidad
paisajística, con importantes cadenas montañosas
y con gran parte de su territorio articulado en
torno y a lo largo del río Guadalquivir, que abierta
al Mediterráneo y al Atlántico por una dilatada
fachada marítima, constituye un nexo de unión
entre Europa y el continente africano. Un espacio de
frontera que ha facilitado contactos y diálogos entre
norte y sur, entre los arcos mediterráneo y atlántico, y
donde se ha configurado como hecho diferencial un
sistema urbano medido en clave humana.

Estos rasgos, entre otros, no son sólo sedimentos de
la tradición, sino que constituyen una vía de expansión
de la cultura andaluza en España y el mundo y una
aportación contemporánea a las culturas globales. El
pueblo andaluz es heredero, por tanto, de un vasto
cimiento de civilización que Andalucía puede y debe
aportar a la sociedad contemporánea, sobre la base de
los principios irrenunciables de igualdad, democracia y
convivencia pacífica y justa.

El ingente esfuerzo y sacrificio de innumerables
generaciones de andaluces y andaluzas a lo largo de los
tiempos se ha visto recompensado en la reciente etapa
democrática, que es cuando Andalucía expresa con más
firmeza su identidad como pueblo a través de la lucha
por la autonomía plena. En los últimos 25 años, Andalucía
ha vivido el proceso de cambio más intenso de
nuestra historia y se ha acercado al ideal de Andalucía
libre y solidaria por la que luchara incansablemente
Blas Infante, a quien el Parlamento de Andalucía, en un
acto de justicia histórica, reconoce como Padre de la
Patria Andaluza en abril de 1985.

Ese ideal autonomista hunde sus raíces en nuestra
historia contemporánea. El primer texto que plasma la
voluntad política de que Andalucía se constituya como
entidad política con capacidad de autogobierno es la
Constitución Federal Andaluza, redactada en Antequera
en 1883. En la Asamblea de Ronda de 1918 fueron
aprobados la bandera y el escudo andaluces.
Durante la II República el movimiento autonomista
cobra un nuevo impulso. En 1933 las Juntas Liberalistas
de Andalucía aprueban el himno andaluz, se forma
en Sevilla la Pro-Junta Regional Andaluza y se proyecta
un Estatuto. Tres años más tarde, la Guerra Civil
rompe el camino de la autonomía al imposibilitar la
tramitación parlamentaria de un Estatuto ya en ciernes.
Esta vocación de las Juntas Liberalistas lideradas
por Blas Infante por la consecución del autogobierno,
por alcanzar una Andalucía libre y solidaria en el marco
de la unidad de los pueblos de España, por reivindicar
el derecho a la autonomía y la posibilidad de decidir su
futuro, emergió años más tarde con más fuerza y respaldo
popular.

Las manifestaciones multitudinarias del 4 de diciembre
de 1977 y el referéndum de 28 de febrero de 1980
expresaron la voluntad del pueblo andaluz de situarse
en la vanguardia de las aspiraciones de autogobierno de
máximo nivel en el conjunto de los pueblos de España.
Desde Andalucía se dio un ejemplo extraordinario de
unidad a la hora de expresar una voluntad inequívoca
por la autonomía plena frente a los que no aceptaban
que fuéramos una nacionalidad en el mismo plano que
las que se acogían al artículo 151 de la Constitución.
Andalucía ha sido la única Comunidad que ha
tenido una fuente de legitimidad específica en su vía
de acceso a la autonomía, expresada en las urnas
mediante referéndum, lo que le otorga una identidad
propia y una posición incontestable en la configuración
territorial del Estado.

El Manifiesto andalucista de Córdoba describió
a Andalucía como realidad nacional en 1919, cuyo
espíritu los andaluces encauzaron plenamente a través
del proceso de autogobierno recogido en nuestra
Carta Magna. En 1978 los andaluces dieron un
amplio respaldo al consenso constitucional. Hoy, la
Constitución, en su artículo 2, reconoce a Andalucía
como una nacionalidad en el marco de la unidad
indisoluble de la nación española.

Todo este caudal de esfuerzos, del que el Estatuto de
Autonomía ratificado por los andaluces el 20 de octubre
de 1981 ha sido herramienta fundamental, nos permite
hoy abordar la construcción de un nuevo proyecto
que ponga en valor y aproveche todas las potencialidades
actuales de Andalucía.

Hoy, los argumentos que construyen la convivencia
de los andaluces y los anhelos de éstos nacen de un
nuevo proyecto histórico que debe permitirnos afrontar
con garantías los retos de un tiempo nuevo, definido
por los profundos cambios geopolíticos, económicos,
culturales y tecnológicos ocurridos en el mundo y por
la posición de España en el contexto internacional. Si
durante el último cuarto de siglo se han producido
transformaciones intensas en el mundo, estos cambios
han sido particularmente acentuados en Andalucía,
donde en ese periodo hemos pasado del subdesarrollo
económico y cultural a un panorama similar al de las
sociedades más avanzadas, como ejemplifica la inversión
de nuestros flujos migratorios.

Después de casi tres décadas de ejemplar funcionamiento,
resulta evidente que el Estado de las Autonomías
implantado por la Constitución de 1978 ha
producido en estos años un rápido y eficaz proceso de
descentralización. Ahora bien, transcurrida esta fructífera
etapa de experiencia autonómica se hacen necesarias
reformas que modernicen el modelo territorial.
Reformas para profundizar el autogobierno, extrayendo
todas las posibilidades descentralizadoras que
ofrece la Constitución para aproximar la Administración
a la ciudadanía. Reformas que al mismo tiempo
desarrollen y perfeccionen los mecanismos de cohesión
territorial, solidaridad y cooperación institucional. Se
trata, pues, de un proceso de modernización del Estado
de las Autonomías que sólo es posible desde una visión
global y plural de España que Andalucía siempre ha
tenido.

Hoy, como ayer, partimos de un principio básico, el
que planteó Andalucía hace 25 años y que mantiene
plenamente su vigencia: Igualdad no significa uniformidad.
En España existen singularidades y hechos diferenciales.
Andalucía los respeta y reconoce sin duda
alguna. Pero, con la misma rotundidad, no puede consentir
que esas diferencias sirvan como excusas para
alcanzar determinados privilegios. Andalucía respeta y
respetará la diversidad pero no permitirá la desigualdad
ya que la propia Constitución Española se encarga
de señalar en su artículo 139.1 que todos los españoles
tienen los mismos derechos y obligaciones en
cualquier parte del territorio del Estado.

El grado de desarrollo económico, social y cultural
de Andalucía ha sido posible gracias al Estatuto de
Autonomía. Un texto que ha favorecido la convivencia
armónica, el desarrollo político, social y económico de
esta tierra y la recuperación de la autoestima de un pueblo
que hoy tiene voz propia en el Estado de las Autonomías, tal y como
establece la Constitución Española
de 1978.
Se trata, en definitiva, de conseguir un Estatuto para
el siglo XXI, un instrumento jurídico que impulse el
bienestar, la igualdad y la justicia social, dentro del
marco de cohesión y solidaridad que establece la Constitución.
Por ello, y como expresión de su voluntad colectiva
representada políticamente a través del Parlamento, el
pueblo andaluz ratifica el presente Estatuto de Autonomía
de Andalucía, como renovación del compromiso
manifestado el 28-F de 1980.

--
toma ya

Luistxo
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