Nere lagun gerrazale bat liburu deskatalogauak eskaneatzen dabil.
Euretako bat rekete kantabriar baten memorixak dira (Herrera E, Mil dias
del Tercio Navarra), eta bereziki interesgarrixa da eibartarrondako,
gizon hau gure herriko frentian egon zalako. Begiratu zelako gauzak
kontatzen dittuan (oharra: golpistak "posicion nº 2 de Kalamúa"
Akondiako tontorrari esaten zetsen, hau da, gu egon giñan leku berbera).
O.
Enero 1937
A primeras horas de la mañana del día que inicia el año va Ciganda con
su sección a
guarnecer "la cota del Kalamúa", que ese día es especialmente
"agasajada" por el enemigo, que
tira durante la tarde sobre ella 116 morterazos del 81, contados uno a
uno, sin causar daño
alguno. El día 4 se incorpora esta sección a su compañía, y ésta va, una
vez más, a relevar a los
que defienden la posición número 2. En esta "núm. 2", en la que no se
permanecía más de
cuarenta y ocho horas, por ser la más peligrosa del sector y la que más
bajas costaba, ocurre algo
pintoresco el día 12, que Ciganda cuenta así:
"Por cierto, que durante una de estas noches, exactamente la del 12 de
enero,
me dirigí, en su frío amanecer, como lo hacíamos siempre - por aquello
de los
asaltos a primera luz -, a despertar a los requetés de la avanzadilla,
donde una
sección, casi todos del ribero pueblo navarro de Milagro, velaba sus armas
entre las que había una ametralladora pesada. Me presenté con mis
cantimploras de 'usual' aguardiente desnaturalizado o 'asaltaparapetos'; se
levantan, toman sus armas, nos atrevemos con unos tragos que nos abrasan
las entrañas, y Paco León me dice: 'Mi alférez, ¿quiel que cantemos?'
(los de
Milagro, al hablar, pronuncian muy graciosamente "L" en vez de "R", como
los chinitos). 'Sí, todos a cantar - digo yo -.' 'Pues a cantal -dicen.'
Me siento en el sillín de la máquina apuntada al parapeto rojoseparatista y
comenzamos: 'Mi jaca galopa y corta el viento, cuando...', con un coro bien
timbrado, pues los de Milagro siempre han tenido buen oído. Yo les termino
las frases con la ametralladora: taratatá..., taratatá... Se espabilan,
asustados,
los de enfrente; oímos gritos de ¡ataque!, ¡ataque!, y en menos de lo que se
tarda en contarlo, todo el frente, desde Ondárroa a Placencia de las
Armas, se
convierte en una continua línea de fuego en el estricto sentido de la
palabra.
En las trincheras crepitan los fusiles y ametralladoras y restallan las
bombas
de mano. Los cañones rusos de Eibar tiran hacia arriba, contra nuestras
posiciones. Nuestra artillería de Muneta (monte dominante, detrás de los
nuestros) martillea las defensas de Eibar. De Urkarregui tiran a
Marquina. En
fin, todo el frente se conmociona y parece se lucha ferozmente. Todos, menos
nosotros, se creen atacados; nosotros callamos como unos muertos...
Repiquetean los teléfonos en los refugios de las trincheras; las
compañías de
reserva forman, dispuestas a apoyar posibles puntos atacados. Los jefes de
sector se inquietan"; hasta el Estado Mayor se conmueve.
Total, una especie de maniobra, con fuego real, que a los contribuyentes les
costará una porrada de pesetas. Pero el espectáculo era digno de verse.
Los más
bellos fuegos artificiales que imaginarse puede, y lo que es mejor,
supongo que
con pocas bajas por ambas partes, pero... menudo susto les metimos.
No sé cómo averiguaron el origen del 'tumulto', pero al día siguiente me
echaron una bronca."
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