Este texto fue escrito por Maria Belén Saez de Ibarra para la edición # 10 del Periodico Arteria q circuló entre junio y julio de 2007, respecto al tema de la Gilberto Alzate, una situación que se veía venir, vale la pena leerlo.
>> Las artes y la creación de la Secretaría de Cultura de Bogotá Mira la luna querido artista La creación de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte en Bogotá no es un hecho aislado, corresponde a una reforma administrativa del Distrito y su creación repercute de manera significativa y directa en el campo del arte. Estas repercusiones no están claras todavía y seguramente habrán de pasar muchos meses para calcular de forma precisa la incidencia que ella tenga; sin embargo, algunas reflexiones pueden ser abordadas desde ya. Las secretarías son entidades del orden territorial que tienen funciones de formulación de políticas sectoriales, así como de control, regulación y normalización de la actividad del sector. A las secretarías se adscriben y vinculan entidades que desempeñan las funciones públicas respectivas, interviniendo en el quehacer de la sociedad civil en esas áreas. Están concebidas para garantizar que la diversidad de agentes que participan en el quehacer sectorial se vinculen a una política compartida, de acuerdos y de regulaciones, que no solo deben velar por la profesionalización sino por el ejercicio controlado de sus actividades, en pos de un orden y dirección planificada de las acciones y sus resultados. Pensemos por ejemplo en la salud, la educación, el transporte, etc. Sectores conflictivos por la naturaleza de sus de-sempeños y por el hecho de que coexisten numerosas y diversas instituciones privadas y públicas- que actúan simultáneamente, presentando continuos tropiezos con los límites entre intereses públicos y privados. Para el campo del arte y la cultura, la creación de este ente burocrático resulta un tanto desconcertante. ¿Intervienen en el arte y la cultura un número tal de instituciones con un espectro tan complejo, cruzado y amplio de actividades que justifiquen esta estructura administrativa de gran envergadura (y costosísima) que regule sus acciones? ¿La organización del sector aparece acaso tan compleja como para justificarla? ¿Requiere de subdirecciones de regulación, normalización, así como de control de gestión, seguimiento a la inversión y un largo etc.? ¿Es el arte una práctica llamada a ser regulada como las demás en los criterios de la función pública actual? La formulación y discusión de política sectorial es fundamental, acaso ¿no se encuentra surtida por las funciones del Ministerio de Cultura? ¿No es acaso más necesario para nuestro sector contar con entidades públicas fuertes en presupuesto que se desempeñen como "unidades de ejecución" que aterricen en planes concretos de acción las políticas `concertadas'? ¿No será que las políticas que no se articulan en programas de acción con presupuestos aptos no son más que prosa de la que nadie logra apropiarse? Preguntas a posteriori de un proceso que aparentemente fue consultado por edicto en la cartelera del Distrito. El anterior IDCT absorbió la Secretaría en su seno y entrega sus funciones de ejecución en artes visuales, literatura y escénicas a la Fundación Gilberto Alzate. También ello resulta desconcertante, teniendo en cuenta la historia de esta fundación con una administración simple, de dirección y junta directiva, que no está de acuerdo con las necesidades administrativas y experticia que ahora requiere. Por otra parte, la Gilberto no ha tenido incidencia ni protagonismo en el quehacer cultural y artístico de la ciudad. Se nos promete su fortalecimiento (más burocracia bendita, que como rocío cae del cielo). La Secretaría de Hacienda gira su presupuesto a ella de manera directa, los criterios para esa asignación pasan por la capacidad probada de ejecución. El reto para la antigua fundación es muy alto. Esta es una concepción del Estado altamente burocrática. Un ejercicio está por hacerse: Proyectar los portafolios de inversión pública en programas y proyectos de ejecución en arte (sumas por demás irrisorias) y mirar cómo se relacionan estas cifras con las cifras del aparataje burocrático que intermedia estas asignaciones al campo; la relación podría ser aterradora. Sumarle este elefante blanco a la inversión estatal en arte y cultura, algunos lo justifican con el pobre argumento de que `estaremos de tú a tú' con las cabezas de la administración Distrital. Lo mismo se argumentó cuando se creó Mincultura. Lo que hemos visto es que la entidad tiende a "politizarse"; los criterios para los nombramientos de sus directivas no tendrán mayor énfasis en las especificidades tecnocráticas del sector ni en perfiles de profesionales de la cultura. Y mientras tanto asumimos la pérdida de una unidad pública ejecutora de política tan necesaria para las artes en Colombia. Burocráticamente, Mincultura absorbió Colcultura (entidad ejecutora nacional para las artes que nunca halló reemplazo), la Secretaría absorbió el IDCT, a las artes las continuarán absorbiendo carnavales, festivales y desfiles del corazón de nuestro querido folklore. Pero no hay que preocuparse demasiado, ahí tenemos la luna que ha inspirado a tantos artistas y que estará siempre allí, aun cuando nosotros no seamos más. María Belén Saez de Ibarra Debate de la Alzate > http://esferapublica.org/nfblog/?p=1230 (enviado a esferapública por diegosky)
