Copia de la siguiente carta me llegó de la Dirección del Conservatorio. Conozco al autor y sé que ha trabajado varios años con el IDCT y que es serio en su trabajo. Critica duramente las dinámicas de la Alcaldía de Bogotá con los espacios de participación ciudadana, específicamente los dedicados a cultura, los cuales fueron creados por ley.
De: Enrique Sanabria [mailto:[EMAIL PROTECTED] Enviado el: viernes, 18 de abril de 2008 16:26 Para: [EMAIL PROTECTED] Asunto: Asamblea Distrital de Cultura 2008: Una nueva frustracion Asamblea Distrital de Cultura 2008: Una nueva frustración Por: Daniel Enrique Sanabria T. - Gestor Cultural Independiente El pasado 15 de marzo de 2008 se realizó la Asamblea Distrital de Cultura en las instalaciones del Instituto Distrital de Recreación y Deportes, con asistencia de aproximadamente 200 personas, en su mayoría miembros de los diversos consejos participativos del área de cultura en el Distrito Capital de Bogotá, como son los Consejos Locales de Cultura, los Consejos Distritales de Áreas Artísticas y el Consejo Distrital de Cultura. Tomaron asiento también funcionarios de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte encabezados por la Secretaria, Doctora Catalina Ramírez, quien expuso de manera muy somera los alcances en el campo cultural propuestos por el Plan de Desarrollo Bogotá Positiva: Para Vivir Mejor 2008-2012. El orden del día por parte de la administración distrital incluyó también una exposición sobre el decreto que adopta el Sistema Distrital de Cultura, Arte y Patrimonio, el 627 del 28 de diciembre de 2007 y una breve exposición por parte de un asesor sobre los que se ha adelantado en relación con los destinos de los recaudos de la Estampilla Procultura, adoptada para Bogotá a partir de enero del año 2006. El resto fueron intervenciones, por demás bastante desordenadas e improvisadas por parte de los asistentes, con una metodología bastante curiosa, que consistía en dar la palabra por unos minutos a un representante de cada localidad –el que estuviera-, luego uno de cada sector artístico y/o cultural –el que pudiera, y finalmente micrófono abierto para el que considerara que tenía algo que decir, todo esto para legitimar las decisiones adoptadas desde la Secretaría de Cultura para cumplir la meta del Plan de Desarrollo del alcalde anterior, relacionada con la reformulación y m odernización del Sistema Distrital de Cultura. Sin embargo, no tuvieron en cuenta los organizadores de tal asamblea, que gracias a un "descuido involuntario", el decreto mencionado que con tanta vehemencia se expuso, dejó sin piso el decreto que regulaba este sistema desde su sanción el pasado 28 de diciembre, con lo cual perdía validez no solo la asamblea misma sino la estructura del Sistema y por tanto lo consejos que lo conforman. Este olvido se subsanó con un artículo transitorio que expidió la Alcaldía Mayor a finales de marzo, pero para la fecha de la asamblea, nada de lo que allí sucedía tenía validez legal, salvo el interés auténtico de aquellos trabajadores de la cultura que aún esperan ganar espacios de decisión e la políticas públicas de su campo para la ciudad. Dicha desorganización es ya tradicional en casi todas las jornadas participativas del distrito, y a mi juicio, obedecen a un interés muy típico del burocratismo que busca que estas reuniones avalen decisiones ya tomadas, enmarcándose en una visión dema gógica de la democracia participativa. Los temas tratados en la Asamblea Distrital de Cultura, en particular el nuevo decreto y el Plan de Desarrollo para cultura, son suficientes para varias reflexiones, pero esto se tratará en otro momento. En este texto sólo quiero referirme a algunas afirmaciones que allí se hicieron sobre el tema de la Estampilla Procultura y que de acuerdo con mi experiencia son falsas y tendenciosas. Se dijo allí que gracias a los recaudos de este impuesto indirecto, el presupuesto para la cultura en la ciudad se había duplicado desde su creación. Según los datos erráticamente expuestos por varios expositores en la asamblea, pero que se tomarán como cercanos a la realidad, dicho recaudo asciende en la actualidad a cerca de 10.000 millones de pesos (4.000 en el 2006 y 6.000 en el 2007). Es de anotar que estos recursos provienen de un descuento por concepto de Estampilla Procultura del 0.5% a los contratos distritales desde enero del año 2006, de los cuales el 10%, es decir unos irrisorios 1 .000 millones van al fondo de seguridad social de los artistas, léase fondo fantasma en el Ministerio de la Protección Social y los restantes 9.000 millones a incrementar el presupuesto distrital destinado a la cultura. Esto implicaría, de ser cierto, que el presupuesto para la cultura en Bogotá, en cabeza del desaparecido IDCT en el 2006 y en la Secretaría de Cultura en el 2007, debería crecer a un ritmo de entre el 10% y el 15% anual, lo cual está muy lejos de la supuesta duplicación manifestada por la administración en la asamblea, pues quienes formamos parte del sector artístico del Distrito Capital sabemos que los presupuestos se han mantenido iguales, y con una leve tendencia a la baja desde el año 2002. En el caso del área musical, por ejemplo, el valor asignado para el fomento a las prácticas musicales desde ese año ha venido oscilando entre los 2.000 y los 2.500 millones, con diversas fluctuaciones durante el quinquenio, si que en ello hayan tenido que ver nada los recaudos por concepto de la estampilla, pese a las recurrentes solicitudes del sector por saber el destino de los mismos. Para la presente vigencia el Plan Operativo Anual de Inversiones (POAI) publicado en la página web de la Secretaría de Hacienda que es de dominio público, asigna un presupuesto al fomento de las prácticas artísticas de la música una cifra de 2.500 millones, en cabeza de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, entidad titular de esa ejecución en virtud de la reforma administrativa distrital decretada a finales del año 2006. No obstante, esa cifra se ha rebajado a 2.300 millones a la fecha, los cuales se destinarán a la asignación de premios y becas, alianzas estratégicas, apoyos concertados (y des concertados), es decir, a lo mismo que se hace desde hace tres administraciones. Entonces ¿Donde está el incremento? Y lo que es peor ¿A dónde han ido a parar los recursos del recaudo de la estampilla? Lo mínimo que se puede pensar es que si el incremento realmente existió, no se dedicó al fomento de las prácticas artísticas sino al aumento del gasto en burocracia por la necesidad de justificar la aparición en escena de una nueva entidad como lo es la Secretaría de Cultura, lo cual fue manifestado por algunos de quienes intervinieron en la Asamblea Distrital de Cultura. Esta reflexión es compartida por los sectores de otras áreas artísticas como danza, artes escénicas, literatura, audiovisuales, y sobre todo, por los actores culturales de las localidades bogotanas cuya invisibilización ha sido más que dramática durante los últimos años. Como dato adicional valga la pena decir que el presupuesto ejecutado, que en la práctica se traduce en contratos artísticos, premios a ganado res de convocatorias, apoyos, contratos de prestación de servicios y demás, también afecta el ingreso de los artistas que realizan las actividades al descontárseles además de ese 0.5% de la estampilla procultura, otro 0.5% para la tercera edad, el 1% para la Universidad Distrital, más los tradicionales ICA (1%) y retefuente nacional del 10%. Es decir, somos actores y víctimas de las políticas culturales en materia presupuestal. Recalcando el tema local, que es recurrente y sensible en todas las reuniones, asambleas, debates, actos administrativos, una muy buena pregunta de un asambleísta que no fue contestada, inquiría sobre cuál era la articulación del nuevo decreto de Sistema de Arte, Cultura y Patrimonio con el Sistema Distrital de Participación que lidera el Instituto Distrital de la Participación (antes Departamento Administrativo de la Acción Comunal –DAAC-). Se entendía en el sub-texto de la pregunta, que en el Distrito Capital existen múltiples espacios de participación local que comienzan desde las Juntas Administradoras Locales, y pasan por los Encuentros Ciudadanos, los Consejos Locales de Planeación, los Consejos Locales de Juventud, los Consejos Locales de Discapacidad (que se regularon en un decreto de la administración Garzón expedido el mismo día del decreto que reformó el Sistema Distrital de Cultura, Arte y Patrimonio, es decir, e 28 de diciembre de 2007, que inocentada!), las Jun tas de Acción Comunal y muchos otros a los cuales la sociedad civil accede con una ingenua pero auténtica intención de ser escuchados. Estos procesos o sistemas, o como el burócrata de turno quiera llamarlos, no tienen ninguna articulación ni son tenidos en cuenta por las autoridades ni locales ni distritales. Quienes forman parte de esos espacios de participación son testigos de las múltiples frustraciones que ha motivado ese interés de la ciudadanía por participar en las decisiones. Todos hablan de las leyes, de la norma, de la constitución, de los derechos humanos, etc, etc, etc, pero nada pasa en realidad. Esta reflexión nos lleva al Decreto 1421, Estatuto Orgánico de Bogotá, D.C., expedido hace ya mucho tiempo. Esta es la norma, que entre otras cosas, crea las 20 localidades de la ciudad, establece y regula a las JAL y crea mecanismos para el desarrollo de la cultura política de Bogotá. Pero ha corrido mucha agua por debajo del puente desde entonces; la ciudad es otra; m uchos nuevos actores han aparecido y para la administración, no ha pasado nada. La conclusión de esto es que mientras en Concejo de Bogotá no asuma con seriedad la visión de las nuevas condiciones de nuestra capital y no se decida a reformar el 1421, las frustraciones de los habitantes seguirán aumentándose y la democracia participativa seguirá siendo una ilusión o una utopía. Finalmente no me parece que sea bueno seguir haciéndole juego a las políticas asistencialistas que las últimas dos administraciones le han ofrecido a la ciudad como propuesta ante la ausencia de propuestas de política pública. Nuestras discusiones como sector cultural no pueden seguir siendo sobre cuántos apoyos nos dan, cuanta plata puede ganarse algún teatrero, músico o bailarín por estar en una tarima de un septimazo, o qué carreta me tengo que inventar para que me crean como gestor cultural, pues ante la precariedad de los recursos, estas prácticas solo conducen a inequidades, clientelismo, y en última instancia, corrupción. Se requiere una política de Estado que entienda que la cultura debe planificarse a largo plazo y que solo eso puede cambiar la manera de interactuar entre el ciudadano y su entorno. Para cerrar, les sugiero a los que puedan hacerlo, darle una mirada a la Calle Corrientes de Buenos Aires, donde las librerías están abiertas hasta las 2 de la mañana, los teatros, que son uno o dos por cuadra, se llenan de gente apropiando teatro, música, ideología o diversión; las familias salen de los "equipamientos culturales" a comer a los restaurantes, y a las 2 AM los sitios a donde van los jóvenes, comienzan a llenarse hasta las 6 AM, cuando muchos y muchas van a sus casas a pensar en el día de mañana. Cosas parecidas suceden en Montevideo, en Caracas, en Lima, o casi cualquier capital del mundo. En Bogotá, en cambio, quienes quieren aprovechar la noche como espacio de vida, de trabajo o de realización, encuentran solo trabas, amenazas, temores y falta de oportunidades; entonces les toca conformarse con los libritos que regalan en Transmilenio, los comedores comunitarios, Rock al Parque, o con sus cuatro paredes… _______________________________________________ ____ _ _ ___ _ _ ____ ___ ___ |___ \/ |__] \_/ |___ / |__] |___ _/\_ | | |___ /__ | Expyezp mailing list [email protected] http://lists.slow.tk/listinfo.cgi/expyezp-slow.tk
