Hola todos!

De lo mucho que leí en las listas en los últimos días,  estos dos pasajes me 
dejaron pensando:

> On Feb 5, 2012, at 8:42 AM, Sylvia Sánchez wrote:

... ... 
>> Trueque: ... Cualquiera que tenga una habilidad especial  (como dibujar, 
>> despejar ecuaciones, idiomas o lo que sea),  ¿nunca ayudó a un compañero de 
>> clase a cambio de otro favor similar o de que le consiguiera tal o cual 
>> cosa? 


En un trabajo que traduje recientemente, decía:
...
Se trata del trabajo de Yochai Benkler de Harvard, en su reciente libro The 
Penguin and The Leviathan - How cooperation triumphs over self-interest - (El 
Pingüino y el Leviatán) - Cómo la colaboración triunfa sobre el interés 
individual - el afirma que la mayoría de los seres humanos somos,  por 
naturaleza,  buenos colaboradores,  pero que nuestros sistemas de premios y 
castigos (incluyendo la evaluación de la educación) no corresponden al 
desarrollo de la colaboración. 
...

Recuerdo que tal como dice Sylvia S.,  durante mis años de escuela y liceo,  
muchos compañeros y compañeras pedían ayuda.  Había dos temas que se repetían.  
En primaria eran los que,  a último momento se acordaban de que había que 
entregar una tarea domiciliaria pero,  no tenían el menor recuerdo de qué era 
lo que la maestra había pedido.  En secundaria,  el tema favorito para pedir 
ayuda era matemática.

Nunca lo había pensado hasta ahora como trueque pero,  ahora que Sylvia lo 
dice,  recuerdo que un gran incentivo,  especialmente en el liceo,  era la gran 
posibilidad que me regalaba el sistema,  de entrar en contacto con compañeras 
del grupo que me gustaban mucho pero que,  de otra manera,  me hubiese costado 
más aproximarme a ellas.

A estos intercambios de ayuda de escuela y liceo no creo que los podamos llamar 
"trabajo en equipo".  El único trabajo en equipo que recuerdo de esa época eran 
los pocos deportes que se practicaban,  nada en el liceo y un poco en la 
escuela.  Pero siempre quedaba fuera del equipo. "No se la pases [la pelota] 
porque la pierde",  era lo que oía con más frecuencia.  Y me lo merecía porque 
era realmente malo.

En la facultad,  acabo de darme cuenta,  trabajaba en equipo.  En un caso,  a 
sugerencia del profesor hicimos algo que en la facultad de hoy es de rutina,  
integré un equipo con otro compañero,  para preparar un proyecto que al 
presentarlo a fin de año,  en forma conjunta,  era la manera que se decidía si 
habíamos aprovechado y aprobado el curso.  Pero también integré otro equipo,  
esta vez éramos tres,  para estudiar juntos durante el año y para preparar 
exámenes.

Este último equipo nadie lo planeó.  Resultó como solución informal a un 
problema que nos ocurría.  En muchas clases era poco lo que entendíamos de las 
explicaciones del profesor.  Muy pronto en el curso la mayoría nos sentábamos 
en clase a hacer acto de presencia ya que no asimilábamos nada.  Perdíamos 
muchas clases con frecuentes huelgas.  Mi equipo no era el único.  Creo que 
eran excepción los que estudiaban solos.

Y ahora que vuelvo a pensar en esto,  lo que nos ocurrió era exactamente lo que 
describe muy bien Sugata Mitra al hablar de su famoso experimento de la 
computadora en el agujero de la pared,  al que se refirió en una conferencia 
que escuché.  Es más según nos dijo,  en forma natural sin instrucciones ni 
sugerencias,  los niños se agrupan,  de a "tres o cuatro" a discutir entre 
ellos sobre cómo usar esta computadora sin instrucciones ni manual,  que nunca 
habían visto antes.


Carlos Rabassa
Voluntario
Red de Apoyo al Plan Ceibal
Montevideo, Uruguay





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