Us re-envio misatge rebut

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Suponemos que estáis al tanto de que la Cadena COPE, dependiente de
la Conferencia Episcopal, emitió los pasados días 5, 6 y 7 unos
espacios "humorísticos" en los que se burlaban del intento de los
emigrantes subsaharianos por entrar a Europa.  Si no lo conocéis,
podéis entrar en la página web  www.cope.es/la_manana/grupo_risa1.asp
y comprobarlo personalmente.

Esto nos parece muy grave, ya que se trata de la vida y la muerte de
cientos de personas. Pensamos que dicha cadena informativa ha dado
un paso más (pero muy importante) en su tónica grosera y burda de
ataque fascista a cuanto quieren.

Pero como se da el caso de que COPE depende directamente de la
Conferencia Episcopal creemos que es esta, por medio de su
Presidente el último responsable de esta agresión a los mínimos
derechos de las personas, que es ser tratados con dignidad en su
dolor y, en algunos casos, en su muerte.

Por eso hemos elaborado dos cartas, una para ser firmada por grupos,
comunidades, comités, etc de todo tipo, tanto confesionales como no
(pues creemos que este tema es de ética pura). Y otra, exactamente
igual, para ser firmada a nivel individual.

Si estáis de acuerdo con el texto, únicamente tendrías que
imprimirlo y hacer tres sobres dirigidos a:

Monseñor D. Ricardo Blázquez Pérez, Presidente de la Conferencia
Episcopal española
Añastro, 1      28033 Madrid

Monseñor D. Juan Antonio Martínez Camino (copia de la carta)
Añastro, 1     28033 Madrid

Sr. Director de la Cadena COPE (copia de la carta)
Alfonso XI, 4  28014 Madrid

Poner en la carta el sello de la organización a la que perteneces,
el nombre de la persona responsable y la firma (y en el caso de
carta individual, el nombre y la firma).



Creemos que no podemos, por nuestra propia dignidad callar ante este
atropello y, si estáis de acuerdo con nosotros/as, os pedimos que
deis la mayor  difusión posible a esta campaña reenviando este
correo a todas las organizaciones y personas que pienses que pueden
estar interesados/as en este trágico tema.



Recibid un fuerte abrazo y nuestro agradecimiento por vuestra
colaboración,



COMITÉ OSCAR ROMERO DE MADRID

COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES DEL ESTADO ESPAÑOL











CARTAS COMO GRUPOS



Monseñor D. Ricardo Blázquez Pérez

Presidente de la Conferencia Episcopal española



c/c:

Monseñor D. Juan Antonio Martínez Camino

Secretario General, y

Sr. Director de la Cadena COPE





Madrid, 21 de Octubre de 2005





Señor Obispo:



Imaginamos que está al corriente de la emisión, los pasados días 5,
6 y 7
de octubre, por medio de la Cadena COPE, de una producción elaborada por
un tal llamado Grupo Risa, bajo el epígrafe de "Salto a la valla"
así como
otro montaje, también del mismo grupo, titulado "la valla estaba
repleta".
Por si no ha tenido ocasión de escuchar la burla que en ellos se
hace del
sufrimiento de centenares de inmigrantes subsaharianos, le remitimos
a la
página web donde puede encontrar la forma en que desde esta cadena
informativa, se mofan del dolor que representa el huir del propio país a
causa del hambre. Lo encontrará usted en
http://www.cope.es/la_manana/grupo_risa1.asp .



También estamos seguros que es usted consciente del patronazgo que la
Conferencia Episcopal española ejerce sobre dicha Cadena COPE y el
carácter de esta como portavoz de opiniones de la Conferencia que usted
preside.



Por lo anterior no enviamos esta carta, sino copia de la misma, al
Director de dicho medio informativo, sino a usted, como Presidente de la
Conferencia Episcopal, último responsable del tratamiento de las
noticias
en este medio de comunicación.



Es muy poco evangélico, Monseñor, hacer burla del sufrimiento de los
seres
humanos. Se puede tener la opción política que se desee, se puede optar
por una u otra forma de sociedad, se pueden priorizar unos u otros
valores. Pero nunca se pueden utilizar la muerte y las lágrimas de
nuestros semejantes para hacer bromas de mal gusto. Podemos aceptar,
aunque atente contra el buen gusto, los numerosos programas en los que
esta Cadena critica de una forma grosera a políticos y personajes
públicos, pero en esta ocasión, al traspasar la barrera de la ética, nos
sentimos dañados en nuestra integridad como seres humanos. No es lícito
usar la muerte y el sufrimiento de mujeres y hombres  trivializando esta
realidad para no sentirnos interpelados por ella.



La Conferencia Episcopal, salvo honrosas excepciones, no ha tenido la
gallardía, Monseñor, de tomar una postura beligerante y activa ante el
drama humano que supone la inmigración en nuestro país.



El fenómeno de la inmigración se debe, como usted bien sabe, a la
injusticia centenaria de los países del Norte, que se han enriquecido
expoliando durante siglos a los países del Sur y que, en este
momento, les
ahogan por medio de instituciones internacionales egoístas e
insolidarias.



No se puede compatibilizar el hablar, por una parte, de Jesús de Nazaret
y, al mismo tiempo mantenerse en silencio ante esta realidad de
muerte. No
se puede autotitularse como "pastores del pueblo de Dios" cuando no
están
ustedes defendiendo a los más débiles de ese pueblo. Ese Reino de
Dios por
el cual clamamos cada día pidiendo que "venga a nosotros", no se acerca
con actitudes como las suyas.



Es sorprendente ver en las calles de nuestras ciudades a nuestros
obispos
manifestándose a favor de la familia mientras no mueven ni un solo dedo
ante las guerras, ante el dolor, ante la injusticia ni ante la muerte.



Cristo supo, en cada momento, acercarse y consolar a aquellos que
necesitaban consuelo y supo comprometerse hasta tal punto que entregó su
vida por la causa de la Justicia. No parece que este acercamiento
amoroso
haya contagiado las actitudes de nuestros obispos, que fríamente
contemplan cómo el hambre azota a millones de criaturas humanas, sin
provocar en ellos reacciones verdaderamente evangélicas.



No confiamos demasiado que una simple carta pueda mover a la fraternidad
cuando las lágrimas no han conseguido este fin. Pero nuestra dignidad
personal, nuestra ética y nuestras creencias nos hacen dirigirnos a
usted
para, parafraseando a Monseñor Romero, decirle que "En el nombre de
Dios.
cese la represión" a los más débiles.



No cobijen más bajo el manto de la Conferencia Episcopal burlas a los
desarraigados por la miseria, no permitan la mofa ante la muerte en las
vallas de Ceuta y Melilla ni ante el abandono en pleno desierto de seres
humanos indefensos, no sean partícipes del pecado de insolidaridad, y
sepan asumir el luminoso papel de "pastores del pueblo de Dios" para el
que han sido llamados.



Atentamente,



CARTAS A NIVEL INDIVIDUAL



Monseñor D. Ricardo Blázquez Pérez

Presidente de la Conferencia Episcopal española



c/c:

Monseñor D. Juan Antonio Martínez Camino

Secretario General, y

Sr. Director de la Cadena COPE





Madrid, 21 de Octubre de 2005





Señor Obispo:



Imagino que está al corriente de la emisión, los pasados días 5, 6 y
7 de
octubre, por medio de la Cadena COPE, de una producción elaborada por un
tal llamado Grupo Risa, bajo el epígrafe de "Salto a la valla" así como
otro montaje, también del mismo grupo, titulado "la valla estaba
repleta".
Por si no ha tenido ocasión de escuchar la burla que en ellos se
hace del
sufrimiento de centenares de inmigrantes subsaharianos, le remito a la
página web donde puede encontrar la forma en que desde esta cadena
informativa, se mofan del dolor que representa el huir del propio país a
causa del hambre. Lo encontrará usted en
http://www.cope.es/la_manana/grupo_risa1.asp .



También estoy seguro que es usted consciente del patronazgo que la
Conferencia Episcopal española ejerce sobre dicha Cadena COPE y el
carácter de esta como portavoz de opiniones de la Conferencia que usted
preside.



Por lo anterior no envio esta carta, sino copia de la misma, al Director
de dicho medio informativo, sino a usted, como Presidente de la
Conferencia Episcopal, último responsable del tratamiento de las
noticias
en este medio de comunicación.



Es muy poco evangélico, Monseñor, hacer burla del sufrimiento de los
seres
humanos. Se puede tener la opción política que se desee, se puede optar
por una u otra forma de sociedad, se pueden priorizar unos u otros
valores. Pero nunca se pueden utilizar la muerte y las lágrimas de
nuestros semejantes para hacer bromas de mal gusto. Puedo aceptar,
aunque
atente contra el buen gusto, los numerosos programas en los que esta
Cadena critica de una forma grosera a políticos y personajes públicos,
pero en esta ocasión, al traspasar la barrera de la ética, me siento
dañado en mi integridad como ser humano. No es lícito usar la muerte
y el
sufrimiento de mujeres y hombres trivializando esta realidad para no
sentirnos interpelados por ella.



La Conferencia Episcopal, salvo honrosas excepciones, no ha tenido la
gallardía, Monseñor, de tomar una postura beligerante y activa ante el
drama humano que supone la inmigración en nuestro país.



El fenómeno de la inmigración se debe, como usted bien sabe, a la
injusticia centenaria de los países del Norte, que se han enriquecido
expoliando durante siglos a los países del Sur y que, en este
momento, les
ahogan por medio de instituciones internacionales egoístas e
insolidarias.



No se puede compatibilizar el hablar, por una parte, de Jesús de Nazaret
y, al mismo tiempo mantenerse en silencio ante esta realidad de
muerte. No
se puede autotitularse como "pastores del pueblo de Dios" cuando no
están
ustedes defendiendo a los más débiles de ese pueblo. Ese Reino de
Dios por
el cual clamamos cada día pidiendo que "venga a nosotros", no se acerca
con actitudes como las suyas.



Es sorprendente ver en las calles de nuestras ciudades a nuestros
obispos
manifestándose a favor de la familia mientras no mueven ni un solo dedo
ante las guerras, ante el dolor, ante la injusticia ni ante la muerte.



Cristo supo, en cada momento, acercarse y consolar a aquellos que
necesitaban consuelo y supo comprometerse hasta tal punto que entregó su
vida por la causa de la Justicia. No parece que este acercamiento
amoroso
haya contagiado las actitudes de nuestros obispos, que fríamente
contemplan cómo el hambre azota a millones de criaturas humanas, sin
provocar en ellos reacciones verdaderamente evangélicas.



No confio demasiado que una simple carta pueda mover a la fraternidad
cuando las lágrimas no han conseguido este fin. Pero mi dignidad
personal,
mi ética y mis creencias me hacen dirigirme a usted para,
parafraseando a
Monseñor Romero, decirle que "En el nombre de Dios. cese la represión" a
los más débiles.



No cobijen más bajo el manto de la Conferencia Episcopal burlas a los
desarraigados por la miseria, no permitan la mofa ante la muerte en las
vallas de Ceuta y Melilla ni ante el abandono en pleno desierto de seres
humanos indefensos, no sean partícipes del pecado de insolidaridad, y
sepan asumir el luminoso papel de "pastores del pueblo de Dios" para el
que han sido llamados.



Atentamente,

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