També em va arribar ... crec que estava penjar a la seva web, no se quina ... no estic segur, pereò la vaig llegir en una web, això segur.

----- Original Message -----
From: Jordi Manchon
To: [email protected]
Sent: Saturday, November 12, 2005 11:23 AM
Subject: [Internauta] MANIFIESTO...


I aquest d'en Buenafuente també m'arriba't, no se on va sortir publicat, ho sabeu vosaltres?
Salut

Jordi Manchon


YO SOY CATALAN

Yo soy catalán sí y sólo espero que las cosas vayan bien en todos los
aspectos de la vida. Sólo espero (sigo haciéndolo cada día) que el ser
humano o lo que queda de él, trabaje por un mundo mejor. Más justo, menos
competitivo y excluyente con los que no tuvieron la suerte de nacer en un
punto llamémosle rico del planeta. Para desear lo que acabo de decir, uno
puede ser catalán, gallego, croata, venezolano o de ninguna parte. Hay
gente que no se siente de ninguna parte. Hoy, he empezado denominándome
catalán a causa del enorme e incompresible chaparrón político que se ha
desatado sobre nuestras cabezas, cómo si no hubiera temas importantes Con
motivo de la ya
famosa propuesta del Estatut (que nadie ha leído), se ha
recrudecido y hasta envenenado el eterno debate sobre nuestros DNI, los
supuestos sentimientos de patriotismo y ese tipo de cosas que no nos
importan a la gente de la calle. Dado que ésta es una sociedad mediática
apabullante, los presuntos periodistas y sus grupos ejercen de jueces en
lugar de informadores.
Predisponen en lugar de servir las noticias. Así es como se oscurece el
clima y se cambian la palabra "debate", por "crisis" o "debacle nacional".
La derecha se apunta al carro de la crispación y demuestra que no sabe
vivir en la oposición. No tiene ideología. Sólo pretende recuperar el
control del "chiringito". Y, para eso, cuanto más grande e incuestionable
sea el "chiringuito" nacional pues mejor. A la derecha, le trae al fresco
la modernidad y la evolución del estado. Si pudiera, ni se hablaría de éso.
Como si callar, eliminara el problema. Los políticos, en general,
enfocan
los temas con torpeza, se les escapan de las manos y generan la inquietante
sensación de que "tenemos un problema". Bueno, pues yo no tengo ni quiero
tener problemas de este tipo. Yo exijo que el estado aplique todos sus
mecanismos legales y reguladores para eliminar el conflicto de nuestra vida
cotidiana. Somos libres. Nos gestionamos así y el miedo, el oscurantismo y
los apocalípticos deberían estar prohibidos. Porque no es sano, ni moderno,
ni democrático. Todos aquellos, los que sean, que aviven el fuego de la
controversia, deberían verse en un espejo y contemplar sus aspectos de
hechiceros de la tribu. Si Catalunya quiere un nuevo estatuto, ¿qué vamos a
hacer? Pues lo que dice la ley. Esperar a que el Parlamento español se
pronuncie y considerar todas las declaraciones vertidas durante el proceso
como un elemento más del juego democrático. De nada sirve juzgarlas por
separado. De nada ensalzar a los radicales, ni demonizar a los
que
discrepan, ni ridiculizar al gobierno. Bueno, sí. Sirve para cargarse al
estado. Aquí, donde yo vivo, nadie quiere ofender a nadie. Nadie quiere
enfrentamientos porque las heridas del pasado son demasiado dolorosas como
para desear reabrirlas. ¿Unidad Nacional? Estaremos unidos si respetamos
nuestras diferencias e identidades, conservadas con esfuerzo y alguna
tragedia a través de los siglos. Si nos sentamos en una mesa a construir la
España del siglo XXI, conseguiremos erradicar esa sensación de pantano
agrietado que amenaza con llevarse por delante tantos años de poso común.
Los tiempos cambian y los pueblos que conforman el Estado español son más
listos, avanzados y orgullosos. ¿Que hay de malo en eso? El orgullo sumado
nos hará más fuertes. Nos plantará ante Europa como un pulpo de tentáculos
rápidos y musculosos y no como un cangrejo con boina que camina hacia atrás
y no ve el progresos aunque lo tenga delante de sus narices. Soy
catalán.
Mis padres emigraron desde Andalucía tras una guerra fraticida. Mi jefe es
italiano y vive en Madrid. Uno de mis mejores amigos es de Chamberí. Su
hija nació en China. Mis parientes se reparten por Valencia, Murcia y
Galícia. Mi compañera de trabajo nació en New York. Toda esa gente, ahora y
aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien
nuestro futuro con sentido común y profesionalidad.

Andreu Buenafuente

Noviembre 2005







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