Como sabéis, en enero el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barañain 
(Navarra) vetó la presencia en la biblioteca de la localidad de dos periódicos 
que no le gustan, acto para el que ni legal ni racionalmente tenía ninguna 
potestad, pero que fue bendecido oportunamente por el “responsable” del 
Gobierno de Navarra en materia de bibliotecas.

También sabéis que ante semejante acto de injerencia y censura- ¿para qué tanto 
hablar de criterios profesionales, respeto a declaraciones internacionales, 
bla, bla, bla…?-, se emprendieron varias acciones que pretendían que se pusiera 
un poco de sentido común en todo este asunto- por cierto, antes de salir a la 
luz en prensa y foros como éste, transcurrieron 2 semanas de intentos con 
objeto de arreglar el tema en las “cocinas” y con suma discreción-. 

Sin embargo, lejos de todo esto, la sombra avanzó y en marzo el chapapote 
censor alcanzó las costas de las bibliotecas públicas de Pamplona. Algo 
previsible, ya que desde el principio esta cuestión solo ha respondido a 
cálculos políticos, eso sí, con una puesta en escena de lo más mutante, ya que 
en un principio la motivación de Barañain estribaba en la “defensa de la 
libertad” y luego mutó hacia la fiereza de la crisis- “pero yo te digo a qué 
títulos afecta la crisis”-, mientras que en Pamplona lo que se perseguía era 
“homogeneizar” criterios para la adquisición de prensa diaria- “que yo te digo 
qué se puede leer”-, mutando luego hacia el “compromiso con la democracia”, 
luego hacia la fiereza de la crisis, y por fin, al “quien paga manda”- 
contextualizándolo nuevamente en la fiereza de la crisis, que como ya sabemos 
es una especie de barra libre para algunos-. Es decir, todo fácilmente 
rebatible desde la lógica
 de la profesión- otra cosa es nuestra capacidad mediática-.

Así pues, no nos extraña la pretensión homogeneizadora- algo que es 
consustancial a los partidos políticos-, aunque agradeceríamos que buscasen 
otros escenarios para ello, dejando a uno de los pocos espacios públicos 
neutrales, libres de sus debates calculados y de escaso recorrido. Lo que no 
deja de abominarnos es la nueva “bula papal” que han vuelto a expedir nuestros 
“responsables bibliotecarios” a la clase alcaldable, ya que- a frotarse los 
ojos- a partir de ahora queda bendecida en un documento la “máxima 
bibliotecaria” de “quien paga manda” y que ese es un derecho que éste puede 
ejecutar cuando le venga en gana. Así que los criterios profesionales parece 
ser que quedan relegados a su aparición puntual en los temarios de oposiciones. 
Finito.

Ante este panorama desolador, los profesionales que atendemos las bibliotecas 
públicas de Pamplona hemos decidido que, como no queremos participar en un 
proceder que atenta directamente contra el espíritu de la Biblioteca Pública, a 
partir de ahora no vamos a seleccionar ni adquirir prensa escrita a la espera 
de que vuelvan tiempos en los que podamos ejercer nuestra profesión con 
libertad.

Por último, desde Asnabi queríamos agradeceros las numerosas muestras de apoyo 
que están llegando a nuestra dirección de correo, aunque si alguien se anima, 
quisiéramos invitaros a que esas muestras se hagan públicas en foros como éste- 
por aquello de que igual así alguien se daría todavía más cuenta de que no está 
cumpliendo con sus responsabilidades-.

Así las cosas, con el temor de que la pringosa mancha censora se extienda 
todavía a más bibliotecas navarras, un saludo y gracias.
 
Pablo Azpiroz Iribas
Vocal de la Junta de Asnabi y bibliotecario directamente afectado


 

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Los archivos de IWETEL  pueden ser consultados en: 
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