Sr. Alejandro V. Zerpa, me tomo unos minutos para clarificar algunos puntos
que ha plasmado Usted en su reciente intervención, a raíz de la difusión de
mi texto La destrucción del libro en Venezuela.
Parte Usted por poner en duda que soy bibliotecólogo y dramaturgo: "Eddy
dice ser bibliotecólogo y dramaturgo". Al parecer no cuenta con suficientes
datos para corroborar mis años de estudio y dedicación a estas profesiones,
aunque sí posee sobrados elementos para afirmar que soy cubano y opositor al
Presidente Chávez. Es evidente que su intención primera va dirigida a
desacreditarme, buscando con ello descalificar la información que he
difundido. No pienso, sin embargo, detenerme en mi defensa sino en otros
aspectos más delicados de su escrito.
Insta Usted a los administradores de la lista a "no permitir que se difame
el buen nombre de un autor eminente porque en otros casos se ha sabido
actuar a tiempo contra estas rencillas de tinte personal". En lo que a mi
respecta -que soy únicamente usuario, lector, usufructuario de los tantos
beneficios que ofrece esta lista- debo señalarle que en mi escrito no hay
pretención de difamar el nombre de Fernando Báez, ni tengo yo rencillas o
pleitos personales con él, ni otro interés que no sea poner de relieve la
situación actual de las bibliotecas públicas, el libro y la lectura, entre
otros temas de carácter cultural. El artículo que he distribuido en IWETEL
se ha construido sobre la base de denuncias realizadas por Miriam Hermoso,
actual presidenta del Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información del
estado Miranda (IABIM), relatos de bibliotecólogos de esta red (IABIM) e
investigaciones de la fuente periodística. He suministrado los enlaces a
estos artículos, a fin de que el lector amplíe la información y conozca la
fuente. Con mi escrito he intentado apuntar: 1. Alertar sobre la destrucción
del libro y 2. Alertar sobre el rol de la biblioteca pública como
instrumento de ideologización, al servicio de un proyecto
político-partidista. Ni más ni menos que otros señalamientos difundidos en
esta misma lista, donde evidencian y llaman la atención sobre hechos tan
lamentables como impedir la adquisición de la prensa que no responde a los
intereses político-partidistas del funcionario de turno. Ante esas
posiciones censoras, los bibliotecólogos y todos los profesionales de la
información tenemos que alertar.
En cuanto a la posición militante del respetable doctor Fernando Báez -cuyos
textos he citado más de una vez en diferentes trabajos, incluyendo mi tesis
de grado-, hay suficientes registros de su actuación en este sentido. Ana
María Hernández, periodista de El Universal, introdujo la siguiente pregunta
en una entrevista al actual director de la Biblioteca Nacional de Venezuela,
Ignacio Barreto: "A finales del año pasado se generó mucho ruido debido a
los afiches de contenido político que estaban en las paredes de la
Institución. ¿La Biblioteca es una institución para la propaganda roja? El
entrevistado, respondio: "Esa situación que ocurrió no fue avalada por los
funcionarios de la Biblioteca Nacional, y definitivamente tampoco fue
avalada por el Ministerio de la Cultura. Mucho menos por la Presidencia de
la República. Es una de las razones, entre otras, por las que sale Fernando
Báez. Esa es una manera mal entendida de hacer política, una forma cómoda de
asumir una posición política. Y digo cómoda porque no parte del fondo sino
de la forma. No nos molesta la presencia de carteles con la figura del
Presidente, esta es una institución pública y él es el presidente de la
República. Lo que sí tenemos que tratar de respetar es una serie de
normativas para el uso de las áreas públicas y, sobre todo, que hay
instancias dentro de las instituciones que son las que deben velar por esas
normativas". La entrevista en cuestión: "En la Biblioteca no se vetan
libros", puede leerse íntegramente en:
http://www.eluniversal.com/2009/03/30/til_art_en-la-biblioteca-no_1327376.shtml


Probablemente quiera Usted acusar de difamador al Licenciado Ignacio
Barreto, actual presidente de Biblioteca Nacional. Supongo que él tendrá que
asumir su responsabilidad penal, como apunta Usted, "por contribuir a la
difamación".

Asegura el señor Alejandro V. Zerpa: "He dedicado tiempo a estudiar el
trabajo de Báez que cita este sr. y puedo asegurar que lo que no le
perdonan al escritor es haber sido Director de la Biblioteca Nacional". En
lo que a mí respecta, difundí con agrado la noticia de la designación de
Fernando Báez a la presidencia del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional
(Leer en mi blog: Fernando Báez dirigirá la Biblioteca Nacional y Rodolfo
Porras el IAEM). Convencido en mi posición de que la biblioteca presta sus
servicios sobre la base de “…igualdad de acceso para todas las personas, sin
tener en cuenta su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o
condición social” y compartiendo este Manifiesto de la Unesco de 1994 sobre
la Biblioteca Pública, donde se lee además que: “ni los fondos ni los
servicios han de estar sujetos a forma alguna de censura ideológica,
política o religiosa, ni a presiones comerciales”, no pude más que
indignarme cuando Báez declaró: (2 de abril de 2008) que el rol social del
bibliotecario debe enfocarse en ”una gestión de compromiso social
revolucionario, con lo que significa el país y el proyecto extraordinario
que está ejecutando Hugo Chávez”. (Leer: La Biblioteca Nacional dará la
batalla contra el imperialismo cultural, disponible en:
http://www.bnv.bib.ve/desplegar_noticia.php?id=114 ). No miento entonces ni
incurro en difamación cuando indico que durante la gestión de Fernando Báez,
la biblioteca y el bibliotecólogo tuvieron un perfil y rol
político-partidista.

Concluye Usted, más o menos en un párrafo defensivo, abogando siempre por la
imagen del doctor Báez: “El problema con el autor de la *Historia Universal
de la destrucción de los libros*, obra traducida a 17 idiomas, fue su ataque
contra la transnacional IBM, su ataque duro a favor de los bibliotecarios
con responsabilidad social, su lucha contra sindicatos acostumbrados a
proteger sus intereses, su combate contra la influencia de la Biblioteca del
Congreso de Washington en América Latina y todo esto lo hizo sin presupuesto
y poco apoyo.  Es un bibliotecario de izquierda que ha asumido sus proyectos
con firmeza”.

El problema señor Zerpa no es Fernando Báez; el problema no es su obra, de
la cual me he declarado su admirador y lector recurrente; el problema son
los 46 mil textos que el Instituto Autonómo (IABIM) vendió como pulpa de
papel a centros de reciclaje, denuncia que se introdujo en la Fiscalía
General de la República (Leer la noticia en:
http://caracas.eluniversal.com/2009/03/21/grccs_art_en-fiscalia-denuncia_1309524.shtml
);
el problema es que del 2007 al 2008 desaparecieron 62.262 libros de las
bibliotecas del estado Miranda, las obras completas de Rómulo Gallegos,
libros de religión, filosofía, literatura infantil, entre otros; libros que,
según admite el encargado de la Recuperadora 31-35, vinieron de la
Gobernación de Miranda y cuyo destino será la elaboración de papel higiénico
y servilletas (Leer en El Nacional o noticiero digital:
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=507890 ).

Siendo Báez un defensor de la memoria cultural de los pueblos, seguramente
tendrá algo más que decir al respecto, más allá de indicar su total
desconocimiento de actuaciones que ocurrieron durante su gestión. Sólo
confío en que el apreciado investigador no haya estado de espaldas a este
bibliocausto, tal como hicieron los soldados norteamericanos ante el
memoricidio de Irak. Como bibliotecario y humanista, no puedo vendarme los
ojos o aceptar la destrucción de los libros. No podría estar ajeno a la
destrucción nacional o universal de las bibliotecas, los libros, la lectura
o los lectores.

Respetuosamente,

-- 
Eddy Díaz Souza
Bibliotecólogo y Dramaturgo
http://artedfactus.wordpress.com/


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