EN PORTADA 
 
La edición científica tradicional frena la difusión del saber 

CADA VEZ MÁS INVESTIGADORES OPTAN POR PUBLICAR EN REVISTAS DE ACCESO ABIERTO
PARA AUMENTAR EL IMPACTO DE SUS ARTÍCULOS 
 
ÁNGEL DÍAZ (23-04-09)
 
[en http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2009/548/1240351203.html ]

Una compañía telefónica acaba de usar para anunciarse la imagen de un
Alexander Graham Bell, admirado y aturdido, contemplando los avances de la
era digital. Pero, por algún motivo, el reclamo publicitario no funcionaría
igual si el 'resucitado' inventor se interesara por la edición científica,
cuyos fundamentos también contribuyó a asentar al convertirse, en 1880, en
uno de los impulsores de la revista 'Science'. No encontraría hoy Bell
ningún artilugio parecido a los que él manejaba, pero sí podría dirigirse al
quiosco y pagar unas monedas por un ejemplar en papel de su antigua revista.
Como en la era victoriana.

Sin embargo, el sistema tradicional de difusión de la ciencia podría tener
los días contados. Cada vez son más los investigadores que cuestionan el
viejo modelo y va a ser muy difícil convencer a los estudiantes de hoy, la
llamada 'generación Google', de que no todo está en 'Wikipedia' y el saber
también cuesta dinero. El 'open access' (o, en español, libre acceso), aún
menos desarrollado de lo que debería según los expertos, está ganando
adeptos porque permite a los autores una mayor difusión de las
investigaciones académicas, lo cual a su vez repercute en un mayor prestigio
para ellos y un mayor aprovechamiento social de sus descubrimientos e ideas.

De hecho, hay autores que consideran que la publicación gratuita en internet
de los artículos científicos provoca un importante incremento de las
ganancias generadas por la investigación académica. De acuerdo con un
informe del Centro de Estudios de Estrategia Económica (CSES), adscrito a la
Universidad de Victoria (Australia), un aumento de la accesibilidad
incrementaría el retorno económico en I+D y generaría importantes ganancias
en todos los países de la OCDE, incluida España. Según los autores del
estudio, un aumento de la accesabilidad mejoraría la eficacia de las
investigaciones y atraería más inversión pública y privada.

Aunque es posible que tal situación aún quede muy lejos. «Es verdad que el
retorno sería más rentable, pero el 'open access' cuesta dinero», indica
Alicia López Medina, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
(UNED). «Las revistas de acceso abierto son también un modelo de negocio;
paga el autor o la institución en vez del usuario», aclara. «Hoy en día,
como funcionan los dos sistemas [tradicional y libre acceso] en paralelo, lo
que hemos conseguido es gastar más dinero de lo normal».

En cualquier caso, los expertos coinciden en que el 'open access', «mucho
más atrasado en España que en otros países», es una oportunidad que no se
debe dejar pasar. «Las ventajas son que no cuesta nada al usuario final, se
distribuye más rápidamente y llega a más gente», concluye López Medina. No
en vano, las economías más desarrolladas son también las primeras en acceso
directo. «Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra,
Holanda, Alemania, países nórdicos y otros países de nuestro entorno», son
algunos de los ejemplos que cita Antonio Hernández Pérez, de la Universidad
Carlos III.

Aunque existe la percepción generalizada de que nos encontramos en una fase
de transición, el sistema tradicional de publicación ha demostrado su
robustez durante siglos y aún conserva su prestigio. En cambio, existe
cierta ignorancia sobre las posibilidades del 'open acces'. «Y, en la
mayoría de los casos de aquellos que lo conocen, se puede decir que existe
desconocimiento del marco regulatorio e incluso temor respecto a la
posibilidad de vulnerar los derechos de las revistas en la que han publicado
o en las que piensan publicar», sostiene Hernández Pérez.

La realidad, según un estudio que acaba de presentar el Consorcio de
Publicaciones de Investigación (PRC), es que los autores ignoran factores
clave de los contratos de edición de sus propios textos, y la mayoría tiende
a pensar en condiciones más restrictivas de lo que realmente son. «La
mayoría de los acuerdos permiten a los autores proveer copias [de su
artículo] a sus colegas, incorporarlo en sus propias obras, colgarlo en un
sitio web personal o de su Departamento o en un repositorio institucional
[de acceso público], así como usarlo como material didáctico», asegura el
PRC.

De hecho, persiste cierta confusión entre la gratuidad para el lector y el
ánimo de lucro, dos circunstancias que, en realidad, no están contrapuestas.
Hay fundaciones sin ánimo de lucro cuyas revistas no están disponibles en
acceso abierto y que se muestran contrarias a este movimiento. Por otra
parte, tal y como recuerda en su blog Timo Hannay, director de 'nature.com',
la revista 'Nature' mantiene un modelo de negocio tradicional, basado en
ventas y suscripciones, pero tiende a mostrarse a favor de las iniciativas
de libre acceso, incluida la polémica 'Wikipedia'. Sin embargo, Hannay
mantiene que proyectos como la 'Public Library of Science (PLoS)', que edita
varias revistas 'online' de libre acceso, «están fracasando en aspectos
fundamentales».

Pero, si la viabilidad financiara del 'open access' es una cuestión abierta,
no lo es tanto el hecho de que la publicación tradicional está en crisis.
Stevan Harnad, investigador de la Universidad de Southampton y uno de los
principales defensores del acceso abierto, señala dos probemas
fundamentales: la «asequibilidad» y el «impacto». El primero se basa en una
premisa evidente: «Aunque todas las revistas se vendieran a precio de coste,
casi ninguna Universidad podría permitírselas todas, o ni siquiera la mayor
parte de ellas». El segundo se refiere la repercusión que obtiene el autor
con su trabajo: «Antes de que alguien pueda citar un artículo, primero debe
acceder a él», comenta Harnad.

Existe cierto acuerdo en que los artículos de acceso abierto son más citados
que los de acceso restringido, y el índice de citaciones es, precisamente,
uno de los parámetros más usados en la actualidad para medir la calidad de
un científico.

Además, hay que tener en cuenta que el autor no cobra por publicar, ya que
se considera parte de sus obligaciones como investigador. Tampoco cobran los
colegas que revisan su texto, introducen las pertinentes correcciones y dan
el visto bueno, lo que configura el método de revisión por pares ('peer
review') en que se basa el sistema científico en la actualidad.

Por ello, muchos investigadores prefieren publicar mediante licencias como
el 'Science Commons', la versión académica de 'Creative Commons', que
reserva algunos derechos de autoría pero autoriza el libre acceso y la
reproducción de los textos. La mayoría de las revistas de prestigio mantiene
en la actualidad un modelo mixto que permite la publicación en abierto,
aunque en este caso son el autor o, generalmente, su institución los que
corren con los gastos. Pagan entre 3.000 y 4.000 euros y, a cambio, su
artículo es accesible gratuitamente, lo que se espera que derive en una
mayor repercusión y relevancia de los resultados publicados.

Por supuesto, también existen revistas que publican todos sus contenidos en
acceso abierto, muchas de ellas agrupadas bajo el directorio DOAJ. Este
método se conoce como la 'vía dorada' del 'open access'. La otra forma más
extendida es el empleo de repositorios de libre acceso, lo que se denomina
'vía verde'. Existen repositorios institucionales, tales como Recolecta
-gestionado por la Fundación para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) y la
Red de Bibliotecas Universitarias Españolas (Rebiun)- o temáticos, como el
'Arxiv', que depende de la Universidad de Cornell y acoge investigaciones
relacionadas con la Física y las Matemáticas desde 1991. Una de las críticas
más extendidas a la 'vía verde' es que, en muchos casos, los artículos no
han pasado aún por el 'peer review', aunque, en rigor, el control de calidad
está reñido con el acceso gratuito.

Para las bibliotecas universitarias e institucionales, este sistema de
publicación representa una importante ventaja, ya que les permite «el
desarrollo de una colección digital propia sobre la que se poseen los
derechos de todo lo allí depositado», de acuerdo con Hernández Pérez. Quizás
la mayor paradoja del sistema tradicional consista en que una institución
académica ha de pagar dos veces para poder acceder a sus propios resultados.
Una universidad financia un estudio, sus autores lo publican en una revista
clásica y dicha universidad ha de volver a pagar al editor para que su
biblioteca tenga acceso al artículo.

Lo cual, además, conlleva que a veces se pierda la información por el
camino: «Aunque suene extraño, al menos en las universidades, los
investigadores publican y a la Universidad le cuestaestablecer mecanismos
para conocer la producción científica de sus investigadores», relata
Hernández Pérez.

 

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LA LEY DE LA CIENCIA OBLIGARÁ A COLGAR LOS ARTÍCULOS EN LA WEB 


Comunidades autónomas como Madrid y Asturias ya han establecido como mandato
que sus investigaciones financiadas con dinero público sean de acceso
abierto. El borrador de la nueva Ley de la Ciencia y la Tecnología, que
presentó el Ministerio de Ciencia e Innovación y que aún no ha sido llevada
al Parlamento, también establece la obligatoriedad de difundir los
resultados en su artículo 33. 

«Los agentes del Sistema Español de Ciencia y Tecnología impulsarán el
desarrollo de repositorios, propios o compartidos, de acceso abierto a las
publicaciones de su personal de investigación», señala el borrador, que
también establece obligaciones concretas a universidades e institutos
científicos: «Los investigadores cuya actividad investigadora esté
financiada con fondos de los Presupuestos Generales del Estado harán pública
una versión digital de la versión final de los contenidos que les hayan sido
aceptados para publicación en publicaciones de investigación seriadas o
periódicas, tan pronto como resulte posible, pero no más tarde de seis meses
después de la fecha oficial de publicación». 

Para Alicia López Medina, coordinadora del repositorio español Recolecta,
«La Ley de la Ciencia supondría un avance absoluto». 
 

Charo Olveira
Dpto. de Documentación
GRUPO EDITORIAL LUIS VIVES
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