*Con su proyecto de poner en línea libros de todo el mundo, Google busca
reconciliar internet con la lectura a profundidad. El historiador Robert
Darnton, director de las bibliotecas de Harvard, comparte aquí tanto su
entusiasmo como sus reservas.*
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*¿Internet realmente desquicia el mundo del libro y de la lectura?*
La respuesta es sí, pero tampoco hay que caer en la exageración utópica.
Algunos hablan incluso del fin de un mundo. Si se contempla a largo plazo,
la llegada de internet es un cambio tan importante como el invento de los
tipos móviles de Gutenberg. Los medios utilizados para comunicar e
intercambiar ideas están en plena transformación, lo cual crea un estado de
exaltación que nubla un poco la conciencia de lo que realmente está pasando.
Yo creo que la mayor parte de los lectores, para apropiarse de textos de
cierta extensión y profundidad, seguirá leyendo libros impresos. Sin
embargo, sabemos que el proceso de formación y diseño de esos libros es ya
radicalmente distinto del que se usaba en el pasado; ahora debe realizarse
de manera digital. Y existen libros híbridos, mitad papel y mitad
electrónicos; también hay libros completamente electrónicos y toda clase de
intercambios textuales en muchos otros soportes. Todo esto transforma la
manera en que los lectores leen, los autores escriben, los editores publican
y los libreros venden.

*¿Qué le hace pensar que el libro en papel sigue teniendo futuro?*
La historia lo muestra: un medio no desplaza al otro. Ahora sabemos que la
publicación de manuscritos continuó después de Gutenberg, hasta principios
del siglo XVIII. Mi amigo el historiador del libro Donald McKenzie sostenía
que, en el caso de obras con tirajes de menos de cien ejemplares, era más
barato confiarlas a los copistas que imprimirlas. La radio no desplazó a los
periódicos, así como la televisión tampoco eliminó la radio o el cine. El
libro electrónico no hará desaparecer el libro clásico. Creo que más bien
llegaremos a un nuevo equilibrio, una nueva ecología de lo escrito.

*¿Qué opina del proyecto de Google que busca digitalizar gradualmente todos
los libros del planeta?*
Soy un firme creyente en la democratización del saber. La invención de la
imprenta fue una etapa esencial en ese proceso, que luego siguió
desarrollándose, a finales del siglo XIX, gracias a la utilización de la
pasta de papel y las prensas con motores de vapor. La digitalización de los
libros es una nueva etapa. Es una perspectiva emocionante. El buscador
Google pondrá el conocimiento acumulado en los libros al alcance de todos o,
al menos, de quienes dispongan de acceso a internet. Me parece además muy
relevante para los investigadores. Al estar a la cabeza de la biblioteca
universitaria más grande del mundo, apoyo la completa digitalización de
todos los libros de temas de interés general y estoy de acuerdo con la
iniciativa de poner en línea progresivamente, y de manera gratuita, todos
los libros de nuestras colecciones cuyo contenido sea ya del dominio
público. Harvard fue una de las primeras universidades en firmar, en 2006,
un acuerdo en ese sentido con Google, y me alegro de ello. Es un paso
tangible hacia la instauración de una república de las letras, y de una
ciudadanía universal en el seno de esa república. Una idea que hace diez
años se juzgaba como utópica comienza a tomar cuerpo.

*Pero este proyecto de Google no ha sido recibido con aprobación unánime,
por decir lo menos. ¿Qué piensa de los argumentos de sus detractores?*
Hay muchas formas de crítica posibles. Se puede poner el acento en el
peligro que representaría el poder que obtiene una sola empresa para
gestionar el conocimiento, no solamente estadounidense sino mundial. En
Francia, mi amigo Jean-Noël Jeanneney, quien dirigió la Biblioteca Nacional
de Francia, publicó un libro sobre ese tema [*Quand Google défie l'Europe:
plaidoyer pour un sursaut, *2005]. No le parece bien que una compañía
estadounidense quiera digitalizar todo el patrimonio literario europeo. Él
apoya la idea de que Europa responda digitalizando sus propios libros.
Quizás haya en esto un poco de antiamericanismo, aunque Jeanneney conozca
bien Estados Unidos y no sea, en principio, un antiamericano. Pero su punto
de vista se sostiene perfectamente. Me parece por completo legítimo que las
instituciones europeas se preocupen de digitalizar su patrimonio, de acuerdo
con sus propios criterios. Eso será muy positivo para todos, incluyéndonos a
nosotros, los estadounidenses.

*¿De qué manera favorecería a los estadounidenses que los europeos
digitalicen sus fondos editoriales?*
Porque la revolución digital también representa grandes peligros. No estamos
a las puertas de la tierra prometida. Avanzamos lentamente, con grandes
confusiones, por un territorio nuevo, en gran parte inexplorado. De modo que
resulta esencial disponer de una variedad de enfoques. Creo que es posible
darle la bienvenida a la iniciativa de Google y, al mismo tiempo, conservar
la distancia. En un artículo que publiqué hace poco en *The New York Review
of Books *expuse las razones para, en mi opinión, no dar un salto al vacío
en este tema.

*¿Cuáles son sus reservas ante la iniciativa de Google?*
Bueno, me pongo en guardia contra los entusiasmos desbordados. Los
admiradores de Google afirman que todos los libros estarán disponibles en
línea. Y eso no es exacto. No es lo que podemos contemplar para Estados
Unidos ni, a fortiori, para el resto del mundo. No es viable, concretamente,
dado el enorme número de volúmenes dispersos por todas partes. Tampoco es
viable desde el punto de vista jurídico. Los derechos de autor literarios,
cuyas reglas son muchas veces arcaicas, son un gran obstáculo para la
digitalización total. Así que hay límites cuantitativos. Y también
cualitativos. Una obra del siglo XVIII, por ejemplo, suele contar con
numerosas ediciones, algunas de ellas piratas. Cada edición representa un
interés particular, por diversas razones. ¿Cuál de todas va a privilegiar
Google? Que yo sepa, la empresa no cuenta con ningún bibliógrafo.
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*¿Quiere usted decir que la calidad del fondo editorial digitalizado por
Google dejará que desear?*
Es inevitable. Se cometerán errores en todos los niveles: la elección de los
libros, la reproducción de los textos, de las imágenes. ¿Cómo va a operar el
control de calidad en decenas de millones de títulos? ¿Y cómo es que el
buscador de Google va a determinar el rango, la ordenación con la que se
presentarán los libros? También podemos preguntarnos acerca de la duración
de los métodos de digitalización que serán utilizados. Los programas y los
soportes informáticos caducan con rapidez. ¿Qué medios garantizan la
conservación de los archivos? ¿Cuál es, por otra parte, la duración de la
empresa misma, de Google? Es algo que hago notar en mi artículo: hemos
perdido ya el ochenta por ciento de los filmes mudos y cincuenta por ciento
del total de las películas filmadas antes de la Segunda Guerra Mundial. Lo
de Google está muy bien, ¡pero las bibliotecas no han dicho su última
palabra!

*¿No hay una paradoja en ver al libro como una baza del futuro de internet,
cuando internet parece alejarnos de los libros?*
En este punto creo que también hace falta introducir la mirada de los
historiadores, a largo plazo. Internet nos aleja de los libros y, en ese
sentido, las nuevas generaciones tienden a pensar que toda la información
posible se encuentra en línea y que es globalmente fiable. Sucede incluso
con los muy selectos estudiantes que entran a Harvard. De modo que hace
falta enseñar el uso crítico de internet. Dicho lo cual, no podemos
quedarnos con la idea de que la distorsión de la información, la
maleabilidad de los textos y la ambigüedad o el bajo nivel de confiabilidad
de las fuentes son fenómenos recientes. Los periódicos siempre han ofrecido
solamente ciertas versiones de los hechos reales. Como mencionaba al hablar
del siglo XVIII, el libro mismo no era considerado como un objeto estable,
digno de confianza. Para dar un ejemplo, la edición más leída de la
*Enciclopedia
*de Diderot en el siglo XVIII contenía cientos de páginas que no existían en
la edición original. Esas páginas fueron introducidas por un cura para
reproducir pasajes de un sermón de su obispo, y así ganarse su aprecio.

*En su opinión, la revolución digital sacude pero no trastorna completamente
el mundo del libro. ¿Diría lo mismo acerca de los modos de leer? ¿La lectura
rápida no acabará por reemplazar a la lectura regular, lenta?*
Soy un partidario entusiasta de la lectura lenta. De hecho, soy un lector
bastante lento. La lentitud me parece un elemento esencial del placer de la
lectura, pues deja lugar a las asociaciones libres, a la imaginación, a los
fantasmas productivos. Abre la puerta a nuevas ideas, a la posibilidad de
crear nuestras propias relaciones, de alguna manera. Los jóvenes ahora se
forman cada vez menos en la lectura lenta, y se inclinan menos por ella. Lo
cual no quiere decir que lo digital no es un instrumento fabuloso. Con sólo
presionar aparece una nueva pista, instantáneamente. Se pueden grabar
cuarenta títulos sobre un soporte tan ligero como un libro de bolsillo. La
rapidez de los modos de lectura queda pues compensada por las muchas puertas
que podemos abrir. En ese sentido, se está creando una nueva ecología de la
escritura.
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*Traducción de Una Pérez Ruiz© *Book
*Entrevista realizada por la revista francesa *Books *(no 1, diciembre
2008-enero 2009)**.
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Fuente:
http://www.revistasculturales.com/articulos/91/letras-libres/1056/1/la-biblioteca-google-entrevista-con-robert-darnton.html
 Un saludo,
Julián Marquina
Documentalista


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Julián Marquina Arenas
Director RecBib - Recursos Bibliotecarios

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