Es francamente interesante el debate, pero el problema puede ser más profundo, en mi opinión. ¿Interesan realmente los centros encargados de organizar y difundir la información y documentación a la sociedad española y, dentro de ella, a los políticos? Estos centros (no me atrevo a escribir las palabras biblioteca o centro de documentación) han mejorado muchísimo desde que comencé mis andanzas profesionales en el último cuarto del pasado milenio, es decir, en 1974. Hoy, al menos, oigo a los jóvenes hablar por la calle de "Voy a la biblioteca" "¿Quedamos en la biblioteca?". Antes, ni eso. Pero, ¿van a utilizar las bibliotecas o a estudiar, a aprovechar un espacio que no encuentran en su domicilio? Me temo, que los verdaderamente interesados en sacar el máximo provecho de los recursos informativos, continúa siendo una minoría. Y no hablemos de los políticos actuales y pasados, salvo los que tienen que gestionar la política del libro y bibliotecas. Un@ alt@ cargo del actual gobierno, estuvo tentad@ de suprimir la biblioteca y el repositorio digital donde trabajo. ¿Motivo? Ahorrar dinero y una frase que ya he escuchado a varios individuos de la especie humana: "¿Para qué precisamos la biblioteca si todo está en Google?" Con esta sociedad y con estos políticos, ¿cómo se pueden mejorar los estudios de biblioteconomía y documentación?

Esa es una realidad, lamentablemente. Otra es la consideración social y profesional que los bibliotecarios y profesionales de la información y documentación tienen en el sector público. La mayoría de altos cargos ajenos al mundo de la cultura y educación, desconocen la existencia de la diplomatura y licenciatura de Biblioteconomía y Documentación. Para ellos basta con funcionarios del grupo C1 (bachilleres superiores), lo que, de nuevo, me evoca la biblioteca de la UCM en la que trabajé desde 1979 a 1982. Y si eres un funcionario del grupo A1 (Licenciado), te ponen a realizar estricto trabajo administrativo, permitiéndose el lujo de devolverte un oficio remitido por e-mail para que corrijas un acento que falta. ¡Ay si protestas! ¡Te relegan a un tercer o cuarto plano y te ignoran con lo que perjudicas a la biblioteca o centro de documentación y a las personas que trabajan contigo!. En fin, no deseo desmoralizar más, pero los docentes y los discentes deben conocer más y mejor la realidad laboral de la mayoría de las bibliotecas y centros de documentación.

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Luis Ángel García Melero


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Los archivos de IWETEL pueden ser consultados en: http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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