ACADEMIA Y CIENCIA COLECTIVA

Luis Javier Martínez

Miembro del grupo ThinkEPI

 

PLANTEANDO LA SITUACIÓN

De toda la información que se propaga y comparte culturalmente entre los
homo sapiens, a través del lenguaje, llamamos ciencia al segmento que
resulta más depurado y fiable como descripción de la realidad. Su estatus de
discurso cualificado lo adquiere a través de métodos que han ido
perfilándose gradualmente en el tiempo, desde la Antigüedad. Así, entre los
atributos que distinguen la información como científica están los de ser
refutable, crítica, progresiva, experimental, predictiva, matematizable,
etc. Pero hay consenso en que una de sus notas esenciales es la de generarse
y validarse como conocimiento intersubjetivamente, a través de la
comunicación científica, en el seno de comunidades de expertos regidas por
reglas, instituciones y protocolos de interacción.

Por eso, el discurso científico no es independiente de los procedimientos
técnicos para su construcción social, es decir, de los registros y las
tecnologías de la información. La revolucionaria ciencia moderna, por
ejemplo, se constituyó con la imprenta, sobre la base de una república de
las letras que dispuso de copias abundantes y asequibles del saber clásico y
donde sus miembros se relacionaban mediante libros, correspondencia y luego
revistas (Eisenstein, 1979). La ciencia y el saber griegos prosperaron
gracias a un eficiente sistema de escritura fonética que dinamizó la
educación, el aprendizaje y la erudición (Solís y Sellés, 2007, p. 22-23). Y
así sucesivamente. 

¿Qué ocurre, pues, si los medios de comunicación científica mutan de manera
drástica? Que cambia con efectos proporcionales el sistema de investigación
y los resultados, los textos, discursos, contenidos científicos (Chemla,
2004). Históricamente, los avances en la intercomunicación, en la
proliferación de la información, han provocado importantes despegues de la
ciencia.

EL NUDO DEL PRESENTE

Las actuales tecnologías informáticas y comunicativas (TIC) han modificado
la manera en que el saber científico se registra, publica y utiliza
(revistas electrónicas, bases de datos, repositorios, etc.) En general, los
procesos de difusión y transmisión del conocimiento se han vuelto más
ágiles. Pero la comunicación científica, además de (i) la difusión
(contemporánea) y (ii) la transmisión (histórica) de la información, viene
cumpliendo otras funciones: (iii) evaluación o justificación del
conocimiento, (iv) construcción de consenso entre los expertos y (v)
acreditación y reconocimiento de los investigadores. Estas últimas funciones
apenas han cambiado hasta ahora con los nuevos formatos de publicación; se
han ampliado las fronteras y la accesibilidad, pero subsiste el marco
institucional de interacción de las comunidades científicas.

Sin embargo, cabe preguntarse si la aceleración del cambio tecnológico y las
innovaciones más recientes, como las ciberinfraestructuras y plataformas
grid, o la web social, alteran y dinamizan la produción del conocimiento
científico y afectan a la investigación hasta provocar cambios
revolucionarios.

Las ciberinfraestructuras y plataformas de computación científica
distribuida se despliegan en los terrenos clásicos de la “big science” y en
general donde se emplean muchos datos y potencia de cálculo. Abarcan desde
la captación de información observacional hasta el uso compartido de
resultados factuales y textuales, pasando por el tratamiento, análisis y
modelización computacional de los datos. Son, pues, medios tecnológicos para
la producción masiva y organizada de conocimiento. La aplicación de la web
2.0 a la ciencia entraña a su vez que la información es generada y
compartida de modo cooperativo mediante las TIC y amplios grupos participan
aportando contenidos, de manera ágil y poco controlada por normas, llevando
el “acceso abierto” hacia una construcción abierta de la ciencia, al estilo
wiki.

Estos desarrollos están siendo descritos y/o debatidos de forma intensa. Por
ejemplo, por parte de Cabezas, Torres y Delgado (2009), Codina (2009), Hey y
Hey (2006), Hey y Trefethen (2005), Meyer y Shroeder (2009), Serrano, Orduña
y Robles (2009), Shneiderman (2008), Torres (2009), Waldrop (2008a), o en
varias contribuciones de un número de Nature de septiembre pasado (vol. 544,
núm. 7209), singularmente Waldrop (2008b). 

¿Es coherente y compatible la ciencia académica con la investigación grid o
con una interacción 2.0 a gran escala? ¿Cómo pueden repercutir estas
innovaciones en la conformación del saber científico? En principio, una
mayor intercomunicación aumenta la productividad, pero ¿los cambios
comunicativos alterarán las instituciones sociales de la ciencia clásica, o
éstas tendrán mayor capacidad de supervivencia?

POSIBLES CONFLICTOS Y DESENLACES

La inspiración de las innovaciones comunicativas en la investigación procede
tanto de la “ética hacker” del emprendedor solidario y altruista (Torres,
2009) como de la tecnociencia del complejo científico-industrial. No está
claro qué implantación o éxito puedan alcanzar la e-ciencia o la ciencia
2.0, pero las novedades apuntan hacia una especie de “ciencia colectiva”,
constituida a través de la contribución de muchos individuos. Si tales
prácticas se consolidan, comportarán nuevas formas de sociabilidad
científica, y por tanto la investigación tomará un carácter diferente.
Sabemos que la ciencia se viene basando cada vez más en la cooperación, pero
el surgimiento de una “ciencia colectiva” sería novedoso.

El movimiento hacia una ciencia colectiva supone que los protagonistas no
son tanto los sujetos individuales, expertos investigadores asociados
libremente, como un complejo sistema sociotécnico integrado por agentes
humanos y plataformas tecnológicas. La ciencia siempre ha sido comunicativa,
pero también individualista. La lucha por las prioridades y los
reconocimientos ha formado parte de la historia e instituciones de la
ciencia tanto como el espíritu de colaboración y la generosidad. Incluso,
uno de los acicates del acceso abierto es el deseo de alcanzar mayor
visibilidad y repercusión.

Es frecuente la queja de que la ciencia está llegando tarde a la web 2.0
porque en la Academia hay resistencias o inercias frente a los cambios
auspiciados por las TIC (Butler, 2005; Cabezas, Torres y Delgado, 2009;
Waldrop, 2008b). Por más que acrecentar la intercomunicación haya sido una
constante, las nuevas iniciativas, la ciencia colectiva, contravienen
algunas reglas sociales e instituciones clásicas de la ciencia:

*          La crítica y justificación del conocimiento, hasta ahora centrada
en la revisión por pares, individuos concretos y responsables, se vería
sustituida por sistemas de evaluación colectiva, caracterizados por la
intervención de la comunidad de formas más difusas y tecnificadas.

*          La autoridad de unos textos científicos estables y validados
mediante cauces regulares y consenso de comunidades de expertos es
cuestionada por el dinamismo y la espontaneidad de las aportaciones en la
red, que se teme podrían menoscabar la demarcación entre ciencia y no
ciencia.

*          Los marcos asociativos tradicionales (universidades, centros de
investigación, sociedades científicas, revistas, etc.) se contraponen a
nuevas instituciones de relación y diferentes reglas de interacción, más
abiertas y globales, menos jerárquicas y endogámicas (redes sociales,
comunidades virtuales, etc.)

*          Los derechos morales de propiedad intelectual y autoría, impronta
distintiva de la ciencia y del mundo moderno, tendrían que relajarse o
diluirse en los nuevos escenarios donde el protagonismo individual cede
terreno, hasta llegar al anonimato, ante el conocimiento compartido.

*          La propiedad privada industrial de los resultados
tecnocientíficos, aunque escapa al investigador individual para ser
corporativa, constituye una resistencia peculiar a la colectivización, en
tanto la explotación comercial exclusiva ofrezca ventajas egoístas frente al
altruismo cooperativo (procomún).

*          Los sistemas de acreditación, prioridad, reconocimiento y
meritocracia académicos quedan en cuestión o son un foco de oposición a las
innovaciones en la construcción social de la ciencia, que a pesar de su
tradicional carácter comunicativo siempre se basó en el protagonismo
personal de los científicos. 

*          Incluso el análisis métrico de la relevancia o impacto de la
investigación, tan popular y conveniente para la gestión y explotación de la
investigación, es difícil de trasladar a un escenario de “wikiciencia” sin
importantes cambios o nuevas técnicas y concepciones.

*          El juego de tendencias de signo contrario, cambio y resistencia,
y la eferverscencia de múltiples sistemas tecnológicos, provocan un
acentuado polimorfismo en la comunicación científica y en la elaboración de
la ciencia, donde reina la diversidad y, en buena medida, los conflictos.

*          La mediación en contenidos propia de los profesionales de la
información se torna incierta ante la preponderancia de la mediación
computacional y la multiplicidad, fragmentación y especialización de los
contenedores, aunque tiene su oportunidad en el cuidado (“curation”) de
datos y textos.

El mundo de la Academia y de la ciencia clásica ha estado asociado al “ideal
del sujeto”, propio de la Modernidad, que favorece las nociones de autoría,
excelencia y creatividad personales, propiedad privada intelectual, etc.,
valores vinculados también a la ética protestante del éxito en la vida. Las
normas e instituciones científicas han sido consonantes con esta cultura: la
ciencia se ha construído en una comunidad de individuos libres y autónomos
que buscan el reconocimiento de los demás y no sólo el bien común.

En la era de la información industrializada, sin embargo, con el ocaso del
sujeto moderno, el logro intelectual personal cede el paso a una
inteligencia colectiva edificada sobre la estructura de potentes TIC. Aunque
en contra de valores y reglas clásicas del individualismo moderno, sobre el
sustrato y fermento tecnológico crece a pesar de todo el “crowdsourcing”, la
ciencia colectiva, de estirpe “hacker” o tecnocientífica. La información se
sigue depurando para ser cualificadamente científica, pero como parte de una
inteligencia general de la especie cada vez más global, externalizada,
distribuida, reticular, neurodigital, “ciborg”. La ciencia aparece no como
el patrimonio de una república de sabios, sino como la parte más
evolucionada de una inteligencia de enjambre.

 

REFERENCIAS:

Butler, D. 2005. “Science in the web age: joint efforts”. En: Nature,
438(7068):548–549. 

Cabezas, Á.; Torres, D.; Delgado, E. 2009. “Ciencia 2.0: Herramientas e
implicaciones para la actividad investigadora”. En: El Profesional de la
Información, 18(1):72-79.

Chemla, K. 2004. History of science, history of text. Dordrecht, The
Netherlands: Springer.

Codina, Ll. 2009. “Ciencia 2.0: Redes sociales y aplicaciones en línea para
académicos”. En: Hipertext.net, 7. http://www.hypertext.net  [Consulta:
20/06/2009].

Eisenstein, E. 1979. The printing press as an agent of change:
communications and cultural transformations in early modern Europe.
Cambridge: Cambridge University Press.

Hey, T.; Hey, J. 2006. “e-Science and its implications for the library
community”. En: Library High Tech, 24(4):515-528.

Hey, T.; Trefethen, A.E. 2005. “Cyberinfrastructure for e-Science”. En:
Science, 308(5723):817-821

Meyer, E.T.; Schroeder, R. 2009. “Untangling the web of e-Research: Towards
a sociology of online knowledge”. En: Journal of Informetrics, 3(3):246-260

Shneiderman, B. 2008. “Science 2.0”. En: Science, 319(5868):1349-1350. 

Serrano, J.; Orduña, E.; Robles, D. 2009. “El profesional de la información
ante la colaboración científica y la ciencia 2.0”. En: Anuario ThinkEPI
2009, 141-144

Solís, C.; Sellés, M. 2007. Historia de la ciencia. Madrid: Espasa.

Torres, D. 2009. “La edición y las revistas científicas ante la encrucijada
2.0”. En: Anuario ThinkEPI 2009, 71-74.

Waldrop, M.M. 2008a. “Science 2.0”. En: Scientific American, 298(5):68-73

Waldrop, M.M. 2008b. “Big Data: Wikiomics”. En: Nature, 455(7209):22-25

 



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Los archivos de IWETEL  pueden ser consultados en: 
                http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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