Artículo curioso de leer; no es que diga nada que no sepamos, pero sí
indica cómo son y serán los usuarios que tenemos y tendremos. Hemos de
adaptarnos a "esas cosas que hacen" y dejar de lado ese miedo abanderado por
consignas como "la alucinación por todo lo nuevo" y demás (lo cual no quiere
decir que no haya que tener en cuenta los muchos problemas que también
pueden aparecer, léase privacidad, plagios, etc.)
Saludos.

Dirección original:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/vida/digital/viaja/disco/duro/Red/elpepusoc/20090802elpepisoc_1/Tes
Tu vida digital viaja del disco duro a la Red Nuestro bagaje cultural estará
disponible en cualquier terminal - Los expertos alertan sobre los riesgos de
intimidad y propiedad

*ABEL GRAU* **02/08/2009

El usuario se conecta a la Red y comienza sus tareas cotidianas. Escribe la
presentación de su nuevo proyecto laboral en Google Docs, edita las
fotografías de su viaje a Nueva York en Picasa y sube un vídeo familiar a
YouTube. Luego escucha sus temas favoritos de Franz Ferdinand en Spotify y
disfruta de los nuevos episodios de *Anatomía de Grey* en Seriesyonkis.

El usuario se conecta a la Red y comienza sus tareas cotidianas. Escribe la
presentación de su nuevo proyecto laboral en Google Docs, edita las
fotografías de su viaje a Nueva York en Picasa y sube un vídeo familiar a
YouTube. Luego escucha sus temas favoritos de Franz Ferdinand en Spotify y
disfruta de los nuevos episodios de *Anatomía de Grey* en Seriesyonkis.
Además, sube su colección de películas y series a un almacén virtual como
Rapidshare o Megaupload para aligerar el disco duro y poder compartirlas.

Todo lo ha hecho *online,* gratis y sin necesidad de descargarse nada en su
terminal (Spotify sólo requiere bajar el buscador). Da igual dónde esté: en
el trabajo, en casa o en un hotel. Sólo necesita una conexión: en la
*web*se ejecuta y en la
*web* se queda.

Quizá sin saberlo, el usuario está moviéndose en *la nube* (*cloud*, en
inglés), que es como ya se conoce al territorio virtual formado por todo
aquel *software* y aplicaciones que funcionan desde fuera del ordenador, ya
sea fijo, portátil o un teléfono móvil. Están alojados en servidores
ubicados en algún lugar indeterminado pero son accesibles desde todas
partes. El terminal se convierte así en un simple medio para enchufarse a
esa nube de computación.

Gracias en parte a la difusión de un mayor ancho de banda y mejores
conexiones inalámbricas (*wifi*), *la nube* es el ámbito en el que se
desarrollan la mayoría de las actividades cotidianas ante una pantalla. De
hecho, un 69% de los usuarios de Internet ha almacenado información en la
Red o ha empleado alguna aplicación de *software online*, según un estudio
de 2008 del Pew Internet & American Life Project.

Algunos expertos vaticinan un futuro en el que prácticamente todos nuestros
objetos personales (fotografías, vídeos) y culturales (películas, discos...)
estarán en *la nube,* es decir, en un entramado de servidores cuya ubicación
ignoramos. Así, en teoría, nuestras pertenencias digitales estarán
disponibles en todo momento a través de cualquier dispositivo con acceso a
la Red. La contrapartida, según alertan otros, es la dependencia de la
conectividad, el riesgo de perder privacidad y la incógnita sobre cómo puede
modificar el consumo cultural.

El éxito de *la nube* radica en la facilidad y comodidad para manejar sus
servicios. "Los creadores de aplicaciones *online* compiten para hacer sus
programas divertidos y fáciles de usar", dice el experto en tecnologías de
la información Nicholas G. Carr, autor del ensayo *The Big Switch,* en el
que pronostica que el impacto de la migración de la tecnología a *la
nube*será similar a la llegada del suministro eléctrico. "Las
aplicaciones
empresariales tradicionales, en cambio, tienden a ser diseñadas para
realizar con eficacia un tipo de tarea determinado, sin considerar la
facilidad de uso. Además, está en abierto en Internet sin las restricciones
de las redes y sistemas de las compañías".

La computación en nube (o *cloud computing*) es un término que originalmente
aludía sólo al modo de coordinar varios ordenadores para mejorar la eficacia
de su capacidad de computación, según recuerda David de Ugarte, economista y
cofundador de la consultora de nuevas tecnologías la Sociedad de las Indias
Electrónicas. Ahora su sentido se ha ampliado y se aplica también al modo de
gestionar la información digital impulsada por los usuarios; un nuevo
entorno que ha acentuado los cambios nacidos con la digitalización. "Los
contenidos dejan de ser tangibles en un soporte físico y se consumen
directamente *online*", señala Fernando Garrido, especialista en sociología
del Observatorio para la Cibersociedad. "Las nuevas pantallas (móvil,
portátil...) abren un universo de momentos de consumo. El cambio es
radical".

Y ya está transformando los hábitos de visionado, escucha y lectura,
advierte Carr. "La Red está diseñada para estimular el consumo rápido de
pequeñas piezas de información, y nosotros amoldamos nuestros hábitos a la *
web*. Libros, discos y vídeos se fragmentan en porciones".

Algunos ejemplos. El visionado de series y películas en *streaming* (sin
necesidad de descargarlos en el disco duro) aumenta rápidamente frente a las
descargas P2P (Par a par). Casi la mitad de los internautas españoles, el
47,8%, utilizaron esta fórmula (en *webs* como Seriesyonkis) para ver
películas y series en el último año, por delante del 37,3% que las descarga
mediante programas de intercambio de archivos, según el informe *eEspaña
2009*, de la Fundación Orange. En la música, sin embargo, siguen por delante
las descargas, con un 42%, frente al 38,5% que escuchó música directamente
en línea.

Respecto al libro hay división. Unos apuestan por el triunfo amplio del
formato electrónico -como Carr- y otros por la coexistencia. "Lleva con
nosotros 500 años. En torno a él hemos construido nuestra sociedad y nuestra
forma de pensar", sostiene Garrido. "Es difícil que un *eBook* lo sustituya;
puede reubicarlo". Y es probable que cada uno se especialice: el formato
digital para los textos académicos, documentos, y el tradicional, para la
literatura y el entretenimiento.

Surge en conjunto un nuevo tipo de consumo cultural abundante, fragmentario
y, sobre todo, inmediato. Se acaba la escasez y se quiebra el vínculo con el
soporte físico. Es un cambio de paradigma: "Los dispositivos pasan de ser
elemento central a ser medio para el acceso", subraya el psicólogo Roberto
Balaguer, especializado en el impacto social de las tecnologías de la
información. "Pasan de funcionar como continentes a actuar como enganches en
*la nube*, donde suceden las cosas y donde habitan los jóvenes".

Un nuevo entorno que el jefe de arquitectura de *software* de Microsoft, Ray
Ozzie, ha definido así en *The Economist:* [el *cloud* hará posible] "un
medio en el que todos tus dispositivos se unirán, gestionados a través de la
*web* como un todo". En esa dirección va el nuevo proyecto de Google para
septiembre: Google Wave, un ambicioso servicio que aunará email, chat, wiki,
procesadores de textos, mapas, vídeos y fotografías, además de red social y
permitirá trabajar en grupo.

"El problema es que así Google puede convertirse en un Internet alternativo,
y el usuario, en casi un empleado", alerta De Ugarte, que considera el Wave
como "la gran trampa de ratones de nuestra intimidad".

Que toda la información personal y las creaciones propias (textuales,
fotográficas, etcétera) estén alojadas en un espacio virtual fuera del
control del usuario plantea dudas importantes, según algunos expertos. Las
primeras atañen a la conectividad (sin conexión no sirve) y a la privacidad.
A diferencia del soporte material, "los productos en *la nube* identifican
perfectamente a sus usuarios, frecuencia de consulta, etcétera", advierte
José Antonio Millán, ensayista y autor de *Manual de urbanidad y buenas
maneras en la red.* "Estos datos, sometidos a cláusulas de privacidad
engorrosas o cambiantes, pueden tener una fácil explotación, en el mejor de
los casos sólo publicitaria".

Una alerta con la que coincide De Ugarte. "La cuestión es determinar quién
tiene la soberanía de los datos. Si uso *la nube* de Google, ésta controla
también mis datos". Así, añade, puede rastrear todo lo que el usuario guarda
en sus aplicaciones y cruzarlo con sus consultas e incluso su historial
crediticio. "Puede usarlos, por ejemplo, para colocarte anuncios en tu
cuenta de Gmail según tu capacidad adquisitiva".

Se trata de una desprotección a la que son principalmente vulnerables los
jóvenes, los nativos digitales, que han crecido casi acunados en la Red.
"Los jóvenes ya no se conectan a Internet y ya no lo viven como algo ajeno o
separado del mundo físico", sostiene Garrido, del Observatorio para la
Cibersociedad. "Ellos están en Internet, en su nube, de forma permanente".
Por eso precisamente -continúa- su sentido de la privacidad se ha
transformado radicalmente. "No identifican el valor de mantener determinada
información en privado". De hecho, más de la mitad de los jóvenes de entre
15 y 25 años han compartido datos personales con desconocidos a través de la
Red, según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos.

La otra gran duda se refiere a la propiedad de las creaciones del usuario,
ya sean wikis, textos en Google Docs, fotografías en Picasa o vídeos
grabados con el móvil y subidos a Qik. "El usuario puede encontrarse un buen
día con que el fruto de su trabajo ha desaparecido, o que aparece bajo
cláusulas de reutilización inaceptables", avisa Millán. "Proyectos enteros
didácticos, de investigación, etcétera, pueden perderse. No debería ser
admisible ningún sistema de creación de materiales en *la nube* que no
cuente como mínimo con la posibilidad de crear una copia de respaldo en el
ordenador".

De lo que no parece haber dudas es de las posibilidades de negocio de *la
nube.* Google es la gran valedora de la computación *online* y ya se ha
lanzado a la conquista de este entorno. Su gran apuesta es el sistema
operativo Chrome Os, diseñado para trabajar en *la nube*. Está pensado para
*netbooks* (ultraportátiles), será de código abierto basado en Linux y se
descargará gratis desde la Red. "Queremos que sea rápido y ligero, que se
ponga en marcha y te conecte a Internet en segundos. La interfaz será basica
porque la mayor parte de la actividad se desarrolla en la web", según el
blog de Google. Chrome OS llegará en 2010.

Microsoft, rey de los sistemas operativos preinstalados en los terminales
(algo así como lo opuesto a *la nube*), ya ha respondido. A partir de 2010
ofrecerá gratis en Internet versiones sencillas del programa Office para *
netbooks.* Incluirán el procesador de textos (Word), la hoja de cálculo
(Excel), las presentaciones (PowerPoint) y el reconocimiento de texto
(OneNote). Se financiará con anuncios, como hace Google.

El panorama más probable es que *la nube* coexista con copias del material
más sensible en el disco duro, según observa Nicholas Carr. "Creo que
almacenaremos la mayoría de nuestros bienes culturales e informativos en
centros de datos distantes y gestionados por compañías como Google, aunque
probablemente conservaremos copias de algunos de ellos en nuestros
dispositivos". Otros consideran que la eficacia de los programas fijos para
el escritorio es aún imbatible, como asegura Paul Boutin en *Slate*. Lo
bueno de éstas, señala, es que uno puede desconectarse de Internet y
trabajar tranquilamente solo durante unas horas.

El *cloud* también ofrece facilidades en la gestión de los centros de datos
de las empresas. Google cuenta con el servicio Google Apps (que incluye
chat, email, procesador de textos o gestor de webs) diseñado para entornos
laborales. "Tras triunfar entre los usuarios, el *cloud* tendrá más impacto
en las empresas", augura Carlos Gracia Armendáriz, director de Google
Enterprise para España y Portugal. El *cloud,* añade, permite mejorar la
eficacia de la gestión de datos; como el filtrado de *spam,* por ejemplo.

Otras compañías, como Amazon, venden parte de su nube (su red de servidores
coordinados para trabajar como un gran ordenador), que se puede emplear como
almacenaje o como capacidad de computación. "Es un servicio muy útil para *
start-ups* [pequeñas empresas nuevas], que así no tienen que comprar
servidores; sólo alquilan la computación", explica Diego Mariño, cofundador
de la compañía Abiquo e impulsor del *software* libre para construir nubes.
El *cloud,* entendido en su sentido original, permite "homogeneizar el
tiempo y potencia de computación y convierte la informática en un servicio *
commodity*", como la limpieza o la electricidad, añade De Ugarte.

Y el modo de trabajar en grupo con *la *nube abre posibilidades a las
empresas, según Carr. "La colaboración está en el centro del negocio, pero
está constreñida por las aplicaciones tradicionales de las compañías, que
tienden a funcionar aisladas, restringidas a un usuario o una empresa".

Un ejemplo: "Si quieres compartir un documento en un procesador de textos,
con Word tienes que adjuntar el archivo a un email y enviarlo a varias
personas y luego encargarte de editar cada uno", explica. "Con un procesador
de textos *online,* como Google Docs, todos pueden trabajar en el mismo
documento en línea. La gran ventaja de las aplicaciones *online* para los
negocios, además de reducir los costes de licencias y mantenimiento, es
hacer la colaboración más sencilla".

En cualquier caso, la desmaterialización de los bienes culturales y
personales parece irreversible. "Habrá nube y almacenamiento local de bienes
digitales", prevé Carr, "pero no creo que lo sólido tenga mucho futuro".


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Francisco López Hernández
Coordinador de Apoyo a la Docencia
Biblioteca (Edificio Menéndez Pidal)
Universidad Carlos III de Madrid - Colmenarejo - España
Tlf: +34 91 856 16 04
Correo electrónico: [email protected]
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Los archivos de IWETEL  pueden ser consultados en: 
                http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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