No tiene desperdicio el titular de esta noticia......en fin...sigo apostando 
por que algun día nuestra profesión se valore tal y como se merece....

 

Feliz verano! 


 

Después del archivero, llega el embajador en España
Alan 
PABLO PARDO desde Washington
 
6 de agosto.- Aquí van algunos de los cargos cuya ratificación la Casa Blanca 
ha propuesto al Congreso estos días: directora del Servicio Geológico (Marcia 
McNutt); archivero de Estados Unidos (David S. Ferreiro); embajador en Mauricio 
(que servirá, "de forma concurrente y sin compensación adicional" como 
embajador en las Seychelles); y, atención, embajador en Guinea Ecuatorial 
(Alberto Fernández). Guinea Ecuatorial es un pías con el que nos unen tantos 
lazos que, sin duda, podemos considerarlo un éxito diplomático propio.
Y, al final, cuando se cumplen 200 días desde su llegada a la Casa Blanca, y 
tras todos esos nombramientos, el presidente de EEUU ha tenido un rato para 
proponer al embajador de EEUU en España: Alan Solomont, un gran donante de la 
campaña de Obama.
Así que, después de las Seychelles, Mauricio y Guinea Ecuatorial, llegamos 
nosotros. Es algo, se mire como se mire, espectacular. Porque España estará sin 
embajador de EEUU al menos durante siete meses. El Senado está de vacaciones 
hasta el 5 de septiembre, con lo que la ratificación de Salomont aún está 
lejos. Y el anterior embajador de EEUU, Eduardo Aguirre, se fue en enero.
Siete meses sin embajador sólo indican una frialdad de las relaciones más que 
notable. En el lenguaje diplomático es una forma directa de hacer un desplante 
a un país. Por poner un ejemplo, la Casa Blanca ha anunciado ya el sustituto 
para el embajador en Polonia, que todavia no ha abandonado el cargo, sino que 
lo hará en septiembre.
En el caso de España, además, la ausencia de embajador revela que las 
esperanzas de Jose Luis Rodriguez Zapatero de que la llegada de Obama a la Casa 
Blanca supusiera una luna de miel entre los dos paises eran totalmente 
infundadas. Así que hemos vivido una cierta prolongación de la era glacial de 
las relaciones entre España y EEUU que siguió a la retirada de las tropas de 
Irak y a algunos desplantes de Madrid, como la decisión de Zapatero de no 
levantarse frente a la bandera de EEUU el 12 de octubre de 2003.
Bush, que personalizaba hasta el extremo su política, siguió prendado de Aznar 
cuando éste se fue. Y Aznar empeoró las cosas presumiendo en público en 
Washington de que él desayunaba con el presidente de EEUU, mientras que 
Zapatero no podía lograr una audiencia. En general, estos han sido unos años en 
los que hicimos en EEUU una genial exhibición de nuestra tradicional habilidad 
para:
1.--Tirarnos los trastos a la cabeza por bobadas;
2.--Olvidar el interés nacional;
3.--Cabrear a los otros (en este caso, los estadounidenses) con tonterías 
absolutamente inútiles.
En otras palabras: decidimos pelear en todas las batallas erróneas.
El mejor ejemplo es, de nuevo, no levantarse frente a la bandera. Eso puede 
parecernos una chorrada en Espania, donde la bandera nacional, precisamente, 
parece en muchos casos la menos respetada de todas (incluyendo las de los 
equipos de fútbol). Pero en muchos países (y no sólo en EEUU) hacer un 
desplante al símbolo nacional es un insulto.
Es posible que sea un error mío. Pero tengo la impresión de que, cuando 
Zapatero se quedó sentado aquel día nefasto, hizo más daño a las relaciones con 
EEUU que retirando a los soldados de Irak. A fin de cuentas, la Guerra era y es 
controvertida en Estados Unidos. Pero la bandera es algo frente a lo que 
todos--demócratas, republicanos, ecologistas, alternativos, hippies o lo que 
sea--se inclinan.
En todo caso, eso pertence al pasado. En unas semanas, Solomont estará en 
Espania. Pero Zapatero ya sabe que sus sueños de luna de miel no se van a 
cumplir. Obama no sólo ha tenido tiempo de nombrar al archivero de EEUU antes 
que al embajador en España. También se ha reunido con, entre otros, el 
presidente de Ghana. Pero no con Zapatero. Ahora, la esperanza del presidente 
español es una cumbre durante la presidencia española de la UE, que empieza el 
1 de enero. El problema es que, para entonces, la UE ya tendrá una nueva 
estructura, y habrá un presidente fijo, que no sera el del país de turno. O 
sea, que aunque Zapatero se reuna con Obama- lo que parece virtualmente 
seguro-, lo hará con un cargo de una importancia institucional relativamente 
menor.
Quién sabe qué pasará entonces. Por ahora, sólo sabemos que, a juzgar por la 
prisa en nombrar embajador, España está, en las prioridades de EEUU, justo 
detrás de Mauricio y Guinea Ecuatorial. Y esta vez no podemos echarle la culpa 
a Bush.
 
 
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/08/07/cronicasdesdeeeuu/1249629712.html
 
Verónica Holgado Lanchas 


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