Libros sin dueño
Millones
de volúmenes gratuitos de Google Books obligan a revisar en todo el
mundo las leyes de derechos de autor - Editores y escritores discrepan
sobre las ventajas del proyecto
VERÓNICA CALDERÓN 06/09/2009
La primera página indica que el libro fue impreso en 1865. Se trata de
una edición de lujo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
Es poco probable que sus editores imaginaran que, casi 150 años
después, cualquier lector, en cualquier parte del mundo, se podría
hacer con una copia. Sólo basta con acceder al portal de Google Libros
(books.google.es), almacenarlo en el ordenador e imprimir sus 566
páginas. El documento electrónico no escatima en detalles. Incluye las
tapas, los 30 grabados que ilustran la obra, el escudo de la edición
original de 1605 y hasta el sello de la biblioteca de la Universidad
Complutense de Madrid, el lugar donde ha permanecido durante todos
estos años y la primera biblioteca no anglosajona que ha llegado a un
acuerdo con Google para digitalizar sus fondos.
La obra es una entre los millones que están disponibles en el portal
de Google. Su antigüedad la convierte del dominio público, es decir,
que no tiene que pagar derechos de autor. E ilustra "la gran idea" de
Sergey Brin y Larry Page, cofundadores de Google: "Que la gente de todo
el mundo pueda buscar cualquier libro entre todos los libros del
mundo". El buscador señala, en una entrada del blog de Google
Books, que Brin y Page "nunca habrían imaginado que un día iban a
iniciar un proyecto para hacerlo posible". El entusiasmo de sus
creadores les ha llevado a comparar el proyecto con la antigua
biblioteca de Alejandría o con la soñada biblioteca de Babel del
escritor Jorge Luis Borges. Pero la polémica desatada por la idea es
menos romántica.
No son libros como El Quijote los que centran el problema. Éste se resume en
una palabra: copyright.
Las bibliotecas no son las únicas propietarias de los títulos, y los
derechos sobre las obras que no son del dominio público y que están
protegidas por leyes de derechos de autor, -distintas en cada país del
mundo- se han convertido en el centro de la polémica. La colección que
Google ha recopilado entre las 20 bibliotecas que se han sumado al
proyecto hasta el momento (dos de ellas españolas: además de la
Complutense, también está disponible el catálogo de la biblioteca de
Cataluña) incluye un amplio número de ediciones publicadas antes de
1923. "Estamos abriendo literalmente nuestra biblioteca al mundo. Las
oportunidades educativas son excelentes y estamos encantados de
colaborar con Google en este proyecto", apunta el rector de la
universidad madrileña, Carlos Berzosa, en el blog de Google Books.
Los
libros publicados después de esa fecha están disponibles para el
usuario, pero éste no puede ver el libro entero. Por ejemplo, una
búsqueda sobre El gran Gatsby sólo arrojará copias con "vista
restringida": es decir, el lector sólo verá unas cuántas páginas y no
podrá disponer de una copia de la totalidad. Eso sí, Google recomienda
en estos casos un puñado de librerías on line para obtener una
copia de la obra de F. Scott Fitzgerald. Fue precisamente en el caso de
este tipo de libros donde las asociaciones de editores y autores de
Estados Unidos iniciaron la protesta. Un acuerdo de 90 millones de
euros, alcanzado en octubre de 2008, puso fin a una querella impuesta
en un tribunal estadounidense contra el gigante de la web. Si Google ofrece el
acceso libre a los usuarios y los editores y autores obtienen ganancia, ¿cuál
es el problema?
Además
de los libros de dominio público y los protegidos bajo las leyes de
derechos de autor, existen los llamados "libros oscuros", como los
define el periodista y escritor Farhad Manjoo. "Digamos que, si haces
una investigación y navegas por Google Books, encuentras en el catálogo
de la Universidad de Michigan un libro sobre un autor del que nunca
habías oído hablar, publicado por una editorial que ya no existe pero
que es el que mejor se ajusta a lo que estabas buscando. El libro está
protegido por derechos de autor pero no está disponible en las
librerías. Google Books sería la única ventana para obtenerlo".
¿Y
dónde irían a parar estas ganancias? Google ha previsto la creación de
un registro de libros (Book Right Registry, en inglés) que funcionará
como una organización sin ánimo de lucro y que distribuirá el 63% de
ganancias entre los autores y editores de los libros que han agotado
edición. La manera en que se distribuirá el dinero, sin embargo, no ha
sido detallada hasta ahora. Además, si los autores desconocen que sus
obras están disponibles en la red o no desean anotarse en el registro,
automáticamente estarían fuera de cualquier ganancia. El acuerdo
tampoco prevé el caso de autores que deseen que sus obras sean
gratuitas. Los críticos, además, apuntan que la empresa obtendría el
control de la industria de los contenidos digitalizados. Google alega
que su objetivo es hacer más asequible la información para el usuario;
de forma que si un internauta desea hallar una frase en cualquier libro
del mundo, pueda hacerlo en unos segundos. "Si el contenido entero de
cualquier web está disponible a través de sus mecanismos de
búsqueda -sin pagar un céntimo por el uso de esta información-, ¿por
qué no hacerlo con los libros?", explica Marjoo.
Luis Collado,
responsable del buscador de libros de Google en España y Portugal,
justifica que la capacidad del mecanismo de búsqueda brinda una
oportunidad "inédita" al usuario para explorar los libros. "Un lector
puede hallar una frase entre cientos de páginas. Es una potencia de
búsqueda nunca vista", asegura.
Eric Schmidt, cofundador de
Google, se defiende con el argumento de que el gran beneficiado es el
autor. En una columna publicada en 2005 en The Wall Street Journal,
relata que el día que Joseph Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI,
"millones de personas que buscaron su nombre" hallaron que en Google
Books estaba disponible su libro En el principio. "Miles de
ellos ojearon una o dos páginas del libro y muchos hicieron clic para
comprarlo. ¿Cuántos autores de libros que han agotado ediciones serán
beneficiados?". El proyecto suma, hasta el momento, unos diez millones
de obras, añade Collado.
Más de uno, no obstante, duda de la
buena fe del proyecto. El Gobierno alemán cree que el acuerdo alcanzado
en EE UU no es suficiente para los escritores y editores alemanes. "En
Europa sólo se han digitalizado libros que están en dominio público de
acuerdo con la legislación", explica Collado, que agrega que la
intención de la empresa es "fomentar el debate" para alcanzar una
solución.
Es un hecho que el debate remonta a los tiempos
iniciales de Internet. El sitio www.mp3.com convirtió decenas de miles
de canciones al formato digital sin pedir permiso a nadie. Su meta
inicial era que sólo los que pudieran probar que habían comprado el
disco pudieran bajarlas. La revolución desatada en la industria musical
puede sentar un precedente para las editoriales y los escritores.
El
escritor Mauricio Montiel explica que la herramienta le causa
"emociones encontradas". "Apoya la divulgación, pues no todos los
escritores somos Dan Brown. Hace más asequible nuestro trabajo a los
escritores; pero un acuerdo es necesario para que los escritores
obtengan un beneficio por su trabajo", comenta.
Las ganancias
son, precisamente, el meollo del asunto. No está claro ni cómo se
repartirán ni entre quiénes. El hecho es que Google, en su afán por
gestionar el conocimiento del mundo, se ha convertido en el centro de
reyertas similares frente a los medios de comunicación, como en el uso
que hacía de la información Google News, que originó sendas demandas de
Associated Press y France Presse; o con los contenidos audiovisuales
-el portal de YouTube ha alcanzado acuerdos con cadenas de televisión
estadounidenses para difundir sus contenidos- e incluso hasta con las
calles de las ciudades. El street view de Google Maps ha
levantado más de una ceja alrededor del mundo pues algunos críticos
apuntan que invade la privacidad de los ciudadanos.
"Internet
según Google es democracia para algunos y anarquía para otros. El
usuario puede disponer de la información que desee de forma gratuita y
los creadores de contenidos están desorientados, como gallinas a las
que les acaban de cortar la cabeza", describe el periodis.
Pero
el objetivo de Google, afirma Marjoo, guarda una buena recompensa para
el lector. "Cualquier persona que desee hacer una investigación
agradecerá que el contenido de las bibliotecas esté disponible. Su
mecanismo de búsqueda permite revisar cientos de páginas en un segundo
y la navegación es fácil y sencilla", comenta. "Cuando hice una
investigación utilicé tanto Google Books como Google Scholar
[una herramienta de búsqueda de textos académicos] y hubiera pagado con gusto
por la ayuda brindada", justifica.
Pero
no todo son buenas noticias para el usuario. La ONG estadounidense
Electronic Frontier Foundation reconoce que la creación de la
biblioteca virtual de Google "aumentará dramáticamente el acceso
público a los libros" pero advierte que la empresa no garantiza la
privacidad del lector. "En el mundo analógico, un lector cuenta con
toda la privacidad para elegir los libros que desee. En el campo
digital, sin embargo, Google dispone de sistemas que monitorizan los
libros digitales que busca un usuario, las páginas en concreto que lee,
el tiempo que pasa leyéndolas y hasta las líneas que decide
seleccionar", afirma la organización en un comunicado. Collado responde
que la principal preocupación de Google es el usuario. "Tenemos una
política de privacidad muy clara: la información de cada usuario no
puede salir del entorno de Google" y añade que sólo será utilizada para
"mejorar la experiencia de servicio de la herramienta".
En
cualquier caso, no hay un argumento firme que plante cara a la meta
final del proyecto de Google Books. "Google cuenta con mucho dinero,
empleados inteligentes y aliados. Pero su mayor fortaleza es la
convicción de que está del lado de la historia. La empresa cree
firmemente que su ideología de apertura es la correcta", explica el
escritor y profesor de la Universidad de Columbia, Tim Wu. La
información en los tiempos de la red busca (y generalmente encuentra)
un cauce. Y Google es el más dispuesto y, al parecer, el más apto para
ofrecerlo.
Un largo camino
Fue en 2002 cuando un grupo de trabajadores de Google comenzó a
trabajar en el proyecto de los libros, que se mantuvo secreto en un
inicio. El equipo visitó bibliotecas con proyectos similares en el
mundo, como el American Memory de la biblioteca del Congreso de
EE UU, el Gutenberg, el Million Book y el Universal Library. Cuatro
años después, la empresa anunció formalmente su proyecto en la Feria de
Libro de Francfort. Ese mismo año alcanzó un acuerdo con 15 bibliotecas
y editoriales y en diciembre se anunció el proyecto para digitalizar
los contenidos de fondos bibliográficos asociados con las universidades
de Harvard y Michigan, así como las bibliotecas públicas de Nueva York,
Oxford y Stanford. Las colecciones combinadas superaban los 15 millones
de volúmenes. Un año después, las asociaciones de escritores y editores
de EE UU presentaron una demanda en un tribunal estadounidense sobre
los derechos de autor de las obras y alcanzaron un acuerdo en octubre
de 2008 por un valor de 125 millones de dólares (90 millones de euros).
El
1 de septiembre de este año, el Gobierno alemán ha presentado una
demanda sobre los derechos de autor en nombre de los creadores de su
país bajo el argumento de que el acuerdo alcanzado con la industria de
EE UU no respeta la ley alemana. Está previsto que la UE se reúna de
nuevo en octubre para debatir el copyright.
Detalles del proyecto
- Google Books está disponible en más de 35 idiomas.
- Más de
10.000 editores y autores de más de 100 países se han sumado al
programa de afiliación de la búsqueda de libros de Google.
- El
proyecto para digitalizar los contenidos de las bibliotecas cuenta con
28 entidades afiliadas, la mayoría estadounidenses. Sólo siete no
pertenecen a EE UU, entre ellas dos españolas: la biblioteca de la
Universidad Complutense de Madrid y la Biblioteca de Cataluña.
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