Un tema de absoluta actualidad, importante y “duro” el que plantea
José A. Gómez. Duro no sólo por la crudeza de la situación
socioeconómica que atraviesa nuestro país, y con él las bibliotecas
públicas y sus usuarios, sino por la dificultad de abordarlo. Es
cierto que en España ha sido muy destacado el avance experimentado por
las bibliotecas públicas desde los años noventa del siglo XX. Pero
también es cierto que el panorama es bastante desigual y subsisten
situaciones de gran penuria de recursos y por tanto de desarrollo de
servicios. Y, en este contexto, la reflexión sobre la práctica, como
la que nos propone José Antonio, lamentablemente no es tan frecuente
como sería deseable y la impresión es que muchos profesionales no
disponen de los recursos necesarios (y no hablamos ahora de dinero)
para desarrollarla y aplicarla. Quizá el problema en esta situación se
ve agravado por el hecho de que sin una reflexión serena, metódica y
organizada, sin el uso de las herramientas adecuadas, será difícil que
las bibliotecas públicas se adapten a la nueva situación
socioeconómica (dure lo que dure)y, por tanto, tengan éxito en cumplir
su misión en la sociedad.
Parte acertadamente José Antonio del análisis del entorno social en el
que se mueven las bibliotecas públicas y en el cual encontramos la
razón de su existencia. A partir del reconocimiento de ese entorno y
de la propia situación de la biblioteca los responsables de cada
centro podrían plantear más adecuadamente las decisiones más
acertadas. Aunque los cambios más importantes son los que afectan a la
sociedad, quizá los que se perciban más directamente y con más fuerza
sean los que afectan directamente a los recursos presupuestarios de
que disponen nuestras bibliotecas. El descenso en los recursos
disponibles podemos aventurar que será mayoritario, probablemente ya
en 2009, y quizá con mayor crudeza en 2010. Y ante esto de poco valdrá
echarse las manos a la cabeza, pues parece de todo punto razonable
que, ante un descenso de los ingresos por vía fiscal por la menor
actividad económica y un aumento de los gastos sociales por el aumento
de las necesidades, tengan que reajustarse las partidas
presupuestarias de todas las administraciones y entidades públicas de
las que dependen los servicios bibliotecarios.
Partiendo de esta constatación y de las nuevas circunstancias
sociales, que repercuten en la demanda, explícita o no, de servicios
bibliotecarios y de información, es como las bibliotecas públicas
podrían plantearse su postura ante la crisis. Este puede pasar por
adaptar las prácticas actuales en diferentes niveles:
• Adaptación en el público-objetivo al que se dirigen los servicios.
Si tenemos en cuenta qué sectores sociales están sufriendo más
duramente los efectos de la crisis podemos identificar (y en un ámbito
local, más fácilmente) aquellos grupos que más puedan necesitar un
servicio público de biblioteca e información.
• Adaptación en los objetivos de servicio. Aunque en la oferta de
servicios las bibliotecas públicas españolas estaban todavía inmersas
en una fase de desarrollo e incremento, las circunstancias y los
sectores sociales sobre quienes elijamos centrarnos deben dar las
claves acerca de qué prestaciones son más imprescindibles y de cuales,
si es preciso, se puede prescindir.
• Adaptación en las estrategias, tratando de buscar aquellas formas de
abordar nuestros planes que, por un lado nos permitan alcanzar mejor
al público al que nos dirigimos y, por otro, nos faciliten la manera
más eficiente de lograrlo. Y aquí la búsqueda de sinergias y alianzas
parece fundamental en un momento de escasez de recursos.
• Adaptación en los métodos de acción, aplicación y control de las
medidas, intentando mejorar el rendimiento de los escasos recursos
disponibles.
Y en todo esto la priorización es un concepto fundamental: si nunca
una biblioteca pública pudo plantearse abarcar todas las necesidades
de todo su público potencial, en la actualidad resulta imprescindible
tomar decisiones que a veces pueden resultar duras, pero que, si son
acertadas, mejorarán sin duda la posición de nuestro centro. Algunas
de esas decisiones nos presentaba José Antonio en su reflexión. Muchas
otras se pueden discurrir, como el replanteamiento de las políticas de
gestión de las colecciones (o su puesta en marcha allí donde todavía
no tienen sistematizada esta importante área de actividad): pensemos
si no puede ser el momento de ajustar las colecciones a las verdaderas
necesidades y demandas actuales, aprovechando la existencia cada vez
más frecuente de redes locales que permiten una gestión más rica y
flexible; una distribución y especialización de las adquisiciones por
puntos de servicio allí donde se pueda mantener un sistema de
circulación de fondos entre sucursales en tiempos razonables.
Sin duda son muchas las soluciones y las decisiones que se pueden
adoptar, pero todas deberían deducirse de un sistema de toma de
decisiones que trate de asegurar el mayor aprovechamiento de los
escasos recursos. La asunción como propias de las herramientas de la
planificación, el control y la evaluación se revelan, todavía más en
tiempos de crisis, como elementos imprescindibles para la gestión de
las bibliotecas públicas. Ojalá la evaluación que podamos realizar
dentro de unos años nos revele cómo las bibliotecas públicas españolas
supieron mantener durante unos años de crisis (esperemos que no
muchos) una adecuada presencia social, no por el mero hecho de
continuar patrones de crecimiento y dibujar bonitos gráficos, sino
para comprobar y demostrar que realmente son una institución necesaria
y útil en nuestra sociedad.
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Joaquín Selgas Gutiérrez
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Los archivos de IWETEL pueden ser consultados en:
http://listserv.rediris.es/archives/iwetel.html
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