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El libro digital gana el primer asalto

Los libreros defienden el punto de venta tradicional ante el desembarco 
electrónico - Dan Brown vende en Amazon 120 copias electrónicas por cada 100 en 
papel

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 31/12/2009

"Virgencita, Virgencita, / nuestra señora lectora, / líbranos de todo mal, / 
haznos llegar a la hora / con el libro digital". Éstos son cuatro de los versos 
con los que ha felicitado la Navidad la editorial Edhasa. Impresos al dorso de 
una Virgen kitsch con un libro en las manos, resumen el estado de ánimo de la 
industria española del libro respecto al futuro digital.

"Virgencita, Virgencita, / nuestra señora lectora, / líbranos de todo mal, / 
haznos llegar a la hora / con el libro digital". Éstos son cuatro de los versos 
con los que ha felicitado la Navidad la editorial Edhasa. Impresos al dorso de 
una Virgen kitsch con un libro en las manos, resumen el estado de ánimo de la 
industria española del libro respecto al futuro digital. En 2009 nadie quería 
dar el primer paso. En 2010 nadie quiere llegar tarde. Las editoriales, muy 
cautas al principio, han pasado a la acción. Sus nervios los han heredado los 
libreros, que temen quedar al margen de un negocio que facilita la distribución 
sin intermediarios. Los editores, no obstante, cuentan con ellos.

Es difícil que una mariposa desate desde Nueva York un ciclón editorial en 
Madrid, pero hitos no faltan en Estados Unidos. Uno: por cada 100 ejemplares 
del último libro de Dan Brown vendidos en papel en Amazon se han descargado 120 
en versión electrónica. Dos: el pasado día 25, la misma empresa dijo haber 
vendido más libros en versión electrónica que en versión tradicional.

Hasta hoy, la realidad digital española ha sido una serpiente que se muerde la 
cola. En un coloquio, Ignacio Latasa, socio tecnológico de la agente Carmen 
Balcells en el portal Leer-e, lo resumió así: "En España no habrá boom del 
libro digital mientras no haya textos en español para alimentar los e-books. 
Para vender un coche tienes que exponer 200". El año 2010 será un año clave. 
Entre abril y mayo, la plataforma digital creada conjuntamente por los tres 
gigantes de la edición española -Planeta, Random House Mondadori y Santillana- 
pondrá al alcance de los lectores entre 5.000 y 7.000 títulos, cerca de un 
tercio de sus catálogos. Sellos como Anagrama o Tusquets también han sido 
invitados a unirse a la travesía. "Daremos una respuesta ordenada pero masiva a 
los usuarios para evitar que tengan que recurrir a la piratería", dice 
Francisco Cuadrado director de ediciones generales de Santillana. "Hay un 
mercado legal de contenidos de pago que funciona. Ahí está iTunes para la 
música".

Cuenta Cuadrado que la plataforma recién creada, todavía sin nombre, no venderá 
directamente sus libros. "Tampoco lo hacemos en la web de Santillana con 
nuestros libros de papel. Apostamos por los libreros. Les ofreceremos la 
tecnología necesaria para atender la sección on line de sus librerías. Ellos 
deben llevar a la Red el público que tienen asegurado en la tienda". Contra lo 
que ocurre en Inglaterra o Francia, en España son raras las editoriales que 
venden sus libros de papel desde sus webs. Nadie quiere hipotecar un presente 
tangible a un futuro incierto.

Según la Federación de Gremios de Editores de España, en 2008 las librerías 
facturaron 3.000 millones de euros, el triple que cadenas como El Corte Inglés, 
la Fnac o la Casa del Libro. La venta por Internet facturó sólo 20 millones, 
cuatro menos aún que en 2004. De ahí que los libreros hagan valer su poder en 
la estadística y traten de disuadir a cuantos editores se plantean vender sus 
libros en la Red o sumarse, en el caso de los sellos más pequeños, a alguna de 
las plataformas digitales. Muchos echan el freno ante el temor de que los 
libros en papel, la parte grande de su negocio, paguen el pato digital si 
pierden el favor de las librerías.

Cuando la editorial andaluza El Olivo Azul decidió abrir su tienda digital, le 
cayó todo un chaparrón de quejas. Para los libreros, su "traspiés" fue la 
presentación del nuevo servicio. Una forma de comprar sus libros "más 
eficiente, más fácil y de una forma totalmente segura para el comprador", decía 
esa presentación. Michèle Chevallier, directora de la Confederación Española de 
Gremios de Asociaciones de Libreros (CEGAL) es muy clara: "No nos parece 
fairplay que los editores se pongan a vender libros", explica. "Los grandes, 
porque ya tienen mucha presencia en las librerías. Los pequeños, porque si 
tienen visibilidad es por los libreros".

CEGAL acaba de enviar al Observatorio del Libro del Ministerio de Cultura un 
documento cuya conclusión resume la propia Chevallier: "Los libros, en las 
librerías. Sea en el formato que sea". En su opinión, el librero es el que 
mejor puede orientar a lector en el océano digital que se le viene encima. 
Lejos de la democratización radical que muchos le suponen a la Red, según 
Ignacio Latasa, "un portal grande de Internet puede discriminar a los más 
débiles tanto como un hipermercado". Pese a todo, Michèle Chevallier es 
consciente de que los libreros tendrán que vivir "una adaptación tecnológica 
que será casi una reconversión".

Algunos ya están en ello. Es el caso de la librería Cervantes de Oviedo. Con 
casi 90 años de antigüedad, inauguró en septiembre un apartado dentro de su web 
dedicado a la venta de textos digitales. "El nuestro es un sector muy 
tradicional. Los miedos de ahora ya los vivimos con el libro de bolsillo", 
cuenta Alfredo Quirós, gerente de Cervantes, que aventura que el cambio no será 
súbito sino "generacional". "El librero seguirá siendo clave para seleccionar. 
Se publican 70.000 títulos al año y nadie se va a mirar 2.000 webs. Nuestras 
ganancias en ese apartado serán menores, pero nuestros gastos, también. Una 
librería media tiene 200.000 euros en stock de libros de papel". Para Quirós, 
el problema del libro digital en España es que "todavía hay poca oferta de 
novedades. Los títulos que más se venden en digital son también los que más se 
venden en papel". La revolución, pues, en primavera. Aunque sea una revolución 
de terciopelo.
El futuro empieza mañana

La historia lleva décadas dejando en evidencia a la ciencia-ficción. Fechas 
míticas como 1984 o 2001 pasaron sin parecerse a lo imaginado por Orwell o la 
pareja Clarke-Kubrick.

Hace ocho años, un pope de la edición mundial y otro de las telecomunicaciones 
cruzaron una apuesta de mil dólares. Jason Epstein, director de Random House 
durante 40 años, sostenía que en 2010 la mitad de los libros se venderían por 
la fórmula de impresión bajo demanda. Por su parte, Vint Cerf, uno de los 
padres de Internet, apostó que en la misma fecha ese 50% no pasaría siquiera 
por el papel sino que se leería a través de un aparato electrónico más ligero 
que un best seller y capaz de emitir imagen y sonido. Epstein y Cerf tienen, a 
partir de mañana, un año para hacer cuentas.

Aunque a día de hoy los hechos están más del lado del segundo que del primero, 
ambos pecaron de optimismo. Sus dos propuestas para sustituir el libro 
tradicional siguen copando una parte residual del mercado. El futuro, aunque 
sea sin fecha fija, parece pasar por ellas. La Feria de Francfort anunció hace 
dos años que en 2018 el libro digital superaría en ventas al de papel. Hoy en 
España no supone ni el 1% del mercado. ¿Vienen años de vértigo? Según el editor 
británico Michael Bhaskar, no: "Esto es la revolución industrial, no la 
revolución rusa".


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