Un día en la biblioteca
Mi madre me ha metido en una sala de la biblioteca donde hay otros niños muy
pequeños, como yo. Hay muchos muñecos de trapo por el suelo y estanterías
bajitas con libros sin letras. Me revuelco por el suelo con los demás niños,
entre los muñecos y los libros. A veces nos los tiramos unos a otros. Es muy
divertido. Y podemos gritar y jugar lo que queramos.
Ahora vamos a la sala infantil, mi mamá me enseña unos libros que me gustan,
con
unas letras que reconozco porque me las han enseñado en el colegio. Le digo los
que más me gustan y me pongo a leerlos junto a mi madre y unas amigas que
también han traído a sus hijos.
Cansado de leerlos, me dirijo a la mesa de la bibliotecaria que me indica dónde
están los libros que leen todos los chicos de mi edad, el best seller de moda,
son varios volúmenes, pero no me importa, todo el mundo dice que están muy
bien.
Mis padres prefieren que lea los que me mandan en el instituto pero les
convenzo
para llevarme a casa uno de ellos de vez en cuando.
Me gusta venir aquí, a veces quedamos varios compañeros de clase para hacer los
deberes y trabajos que nos mandan en el Insti. Muchos días nos regaña la
bibliotecaria porque, sin darnos cuenta, elevamos mucho la voz o empezamos a
jugar entre nosotros o con los de las mesas de al lado y, claro, se harta de
nosotros y a veces nos echa de la biblioteca.
Voy a la sala de préstamos de adultos porque he quedado con unos amigos para
coger algunas películas para el fin de semana y un libro que me han pedido en
la
universidad. También cogeré alguna peli para mis padres. Aprovecho para ver qué
novedades han puesto últimamente y ver si han traído el libro que les pedí.
Reservo un libro que he visto en las novedades y echo un vistazo a los últimos
discos que han sacado a las estanterías.
Subo a la sala de estudio porque estos días hay que hincar los codos, no queda
mucho para los exámenes y hay que estar preparado, la universidad es mucho más
dura que el instituto y no me gustaría suspender. Además, este año empecé a
trabajar y las dos cosas se me están haciendo muy cuesta arriba.
Apenas me queda tiempo para nada; menos mal que tengo una novia comprensiva y
entiende que tengo que terminar la carrera. El fin de semana que viene nos
iremos por ahí, lejos de la ciudad, para desconectar.
Saludo a unos amigos que están preparando unas oposiciones y paso un momento a
la sala de ordenadores, tengo que mirar unas cosas en Internet.
Al final he estado en el ordenador más tiempo del previsto, siempre me pasa lo
mismo… empiezo con el correo electrónico, después el Facebook, el blog… total,
que me dan las tantas y no me entero.
Paso a la hemeroteca donde consulto todos los días el periódico y
algunasrevistas; hay muchas, de todos los temas.
Todos los periódicos cuentan las mismas mentiras, con distinto enfoque, pero
igual. Es difícil encontrar la verdad en un periódico. A veces, si buscas en
los
medios alternativos digitales, en Internet, puedes leer algo más objetivo.
En eso estamos de acuerdo los compañeros del hogar del pensionista. Como ahora
tenemos todo el tiempo del mundo nos dedicamos a leer los periódicos y comentar
las noticias. Es entretenido, aunque a veces salimos discutiendo por tonterías.
Ya los viejos no tenemos tanta paciencia como los jóvenes. Y si es de política
ya no te cuento, mejor no hablar. Lo mismo que de fútbol. Cada uno con su
equipo.
Desde que me jubilé me gusta venir por aquí a leer el periódico y a observar a
los jóvenes. Ha cambiado mucho todo. ¿O he sido yo…?
¡Cómo pasa el tiempo!, parece que llevo aquí toda la vida… y llegué por la
mañana, que vine con… con… bueno, no recuerdo ahora. Es igual.
Buena se va a poner mi mujer, ni he ido a comer, ni la llamé… Estará
preocupadísima.
Me voy para casa. Mañana será otro día…
Eusebio Gómez
Bibliotecario
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