Se ponen en práctica nuevos métodos de trabajo en la recuperación
Foto: Franklin Reyes

Por: José Alejandro Rodríguez y Alina Perera Robbio. Fotos: Franklin Reyes

Correo: [email protected]
08 de febrero de 2009 00:49:37 GMT
Cuatro meses después del paso de los huracanes Gustav y Ike, con toda su
estela de destrozos e incertidumbres, la provincia apuesta a su
recuperación desde una democracia muy peculiar. A su medida

Eugenia Gladys Ortega Cardoso sueña con un hogar para siempre, recostada a
la tozuda armazón de tablas, un rancho que levantó de entre las ruinas
absolutas de su propio hogar: eso que en los informes oficiales denominan
«facilidad temporal», y que en verdad no es tan expedita ni tan breve como
ella quisiera.

Ya desbordando la cincuentena, y con tantos golpes de los vientos fieros,
esta mujer prefiere enrumbar sus impaciencias hacia adelante, mientras da
brillo de plata a los calderos y acomoda a diario lo que pudo salvar de la
trágica dupla pinareña en septiembre del año 2008.

Entonces, cuando Gladys lloraba sin lágrimas y todo era gris y caído en la
comunidad Sierra Maestra, del municipio de Los Palacios, prometimos volver
para seguir la trama de unas cuantas vidas, entre los miles de
damnificados de Gustav y Ike en Vueltabajo.

Y ahora la vemos igual de pesarosa, pero con un hilillo de ilusión,
tratando de recomponer su vida junto a sus dos hijos. Al menos allí y en
todos los sitios pinareños vapuleados por los huracanes, ha aparecido un
orden inviolable de la esperanza: el escalafón para la recuperación de la
casa, definido entre los propios vecinos, de acuerdo con la gravedad del
drama de cada quien.

Gladys desespera, pero sabe que tiene el número 28 en Sierra Maestra, y
los primeros 22 casos son damnificados de huracanes anteriores al año
2008: la vieja deuda acumulada que debe cortarse de raíz, si las cosas se
hacen bien y con calidad, para no seguir cargando fardos en tema tan
sensible como la vivienda.
La esperanza tiene un orden

Lo que se está viviendo en las zonas damnificadas por los huracanes en
Pinar del Río, es una verdadera subversión de los tradicionales métodos y
estilos centralizados —proclives al descontrol y la transgresión—, en
cuanto a la asignación de recursos y prioridades para el mejoramiento de
la vivienda.

Según explicaciones de varios primeros secretarios del Partido y
presidentes de consejos de defensa que lideran la recuperación en los
municipios, este proceso no se ha decidido en oficinas ni despachos, mucho
menos levantando dedos irrevocables a puertas cerradas. Ha sido democracia
pura y control popular, bien pegado a la tierra.

Lo primero tras los destrozos fue la labor de diagnóstico o certificación
de las afectaciones en cada circunscripción, realizada por las «02»,
comisiones integradas por el delegado y representantes de las
organizaciones, con los técnicos de Vivienda. Esa labor de terreno se hizo
casa por casa; más bien familia por familia, pues hubo muchas que lo
perdieron todo.

Posteriormente se confeccionó lo más delicado entre tantas desgracias: el
orden de prioridad en los trabajos, que se expresa en un escalafón. Esa
compleja potestad la asumieron de conjunto las «02» y las comisiones de
distribución de materiales de cada circunscripción, elegidas estas por los
mismos vecinos.

Julio César Rodríguez, primer secretario del Partido en La Palma y el
hombre que sin esperar autorización de nadie evacuó a toda la población de
Manuel Sanguily en menos de dos horas por los días del Ike, ha seguido de
cerca, a la intemperie y junto a la gente, el proceso de restañar tanta
herida. Y nos revela el criterio de prioridad que se ha adoptado entre
tantas familias afectadas:

Primero que todo, los damnificados de huracanes anteriores al Gustav y el
Ike. Y posteriormente, en este orden: enfermos en estado terminal,
discapacitados, ancianos solos, familias disfuncionales y casos sociales,
hacinados, y así sucesivamente... en proporción directa al drama y la
vulnerabilidad. Un ejemplo fehaciente de cómo en tareas y programas
masivos debe respetarse el enfoque individual, algo que se soslaya con
frecuencia desde las estadísticas y las macrovisiones de las oficinas.

El ciclo de la democracia no concluye: cuando ya se confeccionan los
escalafones, se someten a la consideración de los afectados en los
barrios. De la implicación de todos, sale más fortalecida la verdad. Y es
cuando entonces las listas no se esconden en gavetas de despachos, sino
que se ventilan a la constante observación popular en los murales de los
CDR, cafeterías, bodegas, farmacias... En estas, Juan sabe detrás de quién
le toca, y quién le sucede, y así sucesivamente. Julio César lo dice en
buen cubano: «Que la gritería se forme allá abajo».

El ecumenismo del programa de recuperación se expresa en la variedad de
técnicas constructivas: desde las hermosas petrocasas que transforman el
paisaje de Los Palacios, hasta el proyecto Mambí, que aprovecha en paredes
las palmas caídas, en conjunción con techos seguros y baños con placa; o
los que incorporan la poliespuma con el hormigón en las cubiertas.

Pero lo más llamativo es el protagonismo de la comunidad en el programa
constructivo, en distintas variantes: brigadas locales y también
especializadas, integradas por los afectados, trabajadores de empresas,
desvinculados laboralmente que despiertan al trabajo acuciados por las
propias necesidades, y cuentapropistas del barrio.
Transparencia

En Los Palacios, con 11 400 viviendas afectadas en distintas proporciones,
hay mucha ansiedad de revertir esa situación. Aun cuando fluyen los
recursos, no se podrá resolver todo de inmediato, pues hay que atender
muchos otros destrozos en el país.

Aun así, en ese municipio durante 2009 se solucionarán todas las
afectaciones totales y parciales de techo, pero solo la mitad de los
derrumbes parciales, pues la otra se terminará en el año 2010. Y en cuanto
a los derrumbes totales, en 2009 se concluirá el 18 por ciento de las
viviendas que deben levantarse, aunque el resto se hará gradualmente, en
un plazo de cinco o seis años.

La recuperación es larga, pero no hay nada como la sinceridad, la
transparencia y la información permanente para ganar el consenso de los
afectados, sin temores ni sobresaltos. Es elocuente que una verificación
realizada por una comisión provincial, barrio por barrio, mostrara un 98
por ciento de aceptación entre los afectados, de los escalafones hechos.
Solo en 52 casos hubo insatisfacción.
Recuperar viviendas y personas

Emilio Triana se autodenomina «guajiro natural», y lo revela con su
versátil estilo y ocurrente verbo. Tiene para todo el mundo, pero la
jarana y la alegría en él son la gracia de macizas convicciones. Es el
Primer Secretario del Partido y presidente del Consejo de Defensa de Los
Palacios, y confiesa que toda esta rebambaramba ha obligado a los
dirigentes y funcionarios del territorio a transformar estilos y métodos,
y a pegarse al drama de cada cual todos los días, en permanente
«nomadismo» político y administrativo.

Triana vivió también un proceso interior de enriquecimiento: la fuerza de
la vida, esa que no cabe en organigramas, le hizo ver que el asunto no
solo era recuperar lo perdido entre los destrozos y techar, sino una
manera más plena de convivir pegados a la belleza y la autenticidad.

De una charla móvil con estos reporteros, matizada por bromas, encuentros
y seguimientos visuales en el terreno, entresacamos toda una antología de
máximas, sentencias, sueños y desvelos, nacidos al calor de estos meses
fragorosos de la recuperación. Casi un sistema filosófico de la eficacia
política en las labores de dirección:

«Si usted quiere que una visita salga bien, no la prepare»... «Siempre hay
que estar haciendo algo nuevo»... «Es más fácil lidiar con las personas
difíciles; siempre te dicen lo que piensan»... «La planificación es
esencial, pero todo lo que usted oriente, hay que chequearlo»...
«Recuperar las viviendas, pero mucho más a las personas»... «Hay que tener
paciencia para atender a cada cual»... «Hay que alimentarle la esperanza a
la gente».
El resplandor de la audacia

En el momento más difícil, cuando se pusieron sobre la mesa las
prioridades de la recuperación en Los Palacios, la improvisada comunidad
Resplandor no quedó en el olvido. Porque salvar tanto no puede ser a costa
de relegar y descartar a seres humanos.

Resplandor, más bien la sombra que negaba el nombre de ese sitio, era un
«llega y pon» de inmigrantes, sin orden ni concierto. Las viejas naves
estaban inundadas de familias, apenas separadas por sacos de yute, sin las
condiciones elementales para vivir. Sin registro de dirección. Ilegales.

Antes de los huracanes algo se había hecho, pero insuficiente. El flujo de
recursos permitió la remodelación a fondo de las estructuras de las naves,
y hasta de los mismos habitantes que, con sus manos y algún sueño, ya
están rozando una forma digna de vivir. Lo más fácil hubiera sido
desterrarlos de allí, echarlos a su suerte.

Aquellas galeras del abandono van convirtiéndose en viviendas de dos y
tres cuartos, con baños decorosos. Verdaderos hogares, que tendrán sus
jardines y viales donde hoy lo inunda todo el polvo del camino y de la
obra.
Renacimiento

En septiembre de 2008, el trayecto de Los Palacios a La Palma, incluyendo
los dos poblados, era la traza de la destrucción y el desconcierto.
Desandando la misma ruta, uno tiene la sensación de que, de entre todas
aquellas troneras con tonos grises y sepia, han ido naciendo el color y
las estructuras de la salvación.

Remiendo a remiendo, alzando vigas y techos rojos, levantando paredes, el
pinareño se está protegiendo contra la frustración y el desabrigo. Con
puntales inmovibles.

Los montes calcinados han reverdecido. Y el hombre no podía quedarse atrás
de esa sempiterna capacidad de resurrección que tiene la Naturaleza.
Nunca el huracán del olvido

Olga Lidia Tapia, Olguita para los pinareños, lleva casi cinco meses
lidiando con el dolor de tanta gente agredida por los vientos, y también
contra su propia pena.

Cuando conversamos ya había guardado su uniforme verde olivo y las botas
con que recorrió todos los trillos de la devastación, compartiendo el
dolor ajeno y revirtiéndolo con la terapia del trabajo y la creación.

La Primera Secretaria del Partido en la provincia nos confiesa que creció
como mujer y madre, como ser humano, en estos duros meses: «Han sido
muchas emociones y vivencias, muy cerca de la gente y de sus problemas,
involucrando a todos, descentralizando tareas, dándole a cada cual la
posibilidad de crecerse».

Hay quienes solo perciben los aires triunfales y los toques a degüello
para el combate, como si una batalla tan larga y enrevesada no se ganara
hora a hora, entre mucha incertidumbre e insatisfacción de los que sufren,
incluso al borde del desespero. Gustav y Ike, con sus iras, le abrieron
los ojos a Olguita para ver cuánto falta de lo humano y lo divino, a
veces, en el trabajo del Partido.

«Si algo hemos logrado, es reforzar la confianza de las personas. Por eso
es que desde arriba no tomamos unilateralmente las decisiones, sino que
las hemos llevado hasta allá abajo».

—¿Y eso no tiene peligros?

—Siempre hay peligro, pero cuando fortaleces el control popular, cuando
todo el mundo le tiene puesto el ojo al escalafón, cuando se escuchan
verdaderamente las denuncias y se toman las medidas, no hay por qué temer.

Del total de viviendas afectadas en la provincia, en distintos rangos (113
009), hay ya aproximadamente un 20 por ciento con solución. La
recuperación es larga y tendida. Y Olguita ve más allá, cuando se siente
desafiada por un asunto estratégico: el necesario mantenimiento de la
vivienda, la calidad y solidez para no seguir a remolque de los caprichos
de los vientos.

Su máxima es no olvidar nunca las prioridades de la gente. Mira hacia
atrás en esos meses, y apenas ha tenido tiempo para sedimentar las
emociones, yendo de aquí para allá, prometiéndose no volver a hacer una
reunión en el teatro del Partido provincial, sino allí donde están los
problemas.

Recuerda aquellos días como en tropel: la gente sacando sus colchones,
extrayéndoles la guata para secarla al sol, sin pedir nada y ofreciendo un
sorbo de café al visitante. «Podrán venir muchos ciclones, pero nunca el
huracán del olvido», susurra apenas.

—Quien tenía que consolar a tantos, ¿alguna vez lloró?

—Fue muy duro. Lloré mucho en mi casa, mucho después, cuando vi por
televisión todo lo que habíamos vivido y enfrentado.
Epílogo

Quizá sin proponérselo, los pinareños en su recuperación están dejando
lecciones en cuanto a métodos, estilos y creatividad que bien pudieran
traspolarse al diseño de muchos procesos sociales y económicos de la
sociedad cubana. Levantando a Pinar del Río, podrían estar elevando el
techo de las potencialidades del socialismo cubano.

_______________________________________________
Cancelar suscripción
https://listas.softwarelibre.cu/mailman/listinfo/linux-l
Buscar en el archivo
http://listas.softwarelibre.cu/buscar/linux-l

Responder a