La burbuja inmobiliaria parece no haber afectado a un tipo de
arquitectura, la de la información, que tras una década de vida sigue en
buena forma, como muestra el último número de El Profesional de la
Información [1] y la reciente publicación de la editorial Trea,
Arquitectura de la información en entornos web [2]. Comparaciones jocosas
aparte, esta disciplina, que arranca a finales de los noventa, viene a
apuntalar adecuadamente los contenidos con el fin de que sus usuarios
puedan encontrar lo que en buscan en los sitio web con facilidad. No se
trata de una cuestión banal: seguramente todos hemos tenido la experiencia
de navegar por sedes web en las que no hay forma de encontrar lo que se
busca y, cuando se logra, resulta que hemos perdido más tiempo del
necesario. Esto genera frustración, sensación de pérdida de tiempo y
deseos de no volver a visitar tal sitio, perdiendo así una valiosa
audiencia.

Sin embargo, una de las dificultades a las que se enfrentan los
arquitectos de la información, como señalan Roberto García, Federico
Botella y Mari-Carmen Marcos [3], es que su trabajo no es fácil de
apreciar a primera vista, aunque los beneficios resultan evidentes y su
ausencia puede devenir en catástrofe. Por otra parte, tampoco es sencillo
delimitar su área profesional, pero sí es cierto que parte de los
principios de la ciencia de la información tradicional, especialmente por
la disciplina de organización y representación del conocimiento, por lo
que supone un interesante campo de acción para bibliotecarios y
documentalistas.

La estructura invisible que sustenta un sitio web se teje a través de
cinco elementos: sistemas de organización, de etiquetado, de navegación,
de búsqueda y vocabularios o lenguajes documentales. Estos últimos cumplen
la función de facilitar la recuperación de la información y se plasman en
los metadatos. El avance de la web semántica en los últimos años permite
emplear sus tecnologías como complemento a estos últimos. Así lo
recomiendan Roberto García, Federico Botella y Mari-Carmen Marcos, para
quienes la definición de una ontología o la inclusión de rdfa en nuestro
sitio web puede facilitar la evolución y mantenimiento de nuestra IA, pero
también mejorar el posicionamiento en buscadores.

Aspecto fundamental y que suelen pasar desapercibido para los diseñadores
es la accesibilidad de las sedes web. En este sentido, Ramón Voces-Merayo
[4] defiende el deber moral y legal de crear esquemas de acceso lineal que
puedan ser interpretados fácilmente por las personas con discapacidad
visual o motriz, que incapaces de emplear el ratón y que necesitan valerse
de lectores de pantalla o del tabulador. Se trata de sistemas poco
costosos y que requieren muy poco esfuerzo a la hora de ser implementados:
basta con definir el orden de navegación de los elementos estructurales
(la cabecera, el pie, el sistema de navegación global, el contenido
principal, etc.) y de los contenidos estructurales complejos (tablas y
formularios) y creando sistemas de acceso intra-nodos, que permitan
acceder rápidamente al usuario a las diferentes secciones o servicios de
una página.

Los procesos de evaluación juegan un importante papel en la arquitectura
de la información: el enfoque centrado en el usuario conlleva constantes
pruebas para conocer cómo la audiencia interactuará en nuestro sitio y
mejorar en consecuencia la experiencia de uso. En este sentido,
Juan-Miguel López-Gil, Carolina Navarro-Molina, Roberto García y Rafael
Aleixandre-Benavent [5] proponen una nueva metodología basada en la
combinación de varias técnicas: el test de estrés de navegación (que se
sirve de una serie de preguntas a través de las que determinar si los
usuarios se hacen una idea de dónde están dentro de un sitio web y cuáles
son los elementos de información a su alcance), las técnicas del thinking
aloud (o pensar en voz alta) y el eye tracking (una sofisticada técnica
que sigue y reconoce el movimiento de los ojos) y un cuestionario de
usabilidad. De esta manera se consigue mayor información, minimizando las
limitaciones de los métodos por sí solos.

El futuro de la arquitectura parece estar en los dispositivos móviles,
como señala el mismo Rosenfeld, uno de los autores del famoso “libro del
oso polar” y padre de la disciplina, en la entrevista realizada por
Mari-Carmen Marcos [6], y la clave del éxito en entornos cambiantes, como
sucede en la actualidad con la web, en la colaboración con diferentes
expertos.
Pero todo esto no es más que un bocado: en este número estival de El
Profesional de la Información encontrarás además ideas sobre cómo
organizar los contenidos en grandes sitios web [7] —una pista: la solución
está en uno de los más grandes y clásicos gurús de la biblioteconomía—,
análisis de varios programas de prototipado [8] —con soluciones para todos
los bolsillos y de alto interés a la hora de diseñar la estructura de
contenidos de un sitio web— y tests de usabilidad [9] y una revisión
bibliográfica actualizada sobre el tema [10].

Natalia Arroyo Vázquez
El Profesional de la Información
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/



Referencias
[1] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/
[2] Pérez-Montoro, Mario. Arquitectura de la información en entornos web.
Gijón: Trea, 2010.
[3] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/02.html
[4] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/06.html
[5] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/04.html
[6] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/15.html
[7] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/05.html
[8] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/12.html
[9] http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/13.html
[10]
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2010/julio/07.html




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altas, bajas y modificaciones:
http://www.cadius.org/lista/opciones.html

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