Siempre leo los artículos de Raúl Rivero que nos pasa gentilmente Melvin.
Todos son ilustrativos de una realidad cruel y despiadada ¿cómo entender que
una persona pueda pasar 28, una parte sustancial de su vida, separado de la
sociedad, privado de libertad, porque tiene un pensamiento distinto del mío?
¿Cómo explicarse que algunos costarricenses encuentren atractivo el régimen
que propicia esa situación? 

 

Cuándo hablo con algunos amigos sobre Cuba, hay con frecuencia alguna
consideración especial al régimen castrista. Se apoya generalmente en
algunos logros en salud y educación. Es cierto que hay logros, pero no para
echar las campanas al viento. He trabajado en bastantes ocasiones en el
sistema de salud cubano. Reconozco que el personal, que recibe unos pocos
dólares de salario, es gente dedicada, inteligente y comprometida con su
trabajo. Pero parte de algunos éxitos en salud se producen por el exceso de
personal médico y en disciplinas afines que prepara el estado, único
empleador en la Isla, que de alguna manera intenta utilizarlo
(subutilizarlo). En un hospital periférico se pueden encontrar las más raras
especialidades, sólo que no hay pacientes que tengan los padecimientos
respectivos para que los médicos se mantengan ocupados. ¿Han oído hablar de
los médicos mansaneros? Piensen por un momento cómo se puede mantener
ocupado un médico con la población de cuadra. Y piensen, por otra parte, que
un médico mansanero sabe absolutamente todo lo que ocurre en cada una de
esas casas. Lo cual es muy conveniente para como parte del sistema de
seguridad del Estado.

 

Pero el punto que me interesa destacar es el siguiente: la situación
anterior, que seguro se repite en otros sectores, es consecuencia directa de
las características del régimen dictatorial. Para empezar, mucha gente
“trabaja” (difícil trabajar con tanta gente que no tiene qué hacer) para
comer -un día sí y otro también, un tiempo de comida sí y el siguiente
también- un plato de lentejas en su caldo, algún pedazo no de carne sino de
pellejo de cerdo, un poco de arroz y un pedazo de pan. No hay comida en la
casa y entonces se come mal, pero se come en el trabajo. Obviamente, no hay
recursos para dietas terapéuticas.

 

Algunas formas de comportamiento de los pacientes siguen un patrón similar.
Por ejemplo, un hospital obstétrico de nivel secundario (complejidad media)
tiene 13 días de estancia promedio (cada paciente que va a parir permanece
en promedio 13 días en el hospital). Es común que la mayoría de los
hospitales registren un promedio de estancia de dos días o menos. Mi señora
tuvo una estancia de 24 horas cuando mis dos hijos nacieron ¿Porqué se
quedan las madres tanto tiempo en un ambiente que se considera hostil para
su salud? Simplemente porque en la casa no hay qué comer. Es una situación
de ineficiencia extrema: por cada mujer que se atiende en Cuba podrían
atenderse en cualquier otro país, sin pérdida de calidad, un mínimo de 6
parturientas. O, visto de otra forma, la atención de un paciente toma un
600% de la infraestructura realmente necesaria.

 

Hago este comentario por dos razones: primero porque algunos avances ocultan
enormes incoherencias y problemas del régimen cubano, incluso el hambre.
Segundo, porque en estos días Tomás Artiñano mencionó la película de Moore
en la cual se hace referencia a los éxitos del sistema de salud cubano.
Tales éxitos existen, pero en medio de situaciones graves y económicamente
absurdas, que seguro no serán expuestas por Moore (cuyo interés es reflejar
las deficiencias obvias del sistema en EE. UN.).

 

Concluyo diciendo que, aún en las áreas donde algún progreso ha habido, la
situación cubana es, casi desde cualquier perspectiva, absurda y tiene un
costo humano enorme (también económico, por problemas estructurales). Leer a
Rivero me llena de tristeza y algún sentido de amargura cuando escucho a los
sindicalistas defender o ponerse del lado de Cuba y en contra de nuestra
democracia o cuando veo que una persona, aparentemente honesta e inteligente
como Corrales, manifiesta preferir a Chávez sobre Oscar Arias.
Incomprensible ¿Qué pensaría tu hermano Rivero, Melvin? Eduardo

 

  _____  

De: [EMAIL PROTECTED] [mailto:[EMAIL PROTECTED] En
nombre de melvin saenz
Enviado el: miércoles, 11 de julio de 2007 10:11
Para: lista pln
Asunto: [pln] Raul Rivero se las dice a Silvio Rodríguez

 

Represión


Sones para presos


Es un ejercicio de crueldad proponerle un verso a quien necesita medicina y
una canción a un hombre que sueña con un pan.

Raúl Rivero
<http://www.cubaencuentro.com/es/usuarios/autores-eer/raul-rivero> , 

 

Madrid

miércoles 11 de julio de 2007 6:00:00

 
<http://www.cubaencuentro.com/es/layout/set/simple/encuentro-en-la-red/cuba/
articulos/sones-para-presos/silvio-rodriguez-y-fidel-castro-se-abrazan-duran
te-un-acto> 

La Asamblea Nacional del Poder Popular inauguró en América la era digital.
Desde su primera elección, todo el proceso de selección de los candidatos y
las elecciones se realizaron al ritmo de las fluctuaciones del dedo índice
de la mano derecha de Fidel Castro. Ese método revolucionario salva a la
sociedad de las crispaciones, debates y reconcomios de unas elecciones
libres, y permite que un diputado como el escritor Alejo Carpentier,
residente en París, representara a la población de Guanabacoa, reservorio
natural de los fundamentos de las religiones afrocubanas.

Todo eso, a pesar de que los últimos negros que viera de cerca el autor de
Viaje a la semilla fueran los caleseros de los grabados de Víctor Patricio
Landaluce. Pues bien, ahora el "Parlamento" ha aprobado una propuesta del
diputado Silvio Rodríguez para llevar manifestaciones artísticas a la
población penal. Él mismo está dispuesto a presentarse con su guitarra ante
los condenados: unos 80.000 por delitos comunes y 250 por no compartir las
ideas políticas de los parlamentarios. Por cierto, las mismas personas que
integran el gobierno nacional y administran los casi 300 centros
penitenciarios del país.

El problema es que los presos políticos son inocentes y están encerrados con
condenas de hasta 28 años en juicios teatrales y de quincalla. Otro asunto
es que muchos están enfermos (cirrosis, tuberculosis, trastornos cardíacos)
y no reciben la alimentación ni la atención médica requerida. Se les prohíbe
la entrada de medicinas. Viven en parcelas del infierno, acosados por
piojos, mosquitos, roedores y cucarachas. Y son sometidos a tratos
degradantes que incluyen linchamientos verbales y palizas.

Así están también los presos comunes. En ese sector predominan las penas por
actividades delictivas económicas. Desde hurto y sacrificio de vacas y
caballos, hasta asaltos a cafeterías y bodegas, robos de frutas y viandas en
las granjas estatales, y otras fechorías derivadas de la pobreza y la
ineficacia de un sistema que ofrece un salario promedio de 10 euros al mes.
Con ese panorama no parece acertado comenzar a preparar brigadas de
sonetistas, grupos folklóricos, combos, trabucos, ventú y charangas para ir
a trabajar a los patios de las prisiones.

Que no inicie el Ballet Nacional los ensayos de Avanzada, ni la Sinfónica
desempolve las contradanzas de Cervantes, ese es el repertorio que los
funcionarios creen que el pueblo puede asimilar. Y los presos son gente
también de esa sustancia. Es un ejercicio de crueldad proponerle un verso a
quien necesita medicina y una canción a un hombre que sueña con un pan. Es
ofensivo tratar de darle un somnífero de arte controlado a los presos
políticos. Ellos están detrás de las rejas porque creen en la libertad.

  

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