Amigas, amigos: no se si alguna o alguno de ustedes está en disposición y ánimo 
combativo para leer algo en una noche de viernes. El asunto es que me acabo de 
encontrar un artículo de Mauricio Vicent en El País, edición de hoy; me ha 
parecido interesante y, en especial, les digo que me llama la atención como un 
corresponsal extranjero en La Habana se la juega a publicar algo con el 
contenido "tan crudo y severo" como lo ha hechoen este caso Mauricio.
   
  Saludos y buenas noches,
   
  Melvin
   
   
   
  El futuro cubano 
Cuba toca fondo 


MAURICIO VICENT 

        EL PAÍS  -  Internacional - 14-07-2007   Dime tres logros de la 
revolución, pregunta un chiste cubano. La respuesta, obvia: la educación, la 
salud, el deporte. ¿Y los tres mayores fracasos? Unos segundos de silencio... y 
el narrador contesta: "El desayuno, el almuerzo y la comida". La broma, que es 
muy seria, adquiere estos días especial actualidad; casi un año después de que 
Fidel Castro delegara "provisionalmente" todos sus cargos por una grave 
enfermedad, aliviar las desesperantes estrecheces y padecimientos cotidianos de 
la población es para el Gobierno interino de Raúl Castro una prioridad. Desde 
que el pasado 31 de julio asumió poderes, el jefe del Ejército y sucesor 
constitucional de Fidel Castro ha incorporado a ministros y colaboradores a la 
tarea de mejorar las duras condiciones de vida de la población, asfixiada por 
el problema de los salarios que no alcanzan, los elevados precios de los 
alimentos, la pésima situación del transporte y la vivienda y un
 sinfín de dificultades para todo.
Si en los noventa, cuando la isla se hundía en la pesadilla del Periodo 
Especial, Raúl Castro pronunció aquella frase de "los frijoles son más 
importantes que los cañones", ahora la consigna parece ser "Producción o 
muerte". El mensaje es claro: la revolución y su continuidad dependen de "hacer 
eficiente" la economía. Sin producir es imposible repartir y mejorar, se 
admite; y cada vez hay más certeza de que las urgencias mandan.   
Los datos oficiales y los resultados de las investigaciones académicas 
independientes preocupan. "La última encuesta de la Oficina Nacional de 
Estadísticas sobre la situación socioeconómica de los hogares cubanos revela 
que en el 75% de los núcleos familiares los salarios de sus miembros no 
alcanzan para cubrir los gastos que deben realizar", afirma un sociólogo 
conocedor del estudio. Su moraleja: "Los sueldos son completados a la brava, 
con ingresos que provienen usualmente del expolio de los recursos estatales, 
siguiendo la filosofía popular de 'si no me dan lo que me corresponde, me lo 
cojo".   
Usualmente, el calvario cotidiano de asegurar la existencia vital comienza por 
la alimentación: la libreta de racionamiento, subvencionada, a duras penas 
alcanza para dos semanas; y una compra decente de viandas y carnes en un 
mercado agropecuario, donde rige la ley de la oferta y la demanda, fácilmente 
se lleva el salario de medio mes, probablemente más. Tras un estudio del aporte 
de calorías y proteínas que suministran los productos distribuidos por la 
cartilla de racionamiento, así como de los precios prohibitivos del mercado 
agrícola, Armando Nova González, del Centro de Estudios de la Economía Cubana 
(CEAC), asegura que la mayoría de las familias "destinan el 75% de los ingresos 
mensuales a la compra de alimentos (...) dejando poco margen para asumir otros 
gastos".   
En resolver, categoría cubana que raya la ilegalidad, la gente emplea parte de 
sus energías y tiempo. Y su traducción, en malestar, se expresa cada vez más 
abiertamente. Del problema del transporte, ni hablar: la cantidad de pasajeros 
transportados hoy por el servicio público de autobuses en todo el país es 
similar a la de 1964. Reparar una casa -el 50% de los tres millones de 
viviendas cubanas están en estado regular o malo- o construir una nueva 
mediante la modalidad de "Esfuerzo propio" puede convertirse en una "odisea 
similar a la Ulises", admitía el diario oficial Juventud Rebelde.   
Es cierto que a raíz de la dolarización y de las reformas económicas de los 
años noventa, una parte de la población se benefició de la apertura al turismo 
y la inversión extranjera, así como de la entrada de remesas del exterior. Pero 
fueron una minoría. Más del 70% de la población activa y de los jubilados 
dependen de salarios y pensiones del Estado, en moneda nacional. Para mucha 
gente, la reciente reducción de los subsidios a algunos servicios básicos ha 
supuesto un duro golpe. En noviembre de 2005, el Gobierno decretó importantes 
aumentos salariales, pero también en los últimos tres años subió el precio de 
la electricidad -hasta un 400 % en el caso de los núcleos que más consumen-, 
mientras que el pasaje en autobús entre La Habana y Santiago se ha multiplicado 
por 15.   
Desde hace meses, la radio y la prensa escrita critican la ineficiencia estatal 
y las trabas burocráticas que dificultan la solución de problemas que más 
angustian a la gente. Hay especial interés en poner de manifiesto que las 
autoridades son perfectamente conscientes de la dura realidad y del malestar 
general, y también en demostrar que resolver los problemas concretos de la 
gente es prioridad.   
Por iniciativa directa de Raúl Castro, en este tiempo, entre otras medidas 
prácticas, se han pagado todas las deudas estatales acumuladas con los 
campesinos privados, responsables del 60% de la producción de alimentos; se han 
elevado en un 250% los precios "de acopio" que pagaba el Estado a los 
productores privados de leche y carne; se ha flexibilizado la política aduanal 
para importar artículos electrodomésticos, DVD y computadoras, entre otras 
mercancías antes restringidas; y en La Habana, donde el transporte público es 
crítico, se ha tolerado que todo aquel que posee un vehículo ejerza de taxista 
"por cuenta propia".   
Sin embargo, cada vez son más las voces que aseguran que para reactivar la 
producción y mejorar la calidad de vida de la gente hacen falta reformas 
estructurales. Regresar a la descentralización y conceder de nuevo autonomía a 
las empresas; fomentar la inversión extranjera y el trabajo por cuenta propia 
y, en definitiva, "liberar las fuerzas productivas", serían algunas de las 
reformas a realizar, según economistas que hablan ya de la necesidad de ir 
hacia un "nuevo modelo" de socialismo.   
Aunque todavía tímidamente, los discursos de los dirigentes han tocado puntos 
que en cualquier otro lugar se dan por hecho, pero que en Cuba implican 
delicados asuntos ideológicos y suponen avances: "No importa cuánto gane un 
campesino" si produce más y vende barato (Raúl Castro); hay que ir a una 
"revisión de los sistemas de pago por rendimiento" y establecer una "política 
salarial que garantice que el sueldo sea el principal estímulo" (Alfredo 
Morales, ministro de Trabajo); el único modo de que "la revolución y el 
socialismo sean realmente irreversibles" pasa por hacer eficiente la economía y 
elevar la calidad de vida del pueblo; (Ramiro Valdés, comandante histórico y 
ministro de Informática).   
El debate, en esencia, es: ¿es viable mantener la revolución sin reformarla? 
Cada vez hay más señales de que el cambio económico se impone; y de que el 
Gobierno de Raúl Castro es práctico y realista, aunque haya factores e inercias 
que condicionen los ritmos. Se trata de una cuestión de subsistencia.
       
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