SaludMuy de acuerdo don José Luis. Lamento no haber salido de inmediato a
solidarizarme con su posición. Lo que sucede es que he estado bastante
ocupado con mi trabajo en la UNED. Es lo malo de ser un asalariado y tener
que vivir de eso, incluso con los maravillosos privilegios de hacerlo en un
ambiente de camaradería y estímulo intelectual excepcional.

Lo que sigue es mi reacción al problema que Ud. denuncia.

En uno de los foros de una de las universidades en que participo recibo toda
clase de mensajes, muchos de ellos, ahora, sobre el tema omnipresente: el
TLC. Lo malo es que una buena parte de esos mensajes son pródigos en
intransigencia, intolerancia y falta de paciencia. Muchos usan un lenguaje
muy corriente, carecen de argumentos y se dedican a ofender al oponente.
Algunos polemistas y dirigentes sindicales (que lo hacen también por escrito
en papel) son personas que parecen, por lo menos, muy cortos de
inteligencia, o muy hábiles para fingir y adoptar las poses y los papeles de
bufón ordinario, de idiota de asilo, de payaso necio y sin otras dotes
intelectuales.

En el ámbito nacional muchos de esos llamados o autoproclamados voceros del
NO, también se expresan, a menudo, con violencia y estupidez. Muchos mienten
e inventan argumentos sobre todas las polémicas. Pero, el reclamo que les
hacemos –que les hago– a estos vándalos también lo merecen los que desde
esta trinchera de nuestro Partido, con idénticas actitudes ponen en peligro
la credibilidad de los verdaderos argumentos socialdemócratas y el futuro de
nuestra ideología cuando la novedad de las modas sea superada. Los
defensores gratuitos de cuanta barrabasada se inventa a favor del TLC o del
Gobierno (muchas veces sin necesitarlas) merecen, por las mismas razones,
idéntica sanción que los Albinos.

La disciplina de leer completas las participaciones de todos exige una
paciencia franciscana. Porque, es innegable que la calidad de nuestras
discusiones ha caído a los niveles más bajos. Ahora cuesta encontrar una
discusión de fondo y la intolerancia es la media. Max Weber, en las primeras
páginas de "El científico" en "El político y el científico", advertía sobre
el peligro de participar en el aula enfrentando día tras día tanta
mediocridad. Aquí no basta con esa advertencia, porque el problema en este
foro es que la mediocridad nos ha venido alcanzando a los que ya estábamos
aquí, y no nos queda el recurso que recomendaba Weber; ahora a callar o a
arriar. Es así como, ante la actitud predadora injustificada, ante la
estulticia, ante la falta de argumentos en este foro del PLN, (a pesar de
los obligados reclamos periódicos de muchos), algunos de los participantes
se han visto obligados a escoger el silencio, y pocas veces, actitudes más
extremas para expresar su disgusto.

Es claro que la impericia, la falta de reflexión, la falta de trabajo y, a
veces, el oficio de esbirro (DRAE.3, por aquello de alguien le atribuya algo
más que su valor descriptivo), u otras formas parecidas, hacen que algunas
de estas reacciones sean personales y virulentas.

Por ejemplo, algunos de los que me han agredido recientemente reaccionan
igual de mal que todos aquellos adversarios a quienes critican.

Yo entiendo que una de las cosas que más les molesta de reconocer que
Alberto Trejos gobernó en el cuatrienio pasado es que una consecuencia que
habría que considerar es si, en cierto sentido y con ciertos límites, sigue
haciéndolo. Con el aprecio que me merece personalmente Marco Vinicio, y sin
dejar de reconocer sus buenas intenciones y propósitos, es inevitable que la
sombra de los procedimientos ética e ideológicamente viciados que primaron
sobre el tratado entonces, sigan haciéndola ahora. Incluso más, habría que
examinar la importancia de que miembros conspicuos del gabinete de Trejos
sean nombrados por el actual gobierno como negociadores de otros tratados,
con la UE, por ejemplo.

Defender una expresión como al de arriba es coherente con una manera de
pensar sobre este TLC que se discute y, tan solo por eso, respetable, como
todas las de análogo rango. Más aún: yo ha sido identificado casi como
prototipo en una de las numerosas encuestas publicadas o comentadas en
diversos medios hoy. A saber, como dice el análisis de la encuesta :

"Los resultados muestran un rechazo al TLC con EE.UU., a la negociación que
se dio del TLC, ya que promueve el intervencionismo extranjero en asuntos
que son resorte de nuestra soberanía nacional. La población resiente la
forma en que se desarrolló la negociación del TLC y el pago de sobresueldos
a los negociadores ticos por parte de EE.UU. La población no cree que el TLC
sea la única alternativa para el desarrollo de nuestro país, se critica que
los medios de comunicación estén a favor del TLC, ignorando toda
manifestación en contra."

Eso es lo que he manifestado aquí desde el principio. Originalmente creía en
las virtudes de la agenda complementaria. Luego me convencieron de su
futilidad, unos por su impotencia para crear el marco necesario, otros,
especialmente entre ellos Marcelo, con argumentos sobre los principios de
nuestro concepto de estado nación, el mismo que aprendíamos con Alfonso
Carro en el aula abierta en el Partido y en los primeros años en la UCR.

Esto es lo mismo que originalmente, desde el Congreso en muchas de sus
numerosas etapas (y no solo en el acto casi social que a medias reseña
Conejo –y lo corrige Revilla), hemos sostenido muchos de nosotros. Como
liberacionistas, desde el origen, lo más ofensivo fue el clima
recurrentemente viciado de autocomplacencia en que se negoció el tratado.
Desde entonces, con el aplauso de muchos que ahora se rasgan las vestiduras,
Trejos era la imagen del Anticristo. Luego, cuando Trejos en algún acto
público de carácter internacional asumió alguna pose social estatista lo
subrayamos y lo celebramos en esta lista (Revilla también participó en esa.
Así como muchos otros liberacionistas destacados). Sin embargo, la distancia
es clara: sigue sin ser santo de nuestra devoción; al contrario es un
enemigo indudable de Liberación y debería serlo de Don Oscar también.

Así que las prendas valen. Los argumentos deben coherentes, sistemáticos,
con arraigo histórico. La participación debe ser transparente. Como bien
dice Eduardo en alguna de sus buenas participaciones: "la violencia en el
lenguaje es enemiga de la democracia".

Pero, cuidado, la verdad no debe ser acomodaticia. *Todos esperamos "que la
civilidad y el respeto a la institucionalidad se impongan"*. Pero también es
necesario que las participaciones sean más serias y veraces que
democráticas. Y el que mienta, el que diga estupideces si debe ser
denunciado, ni no descalificado, no exclusivamente por los más sabios, que
tal vez no existan, pero si por los más viejos, por los amigos, por los más
comprometidos, etc., por cualquiera de nosotros que ejerce libremente el
mismo derecho que ese "otro" se atribuye.

Las humoradas alajuelenses o pastusas no caben sin son usadas como disfraz
de la mentira, del pensamiento falaz y de la ofensa.

Repito entonces lo que he dicho antes: si el TLC no se va a discutir con
altura, con argumentos verdaderos, mejor sería que ese tema se prohibiera en
este foro. Mientras tanto, lo que hemos abandonado y sacrificado son las
verdaderas polémicas de fondo. Por ejemplo, sobre el nuevo estatuto y la
visión a futuro de nuestro partido.

Ahora miramos con nostalgia algunas discusiones con otros participantes como
Denis Meléndez, que si alguna virtud tenían es que eran, por lo menos, sobre
contenido ideológico y no discursos vagos y vacíos. Y claro, miramos con más
nostalgia aún el clima en que la discusión se desenvolvía: pleitos habían,
muchos, pero la majadería era escasa.

 Luis Fernando Díaz



El día 1/08/07, Lic. Jose Luis Pacheco <[EMAIL PROTECTED]> escribió:
>
>  Fuí yo quien lamentó la forma de referirse a Don Eugenio y lamento aún
> más que se pretenda continuar con esta forma de manifestarse en esta lista
> que al parecer dejó hace rato de ser fuente de luz y sabuiduría y desde
> luego de crecimiento educativo y político. Tendré acaso por esta razón
> llamar a Don Carlos Revilla con improperios porque sea el el coordinador de
> este espacio. Las cosas deben de ubicarse en su exacta dimensión, porque de
> lo contrario caemos en esto que hemos caído, el irrespeto y la barbarie.
> Quien defiende sus ideas debe ser digno de respeto, quien las defiende aún
> en contra de lo que digan los demás debe ser digno de admiración y quien las
> defiende demostrando con razones que posee la razón debe ser apoyado, pero
> que alguien piense diferente no lo hace nada de lo que aquí se ha dicho de
> don Eugenio Trejos. Atte. y con respeto,
> José Luis
>
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