Las nuevas, nuevas izquierdas europeas Sergio Moya Mena (*) Periódico "Esto Pasa"
La caída del Muro de Berlín provocó una sacudida en toda la izquierda de Europa occidental que hizo que, en adelante, el "pragmatismo" se constituyera en el principio estratégico fundamental. La casi totalidad de los partidos comunistas entraron en un proceso de transformaciones que abarcó, desde la eliminación de los últimos resabios estalinistas, el cambio de nombres y la refundación con programas más o menos socialdemócratas, hasta la progresiva desaparición. En el caso italiano, el PC abandonó los símbolos de la hoz y el martillo, se transformó en Partido Democrático de la Izquierda (PDS), en 1991, y pidió su ingreso en la Internacional Socialista. El viaje del PDS hacia el centro político continuó en 1998, cuando se unió a otras agrupaciones minoritarias de izquierda para constituir los Demócratas de Izquierda (DS). El ala marxista previamente había decidido separarse y constituir el Partido Refundación Comunista (PRC). En el caso de la Alemania, el Partido de la Unidad Socialista -ex gobernante en la desaparecida República Democrática Alemana- se transformó en 1990 en Partido del Socialismo Democrático (PDS), conservando un modesto bagaje electoral en el este del país. Pero el fin de la Guerra Fría no afectó solamente a la izquierda comunista. La socialdemocracia europea entró en una crisis de creatividad ideológica, que se aceleró conforme el modelo de capitalismo de bienestar era sacudido por los embates de la globalización y un proceso de construcción de la Unión Europea sustentado en una ideología abiertamente liberal. Con muy pocas excepciones, la socialdemocracia perdió su capacidad transformadora y ha sido incapaz de constituirse en alternativa al neoliberalismo. Si los antiguos partidos comunistas, flexibilizaron sus posiciones políticas en un esfuerzo desesperado por sobrevivir, los socialdemócratas apuraron también el paso para adaptarse a las dinámicas del capitalismo global. Los socialdemócratas son ahora firmes defensores de la estabilidad macroeconómica, la rigurosidad fiscal, la reforma a los regímenes de pensiones, la flexibilización de los mercados laborales y en muchos casos, han apoyado los lineamientos de la política exterior de los Estados Unidos y su proyección en el accionar de organizaciones como la OTAN, todo lo cual, les diferencia muy poco de fuerzas conservadoras como los democratacristianos o liberales. El vacío dejado dentro del centro-izquierda por una socialdemocracia que no termina de moverse a la derecha, unido al descontento de los sectores sensibilizados por los excesos de la globalización o vinculados a los sindicatos o movimientos sociales, ha creado las condiciones para un proceso de redefiniciones ideológicas y el surgimiento de nuevas alternativas políticas. En Italia, los Demócratas de Izquierda han terminado de echar por la borda todo lo que restaba de su rica herencia, desde Gramsci hasta Berlinger, para disolverse y constituir junto con "La Margarita" (remanente de la extinta Democracia Cristiana) el Partido Demócrata (PD), cuyo referente confeso es el Partido Demócrata de los EE.UU. en su versión clintoniana (¿o acaso hillariana?). La decisión de disolver la DS y constituir el PD fue apoyada por el 75% del congreso de los DS celebrado en abril en Florencia, pero rechazada por dos de las corrientes de izquierda del partido, que decidieron separarse y constituir una nueva organización, la Izquierda Democrática por el Socialismo Europeo. La meta de esta nueva organización es la unificación de la izquierda italiana, un proceso en el que coinciden con otras fuerzas políticas como Refundación Comunista, el Partido Verde, o el Partido de los Comunistas Italianos, organizaciones que suelen coincidir en los debates parlamentarios y que valoran con más seriedad que nunca la necesidad de establecer una agrupación unitaria de la izquierda. En esta dirección, el pasado 16 de junio se constituyó la sección italiana del Partido de la Izquierda Europea, entidad supranacional que agrupa a la mayoría de partidos europeos ubicados a la izquierda de la socialdemocracia y que es presidida por Fausto Bertinotti, presidente de Cámara de Diputados. Con un perfil anti-neoliberal, laico y pacifista, este capítulo italiano de la Izquierda Europea pretende articular tres grandes tradiciones: la que surge del movimiento obrero, con su cultura organizativa y sus herramientas conceptuales y analíticas, la surgida del feminismo con su crítica al patriarcado y la subordinación, y la que nace de los movimientos contra la globalización neoliberal y la guerra. Como lo afirma Achille Occhetto, quien fuera el último secretario general del PC, los esfuerzos unitarios de la izquierda italiana hacen ahora converger a quienes estuvieron juntos en el pasado, tomaron caminos diferentes y ahora vuelven a encontrarse en la búsqueda común de formar una identidad alternativa al modelo actual de hacer política y promover una izquierda moderna y plural. En Alemania, la renuncia de Oskar Lafontaine como Ministro de Finanzas y líder del Partido Socialdemócrata (SPD) en 1999, aceleró una ruptura cada vez más evidente entre las bases, cercanas a los sindicatos y sensibles a los valores tradicionales de la izquierda y la cúpula del SPD, comprometida de lleno con las reformas económicas del entonces Canciller Gerhard Schröder, que implicaron aumentos en la edad de jubilación y recortes en las prestaciones sociales, mientras al mismo tiempo se otorgaban regalos fiscales a las grandes empresas. "Los trabajadores perdieron su único amigo cuando los socialdemócratas empezaron a recortar los beneficios sociales", afirmó Klaus Ernst dirigente de IG Metal, el sindicato más grande de Alemania. Los disidentes del SPD encabezados por Lafontaine constituyeron la Alternativa por el Trabajo y la Igualdad Social (WASG), que inició un proceso de alianzas con los ex comunistas del PDS que les deparó un 8,5% de los votos en las elecciones de 2005 y un total de 54 diputados en el Bundestag. El pasado 15 de junio en Berlín, los dos partidos decidieron unirse en una sola organización, a la que han denominado Die Linke o Partido de la Izquierda (DL). El nuevo partido tiene ya más de 70.000 afiliados, 10 mil consejeros municipales electos y cuenta con un 12% de intención de voto a nivel nacional según una encuesta de la revista Stern, lo que eventualmente le convertiría en una de las tres fuerzas políticas más populares de Alemania. El DL ha sacudido el escenario político alemán, convirtiéndose en un verdadero "dolor de cabeza", especialmente para el SPD, que integra la coalición de gobierno con los democratacristianos de la Canciller Ángela Merkel. El SPD ha perdido 45.000 miembros en apenas dos años y el posicionamiento del nuevo partido a su izquierda, inquieta a la dirigencia socialdemócrata, temerosa de seguir diluyendo su identidad como partido de izquierda. Recientemente el presidente del SPD, Kurt Beck, criticó a su socio de Gobierno, la CDU de Merkel, calificando de "neoliberal" la política que lleva a cabo, un descubrimiento algo tardío, considerando que Merkel lleva haciendo las mismas políticas desde hace dos años, y con la complicidad del propio SPD. El DL atribuye su creciente empuje a seis años de políticas neoliberales que han erosionado el Estado de Bienestar. "Nuestro más importante éxito ha sido el cambio que hemos traído al debate político en Alemania", afirma Gregor Gysi, uno de los líderes del partido, "Los otros partidos, de repente, están descubriendo la justicia social como tema. Esa es la marca que ha dejado la izquierda". Quizás por esta presión desde la izquierda es que el propio SPD defiende ahora una propuesta de salario mínimo y se opone al plan de Merkel para expandir la presencia militar alemana en Afganistán. El objetivo estratégico del DL es convertirse en una verdadera fuerza política nacional, no sólo en el este, los territorios de la antigua República Democrática Alemana, sino en todo el país. El DL no descarta unir fuerzas con el SPD en algún momento, siempre y cuando el eje de cooperación sean los valores de la igualdad social y el rechazo a la guerra, ha declarado Gysi. La emergencia de nuevas organizaciones de izquierda dinamiza el panorama político europeo, reintroduciendo en el debate una serie de valores, sensibilidades y demandas que habían sido opacados por la hegemonía ideológica del neoliberalismo. La construcción de una izquierda moderna, aunque leal a sus valores, plural y democrática, se constituye en un experimento político muy interesante, cuyas lecciones deberían ser tomadas en cuenta por aquellos interesados en la construcción de nuevas alternativas progresistas en Costa Rica. _______________________________________________ Blog: http://www.pln.or.cr/blog Lista de correos [email protected] Para desinscribirse o cambiar su configuración http://lista.pln.or.cr/listinfo.cgi/lista-pln.or.cr
