Excelente nota de Marcelo. Luego nos llegó otra, igualmente interesante, de Enrique Gomariz. Para los nosotros a veces resulta incomprensible el fenómeno guatemalteca. Especialmente considerando que hemos vivido en paz por tanto tiempo. Una generación en mi caso, pues viví como niño los acontecimientos del 48 y posteriormente más de cerca los del año 1955. Y, si en nuestro caso hubo consecuencias importantes de la violencia, nunca alcanzó el nivel de nuestra vecina Guatemala. Ciertamente, un buen motivo para reflexionar sobre los acontecimientos recientes nuestros y nuestra posición frente al estado de derecho.
Estaba en Guatemala cuando ocurrieron los acontecimientos que menciona Marcelo, entre ellos el asesinato de Alberto Fuentes Mohr, a quien conocí primero en Costa Rica y luego tuve algún contacto en Guatemala. Me dirigía del centro hacia nuestra oficina casi a la misma hora de su asesinato. Me desvió la policía y cuando llegué a mi oficina supe de la muerte de Alberto. De inmediato llamé a las personas por las cuales había conocido a Alberto en Costa Rica, posiblemente las primeras llamadas que trajeron esa información a Costa Rica. Habiendo vivido en esa época tres años en Guatemala, pude experimentar los horrores que cuenta Marcelo y muchos más. Entre otras cosas, jugaba fútbol con los veteranos de la Universidad de San Carlos. El equipo cambiaba cada semana, por la persecución de algunos de nuestros jugadores y varias veces por el asesinato de los mismos. La lista de asesinatos de gente conocida es larga, pero igualmente hubo crímenes masivos que sorprenden por su crueldad extrema. Uno de los acontecimientos grotescos fue la quema de la embajada de España. Y aquí hay una anécdota importante que posiblemente no es conocida en Costa Rica. El embajador de España, mal herido, estuvo internado en una clínica privada, mientras se hacían los arreglos para su traslado fuera del país. Se encontraban con él, de visita, los embajadores de EE UU y Costa Rica. Creo que nuestro embajador era de Guanacaste y posiblemente de apellido Esquivel. Mientras hacían visita, aparecieron dos o tres paramilitares que venían a ultimar al embajador de España. Les pidieron a ambos que salieran de la habitación, lo cual rehusaron hacer. El embajador de EE UU les advirtió sobre las consecuencias internacionales que podría tener el asesinato de tres embajadores, incluso el de EE UU. Los paramilitares desistieron de su intención y se retiraron. Dada la crueldad extrema de estos asesinos, es fácil pensar en el momento difícil que habrá pasado nuestro embajador, conjuntamente con el de EE UU. Esto era común. En varias oportunidades, personas que quedaron heridas fueron internadas en esa u otras clínicas y corrieron con la suerte que habría corrido el embajador de España, de no ser por la valiente actitud de nuestro embajador. La impunidad era total y no había protección alguna posible. Un odontólogo, casado con una compañera de trabajo, fue secuestrado de esa clínica y arrastrado por un vehículo que lo dejó moribundo tirado a la orilla de la calle. Cuento la anécdota anterior, porque envuelve un acto heroico de un costarricense, a quienes algunos de ustedes podrían conocer. Yo tuve un contacto muy superficial con él y nunca lo volví. En algún momento la violencia se generalizó. Recuerdo que mi peluquero, de nacionalidad nicaragüense, una persona sencilla y no muy inteligente, hacía alarde de ser quien le cortaba el pelo a su amigo el embajador de Nicaragua. Me parece que su único defecto era ser bocón. Fue asesinado por la izquierda enfrente de mi oficina. Enrique en su nota expone con mayor claridad parte de lo que yo quise decir en mis dos notas. Realmente se trata de una tarea descomunal. Enrique se refiere a la diferencia entre zonas urbanas (clase media) y zonas rurales (población empobrecida, mayormente indígena). No lo dice Enrique, pero vale la pena mencionar que la clase media está muy dividida. Para mi fue difícil experimentar que gente de clase media con la que llegué a tener alguna amistad, tuvieran posiciones tan extremas, fueran capaces de expresar un odio profundo contra sus conciudadanos menos afortunados y carecieran de algún sentido de solidaridad con ellos. La reforma fiscal que también menciona Enrique es esencial para obtener los recursos internos necesarios incluso para los programas más básicos de corto plazo. Esto no es algo que la derecha acepte fácilmente. De nuevo, hay que brindarle al Presidente electo todo el apoyo posible. No se, pensaría que se requeriría algún movimiento internacional de solidaridad para potenciar la acción del Gobierno y controlar algunos de los riesgos, incluso personales, asociados con las decisiones que tendrá que tomar Colom. Saludos. Eduardo _____ De: [EMAIL PROTECTED] [mailto:[EMAIL PROTECTED] En nombre de Marcelo Prieto Enviado el: martes, 06 de noviembre de 2007 10:21 Para: Lista PLN CC: [EMAIL PROTECTED] Asunto: [Lista] Guatemala: después de la larga noche GUATEMALA: DESPUES DE LA LARGA NOCHE Dedico este envío a Manuel Carballo Quintana y a la memoria de Héctor Oquelí Colindres. Creyeron matar la razón, los que mataron a Meme Colom. Pero Manuel anda en las calles, exigiendo libertad. Así dice una vieja canción protesta guatemalteca, y al contemplar la victoria luminosa de Alvaro Colom y la Unidad Nacional de la Esperanza, recuerdo muy bien esos días de oscuridad y de miedo. Hoy, que la luz brillante de la democracia comienza iluminar con vigor a Guatemala, que hace más bellos sus volcanes y sus lagos, que alienta a su pueblo generoso y fraterno, estoy obligado a hacer recuerdos personales que nunca he hecho, por dolorosos, sobre la larga lucha librada por el pueblo guatemalteco contra la tenebrosa noche de la dictadura y la opresión. Esos recuerdos comienzan hacer casi 29 años, en diciembre del 1978, cuando en mi condición de diputado socialdemócrata y en ese momento Presidente de la Juventud Liberacionista, fui invitado por el naciente Partido Socialista Democrático de Guatemala a brindar una exposición sobre los principios de la socialdemocracia, dentro del programa de su Primer Congreso Regional de Capacitación Política, que se realizaría en Quezaltenango. La invitación la gestionó un hermano de luchas muy querido, Mario Solórzano, a través de Manuel Carballo. Acepté de inmediato, y viajé a Guatemala a los pocos días, en compañía de Jorge Vargas Roldán. Fuimos recibidos por Mario y por el fundador y principal dirigente del nuevo partido, ya una verdadera leyenda política en América Latina: Alberto Fuentes Mohr. Su libro testimonial, Secuestro y Prisión, se había convertido ya en un clásico de la literatura política latinoamericana. Con Alberto y Mario viajamos a Quezaltenango, y participamos emocionados en un acto político extraordinario: intelectuales, obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, empresarios, hermanados todos en el esfuerzo por construir un movimiento político socialdemócrata en Guatemala. Procuramos un acercamiento del nuevo partido con el Frente Unido de la Revolución (FUR), de Manuel Colom Argueta, Meme, entonces Alcalde de la ciudad de Guatemala. De ese viaje nació una sólida amistad con Alberto, desde luego con Mario Solórzano, y con muchísimos dirigentes guatemaltecos. Conservo en mis recuerdos de oro una foto de la mesa principal de ese congreso regional: de una gran mesa pletórica de dirigentes, solo Jorge Vargas y yo estamos con vida. Todos los demás, salvo dos -Mario Solórzano y Mario Aníbal González-, fueron asesinados por el Ejército. El primero de todos, Alberto, y muy pronto, Marco Antonio Cacao, un periodista de vigoroso esfuerzo democrático. Detrás de ellos, todos los demás, fueron cayendo en la implacable cadena de muerte que la oligarquía guatemalteca había impuesto desde décadas atrás. No hay ni uno vivo. Mi amistad directa y personal con Alberto Fuentes Mohr había de ser sólida pero muy corta. Un mes y medio después de nuestro viaje, Alberto fue perseguido y asesinado en las calles de Guatemala por un comando paramilitar, el 24 de enero de 1979. Al día siguiente de su asesinato, como para restregarle su burla en la cara al pueblo guatemalteco y a nosotros sus amigos internacionales también, en un acto de verdadera burla sangrienta y tenebrosa, las autoridades guatemaltecas autorizaban con bombos y platillos la inscripción electoral del Partido Socialista Democrático de Guatemala, negada reiteradamente una y otra vez antes del día del asesinato. Después de la muerte de Alberto, con Manuel Carballo, y con Jorge Vargas, comenzamos a trabajar para fortalecer el naciente partido, y continuamos el esfuerzo para procurar su acercamiento con el otro movimiento político de izquierda democrática que había surgido en Guatemala: el Frente Unido de la Revolución, dirigido por Manuel Colom Argueta. No pude viajar al entierro de Alberto, pero el entonces diputado Tobías Vargas, que representó a la Fracción Legislativa y al Partido en esas dolorosas exequias en Quezaltenango, llevaba un mensaje de solidaridad y de respaldo para Meme Colom, ya también amenazado de muerte. La Catalina, con Manuel Carballo, se convirtió, como siempre, en un punto de encuentro solidario. La Juventud Liberacionista fue anfitriona de las juventudes del PSD y del FUR, y el camino de la unidad y la cooperación fue creciendo. Meme fue invitado a venir a Costa Rica, y con Mario Solórzano y otros compañeros trabajamos para fortalecer esa unidad socialdemocrática esencial para la lucha en Guatemala. Muy pronto, otra vez hincó su sucia garra el chacal: el 22 de marzo de 1979, a poco menos de dos meses de la ejecución de Alberto, Manuel Colom Argueta fue asesinado también en la ciudad de Guatemala. Un comando militar liquidó a sus dos compañeros guardaespaldas y lo persiguió por las calles de Guatemala, en una persecución dirigida desde un helicóptero militar por representantes del alto mando del Ejército. Acribillaron a Meme y segaron otra vida esencial para el progreso democrático de Guatemala. El PSD y el FUR no sobrevivieron duraderamente al asesinato de sus líderes, a pesar del esfuerzo y el martirio de tantos y tantos compañeros. Seguí ayudando a la lucha de los compañeros de Guatemala en lo que pude. Desde Costa Rica, desde México, desde Guatemala, a donde fui muchas veces. Suspendí mis viajes cuando Mario Solórzano, entonces Ministro de Trabajo de Vinicio Cerezo, me advirtió que no le podíamos jalar tanto el rabo a la ternera, que había recibido informaciones alarmantes, y que debía dejar de ir a Guatemala por un tiempo. En ese entonces, las cosas se estaban endureciendo todavía más, si eso fuera posible. Y lo era: el secuestro y asesinato en Guatemala de otro queridísimo hermano de lucha, Héctor Oquelí, dirigente salvadoreño del MNR, exViceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, y Coordinador del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Socialista, ocurrido el 12 de enero de 1990, me confirmó las advertencias de Mario. Dejé de ir a Guatemala por años. Solo volví muy recientemente, invitado por la Fundación Ebert, a una reunión regional de la izquierda democrática centroamericana, patrocinada por ellos. Pero siempre mantuve a Guatemala en el corazón y seguí pendiente de las luchas de su pueblo en su largo ascenso hacia la libertad. Le doy gracias a la Fuerza que gobierna mi destino, que hace varios meses me permitió ayudar un poquito para que la Unidad Nacional de la Esperanza lograra una rápida y fluida conexión con el CALCIS y con la Internacional Socialista. Hoy, que vencimos en Guatemala, y que el gran pueblo guatemalteco vuelve a habitar en la esperanza, debemos rendir homenaje a los miles de demócratas, socialistas democráticos, socialdemócratas, o simplemente luchadores de la libertad, caídos en la larga noche de la represión aplicada sistemáticamente en Guatemala desde 1954, después del derrocamiento del Presidente Jacobo Arbenz. Hoy debemos rendir un cariñosísimo recuerdo de solidaridad, homenaje y agradecimiento histórico a Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta, artífices históricos de este resultado, mártires de la democracia, asesinados por la oligarquía guatemalteca para decapitar el movimiento popular democrático, único medio de mantener en la opresión, en el vasallaje, y de rodillas, al gran pueblo guatemalteco, a las grandes mayorías populares, que hoy ya se pusieron de pie. Doy gracias a los lectores amigos de la Lista porque me han permitido compartir con ellos recuerdos y emociones. Otros dirán lo de siempre, como siempre. Solo lamento profundamente y me duele en el alma, el informe que me brindaron ayer algunos amigos guatemaltecos: quien fue recibido hace algunos días por el gobierno costarricense y por nuestras autoridades, fue el candidato de la derecha guatemalteca, el general Otto Pérez Molina. Fue él y no Alvaro Colom quien se reunió con nuestro Presidente, durante el proceso de la campaña electoral guatemalteca. Muy doloroso. Pero eso debe dejarse de lado en medio del triunfo y la alegría. Hoy, quisiera transmitir al pueblo guatemalteco y a los socialdemócratas de la Lista un mensaje de esperanza y de optimismo. La izquierda democrática llega por primera vez al poder en Guatemala, teniendo como abanderado a un militante de larga y probada trayectoria democrática: el compañero Alvaro Colom. Por primera vez en la historia de Guatemala, la socialdemocracia pura, la socialdemocracia clara, precisa y definida, gana las elecciones nacionales. Alberto y Manuel están vengados. Un abrazo especial a Luis Zurita, y a Olmedo España, en la UNE. Un abrazo especial a los compañeros Eduardo Núñez y Hazel Alpízar, verdaderos embajadores socialdemócratas costarricenses en Guatemala. Un abrazo a Manuel Carballo Quintana, que vivió todo esto. Hoy solo me resta decir: ¡ Viva el pueblo guatemalteco ¡ ¡ Viva Guatemala socialista y democrática¡ ¡ Arriba Alvaro Colom ¡ Alberto Fuentes Mohr: ¡ presente ¡ Manuel Colom Argueta: ¡ presente ¡ Marcelo Prieto ES LA HORA DE DON JUANITO MORA: SEGUIMOS DICIENDO NO AL TLC
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