SOCIALISMO SIN APELLIDOS 

 

Editorial Periódico. COMBATE, No. 5

 

La idea socialista surge como el marco teórico de una vigorosa lucha por la 
libertad del hombre. El propósito fundamental del socialismo, su vocación 
medular -lo hemos señalado en otras oportunidades en estas mismas páginas- es 
la libertad integral y real del ser humano, la posibilidad de que el hombre 
desarrolle sus potencialidades y

se realice plenamente.


 

Esta inspiración ética fundamental origina una relación necesaria e 
indispensable entre el socialismo como forma de organización económica y 
social, y la democracia como forma organización política de la sociedad, y 
lleva directamente a la tesis que ha sostenido en forma permanente la 
socialdemocracia de todos los tiempos: no hay

socialismo sin democracia ni democracia sin socialismo; son las dos caras de 
una misma aspiración ética, los dos afluentes de una misma corriente literaria; 
su interrelación es dialécticamente necesaria, y su existencia misma está 
mutuamente condicionada.

 

Haciendo referencia a este tema, y enfocando en forma específica, el problema 
de la transición del capitalismo al socialismo, decía Federico Engels, en su 
"Crítica del Programa de Erfurt" (1891): 

 

"La república democrática ... es ... la forma específica para la dictadura del 
proletariado". 

 

Y a través de todos sus escritos y actuaciones, Marx, Engels, Bernstein, Rosa 
Luxemburgo, y todos los grandes pensadores y militantes socialistas del siglo 
pasado, reiteran la inspiración democrática que es esencial en el socialismo. 
Con toda razón el eminente pensador costarricense Rodrigo Facio, al "comentar 
este tema, señala que:

 

"Hasta la segunda revolución rusa (febrero de 1917) los marxistas de todos los 
países partían del criterio de que la república democrática parlamentaria era 
la forma de organización política más conveniente para el periodo de transición 
del capitalismo al socialismo". 

 

(Planificación económica en régimen democrático, 1959). 

 

Sin embargo esta raíz humanista del pensamiento y la acción socialistas, médula 
y sustancia fundamental de la corriente doctrinaria, ha sido olvidada, 
pospuesta, violentada o traicionada por corrientes de pensamiento y sectores 
políticos que se autodenominan socialistas sin serlo, aprovechando así la 
inmensa tradición ideológica y

usufructuando el prestigio intelectual y moral de socialismo.

 

Estas corrientes y estos partidos y estos partidos han dado origen a 
concepciones ideológicas y procesos políticos totalmente a alejados de la 
original vertiente espiritual del socialismo, y que contradicen en forma 
vertebral la inspiración ética y la definición filosófica básica del 
pensamiento socialista: la lucha por la libertad del hombre. 

 

Así con el advenimiento de la experiencia revolucionaria rusa, y con la 
posterior imposición dogmática mecánica y acrítica de ese modeló político a los 
procesos revolucionarios de los países que ingresan o son ingresados en la 
órbita Soviética, el ideal socialista es desplazado aceleradamente por el 
surgimiento de nuevos dogmas, nuevas formas de opresión, nuevos mitos, y nuevos 
métodos de explotación popular. Se abandona y se rechaza el gobierno del 
pueblo, para enquistar en el aparato estatal totalitario una nueva clase ávida 
de privilegios, y se constituye una oligarquía

monopólica y excluyentemente el poder político.

 

Con este procesó, se rompen para siempre los ya debilitados vínculos entre 
estos grupos y estas corrientes ideológicas, por una parte, y el ideal 
socialista, por la otra. A pesar de ello, y en una de las más grandes 
tergiversaciones de la historia, la nueva clase explotadora y sus acólitos en 
todo el mundo, asumen el monopolio absoluto y excluyente de la tradición 
socialista. 

 

Ocultan esos sectores, no perciben algunos pueblos, que el socialismo es uno 
solo, poseedor de una raíz filosófica y ética esencialmente humanista, 
libertaria y democrática. Se tergiversa la historia y la filosofía, y no se 
reconoce que los regímenes político-económicos nacidos bajo la acción de ese 
socialismo mentiroso, en Europa del Este, Asia y América Latina, no son 
socialistas ni tienen ya ningún punto real del contacto con la aspiración 
democrática y humanista del socialismo. 

 

A estos regímenes y a estas corrientes ideológicas podemos darles cualquier 
denominación, considerando que representan en realidad formulaciones 
político-económicas nuevas y originales en la historia del pensamiento. Esa 
ideología y ese modelo de organización política pueden ser denominados 
sovietismo, capitalismo de Estado, neozarismo, socialfacismo, 
socialtotalitarismo, o dársele cualquier otro nombre, menos el de socialismo.

 

Estos regímenes no son socialistas, porque el socialismo es otra cosa. El 
socialismo tiene una esencia democrática impostergable, y una raíz humanista 
que no puede olvidarse. El socialismo es uno solo, y no acepta apellidos.

 
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