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Rat
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EL MIRADOR
La hora del recreo
LA VANGUARDIA - 03.50 horas - 13/06/2002
MANUEL TRALLERO
Es un mar de batas blancas en donde predomina
el rubio teñido y las mechas. No falta alguna
jovencita moderna con piercing incluido en la
lengua, y una veterana de Vietnam con pantalones
piratas. Han tomado el vestíbulo, con la misma
alegría de quien hace novillos. Es la huelga de
enfermeras, en el ambulatorio de todos los
ambulatorios, calle Manso, una arquitectura de
ministerio franquista. "Qué coño huelga, ya les
daría yo... trabajan dos horas, y nos tratan peor que animales.
" La señora de mediana edad está encendida y cuando
le argumentó que habrá de
todo como en botica, me responde a quemarropa:
"Aquí no".
Las migajas del Estado del bienestar, las últimas ruinas como
las de Pompeya de la medicina para todo, se deshacen en las
salas de espera, donde los usuarios anclados en las sillas parecen
pollos en una granja de engorde. Por el vestíbulo andan
sueltos vejetes a bordo de bastones, que parecen tan perdidos como
Robison Crusoe, y amas de casa con radiografías bajo el
brazo. Las enfermeras gozan aquí casi de tantas simpatías
como yo. Una abuelita con un cabreo enorme opina: "La gente se
queja de que no hay trabajo, pero cuando lo tienen lo único
que hacen es hacer la puñeta a los
demás". Tras el mostrador de "Atenció a l'usuari" hay
cuatro sillas, diez personas haciendo cola, y tan sólo dos atendiendo
al
público. Una usuaria con el sueño puesto afirma que ha
ido más rápido que nunca. "Casi mejor que no estén",
añade. Lástima
que nunca pueda haber una huelga de enfermos.
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