Multitudes contemplaron pasmadas la tormenta de fuego que cruz� Bagdad
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT Bagdad, 20 de marzo. Fue como una puerta que se azotaba muy debajo de la superficie de la tierra, un rugido palpitante de un minuto de duraci�n que trajo a Bagdad esta noche la supuesta cruzada del presidente George W. Bush contra el "terrorismo". Hubo en el horizonte r�fagas de las defensas antia�reas de Bagdad -la potencia de fuego de las viejas armas sovi�ticas antia�reas de la Segunda Guerra Mundial- y luego una serie de tremendas vibraciones que sacudieron el suelo bajo nuestros pies. Burbujas de fuego se elevaron al cielo en distintos puntos de la capital iraqu�, de rojo oscuro en la base y doradas en la punta. Saddam, claro, hab�a jurado combatir hasta el fin, pero la violencia de anoche en Bagdad ten�a una aut�ntica calidad infernal. En cuesti�n de minutos, mirando hacia la otra ribera del Tigris, pude ver alfilerazos de fuego a medida que las bombas y los misiles crucero estallaban en los centros militares y de comunicaciones iraqu�es y, sin duda, tambi�n sobre inocentes. El primero de �stos, un taxista, fue volado en pedazos en el primer ataque estadunidense sobre Bagdad, esta ma�ana. Nadie aqu� duda que entre los muertos hay civiles. Tony Blair hab�a hablado de eso en la C�mara de los Comunes durante los debates de esta semana, pero al escuchar la tormenta de fuego que cruz� Bagdad esta noche me pregunt� si tiene alguna idea del aspecto que esto tiene, de c�mo se siente, o del miedo de estos iraqu�es inocentes que, en el momento en que escribo, corren hacia sus casas y hacia los s�tanos. No hace muchas horas charlaba en una zona pobre de Bagdad con una anciana musulmana chi�ta, tocada conel tradicional velo blanco y negro. Una y otra vez le insist� en que me dijera lo que sent�a. Al final s�lo respondi�: "Tengo miedo". Que esta acci�n sea el principio de algo que cambiar� la faz de Medio Oriente es indudable; que tenga �xito a largo plazo es otra cosa. Su misma violencia, el aullido de las sirenas que advierten del ataque a�reo y los misiles que rasgan el aire en su ca�da llevan un mensaje pol�tico no s�lo a Saddam, sino al resto del mundo. Somos la superpotencia, dec�an esas explosiones. As� es como resolvemos nuestros asuntos. As� es como cobramos venganza del 11 de septiembre de 2001. Ni el mismo Bush hizo el menor intento en d�as pasados de ligar a Irak con los cr�menes contra la humanidad cometidos en Nueva York, Washington y Pensilvania. Pero algo del fuego que podemos ver esta noche elev�ndose a trav�s de la oscuridad a lo largo y lo ancho de Bagdad me recuerda otras llamas, las que consumieron el World Trade Center. En forma extra�a, los estadunidenses -sin permiso de Naciones Unidas, con la mayor�a del mundo en contra- dan expresi�n a su rabia con consumada y escalofriante ferocidad. Irak, por supuesto, no podr� resistir esto mucho tiempo. Saddam puede afirmar, como ha hecho, que sus soldados son capaces de derrotar a la tecnolog�a con su valor. Lo dudo. Porque lo que cay� esta noche en Irak - y yo s�lo presenci� una peque�a parte de este festival de violencia- fue tan asombroso en t�rminos militares como aterrador en t�rminos pol�ticos. Las multitudes que se arracimaban afuera de mi hotel miraban el resplandor de los estallidos, pasmadas por su poder�o. � The Independent Traducci�n: Jorge Anaya _______________________________________________ llista de correu de l'Internauta [EMAIL PROTECTED] http://zeus.internauta.net/mailman/listinfo/internauta
