Sent: Thursday, March 18, 2004 12:51 AM Subject: [AG] PASALO-NOCHE VISPERA DE ELECCIONES
> P�SALO. > As� terminaba el mensaje que recib� en torno a las > tres de la tarde anunciando una concentraci�n > silenciosa por la verdad frente a la sede del PP en la > calle G�nova. As� comenzaba algo que con el paso de > las horas iba difundi�ndose minuto a minuto. Por cada > mensaje que la gente recib�a, se enviaban diez, > quince, veinte mensajes m�s. Hubo gente que recibi� > hasta diez mensajes de grupos de gente diferente: > familia, trabajo, lugar de estudios, gente del > colegio, del barrio, y esos mensajes se multiplicaron > hasta el infinito, propag�ndose como las llamas de un > incendio por efecto del viento. A las seis de la tarde > un despliegue policial proteg�a la sede del partido y > sus efectivos ped�an la documentaci�n a todo > manifestante que llegaba. Media hora despu�s, sin > embargo, la concurrencia de tantos madrile�os > sobrepas� la capacidad policial y una hora m�s tarde > la calle G�nova era un hervidero de gente gritando de > rabia y pidiendo explicaciones al gobierno de la > naci�n. Hab�a gente que lloraba, otros expresaban su > indignaci�n a gritos, mentirosos, asesinos, te dijimos > no a la guerra; vuestra guerra, nuestros muertos; no > estamos todos, faltan doscientos; mentirosos, vosotros > ten�is chofer, nosotros cercan�as; lo sabe todo el > mundo menos nosotros; los muertos no se utilizan, > basta de manipulaci�n, y queremos salir en La Primera. > La prensa que se encontraba tras el cord�n policial > era mayoritariamente extranjera, y hab�a un gran > despliegue de antenas parab�licas de cadenas > televisivas europeas. De las calles adyacentes y bocas > del metro sal�a cada vez m�s gente de todas las edades > y razas que se un�an a la concentraci�n, que de > silenciosa al final no tuvo casi nada porque se nos > hac�a dif�cil permanecer callados cuando se pretend�a > celebrar un minuto de silencio. Siempre alguien lo > romp�a con alg�n grito: mentirosos, asesinos. Las > l�grimas y la indignaci�n se propagaban de igual modo > que la informaci�n. La gente estaba pegada a sus > transistores y los m�viles sonaban sin parar para > transmitir informaci�n a la gente, que a su vez > propagaba las noticias, que corr�an de boca en boca. > Cuando Rajoy declar� a los medios que la concentraci�n > era ilegal e ileg�tima, y acus� a sectores del PSOE de > haberla organizado, la multitud rugi� y contest�: nos > han convocado los asesinados", y "la voz del pueblo no > es ilegal". C�mo �bamos a ser ilegales, cuando el > gobierno segu�a mintiendo, ocultando informaci�n y > violando los derechos m�s elementales del pueblo: el > derecho a la libertad de expresi�n y al derecho a la > informaci�n. En TVE 1, Cine de Barrio. > En G�nova pasaban las horas y los �nimos se iban > encendiendo cada vez m�s. Segu�a llegando gente, y no > se ve�an banderas de partidos pol�ticos ni sindicatos. > S�lo pancartas improvisadas con cartones y bol�grafos. > Tampoco la gente cantaba; todo eran gritos de dolor e > indignaci�n. El jefe antidisturbios confesaba a un > reportero de la SER que no pod�an disolver la > concentraci�n por la fuerza porque �ramos ya m�s de 5 > mil personas y no era cuesti�n de cargar contra la > muchedumbre donde hab�a ancianos y ni�os. Cada vez que > alg�n miembro de la sede se asomaba a la ventana la > gente rug�a y ped�a la verdad, y mientras, segu�an > llegando noticias de concentraciones espont�neas en > todas las ciudades de Espa�a. Las nueve de la noche y > nadie se mov�a de all�, pese al fr�o. Nos lleg� una > nota que circulaba en manos de todo el mundo: A las > doce en sol. P�salo. De pronto otra noticia que se > propaga entre la gente: dos hind�es y tres marroqu�es > detenidos por su relaci�n con los supuestos asesinos > en Lavapi�s. Los servicios de inteligencia por un lado > y el gobierno por otro. Espa�oles en el extranjero, > amigos de todos los puntos del planeta segu�an > mandando noticias de las principales cadenas > televisivas del mundo: Bush lamenta que el apoyo de > Espa�a a su guerra contra Irak haya tenido estas > consecuencias para Madrid. En cambio, el gobierno no > lo lamenta, sino que oculta toda la informaci�n y > llama a la calma, e insiste en que en la jornada de > reflexi�n el pueblo no puede salir a la calle para > expresarse. Rugimos m�s a�n: no nos vamos, sal al > balc�n, da la cara, PP responsable, PP culpable, > vuestra guerra, nuestros muertos, vosotros ten�is > chofer, nosotros Cercan�as, vosotros, fascistas, sois > los terroristas. Diez de la noche y la gente sale > hacia Sol tomando las calles sin permiso. Yo me voy a > Lavapi�s para cenar un poco y ponerme algo de abrigo > porque ya no siento las manos del fr�o. La plaza est� > vac�a, y al llegar a la calle Cabeza nos encontramos > con una chica joven que, en la puerta de su casa, > aporrea una cacerola con la cabeza alta y el semblante > grave. T�midamente salen a los balcones vecinos que > salen a aporrear las cacerolas. Primero es un suave > tintineo, despu�s comienzan a abrirse los balcones de > todas las calles y comienza un zumbido ensordecedor > que se expande por todo el barrio. Bajamos a la plaza, > que comienza a llenarse de gente que aporrea sus > cacerolas, sartenes e instrumentos con fuerza. Aparece > una c�mara de televisi�n alemana, mientras la plaza y > las calles est�n llenas de gente protestando sin > palabras, y en un momento precioso hasta parece que > seguimos todos el mismo ritmo. Un ritmo f�nebre y > contundente, seco, duro, lleno de rabia y solemnidad. > Y marchamos todos hacia Sol, donde ni siquiera podemos > entrar porque Madrid est� en la calle. Siguen volando > las noticias, siguen multiplic�ndose los mensajes de > solidaridad con las protestas de otras ciudades, > siguen propag�ndose las noticias. La polic�a ha > cargado contra la gente en Zaragoza y en Barcelona. > Est�n estudiando suspender las elecciones, ha > aparecido en manos del PP, de repente, un v�deo en el > que Al Quaeda reivindica el atentado, y la gente > comenta asombrada e indignada que no salimos en los > medios. En la SER comentan que pese a la toma de las > calles por parte de la ciudadan�a, no van a seguir > retransmitiendo para mantener la calma y no calentar > los �nimos. La censura del siglo XXI. Las c�maras, los > micr�fonos, y las luces desaparecen; solo quedan los > reporteros alemanes que trabajan a destajo, y nosotros > gritando, y todas las calles que desembocan en Sol > colapsadas. No hay banderas, no hay partidos, no hay > magnet�fonos, no hay organizadores, no hay �rdenes. La > multitud avanza espont�neamente hacia Atocha y la > polic�a se retira discretamente. La calle es nuestra y > caminamos por donde queremos, cortando el tr�fico. > Nadie rompe cristales, nadie destroza el mobiliario > urbano, Madrid avanza c�vicamente y Ansu�tegui ordena > invisibilidad. La polic�a apaga las sirenas, y las > lecheras apenas son percibidas. "Veniros con > nosotros", grita alguno a los uniformados, que no se > atreven ni a mirarnos a los ojos. La rabia est� en el > grito, en las palabras. La gente exige que el gobierno > informe, que los medios informen, la gente exige que > el gobierno asuma su responsabilidad, y que deje de > mentir a un pa�s entero, que a trav�s de internet y > los tel�fonos m�viles va conect�ndose con el mundo > entero. Los medios nacionales ningunean la protesta y > dejan claro de qu� lado est�n. La gente alza sus > m�viles para que los que escuchan al otro lado > perciban el ambiente que hay en Madrid. M�s de un > mill�n de personas bajan hacia Atocha por la calle del > Prado y por la calle Atocha. Y circula otro papel: a > las dos en punto cinco minutos de silencio. P�salo. > Todos al suelo. Silencio sepulcral. No hay c�maras. > Miles de velas encendidas, y se rompe el silencio con > el grito lleno de orgullo: viva Madrid, y todos > gritamos, viva, viva Madrid. Aznar escucha, el pueblo > est� en lucha, y las riadas humanas avanzan hacia el > Congreso. En la radio solo se oye m�sica y res�menes > del partido del Real Madrid. Las voces ya cascadas por > el paso de las horas, los pies doloridos, y no hay > miedo, no hay polic�a, solo el helic�ptero rugiendo > encima de nuestras cabezas, y una sensaci�n de euforia > al ver que somos tantos, que somos incontables. > "Tambi�n estuvimos en la manifestaci�n de ayer", > dec�an algunos cartones a modo de pancarta. Frente al > congreso, las lecheras protegiendo el recinto sagrado > donde unos cuantos toman las decisiones sin preguntar. > La gente vuelve a gritar, dijimos no a la guerra, > dijimos no a la guerra, vuestra guerra, nuestros > muertos, un pozo de petr�leo por un pozo de sangre, > embushteros, tve= nodo, Urdaci nazi, queremos la > verdad. Pasamos el congreso, llegamos a la Gran V�a, > seguimos por Hortaleza. La gente sale de los bares, > los pubs y las discotecas. Unos se unen, otros > provocan preguntando qu� pasa y por qu� tomamos las > calles, y Madrid avanza imparable bajo la atenta > mirada del helic�ptero. Los porteros de las discotecas > desde las que sale m�sica evasiva y alegre nos miran > alucinados, tratando de proteger los imperios del > alcohol y la m�sica entretenida. Llegamos a la sede > del PP de nuevo, y la gente, pese al cansancio, sigue > aullando. Cuatro, cinco de la ma�ana, y la gente grita > hoy protestamos, ma�ana os cesamos, a la hora de votar > se tiene que notar, asesinos, mentirosos. > Agotada regreso a casa. En Sol hay cientos de velas > encendidas, y > decenas de ramos de flores y carteles, cartas, gritos > de papel donde la gente demuestra su solidaridad y su > cari�o. La gente se arrodilla, enciende m�s velas, y > todo est� en silencio. Siguen las pancartas colgando > de todos los rincones de la Puerta del Sol; los > servicios de limpieza esta vez respetan el dolor de > una ciudad entera que llora a sus muertos. Banderas de > todas partes del mundo, y escritos en �rabe, no al > terrorismo, PP responde, mensajes de las familias de > los fallecidos, basta de horror, queremos la verdad, > televisi�n manipulaci�n, y cuatro mendigos apoyados > contra la pared, rodeados de velas, en silencio. El > pueblo llora, el gobierno miente. Luc�a no te > olvidaremos nunca. Pap� te quiero. Esta no es nuestra > guerra. Agotada, no puedo ni moverme de all�. Porque > si la gente expresaba la rabia ante la mentira en la > calle G�nova, all� se concentra el dolor, el silencio, > velas encendidas y flores congeladas del fr�o que > hace. > Esto es lo que sucedi� en Madrid la v�spera de las > elecciones. Y si en los medios no se quiso recoger > esta toma de las calles por parte del pueblo > madrile�o, por lo menos que se difunda por la Red lo > que pretende ser acallado y ocultado. Porque algo ha > cambiado desde anoche: ya no tenemos miedo. Ni en > Madrid, ni en el resto de las ciudades, ni los > pueblos. Y no necesitamos partidos pol�ticos que > organicen manifestaciones: ya sabemos que internet y > los m�viles cuentan lo que no cuentan los medios > oficiales, y ya sabemos que tenemos una herramienta de > comunicaci�n, la del boca a boca, para expresarnos. Se > nos han negado los derechos fundamentales que reconoce > nuestra Constituci�n, y el pueblo ha pagado caro la > incursi�n de su gobierno en una guerra por petr�leo. > Un pueblo que nunca ha tenido problemas con el mundo > �rabe, un pueblo que se indigna ante la mentira y los > insultos del candidato a la presidencia de Espa�a. > Madrid demostr� que est� llena de gente de todas las > nacionalidades, edades y condiciones sociales que son > sensibles, y fue anoche la verdadera democracia, la de > la soberan�a del pueblo, en la que la gente se > expresaba libremente. P�salo. > > > > > > __________________________________ > Do you Yahoo!? > Yahoo! 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