ELS MALS I ELS BONS MENTIDERS
JOSEP MARIA ESPIN�S
La not�cia ha corregut: el president de l'Amical Mauthausen no va estar mai en un camp de concentraci�. Explicava que l'havien internat al de Flossenb�rg, donava detalls del que li havien fet. La gent s'ha justament indignat amb Enric Marco, i no cal dir que l'Amical Mauthausen s'ha sentit enormement perjudicada i que els aut�ntics supervivents dels camps nazis no li perdonen l'engany.
Naturalment, no donar� m�s confer�ncies narrant els detalls d'uns horrors que han estat reals, per� que, contra el que deia, ell no ha viscut personalment. El perill d'una mentida explicativa --si es menteix callant aix� no passa-- �s que el mentider es pot trobar que l'hagi d'anar perfeccionant. I aix� no �s f�cil, perque s'ha dit que el mentider ha de tenir bona mem�ria, per� en alguns casos tamb� ha de tenir molta informaci� o molta cultura. Segur que el fals internat al camp de Flossenb�rg ha hagut de fer un considerable esfor� d'aprenentatge.
I quan s'arriba a imposar la mentida com a veritat dins d'un mateix, no �s tan dif�cil imposar-la als altres. I aix� passa en tots els �mbits. Quantes persones que no tenen diners, o s'han arru�nat, aconsegueixen fer creure a parents i coneguts que s�n multimilionaris, que els negocis els funcionen de meravella. El que t� m�rit �s fer que la mentida duri. Hi ha escriptors, pintors, compositors que fan saber que ja tenen entre mans una obra important�ssima, quan encara �s una fantasia. No tothom �s capa� de mantenir una expectativa durant anys i anys. I alguns suposats metges, tamb�, o suposats advocats, que han aconseguit exercir sense t�tol.
De la mateixa manera que s�c partidari de dir veritats moderades, defensar� sempre les mentides discretes. Goldoni deia que hi havia mentides que eren "invencions espirituals". Invencions ben�fiques. Que afavoreixen un altre. Perqu� no �s cert, com deien en llat�, que qui menteix en una cosa mentir� en totes: el bon mentider �s ocasional i sap seleccionar a qui menteix, quan i per qu�.
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Diario de Mallorca (15-5-05)
Imposturas
JOS� CARLOS LLOP
No s� hasta qu� punto la impostura es s�lo una m�scara m�s de la debilidad de la condici�n humana, pero si nos miramos bien al espejo no pasar�n muchos minutos sin descubrirla agazapada en alg�n lugar de la retina, en alguna mueca del rostro. Vivimos en un pa�s que este a�o celebra a bombo y platillo el aniversario de uno de los mayores impostores de nuestra civilizaci�n -Alonso Quijano- y sin embargo llevamos unos d�as con otro gran impostor expuesto en la picota al alcance de todas las pedradas de la plaza p�blica. Me refiero a Enric Marco, el falso deportado del campo de Flossenb�rg.
Tanto Alonso Quijano como Enric Marco son dos mit�manos que se inventan una vida. Don Quijote es un personaje de ficci�n y Enric Marco es un personaje que ha construido una ficci�n como forma de vida. Conozco a bastantes as�. He conocido gente que se pasaba la vida escribiendo una gran novela -sin escribirla-, una fastuosa traducci�n del mayor poeta simbolista -sin una l�nea que lo corroborara-, una recreaci�n gloriosa de su pasado pol�tico o profesional, y tambi�n de su pasado geneal�gico en esa pulsi�n imparable que consiste en sentirse superior a los dem�s al fantasear sobre apellidos, escudos e imposturas del pasado y del presente. Pero una de las grandezas de don Quijote es que en su impostura revela la impostura de la sociedad de su tiempo y -al convertirse en un cl�sico- la de todas las sociedades de cualquier tiempo. Don Quijote acaba sustituyendo el baldado yelmo por una bac�a de barbero. Enric Marco tambi�n hab�a dado alguna que otra muestra de ser un impostor, una de esas pulsiones que hacen que el criminal vuelva al lugar del crimen: se te��a. Marco se ti�e de oscuro caoba. Enric Marco es un hombre que se ti�e el pelo y el bigote, lo que desde siempre ha sido una impostura colosal: un hombre te�ido es por fuerza un impostor, alguien que desea ser quien no es. Y al impostor te�ido, cuando se le descubre, se decolora (recuerden al profesor Von Aschenbach en el momento de mayor deleite, descubri�ndose a s� mismo frente a su deseado muchacho -lo que le acarrea la muerte). Ese te�ido de Marco ha sido el error que ha destapado su trampa, el lapsus inconsciente que ha revelado la falsedad de su imaginativa identidad. Antes tuvo otras: su papel en la Guerra Civil -con desembarco en Mallorca incluido- y su protagonismo en la CNT de los 60 y 70, pero ah� todav�a no deb�a te�irse y no le descubrieron.
Todos hemos conocido, repito, a bastantes impostores. Todos hemos tratado -y a veces tratamos- con impostores. Lo es quien ocupa un lugar superior al que le corresponde y lo es quien maneja a los dem�s en beneficio propio. Porque en la naturaleza del hombre hay un pliegue donde la impostura es una raz�n m�s de ser. Y la impostura no s�lo es el enga�o. La vanidad, la ambici�n, el despiece del otro para vanagloria propia, todo eso -y mucho m�s- no son m�s que formas de impostura en la ficci�n que cada uno crea consigo mismo y que los dem�s crean con �l. La vida no es, tantas veces, m�s que una impostura del azar: desde nuestro nacimiento -d�nde y cu�ndo- hasta nuestra muerte. Lo que no resta ni culpa, ni m�ritos a Enric Marco, el farsante que nunca estuvo en campo de exterminio alguno y sin embargo tanto hizo, en su ficci�n, por la memoria de los que s� estuvieron. A�n recuerdo las l�grimas de algunos congresistas cuando Marco desgranaba su novela en el Parlamento hace unos meses. La necesidad de que aquellas palabras fueran ciertas las convert�a en ciertas, cuando el horror de los campos de exterminio es el que otorga la verosimilitud a las palabras del impostor Marco. Pero el dilema moral est� en la suplantaci�n del dolor y en la depreciaci�n de ese dolor debido, precisamente, a esa suplantaci�n. Marco ha hecho mucho en su ficci�n por los deportados y asesinados de los campos de exterminio, ni siquiera la presidenta de Amical Mathaussen lo duda. Aunque su impostura tambi�n puede hacer mucho da�o a esos mismos deportados y exterminados en favor de los revisionistas y negacionistas de aquel horror.
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La reconstrucci�n de un pasado vergonzante
Enric Marco cambi� una etapa oscura de trabajo voluntario en la Alemania de Hitler por una vida heroica que narraba como nadie
CARLOS E. CU� - Madrid
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EL PA�S - Espa�a - 15-05-2005
Un h�roe no puede tener claroscuros, manchas en su pasado. Eso debi� pensar Enric Marco cuando, en 1978, en pleno proceso de ascenso a la c�pula de la CNT, el sindicato que se reconstru�a entonces tras 40 a�os de brutal represi�n del anarquismo, decidi� mentir p�blicamente. Antes, seguro, lo hab�a hecho en privado. A su mujer, a sus hijas, a sus amigos. Pero en 1977, cuando comenz� a elaborarse el libro Los cerdos del comandante, el primero que narraba las peripecias de los espa�oles que sobrevivieron a campos de concentraci�n nazis, Marco decidi� dar el gran paso. �l, rodeado de gente de izquierdas, militante del anarquismo, mec�nico de los de mono azul, casado con una mujer mucho m�s joven y tambi�n con familia relacionada con el exilio, no pod�a o no quer�a contar lo que hizo en los a�os duros, los de la posguerra.
�l, dotado de una gran capacidad oratoria, llamado al liderazgo de su organizaci�n, la CNT, ten�a que ocultar que al acabar la guerra no se fue al exilio, como muchos compa�eros. Y no s�lo eso. Que en 1941, con 20 a�os, en plena Guerra Mundial, tal vez para escapar de la miseria, tal vez para huir del brutal servicio militar, se apunt� voluntario y trabaj� en la Alemania de Hitler, en una de las m�ltiples expediciones que Franco mand� para ayudar al F�hrer en la retaguardia y, de paso, sacar del pa�s a algunos miles de obreros hambrientos.
Marco tom� la decisi�n de inventarse un pasado heroico. Eligi� para ello el campo de concentraci�n de Flossenb�rg, en Alemania, un lugar del que entonces no se conoc�an supervivientes espa�oles, aunque hay una lista con 14 muertos de esta nacionalidad. Fue adem�s un campo con 80 comandos de trabajo muy separados entre s�, donde la gente apenas se conoc�a, muy diferente, por ejemplo, de Mauthausen, donde fueron a parar la mayor�a de los espa�oles, que estaban todos juntos.
La narraci�n de 1978, vista con perspectiva, sorprende por su exactitud. Pero ya se curaba en salud. "En Flossenb�rg estuve muy poco tiempo, y como me llevaban de un lado a otro en plan de incomunicado, no pod�a entrar en contacto con nadie". Poco antes hab�a contado que con 14 a�os particip� en el desembarco de Mallorca y luego se uni�, con 15, a la columna Durruti. Dif�cil de comprobar. Despu�s, en el campo, empieza el h�roe, siempre sin testigos rastreables. "All� encontr� a otro espa�ol, un andaluz. �ramos toda la representaci�n ib�rica de Neum�nster, pero nos bastamos para meternos en un organismo internacional de resistencia que crearon los franceses y los letones. Luego estuve en el penal de Kiel ocho meses incomunicado. Aprend� alem�n gracias a una biblia protestante, cuyo texto era biling�e, en lat�n y en alem�n".
Marco cuenta que le liberaron los canadienses en Kiel en 1945. En realidad los espa�oles le reclamaron en 1943 para que hiciera el servicio militar, y volvi�, aunque �l insiste en que lo detuvieron por hacer sabotaje. Su vida sigui�, hasta que empez� a invent�rsela.
Ya en ese libro de 1978, seg�n la copia que conserva la Amical de Mauthausen, la asociaci�n que presidi� hasta hace 15 d�as, Marco demostraba su capacidad para definir un sufrimiento que no hab�a vivido, algo que todos los que le conocieron destacan ahora. "Una de las cosas que me salv� cuando estuve incomunicado en Kiel fue el o�r los gritos de las gaviotas y a los ni�os de los funcionarios del penal, cuando jugaban en un patio vecino. Yo me dec�a: mientras haya gaviotas sobre el mar y ni�os que juegan no todo est� perdido. Como era joven las secuelas de la deportaci�n desaparecieron pronto. Pero una cosa que me marc� durante muchos a�os fue el que, cuando iba por la calle y me fijaba en el ritmo de los pasos de la persona que andaba delante m�o, me sent�a forzado a marcar el paso".
Pilar Molins, hist�rica de la Amical de Mauthausen, hija de un hombre que muri� all�, ha conocido a decenas de deportados. "Marco era diferente. Llevaba tan adentro esa segunda piel, que fascinaba, nos los cre�mos todo. Muchos deportados dicen que no pueden contar toda la verdad, muchos han hecho cosas feas para sobrevivir o las han visto hacer. Pero Marco no. Admiraba su desparpajo. Nunca lloraba", asegura.
Sin embargo, en 1978 Marco no ejerc�a de deportado, de hecho no tuvo vinculaci�n con la Amical de Mauthausen hasta finales de los 90. �l se dedicaba a la pol�tica. En abril de ese 1978, Marco lleg� a ser secretario general de la entonces poderosa CNT. "Era uno de esos que siempre est�n en las manifestaciones, que se enfrentaba a la polic�a. Un valiente", recuerda Carlos Navarro, ahora responsable de comunicaci�n de la CGT catalana y en 1978 joven militante.
Luego lleg� la escisi�n, y en diciembre de 1979 Marco dej� la c�pula del sindicato. Pero no se par�. Activo como era, locuaz y comunicador de raza, se meti� en el mundo de las asociaciones de padres y lleg� tambi�n a la c�pula en Catalu�a. Siempre compagin� todas esas actividades no remuneradas con su trabajo de mec�nico de coches en un taller de Barcelona, en la Travessera de Les Corts.
Ya entonces comenzaba a dar charlas en colegios contando su falsa experiencia. Con los a�os fue aportando detalles nuevos, creando an�cdotas cada vez m�s perfectas. �l siempre era el h�roe. En 2002, en otro libro, Memoria de l'Infern, relataba c�mo le gan� una partida de ajedrez a un SS, jug�ndose la vida. Y c�mo salvaba la de muchos otros robando carb�n, o convenciendo a checos y franceses para organizar las listas y evitar que miles de deportados fueran enviados a la enfermer�a sin otro final posible que la muerte. O cuando se arm� de valor y abofete� a otros compa�eros hist�ricos que pensaban que los hab�an llevado a la c�mara de gas, y s�lo los estaban duchando. En este libro tambi�n hab�a datos y fechas contradictorios con los de 1978. Seg�n su nueva versi�n aderezada por los a�os, no hab�a sido liberado en Kiel en mayo por los canadienses, sino en Flossenb�rg el 22 de abril por los estadounidenses. Siempre, claro, �l era "el �nico catal�n en su barraca".
A finales de los 90, despu�s de a�os dedicado a otras cosas, decidi� entrar en la Amical de Mauthausen. Nadie comprob� su historia. "Tampoco aqu� pedimos el carn� en la boca. No hay cola para hacer esto, que es todo trabajo sin remunerar. Y Enric, que nos ha hecho ahora tanto da�o, fue sin embargo un gran trabajador", cuenta Rosa Tor�n, presidenta en funciones.
Marco pudo enga�ar tanto tiempo porque en Espa�a ning�n instituto oficial se ha dedicado a registrar a los deportados y, como en otros pa�ses, a darles una pensi�n. "Si supiera la de papeles que tuve que presentar yo en Par�s... Tardamos 12 a�os en que nos reconocieran, y tuvimos que ir con testigos", rememora Francisco Batiste, deportado en Mauthausen, desde Vinaroz (Castell�n), donde vive ahora despu�s de pasar 50 a�os en Francia.
�l, desolado por la traici�n de Marco, lleva siempre su tarjeta oficial de deportado del Gobierno franc�s, que le da derecho a descuentos de todo tipo y una pensi�n vitalicia. "Yo he visto muchos casos de intento de suplantaci�n. Buscaban pensiones, pero claro, con esas comprobaciones, en Francia nunca habr�an podido presidir una asociaci�n. A m� me gusta buscar a deportados y me he encontrado con impostores, pero nunca llegaron a nada. Una vez, en Francia, me fui a ver a un supuesto preso de Mauthausen y dec�a que all� perdi� un brazo. Era imposible sobrevivir as� en el campo. Le pregunt� su n�mero y me dijo que no se acordaba. Era poco cre�ble", rememora.
Marco, a sus 84 a�os, se declara "muerto". Pero a�n trata de defender su historia. Incluso despu�s de confesar pidi� a la Amical seguir dando charlas en los colegios. Ayer, desde su casa a�n luchaba por mantener viva su criatura, esa memoria falsa. "Todas las cosas que dije son verdades en boca de un mentiroso. Las he le�do y escuchado a otros compa�eros. Soy un falsario, un impostor, s�, pero digo grandes verdades".
La caza del impostor
LOURDES MORGADES - Barcelona
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EL PA�S - Espa�a - 15-05-2005
Cuando Benito Bermejo, profesor de Historia de la Universidad Nacional de Educaci�n a Distancia, tuvo en mayo de 2003 su primera conversaci�n con Enric Marco, en el transcurso de una comida en Mauthausen, ya hab�a o�do hablar mucho de �l, y la experiencia vital que narraba le resultaba fascinante. "No conoc�a a ning�n superviviente espa�ol del campo de concentraci�n de Flossenb�rg y, adem�s, dec�a que hab�a participado en las colectivizaciones durante la Guerra Civil, vivido los bombardeos de Barcelona, estado en el desembarco de las tropas republicanas en Mallorca, dirigido la CNT y estudiado Historia. Le pregunt� sobre todo ello, pero sus respuestas eran vagas. Me sorprendi� su falta de disponibilidad para hablar con detalle y me inquiet� la poca rigurosidad hist�rica de su relato. Afirmaba haber sido detenido por la Gestapo en Marsella en 1941 y en esa �poca las tropas alemanas todav�a no hab�an llegado al sur de Francia", relata Bermejo.
El historiador no desaprovech� ocasi�n en sus encuentros con deportados para preguntar sobre Marco, sin obtener demasiados resultados. Pero mientras trabajaba en una investigaci�n junto a la historiadora Sandra Checa sobre el caso de un supuesto falso deportado andaluz, el de Marco se cruz� en las pesquisas. "Me da igual. Me sirve el palo de una escoba", afirma Checa que Marco le dijo en Almer�a, en oto�o de 2003, cuando le manifest� sus sospechas sobre la impostura del andaluz.
Bermejo no cej� en su empe�o por saber m�s de Enric Marco, a trav�s de otros deportados espa�oles y en el Archivo Memorial Flossenb�rg, que en oto�o de 2004 inform� al historiador que su nombre no figuraba en el registro. Sin embargo, la prueba concluyente de la falsedad de la historia de Marco, que le permiti� desenmascararlo y alertar a Presidencia de Gobierno y colectivos de deportados, la hall� en febrero de este a�o en el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Son dos documentos de 1943 que certifican su estancia en Alemania como trabajador voluntario "... Enrique Marco Batlle, que se encuentra prestando servicios como productor y contratado por la casa Deutsche Wreck [por Werk] A. G. de Kiel (Alemania)...", se lee en uno de los exhortos.
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Enric Marco, el fraude
PILAR RAHOLA
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EL PA�S - 14-05-2005
Tiene tintes de pel�cula de Almod�var. Todo: el personaje y su doble o triple vida; la mentira escenificada p�blicamente durante tres d�cadas; los homenajes p�blicos, los reconocimientos, los premios recibidos en nombre de un dolor y una tragedia que nunca vivi�. Enric Marco no es el primero ni ser� el �ltimo que asume una biograf�a que no le corresponde, pero es uno de los pocos que han convertido esa falsedad en una forma de vida. De ah� que estemos todos con ese doble y extra�o sentimiento, entre la perplejidad y la indignaci�n, atrapados en la incomodidad de nuestra ingenuidad colectiva. Hemos llorado con �l cuando resonaban sus palabras en las paredes fr�as del Congreso de los Diputados, o cuando recib�a la Creu de Sant Jordi, y con �l nos hemos impresionado a trav�s de la emoci�n que nuestros hijos sent�an cuando lo escuchaban en las escuelas donde conferenciaba. Dicen los historiadores m�s precisos que su vibrante discurso no era limpio en algunos puntos, por ejemplo en el tema jud�o. El profesor Xavier Torrens me indica la preocupaci�n que sinti� cuando lo oy� predicar en SOS Racismo, aunque la organizaci�n que en ese momento lo acog�a tampoco es modelo de compromiso en la lucha contra el antisemitismo. Bien al contrario, y de ello habr� que hablar alg�n d�a.
Como fuere, Enric Marco ha formado parte de nuestra conciencia colectiva, forj�ndonos una memoria que no ten�amos, trabajando duro en la recuperaci�n de las v�ctimas sin nombre. Ha sido durante a�os la met�fora del horror. Y ha sido tambi�n el compromiso de lucha contra el olvido. Por ello ha concentrado nuestros parcos homenajes y a trav�s de �l hemos intentado un simulacro de justicia con el pasado. Ha sido el otro, el que sufri�, el que volvi� de la muerte, el que retorn� del mal, el que resisti�. Por eso hoy nuestra perplejidad es rotunda. Represent�bamos en �l a todos los que no ten�an nombre y �l era un fraude. Algunos me dir�n que, a pesar de la mentira, su esfuerzo fue �til, su pedagog�a y su lucha contra el olvido fueron eficaces, y que por tanto el balance es positivo. La famosa pr�dica de Stalin, que fue frontalmente discutida por los trotskistas, "el fin justifica los medios" (y que los justific� tanto que comport� millones de muertos), parece que ha hecho escuela en los pupitres de la democracia. As� lo parec�a en decenas de correos que nos llegaban a TV-3 mientras Josep Cun� entrevistaba -en una entrevista hist�rica por su categor�a profesional- al propio Enric Marco. "Ha mentido, pero para hacer el bien", "ha hecho mucho por la memoria", "ha trabajo por y para las v�ctimas", etc�tera, dec�a alguna buena gente, conmocionada y a la vez generosa. A su lado, tambi�n nos llegaban decenas de correos de indignaci�n. El sentimiento ambivalente, pues, era un hecho.
No comparto la m�xima de Stalin, ni tan s�lo en su modificaci�n democr�tica, "el buen fin justifica los medios". Y como no la comparto, no encuentro, ni en el saco de las buenas intenciones, las justificaciones m�nimas que me permitan salvar el fraude de Enric Marco. Creo que ha sido una estafa moral de proporciones enormes y que al final del camino una mentira como �sta no s�lo no es beneficiosa, sino que es profundamente maligna. Mis motivos: el primero, el objeto del fraude, el horror nazi. Puedo entender que se mienta sobre muchas cosas, pero mentir sobre la tragedia, montar un espl�ndido fraude de d�cadas sobre el horror de las v�ctimas, me resulta un acto tan inmoral de origen que contamina para siempre el recorrido posterior. Marco se invent� una biograf�a que nunca pod�a haberse apropiado, porque hay biograf�as cuyo dolor es tan profundo que son �nicas. Neus Catal�, la �nica superviviente que nos queda en Catalu�a, nos lo dec�a desde la fuerza de sus magn�ficos 92 a�os: "No pod�a apropiarse de nuestro sufrimiento". Es cierto que dedic� su vida a construir la memoria de las v�ctimas espa�olas en los campos, pero sac� tajada de ello. La tajada de un protagonismo que cultiv� y mim�, y por el que incluso luch�, hasta el punto de que impidi� la presencia de otros supervivientes en actos, conferencias y homenajes. Lo denunciaba la propia Neus a Cun�. No s� si sac� tajada econ�mica, aunque es evidente que �sta fue su forma de vida durante d�cadas, pero esto �ltimo me parece menor. Es mucho m�s grave convertir el Holocausto en una forma de �xito, en una promoci�n personal, en el objeto de un reconocimiento p�blico. Podr�a haber sido un luchador de la memoria, sin apropiarse de la biograf�a del dolor. Pero quiso convertirse en v�ctima, ser �l mismo la personificaci�n de la tragedia, y es ah�, en ese punto concreto, donde la estafa moral resulta insoportable.
Existe un �ltimo motivo, en absoluto menor: el de la pedagog�a. Los que defienden su actuaci�n, a pesar del fraude, hablan de pedagog�a contra los campos y contra el nazismo. Tengo mis dudas. No porque Marco no fuera un gran comunicador, un magn�fico transmisor de lo que ocurri� realmente, "un gran actor", nos dijo perpleja la actriz Maria Galiana, que le hab�a presentado sus memorias desde el infierno, sino porque un fraude sobre la memoria del Holocausto es gasolina en el fuego del negacionismo, un bal�n de ox�geno de grandes proporciones para toda la literatura que minimiza o niega lo que ocurri�. Si la v�ctima nunca fue v�ctima, si alguien que ha sido homenajeado por todos nunca estuvo all�, si nos cre�mos la estafa, �no ser� todo una gran estafa? El monstruo de la hidra se alimenta de nuestras debilidades. �C�mo no va a alimentarse de nuestras mentiras?
Por todo ello, no puedo perdonar a Enric Marco. Su mentira ha sido un fraude a las emociones colectivas. Su fraude ha sido una estafa a las v�ctimas. Y defraudar a las v�ctimas es tan inmoral que no tiene defensa posible. Si es un enfermo, lamento que su enfermedad nos haya da�ado a todos. Si es un p�caro, �qu� decir cuando se juega con el horror! Si s�lo es alguien que quer�a triunfar en los laureles, �qu� t�trico protagonismo el que usa en vano a las v�ctimas! Pasemos p�gina pronto, porque todo esto es bastante deplorable, bastante sucio y muy doloroso.
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Carta abierta a la hija de Enric Marco
LLIBERT TARRAG�
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EL PA�S - 14-05-2005
Estimada se�orita: usted tiene 21 a�os. Yo tengo 57. Usted es hija de Enric Marco Batlle, inventor de una deportaci�n a Flossenburg. Yo soy el hijo de Joan Tarrag� Balcells, deportado a Mauthausen. La he visto defender a su padre en el programa Els matins a TV-3, presentado por Josep Cun� y Pilar Rahola, del 12 de mayo. Su situaci�n no debe de ser c�moda y, llevada por los lazos que la unen a �l, intenta protegerle en la prueba que est� atravesando debido a su propia impostura.
Para serle sincero, esta actitud, que me impresionar�a en otra circunstancia, no me conmueve esta vez.
Que su padre haya montado un espect�culo personal y p�blico en torno a la deportaci�n es una cosa, y que su padre tenga la desfachatez de presentarse hoy como v�ctima es otra muy distinta. Pero lo que est� en juego es la impostura de su padre contra la memoria de mi padre y la de sus compa�eras y compa�eros.
La impostura de su padre me afecta profundamente, incluso me duele. Me remite al sufrimiento de nuestras familias, que sigue oculto en lo m�s profundo de m� mismo, muy lejos de la sociedad del espect�culo.
Le deseo que conserve a su padre durante mucho tiempo. Yo no tuve esa suerte. El m�o muri� en Francia en 1979, a los 65 a�os, debido a las secuelas de su deportaci�n. Su carnet de inv�lido, que conservo, contiene una lista muy larga de enfermedades. �l escribi� en sus memorias que durante 24 a�os, ni un a�o m�s ni uno menos, tuvo pesadillas absolutamente todas las noches. Viv� a su lado hasta que tuve la edad que tiene usted ahora. �l se consideraba un resucitado gracias a la solidaridad entre los republicanos espa�oles, los Tri�ngulo azul de Mauthausen, gracias a la lucha que llevaba a cabo en la organizaci�n de la Resistencia, de la que fue uno de los responsables. Nosotros sab�amos que era imposible que fuera libremente feliz. Al despertar, su rostro era siempre el de un hombre ligeramente embrutecido. Ese rostro ha marcado a sus hijos para siempre. �l hablaba de esa mujer dando a luz delante de un SS, del SS que desenfunda, el SS que mata al ni�o, el SS que mata a la madre. �l hablaba, pero su voz no era para el p�blico.
Si su padre, con su falsa cara de deportado m�s real que la aut�ntica, hubiera le�do las notas que tengo a la vista, probablemente habr�a obtenido muy buen provecho en sus atronadoras tertulias. Mi padre no se prodigaba como un desesperado como hace el suyo. Nunca pudo. El perro de un SS imprimi� sus colmillos en el muslo de su pierna derecha.
Por haberme criado entre deportados, mujeres e hijos de deportados, puedo asegurarle que la moral de este grupo nunca ha sido la mentira. No creo que su padre merezca la impunidad que usted y �l mismo reclaman.
Con mis m�s respetuosos saludos.
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Enric Marco
Teresa Sala Savall - Barcelona
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EL PA�S - Opini�n - 14-05-2005
Soy hija de deportado en el campo de concentraci�n de Mauthausen. Mi padre fue uno de los socios fundadores de la Amical de Mauthausen que mantuvo siempre el compromiso con sus compa�eros muertos en los campos nazis de mantener viva su memoria y denunciar que aquel horror puede reproducirse si no estamos alertas.
A lo largo de mi vida he conocido a otros supervivientes amigos de mi padre. En todos se distingu�a en su mirada un profundo dolor sobrellevado con dignidad. Entre ellos quiero destacar la figura de Antoni Roig, un hombre que dedic� su vida con humildad y esfuerzo a divulgar en escuelas e institutos la horrible realidad de los campos nazis con intachable honradez y entrega hasta su muerte el a�o pasado.
No conoc� a Enric Marco hasta hace unos meses, cuando me ofrec� para colaborar de forma desinteresada con la Amical. �l era su presidente y me sorprendi� su forma desenfadada de bromear que yo no conoc�a en otros deportados. Cuando he sabido de su enga�o me he sentido herida profundamente y tambi�n estupefacta y alarmada ante las voces que justifican la impostura reiterada de este individuo, con los j�venes de nuestros institutos, los deportados, sus familias y las instituciones, con el argumento de que "lo hac�a por una buen fin". Esto es totalmente inadmisible.
Cuando un deportado explica sus horribles vivencias lo hace con gran dolor y esfuerzo, luchando con sus emociones y ahorrando los detalles m�s truculentos. Habla para honrar la memoria de los que murieron en los campos y ser fiel al compromiso que contrajo con ellos. Enric Marco lo hac�a como un modus vivendi, buscando las emociones del auditorio y con el af�n de recibir un reconocimiento que no se merec�a y que hab�a hurtado a los verdaderos deportados que jam�s lo recibieron ni buscaron.
El se�or Marco habr� de convivir a partir de ahora con su deshonor, no creo que tengamos que intentar entender las razones de su impostura. Detenernos a buscar justificaciones a su comportamiento o minimizar el da�o que ha hecho al conjunto de deportados es no entender y menospreciar el legado que nos han dejado, y nos dejan, hombres como Antoni Roig, que no recibi� homenaje alguno a su muerte a pesar de su intachable trayectoria y labor pedag�gica. Debemos escuchar la voz de los deportados. Su mensaje no trata s�lo de horrores pasados, sino del mundo actual que nos concierne a todos.
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