Ya que Artemio sacó ese tema medio tetrico de la muerte y su deseo de que
arrojen sus cenizas en El Cuchillo, quiero comentarles que yo hice un
comentario parecido al final de las ocurrencias que escribí y que dí por
llamar "mi dizque libro" titulado "Historias de pesca y... algo más". 
 
Después de casi 36 años pescando en la Vicente Guerrero (prácticamente desde
sus inicios) ya la considero como mi segunda casa, por  lo tanto pensando en
eso se me ocurrió escribir las siguientes tonterías, mismas que aprovechando
el tema de Artemio, esta ocasión quiero compartir con ustedes. Espero no lo
tomen a mal......
Saludos cordiales y feliz inicio de semana.
JMMM.  
 
EPILOGO
Para terminar quiero hacer esta reflexión: Aunque no me gusta pensar en la
muerte pues le tengo pavor, sé perfectamente que tarde o temprano algún día
llegará. Tal vez para disfrazar ese temor, más que por valentía, cada vez
que se presenta la ocasión de inmediato recurro a mi frase favorita para
evadir ese escabroso tema: “Nadie se muere antes ó después, nada más cuando
ya le toca”.

 

Aún así, en varias ocasiones he recordado con tristeza a casi una docena de
antiguos compañeros guías de pesca que se adelantaron en el camino, y
también he meditado con detenimiento las diferentes circunstancias que
provocaron sus decesos, pues algunos de ellos murieron en accidentes
carreteros; otros más de enfermedades como la diabetes ó el temible cáncer;
incluso algunos fueron asesinados, tal como lo mencioné en uno de mis
relatos anteriores.

 

Estos desagradables temas de cierta forma se acentúan y retoman actualidad
por otros sucesos similares acaecidos en fechas recientes, pues hace apenas
unas semanas también fallecieron mi único hermano y uno de mis cuñados,
víctimas de enfermedades derivadas por esa misma adicción al cigarro que
tuvo mi padre, y ante la cercanía de estos acontecimientos me pongo a
meditar y llego a la conclusión que tal vez mi temor no sea tener que morir
algún día, sino que después de ello pueda ser olvidado fácilmente. 

 

Es probable que a muchas personas les cause tristeza visitar panteones, sin
embargo para mí ese hecho es todavía aún más conmovedor y deprimente cuando
observo en ellos tumbas completamente abandonadas, pues en algunos casos
sólo se pueden apreciar pequeños montículos de tierra, sin siquiera una
simple cruz o algo que los identifique. 

 

En realidad me intrigan las causas que pudieron haber provocado el olvido y
desinterés por parte de sus familiares. Seguramente los motivos son
distintos y muy variados, pero en mi caso me gustaría conocerlos, por si
estuvieran en mí, tratar de evitarlos o corregirlos antes que sea demasiado
tarde, pues bajo ninguna circunstancia deseo terminar de esa manera, a mi
juicio demasiado ingrata e inhumana. 

 

Quizás por eso mismo siempre les he dicho a mis hijas que como última
voluntad deseo una hermosa tumba adornada con una gran lápida y mi nombre
inscrito en ella, y de esa manera las personas que visiten el panteón en el
futuro, al menos sepan quién está sepultado ahí.

 

Es muy probable que esa falsa vanidad haya sido lo que me impulsó a escribir
éste montón de tonterías, y quizás también impulsado por ese ego mal
entendido en múltiples ocasiones les he comentado a familiares y amigos, que
es tanto mi “vicio” por la pesca, que el día que muera algo de mi espíritu
continuará vagando en esa presa de mis amores. 

 

Como se habrán dado cuenta, ésta irreverencia no es más que el reflejo de
ese temor anteriormente descrito, sin embargo, cuando eso suceda, y si
alguna ocasión llegaran a mirar o escuchar algo extraño en ella, por
favor…¡¡No se van vayan a espantar!!

 

 

Juan Manuel Mota Martínez.

Mayo del 2008. 

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