Raza: Hace unos minutos estaba viendo unas fotos que me hicieron recordar el
famoso "Chuchillazo". El próximo día 1o. de Mayo se cumple el sexto
aniversario de ese "nortazo" huracanado, y como el foro está muy tranquilo
quiero platicarles una vez más mi historia personal de como lo viví acá en
la Vicente Guerrero.
Abundando un poco más en el tema, y sobre todo para todos aquellos que
apenas inician en esto de la pesca, quiero recordarles que siempre hay que
extremar precauciones andando en cualquier emblase y no tomar riesgos
innecesarios....Incluso me atrevería a hacer la misma recomendación para
aquellos que piensan que ya se las saben de todas todas, y por lo mismo se
arriesgan más de lo debido....
Saludos cordiales.
Juan Manuel Mota.
RECORDANDO VIEJOS TIEMPOS.
......Fueron innumerables vivencias de diferente índole que nos dejaron
buenas y malas experiencias, y quién lo diría que 30 años después, aquel
viejo truco del agua revuelta y cristalina que había aprendido me daría de
nueva cuenta excelentes resultados, además como extraña coincidencia ese
mismo día iba a revivir también otros sucesos inolvidables de mi época como
guía de pesca.
Esto que a continuación relato sucedió hace apenas unos cuantos años. Cierta
mañana fui a pescar sólo en mi pequeña lancha de aluminio que en ese tiempo
tenía y aunque por lo regular bajaba mi lancha con un amigo que tenía un
botadero ubicado en una parte amplia de la presa, esa ocasión bajé la
pequeña embarcación río arriba en un terreno particular ya que estaba
pronosticado un frente frío.
Por esa misma razón ese día mi esposa no me acompañaba como regularmente lo
hacía, incluso esa madrugada me había aconsejado que no saliera, pero pudo
más mi afición por la pesca que sus advertencias.
Mi intención inicial era pescar en el río, en un lugar bien protegido del
viento donde había unos barrancos que la mayoría de las veces tenían buena
pesca, sin embargo al botar la lancha cerca de ahí me di cuenta que el río
llevaba una corriente bastante lodosa. Entonces decidí navegar rumbo al vaso
de la presa para buscar mejores condiciones, pero esta vez ya con la idea
fija de probar aquel viejo truco del agua revuelta y cristalina, sin
importarme mucho el frente frío que se pronosticaba.
Poco antes de llegar a lo abierto de la presa pude ver a la distancia lo que
iba buscando. En un lugar donde el río se hacía más ancho se observaba
claramente como se mezclaban los dos diferentes tipos de agua.
Como esa mañana soplaba un viento del sur bastante fuerte busqué un lugar en
el cual me pudiera proteger lo mejor posible pero que también tuviera las
condiciones requeridas. Me pareció bien una pequeña punta que tenía a la
izquierda una especie de recodo con bastantes matorrales por la orilla y
logré amarrar la pequeña lancha de tal forma que me permitiera pescar justo
donde se mezclaban aquellas aguas.
Comencé a pescar y nuevamente fue algo similar a lo que había vivido hacía
muchos años. Saqué lobina tras lobina, dos lobinas en el mismo curricán,
etc. etc., por algunos momentos la acción se tranquilizaba pero de pronto
otra vez volvía la actividad. Así estuve pescando hasta cerca del mediodía,
tiempo en el que calculo haber sacado fácilmente más de 100 lobinas, pero
siendo honesto sólo una tercera ó cuarta parte habían rebasado las 13 ó 14
pulgadas de largo.
Para esa hora el fuerte viento del sur había ido disminuyendo poco a poco su
fuerza hasta quedar en completa calma y el día se había tornado bastante
bochornoso, entonces decidí descansar un rato y comer alguna cosa ahí mismo.
Después de comer unos lonches que mi esposa me había preparado esa mañana
comencé a pescar de nuevo, pero esta vez lo hice a mayor profundidad
utilizando unas lombrices de plástico las cuales me dieron excelentes
resultados, ya que volví a sacar bastantes lobinas y entre ellas algunas que
rebasaban por mucho a las de mayor tamaño que había capturado por la mañana.
De vez en cuando rumbo al norte se escuchaba algo como un trueno y supuse
que era el frente frío que se aproximaba. Me pareció un poco extraño pues no
se observaba ninguna nube y sólo se veía el cielo más brumoso en esa
dirección. Por un momento pensé en dar por terminado el día, no obstante
decidí continuar un rato más para aprovechar la excelente pesca que estaba
teniendo, además ese lugar del río parecía bastante seguro ya que al regreso
no tenía que navegar en lo abierto de la presa.
Seguí pescando por unos minutos y de pronto escuché el ruido característico
del aire que venía a gran velocidad formando remolinos entre la palizada
cercana. Me di cuenta que no era un viento cualquiera, así que rápidamente
recogí mis cañas y me coloqué el salvavidas, sin embargo para cuando logré
desatar la lancha y encender el pequeño motor, el fuerte ventarrón que llegó
con toda su fuerza había empujado la pequeña embarcación de aluminio entre
los huisaches y otros matorrales espinosos.
Sin ninguna consideración para mí mucho menos para la embarcación aceleré el
motor y logré salir de entre aquella maraña de espinas solo con algunos
rasguños, y un poco asustado comencé a navegar río arriba con ráfagas de
viento cercanas a los 80 kilómetros por hora, que aún ahí en esa parte del
arroyo formaban olas de regular tamaño.
Al ir navegando en esas condiciones la pequeña lanchita de 14 pies y poco
peso de vez en cuando se mecía de manera peligrosa con las ráfagas del
fuerte viento. Veía como los verdes sauces que había por la orilla del río
eran sacudidos con violencia y los más pequeños se ladeaban de tal forma que
daban la impresión de que en cualquier momento sus ramas más altas tocarían
el suelo.
Por fin llegué al botadero, el cual como dije antes estaba ubicado al final
del arroyo, y regresé a casa satisfecho por la gran cantidad de lobinas que
había sacado poniendo en práctica aquellos antiguos trucos, pero también
recordando amargas experiencias vividas muchos años atrás con algunos
nortazos parecidos al que me había sorprendido esa tarde.
Con el paso del tiempo me registré en un foro de pesca y ahí me enteré que
ese mismo norte había causado innumerables estragos en otra presa ubicada en
un estado vecino en la cual se desarrollaba un torneo de pesca precisamente
ese día. Según tengo entendido ese viento huracanado propició el
hundimientos de embarcaciones y muchas otras anécdotas similares, mismas que
la comunidad pescadora de esa región identifica con el mote de El
Cuchillazo en honor al nombre de la presa donde se llevaba a cabo dicho
torneo.
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Bajas, Cambios y Archivo Historico del Foro http://foro.bass-zone.org/