Que tal raza, buenas tardes:
 
Ahora que sale el tema de los anzuelos clavados, y como ustedes saben que a
mí me gusta platicar historias, quiero relatarles lo que me sucedió hace
unos pocos meses que fui a pescar yo solo a la Vicente Guerrero y por
accidente me clavé un anzuelo en un dedo. Sin embargo éste percance por poco
y resultaba mucho más grave de lo que en realidad debió haber sido, y les
platicaré por qué, sobre todo para que por ningún motivo ustedes cometan la
misma tontería que yo hice.
 
Resulta que un día de última hora mi compañero no pudo ir a pescar, y como
la presa me queda "a tiro de piedra" decidí ir yo solo, como muchas veces lo
hago. Muy temprano llegué un lugarcito cercano al campo el cual un día antes
me había dado excelentes capturas con unos señuelos "lipless" Rattlin
Rapalas. Sin embargo en los primeros tiros que hice mi currican recién
desempacado que estrenaba esa mañana se atoró entre unas ramas. Después de
intentar desatorarlo al final de cuentas la línea monofilamento de 20
lbs.que estaba utilizando tronó, pero a traves del agua cristalina miré que
el señuelo no se había hundido y había quedado atorado entre aquella maraña
de ramas espinosas.
 
Por lo regular cuando algo así sucede trato de recuperar los señuelos con la
red que se usa para subir los peces a la lancha, sin embargo esa ocasión no
la llevaba, y como el señuelo estaba a poca profundidad pensé que podía
recupararlo sumergiendo mi brazo así que me tiré "de panza" el el piso de la
lancha. Sin embargo enseguida me dí cuenta que estaba más hondo de lo que en
un principio parecía. Como pude me estiré un poco más y logré alcanzarlo
pero entonces me percaté que también un tramo de sedal estaba bien enredado
entre aquellas ramas. Decidido a no perder mi curricán nuevecito empecé a
cortar con los dedos aquellas ramas espinosas pero justo al momento de estar
haciendo esto llegaron de pronto unas olas medianas (tal vez de alguna
lancha que había pasado a lo lejos) que casi me hicieron caer al agua, pero
eso no fue todo; el mismo vaivén hizo que mi mano se deslizara en las ramas
lo cual provocó que un anzuelo se ensartara casi por completo en la punta de
uno de mis dedos. 
 
Como las olas continuaban, como pude mantuve el equilibrio para no caer al
agua y sabiendo que estaba en peligro si caía a ella enganchado de esa
manera, aguanté el dolor y traté de mantener la clama.
 
Después que pasaron las olas y de recomponer mi postura en el piso de la
lancha, con la misma mano enganchada y haciendo a un lado el dolor me dí
habilidad para cortar las ramas de aquel arbusto conocido por nosotros con
el nombre de "retama", las cuales al estar aún medias verdes eran bastante
"correosas". Por fin logré cortarlas y cuando me sentí libre dí gracias a
Dios porque me había protegido; el dolor y el susto, además haber recuperado
mi señuelo eran lo que menos me importaba en ese momento.
 
Después de tranquilizarme un poco, con mucha dificultad, pues tenía que
utilizar mi mano izquierda, corté con unas pinzas el anzuelo que estaba
ensartado en el dedo cordial de mi mano derecha. Enseguida traté de
traspasarlo con las mismas pinzas pero no pude así que decidí buscar ayuda.
Iba camino al campo cuando miré una lancha por la orilla del Río Corona en
la cual pescaban dos personas y me acerqué con ellos para que me ayudaran.
 
A cierta distancia les expuse mi problema y accedieron a ayudarme, sin
embargo cuando me acerqué a la lancha, al primero que le mostré mi dedo con
el anzuelo clavado se rehusó a hacerlo porque según él se veía muy feo. Tuve
que insistirle a la otra persona para que se animara a traspasar el anzuelo.
Le dije que no había problema, que ya en algunas ocasiones había tenido
algunos accidentes parecidos, y que si no lo hacía yo mismo era porque con
mi mano izquierda se me dificultaba bastante, así que le entregué las pinzas
y le pedí por favor que lo hiciera....después de algunos dos o tres tirones
bastante dolorosos mi problema quedó solucionado.
 
La pequeña herida comenzó a sangrar un poco, me coloqué un pedazo de hielo
sobre ella, les dí las gracias a estas personas y me regresé de nueva cuenta
a buscar a las condenadas lobinas. Ese día más tarde tuve una excelente
pesca, pero también me dió una excelente lección para que no intente más
esas "pendejadas" de rescatar señuelos de aquella manera tan estúpida como
lo había hecho. Lo peor del caso es que YA SABIA de algunos accidentes
fatales en circunstancias similares, pero tontamente pensaba que no me podía
suceder a mí.
 
En verdad hoy que estoy recordanto nuevamente todo, pienso que ese día tuve
mucha suerte y no me pasó algo más grave, y aprovechando este medio quise
contárselo a ustedes, para que por su seguridad no cometan tonterías como
esta que acabo de relartarles.
 
Saludos cordiales a todos.
Juan Manuel Mota.
 
 
 
 
 
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