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Sent: Tuesday, October 10, 2006 4:50 AM
Subject: [listaGCE] Artículo : Rémi Skoutelsky "Escrito en España"

Escrito en España 

RÉMI SKOUTELSKY      EL PAÍS  -  Opinión - 10-10-2006

Setenta años después del estallido de la guerra civil, un puñado de supervivientes de las Brigadas Internacionales llegados de todo el mundo participan estos días en ceremonias de homenaje en varias ciudades españolas.

Desde su creación, las Brigadas tuvieron una dimensión mítica, ya fuera positiva o negativa. Sus combatientes no eran los primeros que cruzaban la frontera de los Pirineos ni los primeros en llegar a Barcelona o a Alicante. Refugiados políticos, en su mayoría italianos y alemanes, habían participado en la resistencia al golpe. Durante todo el verano de 1936, se incorporaron otros militantes, formando centurias que se integraron en las columnas anarquistas, en las del POUM o en las del 5º Regimiento comunista. Los partidos políticos en el exilio animaban a sus miembros a que se incorporaran. Cuando la URSS tomó la decisión, sólo a finales de agosto, de ayudar a la República, no se planteó enviar tantos contingentes como Hitler o Mussolini. Habrá cerca de 2.000 soldados soviéticos durante toda la guerra: 40 veces más en el otro bando, sin contar con los Regulares marroquíes. Puesto que en el mundo entero miles de voluntarios estaban dispuestos a ir a España, más valía contar con ellos: así nacieron las Brigadas Internacionales. La Internacional comunista, el Komintern, encauzó, organizó y también reclutó cerca de 35.000 combatientes, todos voluntarios que no pedían retribución. Este movimiento es único en la historia por su dimensión.

Se ha considerado a las Brigadas Internacionales como un grupo de intelectuales, artistas y poetas. Quizá para algunos la realidad es demasiado vulgar. Se trataba de un ejército de obreros: el metalúrgico parisiense salido de la huelga general de mayo-junio, el minero galés curtido en las marchas contra el hambre, el sindicalista negro de Estados Unidos, el obrero italiano refugiado en Bélgica, el sastre judío de Whitechapel acostumbrado a meterse en peleas con los marineros del fascista Mosley, el parado de Montreal...

Estos hombres fueron masacrados en Madrid, en la ciudad universitaria, en el Jarama, en la espantada de Aragón y cuando cruzaron el Ebro. Uno de cada cuatro descansa bajo el suelo español y la mitad de los que volvieron quedaron marcados de por vida.

Se oponían a los ejércitos profesionales de Franco con su bravura, de la que no tenían el monopolio, y también con la fuerte convicción de que el destino de la humanidad dependía en aquel momento de su capacidad de resistencia. El fascismo les parecía una amenaza que se combatía a escala internacional: la mundialización no es de hoy. Para los veteranos italianos que habían luchado contra las camisas negras de Mussolini, se trataba de trasladar el frente de lugar. Para los judíos de la Europa Central, expulsados de Francia y luego de Bélgica, para los exiliados alemanes condenados a vivir de la caridad de los comités, España representaba también la oportunidad de poner fin a un sinfín de humillaciones. Para los franceses, que eran mayoría, o los ingleses, el compromiso era la respuesta directa a la no intervención de sus gobiernos democráticos. Muchos también veían la oportunidad de participar en la revolución española.

En febrero de 1939, cerca de 5.000 voluntarios cruzan la frontera francesa mezclados entre las columnas republicanas. Eran ciudadanos huidos de potencias fascistas que, al no poder regresar a sus países, se quedaron combatiendo tras la retirada oficial de las Brigadas Internacionales, cinco meses antes. Saben que al otro lado les esperan los campos de internamiento. Marty les dedica su último discurso retomando las palabras de la Pasionaria: "¡Habéis entrado en la historia!". Pero un muchacho de Varsovia le espeta: "Muy bien, pero ahora, ¿cómo salimos?".

Jefes de la resistencia nacional o que inmigraron a Francia, aunque también a Italia y a Yugoslavia, comandos de los ejércitos americanos, pilotos de la RAF, serán otra vez diezmados. La guerra fría les sorprenderá de nuevo: en Estados Unidos, ¿cuántos lograrán escapar de las garras del FBI? Idéntica a sí misma, Suiza los llevó ante los tribunales cuando volvieron. Pero lo peor ocurre en el Este. Son ex brigadistas muchos de los condenados por la caza de brujas estalinista, con las autoinculpaciones seguidas de ejecuciones inmediatas, que manchan de sangre a principios de los cincuenta las flamantes "democracias populares". No es una casualidad.

La recuperación de la democracia en la península y el hundimiento de la dictadura soviética tienen también consecuencias para los veteranos. En España, les conceden la nacionalidad a título honorífico a finales de los años noventa. En Francia, tras años de amnesia, incluso del Partido Comunista, les reconocen la condición de excombatientes.

Como creación del Komintern, totalmente sometidos a su control, los brigadistas no podían ser definidos en cambio como "su ejército". Es cierto que los códigos del universo comunista de entonces estaban en vigor, como "la espionitis", agravada en España por las derrotas militares. Sin embargo, esta atmósfera era propia de todo el ejército republicano, y los "500 fusilados" de Marty, a los que todavía se aferran algunos autores, son una falsedad inventada por los franquistas, como ya se ha demostrado ampliamente. Los mitos tienen una vida prolongada.

¿Habría incluido un ejército del Komintern a centenares de socialistas y republicanos italianos, a un 50% de franceses que, tal vez, no pertenecían al Partido Comunista o a los miles de voluntarios -la mayoría antimilitaristas convencidos- que no sabían utilizar un fusil cuando llegaron a España?

Las Brigadas Internacionales fueron aún menos "el brazo armado del NKVD" (el antiguo KGB): quedaron al margen de las luchas fratricidas de la República, en concreto las de los días de mayo de 1937 en Barcelona.

¿Puede calificarse en cambio a los brigadistas como "voluntarios de la libertad"? Muchos no hubieran retomado la frase insuperable de Rosa Luxemburgo según la cual la libertad de pensamiento es la libertad de quien no piensa como uno mismo. No hay que negar tampoco que fueron los primeros en implicarse en el combate que liberaría a Europa del fascismo y del nazismo, para convertirla en el lugar de la democracia y la libertad que es hoy. Su gesta constituye una de las páginas más bellas de la historia del siglo XX. Y se escribió en España.

Rémi Skoutelsky es historiador francés. Su última obra es Novedad en el frente. Las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil (2006). Traducción de Martí Sampons. http://www.elpais.es/articuloCompleto/opinion/Escrito/Espana/elpepiopi/20061010elpepiopi_14/Tes/ 

 

 

 

La guerre d’Espagne

Entretien avec Rémi Skoutelsky (*), historien spécialiste de la guerre d’Espagne, qui revient sur cet événement et sa postérité dans le siècle passé.

Comment éclate la guerre civile espagnole ?

Rémi Skoutelsky. Au début du XXe siècle, l’Espagne est encore quasiment au XVIIIe. La Catalogne et le Pays basque sont développés, mais le reste du pays est totalement féodal. Après les élections municipales de 1931, le roi, grand-père de l’actuel Juan Carlos, s’enfuit, et la République est proclamée. Elle ne sera pourtant jamais légitime. La petite bourgeoisie patriote est numériquement faible, et du côté ouvrier, la force dominante anarchiste reste hostile à toute " démocratie bourgeoise ". Les deux piliers de la monarchie, l’Église et l’armée ne songent nullement à un compromis.

C’est un gouvernement de front populaire - alliance des socialistes, des communistes, et des républicains de gauche - qui est au pouvoir depuis le mois de février en Espagne. S’il y a déjà eu de nombreux putschs dans le pays, celui de 1936 s’inscrit dans un contexte international particulier. En Europe, la lutte fait rage entre l’alliance fascisme-nazisme et le mouvement ouvrier, surtout depuis que le Komintern a abandonné sa ligne gauchiste qui mettait dans le même sac démocratie et fascisme.

La conjuration militaire déclenche le putsch à l’issue de plusieurs semaines de guerre civile larvée : grèves dures d’un côté, assassinat de militants et de républicains de l’autre. Avant même l’intervention de Mussolini et Franco au côté des factieux, le monde entier lit les événements à travers la grille fascisme-antifascisme. L’échec du coup d’État entraîne une révolution dans la zone restée fidèle à la République et, inévitablement, la guerre civile, qui plonge immédiatement l’Espagne au coeur des affrontements internationaux.

Pour quelles raisons l’Angleterre et la France refusent-elles d’intervenir ?

Rémi Skoutelsky. Les intérêts de ces deux États ne sont pas identiques. La bourgeoisie anglaise est d’emblée favorable aux putschistes, même si elle voit d’un mauvais oeil l’ingérence de Hitler et Mussolini. La France, elle, est gouvernée par un Front populaire. La première réaction de Blum est d’ailleurs d’envoyer des avions en Espagne, qui permettront de constituer l’escadrille Malraux. Au bout d’une dizaine de jours cependant, il estime que la meilleure tactique consiste à installer un cordon sanitaire autour de l’Espagne afin que ni l’Italie ni l’Allemagne ne puissent aider les nationalistes. Compte tenu du rapport de forces initial, cela aurait peut-être assuré la victoire républicaine.

Mais malgré l’accord de non-intervention, Allemands et Italiens continuent à ravitailler Franco sans discontinuer. En France, le gouvernement doit affronter une violente campagne de droite . Les radicaux, par crainte que l’Allemagne ne se saisisse de ce prétexte pour déclarer la guerre à la France, menacent de faire exploser la coalition de Front populaire si Blum aide l’Espagne. En outre, la Grande-Bretagne a prévenu la France de la caducité de leur alliance si la guerre éclatait pour ce motif-là. Mais la peur la plus déterminante, chez Blum, est vraisemblablement celle d’une réaction de l’armée en France. Il maintient donc la politique de " non-intervention ", même si les armes soviétiques passeront par la frontière des Pyrénées.

La guerre d’Espagne génère un formidable mouvement de solidarité qui conduit pour la première fois des milliers de volontaires à combattre pour une nation qui n’est pas la leur. Comment s’explique cet élan ? Qui s’engage, et pourquoi ? Quel rôle jouent les Brigades Internationales sur le terrain ?

Rémi Skoutelsky. Toute l’Europe vit au rythme de ce premier conflit de l’ère des médias. Les opinions publiques sont exacerbées. En France par exemple, les tensions restent vives après la fin de la grève générale de l’été 1936. On y vit en fait une véritable guerre civile par procuration, à travers l’Espagne. Entre 1936 et 1939, être de gauche, antifasciste, ou humaniste, c’est d’abord soutenir la République espagnole. Le corollaire de l’existence de régimes fascistes est l’arrivée massive dans les pays voisins de l’Espagne, à commencer par le nôtre, d’une importante immigration antifasciste. Des centaines de communistes allemands, d’anarchistes italiens ou de réfugiés des pogroms juifs polonais rejoignent dès l’été 1936 les milices ouvrières espagnoles. Lorsque l’URSS se décide enfin à aider la République, par des livraisons d’armes d’une qualité au demeurant douteuse, il ne saurait être question d’envoyer en masse des soldats. Elle cherche en effet à se rapprocher de la France et de la Grande-Bretagne et ne veut surtout pas prendre le risque de s’attirer leur hostilité. Étant donné le potentiel de volontaires antifascistes, le Komintern décide donc de créer les Brigades internationales. Elles draineront 35 000 combattants : des ouvriers, dans leur écrasante majorité, de tous pays mais d’abord de France, plus tout jeunes, et loin d’être tous communistes. Ils joueront un rôle fondamental dans la bataille de Madrid et dans l’organisation de l’armée républicaine.

Quel est l’élément décisif de la défaite du camp républicain ?

Rémi Skoutelsky. Quoi qu’en disent certains historiens, le déséquilibre en armement est flagrant, quantitativement et qualitativement, entre les républicains qui ne disposent que du matériel soviétique pas toujours de première main, et Franco qui bénéficie d’une aide à guichet ouvert des nazis. C’est d’abord cela qui a pesé. L’affrontement inégal entre une armée professionnelle côté factieux, renforcée de surcroît par des dizaines de milliers de soldats italiens (heureusement pas très motivés), et des militants prêts au sacrifice suprême mais inexpérimentés côté républicain constitue, à mon avis, avec le déséquilibre des armes,la première cause. Les divisions du camp républicain lui ont aussi porté préjudice et il est trop simple de les attribuer uniquement au Parti communiste espagnol. Mais son rôle de parti de " l’ordre " et l’interventionnisme de moins en moins discret des Soviétiques pour remettre en cause les conquêtes révolutionnaires de l’été 1936 pèsent.

L’attaché militaire de l’ambassade de France - pas à proprement parler un gauchiste - note alors : " Si le gouvernement d’ici devait perdre la guerre, ce ne serait pas pour des fautes tactiques et techniques, mais pour avoir porté atteinte à sa seule force, l’élan révolutionnaire de l’armée. "

Pourquoi les divisions républicaines ne se sont-elles pas effacées derrière une sorte d’union sacrée ?

Rémi Skoutelsky. On a peine à imaginer la violence de la société espagnole de l’époque, y compris au sein du mouvement ouvrier. Les luttes entre socialistes et communistes français, dans les années vingt-trente, par exemple, ne sont rien à côté des affrontement entre la centrale syndicale socialiste, l’UGT (Union générale des travailleurs), et les libertaires de la CNT-FAI (Confédération nationale du travail - Fédération anarchiste ibérique). Les méfiances réciproques ne s’effacent guère pendant la guerre civile. Si des militants anarchistes sont " liquidés ", des communistes sont également assassinés par des libertaires. L’important est de comprendre que cette méfiance, exacerbée par le rôle des Soviétiques, se traduit à tous les niveaux : du gouvernement aux unités sur le front. La tentative d’éradication du POUM, parti communiste antistalinien (après les journées insurrectionnelles de Barcelone en mai 1937) n’est pas faite non plus pour apaiser les inquiétudes des démocrates.

Quel lien peut-on établir entre cette guerre d’Espagne et la Seconde Guerre mondiale ?

Rémi Skoutelsky. Il s’agit d’un prélude, de la première bataille. Le gouvernement républicain ne s’y était d’ailleurs pas trompé. Son objectif, à partir de l’été 1938, était de tenir jusqu’à la guerre pour bénéficier de l’aide de la Grande-Bretagne et de la France.

Par ailleurs, elle a joué le rôle fondamental de laboratoire de l’armée nazie : la " guerre éclair " qui écrasera la France en quelques semaines est, par exemple, testée en Aragon. Enfin, les vétérans de la guerre civile joueront un rôle déterminant du côté des Alliés. On retrouvera ainsi des Espagnols dans la Résistance française et des anciens des Brigades internationales, dans les FTP (Francs-tireurs et partisans), les FFI (Forces françaises de l’intérieur), les commandos américains ou encore les maquis de Tito.

La dictature de Franco peut-elle être imputée à l’indifférence des puissances occidentales ?

Rémi Skoutelsky. Après-guerre, c’est certain. À partir de 1943, Franco se rapproche des Américains. La tentative des maquisards espagnols de reprendre l’offensive, à partir du Val d’Aran en 1944, est un désastre. La guerre froide arrivant, Franco est dans le " bon " camp. Mais, au-delà, on peut retenir un aspect positif de cette guerre. À mon avis, l’Europe est née en Espagne, car les peuples européens se sentent directement concernés par ce qui s’y passe. L’internationalisme n’est pas qu’un humanisme. Il repose sur la solidarité, donc sur un sentiment de proximité : ce qui se passe là-bas peut se passer chez nous. Mais le phénomène des Brigades internationales est aussi étroitement lié aux conditions historiques : il reste unique dans l’histoire. Il serait toutefois faux de prétendre que la conscience internationaliste est morte avec la République espagnole. Il n’est qu’à voir l’élan de solidarité en France au moment des attentats de Madrid, ou les mouvements altermondialistes. Le rapport à la violence, à l’engagement physique, lui, est différent.

Entretien réalisé par Théophile Hazebroucq

(*) Dernier ouvrage paru : avec Michel Lefebvre, les Brigades internationales. Images retrouvées Seuil, 2003, 196 pages, 45 euros.

Article paru dans l'édition du 3 juillet 2004.   http://www.humanite.fr/journal/2004-07-03/2004-07-03-396553

 

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