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Pregunta: Cierre los ojos y piense en su tío,
don Pío Baroja: ¿a quién, qué ve? Respuesta: A un anciano con
el que conviví veintisiete años, y que para mí, para mi familia, era un
hombre afectuoso, preocupado por las necesidades de todos, sincero y
cordial. P: ¿Recuerda la última vez que lo vio? R:
Yo acababa de volver de México, y él ya estaba muy enfermo, tenía la
cabeza perdida y me confundió con su hermano Ricardo. P: ¿Cómo
vería los homenajes que ahora, a los 50 años de su muerte, se le
rinden? R: Hombre, le agradarían mucho, y sobre todo le
sorprenderían. No creo que pensase que 50 años después de su muerte
estaría tan presente en la vida literaria, ni que la sociedad española
hubiese cambiado tanto. Era un anarquista y un librepensador al que le
asombraría tanto homenaje. P: ¿Por qué parece que de todos los
escritores del 98 es el que está más vivo para los
lectores? R: Sí, es una realidad que compruebo con
satisfacción y pena por los excelentes autores olvidados. Quizá se deba
a que fue el más avanzado, libre y libertario. P: ¿Qué parte
de culpa tiene la editorial Caro Raggio en su actualidad? R:
No sé, reconstruí la editorial en los años setenta para recuperar su
obra en su centenario, tanto las novelas punteras como otras
desconocidas o casi olvidadas o inéditas. P: Usted vivió
décadas en México... ¿cómo recordaban a don Pío amigos como León Felipe,
Alfonso Reyes o Buñuel? R: Con cariño y mucha emoción. Reyes
lo retrató como un hombre honrado, independiente, sobrio, sincero hasta
la impertinencia...; León Felipe destacó su enorme corazón sentimental.
Altolaguirre le dedicó páginas emocionantes. ¿Buñuel? Bueno, Luis era
más galdosiano. P: De todos los tópicos sobre Baroja como
persona, ¿cuál es el más injusto? R: ¡Se han dicho tantas
cosas, sobre todo gente que ni lo conoció ni lo ha leído! Quizás lo peor
sea lo de su misoginia, una acusación injusta porque se refería siempre
en sus críticas a la mujer española de su tiempo, esclava del
confesionario. P: ¿Y como escritor? R: Pues eso, que
no sabía escribir. Pero muchos de los que le acusan sólo repiten ideas
de otros, anticuadas e injustas. P: ¿Qué queda por descubrir
de Don Pío? R: No queda nada, porque él lo dijo todo en sus
libros. P: ¿Qué fue lo que más le desilusionó de la
Republica? R: Le decepcionaron los hombres, no la institución.
Mi tío, como su hermano Ricardo, que incluso perdió un ojo por la
República, creían que los políticos responderían al reto que les
planteaba la realidad, pero no fue así. Sobre todo le decepcionó Azaña,
mientras mantenía su fe en Pasionaria, los anarquistas o Indalecio
Prieto. P: Usted que vivió el exilio, ¿qué piensa del afán
actual por recuperar la memoria histórica como bandera
política? R: Me parece un error. Comprendo que la gente quiera
saber dónde están enterrados sus abuelos fusilados en la guerra, pero
parece que sólo se está recuperando una memoria revanchista llena de
sangre y violencia. P: Ha explicado que don Pío era vasco pero
no nacionalista... ¿qué le parecería la situación actual? R:
Eso es imprevisible, pero creo que de la misma manera que el carlismo y
el liberalismo se dieron el abrazo de Vergara, ahora estamos ante una
oportunidad única. P: ¿Qué queda de Baroja medio siglo
después de su muerte? R: Todo... Quien lo lee ahora descubre
la vitalidad, la actualidad de su rebeldía, de su realismo, de su
anarquía; retrató como nadie el siglo XIX a través de las Memorias de
un hombre de acción; el siglo XX en sus novelas, sus descripciones y
sus memorias, Desde la última vuelta del camino. P:
¿Qué es lo que a su tío le gustaría más de la España
actual? R: La calefacción central. P: ¿Y de la vida
literaria? R: No sé si leería algo. Mi tío leyó mucho en su
juventud a los escritores jóvenes, filosofía alemana, y después hizo de
la lectura y la escritura su profesión, pero no sé si lo que ahora se
escribe le interesaría demasiado. P: ¿Por qué se define como
un fracasado del cine? R: Muy fácil, porque mientras estuve
en México trabajando junto a cineastas como Emilio Fernández o el propio
Altolaguirre pensé que podría hacer cine distinto al que se hacía en
España, pero no pude, y tuve que conformarme con el cine documental. Me
hubiese gustado rodar, por ejemplo, El árbol de la ciencia o
Aurora roja. P: ¿Para cuándo una biografía de su
padre, de su tío Ricardo o de su hermano Julio? R: Bueno,
acabo de terminar mi libro sobre mi abuelo Serafín Baroja, Un abuelo
fantástico, que influyó de manera decisiva en mi padre, en mis tíos
Pío y Ricardo, en mi madre... Y lo edita mi hijo, claro, en Caro
Raggio... ¿Dónde mejor?
Nuria AZANCOT |