"No se puede hablar de genocidio. Fue un 'politicidio' ejecutado a través del 
terror"
Acaba de publicar Hasta la Raíz (Alianza), un libro honesto sobre la violencia 
durante la Guerra Civil y la represión franquista de la posguerra. Javier 
Rodrigo respondió a Público por teléfono desde su casa de Zaragoza.

¿Son comparables la violencia del lado republicano y del franquista?
Existe una fuerte asimetría. Son violencias que, aunque se asemejen, no fueron 
irracionales ni espontáneas; tampoco son simétricas en las cifras. En una 
retaguardia [la republicana] hay 50.000 muertos como mucho, y en la otra [la 
sublevada] 120.000 ó 130.000 personas. Y no son simétricas en el marco 
temporal, porque en el bando republicano se controló la violencia mucho antes. 
Y al final de la guerra, la retaguardia nacional es todo un país. Franco 
mantiene el estado de guerra hasta 1948. Constantemente se oyen discursos que 
equiparan ambas violencias.Hay quien lo piensa, pero la realidad demuestra todo 
lo contrario. Su espesor y densidad es muchísimo mayor en una retaguardia que 
en la otra. Las investigaciones demuestran que fueron diferentes.

¿Fue un genocidio la represión franquista?
Por muchos motivos, no. Creo que no se intentó acabar, ni de hecho se acabó, a 
manos de un Estado con un grupo social definido o una minoría, lo que sería 
genocidio, sino que se puso a funcionar un régimen de terror que no pretendía 
acabar con un grupo, sino aterrorizarlo y paralizarlo. Quería una violencia 
relacional, educativa, no liquidar a toda la izquierda española. Esto no quita 
ni un ápice del horror ni rebaja la empatía que se pueda sentir hacia sus 
víctimas.

Entonces, ¿qué fue?
Fue un politicidio ejecutado a través de un régimen de terror. Se pretendía la 
paralización de toda una sociedad.

¿Qué papel le atribuye al Estado en la reparación de eso que llama 
'politicidio'?
Es obligación del Estado. Lo que ampara que el Estado no actúe no es de recibo. 
La ley de amnistía es preconstitucional. Hay que decir esto de manera 
vehemente. ¿Estamos o no estamos en un régimen democrático, con una 
Constitución garante de los derechos humanos? El Estado debe asumir su 
responsabilidad.

¿Franco recuperó a todos sus muertos?
Desde 1939, el Estado puso en marcha sus políticas de rememoración. Un aspecto 
fundamental es el culto a sus caídos. Sus fosas comunes se abrieron desde 1939 
y 1940. Y hay evidentes diferencias en modos y formas en cómo el franquismo 
construyó su memoria y lo que pasa ahora. Hoy, las asociaciones casi tienen que 
andar pidiendo por favor y dando las gracias, por algo del todo legítimo. En la 
posguerra fue el Estado. Ahora, el Estado es el último en moverse.

¿Entiende la oposición de ciertos sectores a impedir que las familias 
recuperena sus parientes?
Está fuera de lo que a mí me atañe como historiador. Pero quien tiene un caído 
en una fosa tiene perfecto derecho a reivindicarlo. Lo que es innegable es que 
el Estado franquista recuperó la memoria de los caídos por Dios y por España y 
superó lo conmemorativo. Además, las políticas de homenaje tuvieron un reverso 
tenebroso: fueron acompañadas de prácticas de olvido de los caídos 
republicanos. La muerte del cuerpo y el olvido de la memoria.

¿Qué debe hacer ahora el Estado?
Las familias de los asesinados en Paracuellos de Jarama y Torrejón tienen a sus 
muertos identificados y devueltos. Y sus verdugos fueron perseguidos por la 
justicia. En cambio, los otros no. Es una vergüenza que un Estado democrático 
mantenga miles de personas en fosas comunes sin identificar. De una vez, es 
necesario afrontarlo. 
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