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El día 28 de julio de 2011 08:07, Pablo Manuel Rizzo <[email protected]> escribió: > Una fábula invernal > > Nosotros, ahora, vivimos donde queremos. A orillas del mar o de los > ríos, en la montaña o en el campo, en las grandes ciudades diseminadas > por este continente sin fronteras ni muros. Los únicos muros son los > de nuestras casas, altas o bajas, amplias o estrechas, ubicadas donde > nos place, donde las ocupamos o donde nos lo sugiere el Colegio. > > No hay, ya, en toda la Tierra, más de algún centenar de millones de > personas, un número extraordinariamente bajo para los setenta y siete > mil millones que habíamos llegado a ser antes de las últimas pestes. > Como nos lo ha explicado el Colegio, los que sobrevivimos éramos los > mejores, los de más alta calidad. > > Las pestes, se sabe, atacaron siempre a los seres humanos; a veces, a > los que llamaban animales, antes de que desaparecieran; casi nunca a > objetos inanimados. Durante los pasados milenios, los medios > electrónicos se de-sarrollaron de manera admirable; jamás al extremo > de llegar a vivificar casas y habitaciones, así que éstas > permanecieron intactas. Hay que higienizarlas con espumas médicas, > pero nada más. El mobiliario, los enseres, los utensilios, están > impolutos y libremente disponibles. No necesitamos buscar los barrios > cerrados para vivir con tranquilidad, según dicen que hacían los > antiguos; ahora, el planeta entero es un barrio cerrado. Para los > mejores. > > Nos proveemos directamente del mar, donde han sido salvados por > completo los peces, mariscos, crustáceos, y de la naturaleza terrestre > que excede con sus alimentos lo que podamos pretender. Cuando hay un > diferendo, los delegados del Colegio lo zanjan, siempre por medios > electrónicos, jamás personales, y proseguimos sin dificultades. > > No tenemos negocios, economía, clases sociales, ni siquiera sociedad. > Nadie se entromete con nadie, cada uno obtiene lo que necesita a > diario, y gracias a ello todo funciona bien. Alguna vez, en la > generación de mis abuelos, aparecieron ciertos personajes extraños, > tan extraños como para llegar a sostener públicamente que éste era un > paraíso de zombis, pero esos dichos fueron inmediatamente acallados > por el Colegio, y se supone que los personajes extraños también. > > Otra de las ventajas de que gozamos es la de tener tantos bienes a > nuestra disposición, por lo cual, se asegura, no habrá necesidad de > trabajar, al menos durante los próximos cien o ciento cincuenta años. > Es preciso consumir buena parte de lo que hay, porque la acumulación > de riquezas fue tanta que por estos días podrían terminar > aplastándonos. Para evitarlo, sostenían nuestros primeros > sobrevivientes, fue creado el Colegio: para administrar esa inmensa > fortuna, para que no nos aplaste. Como lo hizo la peste. > > El Colegio es así de atento, así de magnánimo, y se ocupa sin ningún > interés egoísta en nuestra suerte. Está integrado por médicos, > ambientalistas y expertos en número no conocido, que se reúnen en > lugares no conocidos. Lo que sí se conoce son sus decisiones, sabias y > ecuánimes, aceptadas con el mayor beneplácito en cualquier parte > habitada del orbe. Todos las respetamos y nadie imaginaría > transgredirlas. El es impersonal, es inmaterial, es justo. > > Una ventaja adicionada es la de tener esta lengua única, a la que > normalizan de modo permanente los puntos ópticos, a lo largo, lo alto > y lo bajo de este mundo también único. Puesto que hoy no quedan > extranjeros en ningún lugar (mejor dicho: todos los somos), la medida > de la unificación de las lenguas, como siempre las del Colegio, ha > sido sabiamente asumida y unánimemente aceptada. En realidad, dicha > norma fue adoptada al cabo de una milenaria práctica verbal que > condujo casi naturalmente a ella, y no hizo más que consagrar el > estado de interpenetración y deformación al cual, con el uso, las > anteriores lenguas arribaron. Parece ser que la degeneración de todas > llevó a la feliz reconstitución de una. En fin, a veces nos animamos a > pensar que quizá no sea una lengua, sino la suma y condensación de > todos aquellos desechos... > > Algunos creen, admitimos, sin decirlo en voz alta, que este lenguaje > único ha empobrecido nuestro pensamiento, nuestra cultura, nuestro > porvenir como humanidad. Pero tal vez no sea justo opinar así, porque > la unificación y normalización de la lengua han logrado que todos nos > comuniquemos con suma facilidad, lo hagamos con señales simples y > claras, sin las ambigüedades y falsedades que, dicen, volvían antes > tan complejas las relaciones, causaban malentendidos, conflictos > inmensos, peleas inútiles, revueltas. Asimismo, aquellas nociones y > temores son tan remotos que dudamos si acaso nuestra inteligencia > alcance a pensarlos. Y se hacen, además, improbables. Como todos > concordarán voluntariamente, éste parece ser, bueno o malo, el > porvenir. Improbable, suponemos entonces, que haya algún otro. > > Puesto que, según nos informan, los pocos que habitamos hoy el planeta > tenemos la misma piel y casi los mismos rasgos, ello evita la > incomodidad de la existencia de diferentes pueblos, de diferentes > razas, de diferentes costumbres y gustos y deseos. Los deseos, por > otra parte, son escasos: el del descanso y la observación. Caminamos > mucho; jugamos y practicamos deportes individuales como el alpinismo, > el remo, la natación; llevamos una vida distendida y sana. Apenas nos > relacionamos entre nosotros y menos aún entre los diferentes sexos; > desconfiamos, sobre todo, de las virtudes de la reproducción y de su > sentido. > > Es comprensible que el Colegio jamás hable del futuro. Sólo alude al > presente, a lo inmediato, a las medidas que hay que disponer para > salvaguardar algún bien o algún territorio. Pero nada más. Desprecia, > y nosotros con él, las cavilaciones de los antiguos sobre el mañana, > sobre el destino. Justamente, por eso tampoco hablamos mucho del > pasado. Porque es demasiado confuso y difícil de discernir. Y, es > cierto, nos enseñaría poco: sabemos a dónde llegamos, ¿qué más vamos a > aprender de él? > > No hay, así, una idea acabada de nuestra larga historia, como faltan > interés y sitios para conocerla. Entre tantas cosas que, cuentan, > había, quedan por ahí guardados esos miles de libros o lo que dicen > nuestros mayores que fueron libros. Ya eran poco leídos antes de las > grandes pestes, en la época de la biblioteca universal gratuita, pues > todo proliferaba en virtuales, tablillas, nuevos vehículos, pantallas > y autopistas de información. Además, estaban escritos, la mayoría, en > lenguas que no conocemos; poquísimos en las que dieron origen a la > nuestra y, en la nuestra, ninguno. No los extrañamos, ¿qué podrían > decirnos ellos que no supiéramos? De todas formas, no hay cosa que se > nos ocurra saber que no esté en los puntos ópticos. Y éstos se > encuentran por todos lados, al alcance de la mano. Lo que es una > manera bien directa de decirlo: muchos pobladores los llevan > implantados en su propia mano. > > Así estamos bien y vivimos en paz. Somos todos, ahora, habitantes > magníficos, reconocidos y con plenos derechos de este País de Armonía > y Felicidad. Aunque ni siquiera tiene ya mucho sentido llamarlo de tal > modo, puesto que somos lo único que hay sobre la vasta Tierra y > algunos de sus otrora poblados satélites. También en eso se > confundieron aquellos sabios y libros antiguos: los que sobrevivimos, > no lo fue porque éramos los pueblos más valiosos del mundo; éramos, en > verdad, más valiosos que el mundo. > > Conocemos que en otras épocas hubo filósofos, poetas, artistas. En el > presente, nos basta la contemplación del espacio y ciertas melodías > que vamos extrayendo e imitando de él. No puede decirse que seamos > desgraciados. Pocas cosas nos están vedadas: las armas, la fotografía, > las grandes reuniones, el desorden. No nos falta nada y hacemos lo que > deseamos; si lo queremos, nos vemos con quienes queremos; vivimos esta > circunstancia que nos tocó, como debe de haber vivido la especie desde > el origen la suya: con entusiasta resignación. > > De tanto en tanto, al asomar el atardecer, sentimos un poco de sueño > (que otros llaman tristeza), pero con algunas notas de música nos > sobreponemos. > > > > > > Por Mario Goloboff * > * Escritor, docente universitario. > > > -- > Pablo Manuel Rizzo > ------------------------------- > http://pablorizzo.com > ------------------------------- > > ________________________________________________ > > > Solar-General es una lista abierta a toda la comunidad, sin ninguna > moderación, por lo que se apela a la tolerancia y al respeto mutuo. > Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva de sus respectivos/as > autores/as. La Asociación Solar no se hace responsable por los mensajes > vertidos, ni representan necesariamente el punto de vista de la Asociación > Solar. > > [email protected] > https://lists.ourproject.org/cgi-bin/mailman/listinfo/solar-general > -- Diego Saravia [email protected] NO FUNCIONA->[email protected] ==================================================================== "Disclaimer:" Haré lo que desee con los correos que reciba, quien no este de acuerdo, que se abstenga de enviarme correo a mí o a las listas donde este suscripto. En particular NO VALE ningun "disclaimer" que indique que el correo enviado es privado o sujeto a normas de empresas, gobiernos, u organizaciones de cualquier tipo. Con relación a los estados y sus leyes, analizare cualquier norma aplicable en el territorio donde eventualmente actúe en el momento, escucho a cualquiera que tenga algo que decir. 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